Das deutsche Europa, de Ulrich Beck (o, más bien, “El carajal del euro”)

Mientras se sucedían estos días las noticias sobre el penúltimo drama europeo asociado a la famosa crisis chipriota con sus corralitos, las quitas a depósitos y propuestas directamente míticas como la del gobierno de Chipre de usar los fondos de pensiones para pagar su parte del rescate bancario, he estado leyendo el libro que Ulrich Beck ha publicado como manifiesto de europtimismo de raíz ilustrada y germánica con el título de Das deutsche Europa (hay traducción al español, pero curiosamente, según creo, no al francés, por ejemplo, lo que da una idea más o menos nítida de que en España estamos más obsesivamente preocupados que otros europeos de lo que piensan los alemanes sobre Europa, algo que en este caso demuestra que tenemos más interiorizado que ellos de qué va esto, la verdad).

El libro, que es breve y se lee rápido, resulta interesante, pero sólo hasta cierto punto. Porque no deja de reflejar una visión muy optimista y acrítica sobre lo que debería ser la Unión Europea (algo más federal, más de los ciudadanos, más poderosa, más unida, más cohesionada, más bonita), sin que se atisbe apenas una objeción estructural a esta idea de fondo, por mucho que se detenga por menudo en las dificultades a las que en la actualidad se enfrenta el proceso de construcción europea. Sí resulta, en cambio, muy atractivo como ejemplo, precisamente, de cómo están viendo y analizando las cosas desde Centroeuropa (sector intelectual demócrata, liberal en sentido cívico pero partidario de acción estatal, pro-Europa). Y tiene, además, el mérito de reflejar de manera clara los enormes problemas estructurales que en estos momentos aquejan a la idea de una Europa unida, sin engañarse sobre la profundidad de las dificultades, que disecciona con gracia analítica, pues Beck es un tipo sin duda muy listo y que entiende las cosas que pasan a su alrededor, tanto las de trazo grueso como las de lluvia fina.

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Debate about the Euro-Crisis and Changes in the European Finance Regulation

Today, at the Faculty of Law, we will have a

Debate about the Euro-Crisis and Changes in the European Finance Regulation

At: 12.30PM (the 28th november)

Place: Sala Miaja de la Muela - Facultat de Dret (UVEG)

Contents:

– Liberalization and risk taking: Evidence from Spanish Savings Banks, by Manuel Illueca Muñoz (Economía Financiera y Contabilidad, U. Jaume I de Castelló)

[Related materials: presentation]

[Paper: Liberalization, Bank Governance and Risk taking]

– Financial Crisis and Regulatory Reform: Problems of Legal Construction, by David Ramos Muñoz (D. Mercantil, U. Carlos III de Madrid)

[Related materials]

– The transformation of financial regulation: systemic risk and the role of supervision, by Jorge García-Andrade (D. Administrativo, U. de Alcalá de Henares)

[Related materials]

The panel will be hosted by Andrés Boix Palop (D. Administrativo. U. de València)

Link to the debate in a non-professional format

 

Contact information: Andres.Boix@uv.es

This panel is made with the financial support of Facultat de Dret (Universitat de València).

 



Participación política y límites al modelo de democracia representativa español

En las dos últimas semanas he estado en dos actos de diferente naturaleza pero similar temática hablando de nuestro modelo constitucional en materia de participación política y de los límites que el modelo actual de democracia representativa, en el caso español, supone. El primero de ellos, organizado por la Coalició Compromís en el Centre Octubre de València, giró en torno a muchos temas de actualidad (las manifestaciones de los últimos meses y los diversos conflictos con la policía, la emergencia de las redes como vehículo de amplificación del espacio público….). Fue un debate muy entretenido y animado en el que, sobre todo, dijeron cosas con mucho sentido Joan Subirats (a quien siempre es un placer escuchar y que es una de las voces más lúcidas a la hora de desentrañar por dónde van los tiros en esto de las nuevas formas de participación) y Carmen Castro (activista con muchísima experiencia en redes que sabe de lo que habla). Lamentablemente, me pilló con exámenes (actividad más exigente para los profesores de lo que muchos creen) y como consecuencia de no tener apenas tiempo ni lo reseñé ni lo comenté. Un pequeño desastre porque mereció mucho la pena.

