11-S al País Valencià

1378918414000Ahir va haver una gran manifestaci√≥ independentista a Catalunya. Tota la q√ľesti√≥ sobre l’origen del cabreig catal√† i sobre tot sobre la possibilitat de la independ√®ncia un tema molt interessant i jur√≠dicament amb moltes coses a dir. Per√≥, com que ja n’hem parlat, hui preferiria comentar una altra cosa, m√©s concreta per√≤ tamb√© important: el greu perill de convertir en normals certes reaccions que no s√≥n justificables dins una democr√†cia i el joc normal en un Estat de Dret. No parle de les evidents impresentabilitats de quatre (o els que siguen) imb√®cils. Perqu√® no estem parlant, tots ho sabem (benauradament), d’una majoria i menys encara de gent que fa aquestes coses amb suport institucional. Parle d’una cosa molt m√©s greu, que √©s el que tenim quan un Govern, representant de tots els ciutadans, deixa d’actuar per respectar els seus drets i acaba convertint-se en agent de part, tractant d’utilitzar els mecanimes del poder per als seus objectius, a costa del que siga, fins i tot dels drets pol√≠tics i c√≠vics m√©s importants en qualsevol democr√†cia, com s√≥n els d’expressi√≥ lliure d’idees pol√≠tiques, quan es fa de forma pac√≠fica, per part dels ciutadans. Aix√≤ √©s, senzillamt, el que va fer el Govern valenci√† demanant la prohibici√≥ de la manifestaci√≥ independentista a Vinar√≥s i aix√≤ √©s exactament el que va fer el Sots-delegat del Govern central a Castell√≥ quan hi va accedir en una decisi√≥ jur√≠dicament impresentable, que cap jurista i cap dem√≤crata pot justificar. Per aix√≤, malgrat que quasi ning√ļ sembla que ho veja aix√≠ (ni tan sols l’oposici√≥ pol√≠tic al govern valenci√† sembla massa preocupada per aquesta deriva), a mi l’actuaci√≥ s√≠ em sembla molt, molt inquietant: el sotdelegat del govern no va cometre una errada en prohibir una manifestaci√≥ absolutament legal que despr√©s li va corregir el jutge corresponent; va fer una barbaritat impr√≤pia en qualsevol democr√†cia i, a hores d’ara, hauria d’haver estat ja remogut del seu c√†rrec.

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Si los malos son banales… puede haber muchos (sobre Eichmann in Jerusalem, de Hannah Arendt)

31xH1leJTJL._Este verano se ha estrenado en toda Europa una pel√≠cula alemana sobre Hannah Arendt, que confirma que a d√≠a de hoy cualquier objeto aparentemente sesudo y supuestamente abstruso, como es en este caso una trama que se centra en parte de la vida de una fil√≥sofa y su obra, acaba siendo mucho m√°s entretenido, adem√°s de interesante, que las producciones comerciales hollywoodienses al uso, que tanto he defendido en el pasado como pasatiempo, pero que ahora ni siquiera son divertidas desde que se han llenado de excesos, persecuciones eternas y batallitas que parecen una coreograf√≠a de ballet pero con pistolas y as√≠ se han acabado convirtiendo en un tostonazo. Es cierto que la pel√≠cula en cuesti√≥n, al versar sobre la redacci√≥n y posterior controversia en torno a la narraci√≥n que hace Arendt del juicio a Adolf Eichmann, un nazi de las SS encargado del transporte de jud√≠os antes y durante la Segunda Guerra Mundial, primero hacia la deportaci√≥n y luego hacia el extermino, cuenta con el comod√≠n de tratar de nazis, que es un tema sin duda m√°s bien popular. Pero, a√ļn as√≠, la esencia de la historia, de la reflexi√≥n en torno al libro Eichmann in Jerusalem tiene poco de tema f√°cil: es una historia sobre lo que Eichmann hizo o dej√≥ de hacer, tratando de dejar constancia de lo que fue su proceso (y en parte de rectificarlo, ci√Ī√©ndolo lo m√°s posible a sus actos, y no a todo lo ocurrido, en contra de lo que fue el juicio real), a fin de delimitar hasta qu√© punto fue culpable o no (o, m√°s bien, en qu√© grado lo fue) y, sobre todo, descontada efectivamente tal culpabilidad, a tratar de entender c√≥mo se llega a poder realizar determinados actos. En este sentido en cuando Arendt, tras analizar los actos y psicolog√≠a de Eichmann concluye que es un sujeto en el fondo muy poco interesante, m√°s bien est√ļpido, poco dado a pensar por s√≠ mismo, y acu√Īa la famosa expresi√≥n de “la banalidad del mal” (el libro se subtitula “A report on the Banality of Evil”) que se refiere, a partir de este momento, no ya √ļnicamente a Eichmann sino que, de alguna manera, como se puede detectar a lo largo de toda la obra, aspira a cartografiar ciertas coordenadas de la abyecci√≥n humana y, sobre todo, a entender cu√°l es la ruta que puede conducir a un individuo no particularmente malvado ni monstruoso a convertirse en un horrendo criminal de masas.