La semana pasada, en un contexto más académico (la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid) pero con un ambiente distendido, relajado y combativo, nos juntamos varios profesores para hablar de “Crisis, recorte de derechos y Estado democrático” por iniciativa de Julio González (Catedrático de Derecho Administrativo de la UCM) y de Argelia Queralt (Profesora de Derecho Constitucional de la UB). El encuentro fue de lo más intenso, con público llegado incluso desde Twitter (¡un saludo a @alfonstwr desde aquí!) y merece la pena hacer una pequeña referencia al mismo, ahora que tengo un ratito, para no cometer el mismo error del otro día. Porque como podéis comprobar simplemente echando un vistazo programa preparado, la calidad de los ponentes hizo que aprendiéramos todos mucho y que valga la pena reseñar, aunque sea por encima, algo de lo que se dijo allí.

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La UE y el finamente llamado “déficit democrático”: ¡Vivan las caenas!

En los últimos meses decisiones esenciales sobre el futuro de la Unión Europea han dejado de tomarse en los foros diseñados al efecto por los Tratados y se adoptan, de manera abierta y sin que nadie se haya escandalizado en exceso, entre los socios de un fondo de rescate instrumentado como sociedad anónima regida por el Derecho inglés y domiciliada en Luxemburgo. Frente a las tradicionales críticas sobre el “déficit democrático” de las instituciones europeas, por la poca participación del Parlamento europeo en la toma efectiva de decisiones y la importancia de una burocracia muy impermeable y ajena a las preocupacones de la ciudadanía, lo de ahora no es una cosa que deba ser analizada siquiera en términos de “déficit”. Directamente, hemos liquidado cualquier atisbo de participación democrática que vaya algo más allá de la limitada y periódica capacidad de control que los ciudadanos de (algunos) países socios de la UE tiene sobre sus gerifaltes (que son luego, a la postre, los que hacen y deshacen a su antojo en la Unión). Comparada esta situación, podría incluso afirmarse que la manera en que funciona el BCE permite más control ciudadano que lo que estamos construyendo, si no fuera porque a uno se le escapa desde hace tiempo la risa floja, también, al pensar en el BCE.

El caso es que, en esta semana en que se han desencadenado todo tipo de acontecimientos, la nebulosa de nuevos poderes asentada en Europa (nebulosa que en realidad no es tan difícil de identificar, pues estamos hablando de las burocracias tradicionalmente asentadas en la UE, totalmente impregnadas del ideario germánico tradicional en lo económico y de los modos de comportamiento franceses respecto de las instituciones comunitarias) ha liquidado al Gobierno griego y, este mismo fin de semana, al Gobierno italiano. Ambos han sido sustituidos por sendos “gabinetes técnicos” encabezados por antiguos personajes que, siendo al menos nacionales de los respectivos Estados, llevan muchos años cabildeando por Bruselas y Frankfurt, convenientemente imbuidos de los valores del momento.

El caso griego, como es sabido, es desastroso. Desde hace tiempo. Pero que el gobierno que lleva dos años tratando de arreglar el entuerto sea descabalgado por la presión europea justo en el momento en que plantea supeditar la aceptación de unos recortes a un referéndum da que pensar, la verdad. Cualquier credibilidad de las razones dadas para relevar a Papandreu en aras a calmar a los mercados lo cierto es que tiene poco recorrido dado que la persona que lo va a sustituir, Papademos, participó de la mítica época de falseamiento generalizado de las cuentas griegas. El problema no era, como es sabido, que el anterior gobierno heleno no estuviera haciendo ajustes y comportándose con seriedad. Tampoco debe de haber mucha gente que confíe sinceramente en la capacidad del nuevo gobierno de hacer las cosas mucho mejor, a la vista de la situación y las cartas con las que cuentan. Tienen los nuevos gobernantes, eso sí, la gracia de que no juguetean con eso de preguntar al pueblo.

En Italia la cosa es más o menos parecida. Berlusconi puede ser muchas cosas, pero no ha variado en exceso las tradiciones italianas en materia de déficit y deuda. Mucha deuda acumulada, mayoritariamente en manos italianas, y un déficit contenido dentro de lo que cabe, aunque poco crecimiento económico, con todo lo que ello conlleva. Son las constantes vitales de la economía italiana desde hace años, gobierne un sátiro incompetente (Berlusconi)  o un sabio profesor amado por Europa (como Prodi). Resulta ridículo que nadie pueda creer en serio que un Gobierno nuevo vaya a cambiar sustancialmente este rumbo, más que nada porque es la consecuencia de una serie de complejos equilibrios en una sociedad, la italiana, a la que no puedes imponer soluciones alegremente como si fueran varios cientos de miles de pringados tercermundistas en lugar de 60 millones de habitantes de un país culto, con sectores y regiones muy desarrollados económicamente y acostumbrado a ciertos niveles de bienestar… y democracia. El caso es que, ante el paulatino acoso de colegas europeos y del Banco Central, exigiendo recortes, Berlusconi remoloneaba, sabedor de que el humor social del italiano medio es diferente al de los sabios europeos (más que nada, claro, porque la pensión no se la recortan a ellos). Finalmente, tras todo tipo de presiones, Berlusconi ha dimitido. No se van a convocar elecciones. Aunque en medio año acaba la legislatura y no habrá más remedio. ¿A santo de qué esta prórroga de la legislatura italiana? ¿Alguien piensa que la interinidad del Gobierno técnico de verdad ayudará a contener la sangría mucho tiempo? En cualquier caso, dada la aversión a las urnas que manifiestan nuestros nuevos tecnócratas da un poco de miedo pensar en que esas elecciones que se yerguen amenazantes en un futuro muy próximo puedan acabar convertidas en a saber qué. No es descabellado pensar en una prima de riesgo italiana por las nubes, también, dentro de unos meses. Estos que argumentan que en unas condiciones así no se pueden convocar elecciones a saber lo que pueden llegar a decir en ese caso.

La Unión Europea ha tenido siempre en su germen una semilla antidemocrática muy potente, anclada en la desconfianza de las elites europeas de posguerra a las decisiones populares en tiempos de crisis. La idea de que una burocracia weberiania potente y bien organizada, llena de tíos listos cooptados entre las elites, siempre será mejor que las pulsiones nacionales populistas forma parte del credo de la Unión. Pongamos a técnicos, a especialistas, a tomar decisiones alejados de las presiones electorales, viene a ser el concepto, y así todo irá mejor. Sin embargo, allí donde el propio Weber alertaba sobre la jaula de oro en que pueden convertirse los procesos de racionalización llevados al extremo, nadie en la Unión Europea parece estar tomando nota de que la dirección que desde hace años vienen marcando esos expertos supuestos no parece ser un éxito contrastado. Al menos, no de momento. Y la verdad es que, puestos a poder equivocarnos exactamente igual que cualquier burócrata o “técnico”, no estaría de más plantearnos la conveniencia de dejar que fueran los ciudadanos los que tomaran aquellas decisiones que se van a convertir en claves para su futuro y el de la organización de las sociedades en las que viven.

En todo caso, siendo todo el panorama sombrío y desalentador, lo es mucho más la docilidad y entusiasmo servil con el que desde España toda la opinión pública y publicada jalea la “intervención” de la UE sobre Grecia o sobre Italia. Sí, ya sé que nos jugamos mucho dinero y que parte de la pasta que puede volatilizarse es nuestra. Pero, ¿de verdad nos queremos fiar más de los “expertos” que de nosotros mismos para decidir cómo repartimos y cómo gastamos? ¿Por qué exótica razón habríamos de hacerlo, dado su reciente y creciente historial de yerros? Y, sobre todo, ¿qué pasará el día que también nos impongan soluciones de este estilo a nosotros? ¿Qué pasará el día que el gobernante encadenado sea uno que nos gusta, que nos parece cabal o, incluso, el que nos hemos dado a nosotros mismos? ¿Sacaremos los pompones también, como hemos hecho a lo largo de esta semana?



La Universidad decadente de un país en crisis

Todos los medios de comunicación informan hoy de la nueva oleada de “ataques” contra la deuda pública española con un tono apocalíptico. Parece ser que nadie se fía de nuestra renqueante economía, de nuestra capacidad para devolver lo que nos prestaron, de que podamos montárnoslo para crecer o producir de manera eficiente… y ya no digamos de la opinión que merece en el extranjero la posibilidad de que logremos recaudar impuestos como un país civilizado (risas enlatadas aquí). El resultado es que el dinero que nos han de prestar desde fuera para poder seguir funcionando y lanzando la pelota unos metros más adelante, para que el futuro provea y tal, pues como que nos sale cada vez más caro.

En medio de esta situación que nos pintan como dramática la vida, eso sí, continúa. La mía, por suerte o por desgracia, en una Universidad pública española. La Universitat de València, para más señas. Pero creo que lo que pasa aquí es muy parecido a lo que ocurre en otros lugares. Así que generalicemos: a partir de mi experiencia personal he de decir que me cuesta creer que el país se encuentre, de veras, enfrentado a una gran crisis económica. Nada de lo que puedo palpar a mi alrededor va en esa dirección. Es más, todo lo contrario. Cuenta tenida de las cosas que veo, escucho y vivo la sensación que tengo es, más bien, la de vivir en un país feliz y opulento, que todo se lo puede permitir. Empezando por tener dedicados a los doscientos mil (o así) profesores universitarios del Reino a hacer una gilipollez detrás de otra. Y no es que diga yo que seamos gente especialmente inteligente, válida o útil. No, no es eso. O no necesariamente. Pero sí somos muchos. Y algunos de nosotros, quizás, incluso, sí que podríamos (o podrían) hacer algo más o menos coherente con su vida y a partir de su formación. Por no decir que todos, absolutamente todos, seguro que somos capaces de algo mejor que dedicarnos sólo a actividades conducentes a una lamentable pérdida de tiempo.

Puede que alguno de Ustedes crea que exagero. Me temo que no es así. Pero les cuento cómo ha empezado mi semana y juzguen por sí mismos, teniendo en cuenta que estamos sólo a martes y ni siquiera ha llegado la hora de comer:

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Bruselas certifica que las normas urbanísticas valencianas se ajustan al Derecho de la Unión

El día de hoy ha alumbrado una sentencia importante para el urbanismo español y, en concreto, para el modelo de gestión indirecta que incorpora en muchas Comunidades Autónomas que siguieron la estela de la LRAU (Llei Reguladora de la Activitat Urbanística) de 1994, un norma muy innovadora aprobada por las Cortes Valencianas en un momento en que todavía mandaba el PSOE. A partir de la creciente presión que desde la Unión Europea se fue generando sobre la manera en que los estados miembros ordenaban los contratos públicos, que tiene su punto álgido con la Sentencia Scala de Milán, que tocaba de lleno actuaciones de transformación urbanística, se generó un movimiento maximalista que pretendió aspirar a modificar las normas valencianas (y otras de semejante cariz) no tanto porque se consideraran mejores o peores sino, sencillamente, por la supuesta incompatibilidad de las mismas con el Derecho de la Unión. La decisión de hoy del Tribunal de Justicia de la Unión Europea supone, de algún modo, un paso atrás en ese camino que se había andado hasta la fecha.

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La recentralización en clave jurídica: un manual de instrucciones sobre leyes de armonización

Un colega de mi área de esos que están muy, muy al día y con un especial olfato para detectar por dónde puedan ir los tiros futuros en nuestro Derecho nos comentaba el otro día cuán significativo era el Informe sobre garantías de cumplimiento del Derecho comunitario publicado el 15 de diciembre de 2010 por el Consejo de Estado. Básicamente, porque al margen de ocuparse de una cuestión clásica e importante (la Unión Europea es un ente cuyos miembros son los Estados, y éstos son los responsables ante la misma, por lo que serán éstos los que hayan de responder por cualquier incumplimiento que les sea imputable, aunque provenga de Comunidades Autónomas o Entes Locales que, por razón de su autonomía, no están obligados a obedecer instrucciones del Estado) tratando de disponer mecanismos de atribución de la responsabilidad y proponiendo reformas de Derecho interno para asegurar la responsabilización de los distintos sujetos, esboza algunas ideas que demuestran bien a las claras por dónde van los tiros “recentralizadores” de los que hemos tenido ocasión de hablar ya en algún otro momento de un modo más desenfadado.

En primera línea de salida asistimos a la exposición del Consejo de Estado que justifica una resurrección jurídica de las leyes de armonización, muertas y enterradas desde la STC 76/1983. Pues bien, el Consejo realiza una peculiar exégisis de esa Sentencia algo alejada de cómo se entendió en su día (interpretación más o menos compartida por todos que ha provocado que, desde ese momento, no se haya propuesto una sola norma de esas características). Así, desbroza el camino para la aprobación futura de leyes de armonización. E incluso argumenta la posibilidad de que esta argumentación se haga con carácter “preventivo” (esto es, antes de que se haya podido constatar a la luz de cómo actúan las CC.AA. que la misma es imprescindible y única solución jurídica viable, que era como se entendía clásicamente lo que dijo el TC en el 83, impidiendo de facto cualquier norma de este tipo). Vamos, lo que podríamos llamar una especie de “doctrina Bush” aplicada a las leyes de armonización, si se me permite la broma.

El tema es interesante teóricamente, pero también es importante en la medida en que supone un privilegiado indicio de cómo han empezado a pensar nuestro Estado de las Autonomías, de un tiempo a esta parte, ciertas elites jurídicas del país. Les dejo, sin más, con lo que dice el Consejo de Estado. Juzguen Ustedes mismos:

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