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Un Viernes Santo cualquiera en un Estado “aconfesional”

Viernes Santo. Semana Santa. Procesiones de todo tipo en Espa√Īa. Bien est√°. Cada cual es libre de hacer el tonto como prefiera. Yo mismo hago el idiota de formas muy personales (algunas de las cuales, por cierto, como el f√ļtbol, comparten bastante rasgos desagradables en la peculiar manera en que lo organizamos en Espa√Īa con la religi√≥n). Y bien a gustito que me quedo con eso de poder dedicarme a mis tontadas. Una sociedad libre tiene esa cosa buena de que respeta mucho que sus miembros pierdan el tiempo y el dinero como prefieran. El problema es que en Espa√Īa, en 2013, todav√≠a seguimos sin conseguir que esta reflexi√≥n tan evidente se entiende en su plenitud, acompa√Īada de varias consecuencias que deber√≠an ser de caj√≥n. A saber:

- que los representantes p√ļblicos no habr√≠an de participar como tales en tonter√≠as privadas (si les apetece ir a t√≠tulo particular, pues muy bien, pero eso de cerrar procesiones, o abrirlas, con toca y mantilla, as√≠ como ir al palco del f√ļtbol a entregar una Copa con su nombre es algo que ni en Ir√°n se atraven a hacer con la tranquilidad con la que se hace aqu√≠);

- que el dinero de todos, es decir, el dinero p√ļblico, por favor, lejos, muy lejos de estas cosas que est√°n muy bien y eso, son cultura milenaria y no s√© qu√© chorradas m√°s, que al buen pubelo espa√Īol le ponen mucho y le acercan a su leyenda. Pues vale. Perfecto. Si tan encantado est√° el buen pueblo espa√Īol con esto que se lo pague y no me obligue a m√≠ a sufragarlo con impuestos (ver√°n c√≥mo, de nuevo, la analog√≠a con el f√ļtbol sigue siendo perfecta, dada esa tendencia, tambi√©n, de nuestros queridos jerarcas a meter dinero de todos en el equipo profesional del pueblo y as√≠ todos tan contentos).

Ambas cuestiones son tan obvias que no vale la pena ni dedicarles mucho tiempo. Las menciono m√°s que nada porque con la org√≠a de estos d√≠as constato que hemos perdido de vista algo tan elemental. De hecho, tengo para m√≠ que vamos a peor y que cada vez esta confusi√≥n (interesada) va a m√°s. A mucho m√°s. En realidad lo que pasa es que esto es lo mismo de siempre. Un pa√≠s de gente que considera que sus obsesiones y sus chorradas han de ser respaldadas por el aparato p√ļblico. Sobre todo, claro, si las obsesiones son las propias del catolicismo reaccionario, conservador y c√≥mplice de todo tipo de desmanes, ahora y siempre, contra todo aquello que dice defender (desde la moral al orden p√ļblico, pasando por su querida patria), algo que es genuina Denominaci√≥n de Origen Iglesia Espa√Īola.

Pero es que las confusiones y desmanes no se quedan aqu√≠. Hay muchas m√°s. Realicemos un repaso r√°pido propio de lo que una persona normal, civilizada, no necesariamente muy a la √ļltima, pero s√≠ m√≠nimamente moderna (en t√©rminos de 1789), podr√≠a decir de c√≥mo es un Viernes Santo normal en Espa√Īa.

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Policías sin identificar y ahora encapuchados

Al tradicional abuso policial en materia de incumplimiento de su obligaci√≥n legal de ir uniformados e identificados (que, como es sabido, es una manifestaci√≥n del derecho del ciudadano a saber con qu√© autoridad p√ļblica est√° lidiando, algo que como principio general recoger nuestro Derecho y se manifiesta en muchas normas) se ha unido, como hemos comentado en Twitter para despu√©s acaber teni√©ndolo confirmado a partir de las propias versiones de la polic√≠a espa√Īola, una novedad si cabe m√°s inquietante en algunos de los interrogatorios posteriores a las manifestaciones y movilizaciones sociales de los √ļltimos tiempos: interrogatorios en comisar√≠a hechos por polic√≠as encapuchados, con una clara finalidad amedrantadora y obviamente en nada cubiertos por las reglas en materia de uniformidad policial (ni, por lo dem√°s, por el sentido com√ļn).

Las razones y excusas que se dan para una y otra actitud son grotescas. En Derecho y en cuanto a su razonabilidad. Porque las normas sobre identificaci√≥n son claras y no cabe alegar algo tan peregrino como que se cumple con la norma si uno lleva la identificaci√≥n aunque sea “debajo” de un chaleco o cubierta por una chaqueta. Y porque el Derecho espa√Īol no s√≥lo regula c√≥mo han de vestir los agentes del orden (y la capucha no aparece por ah√≠, y por mucho que pueda entenderse que eso no la proh√≠be es obvio que ello requiere que su uso, en su caso, sea muy razonado y proporcional a la necesidad de evitar da√Īos de gravedad, algo que obviamente no se da en el caso de las labores de interrogatorio) sino porque, adem√°s, hay una serie de derechos fundamentales que protegen al ciudadano del trato inhumano, degradante y amdedrantador, m√°xime cuando est√° en una situaci√≥n de particular desamaparo como es estar detenido. Las razones extrajur√≠dicas, igualmente, no se sostienen, pues el supuesto temor a denuncias contra polic√≠as por ir identificados no se compadece con una realidad donde las exigencias de prueba para poder sancionar a agentes del orden son muy exigentes y revelan, √ļnicamente, voluntad de impunidad. Asimismo, la alegaci√≥n de que los interrogatorios hechos por encapuchados son necesarios por la falta de efectivos que obliga a realizarlos a agentes que despu√©s se van a infiltrar de nuevo entre ciertos grupos suena a excusa barata y, en todo caso, no deja de ser, caso de ser cierto, un problema organizativo interno que la polic√≠a debiera resolver sin que pueda hacerlo a costa de los derechos de los ciudadanos.

El tema es importante porque, como bien se√Īala Eduardo Melero en este magn√≠fico an√°lisis, estamos ante la imposici√≥n, poco a poco, de un Estado de Derecho muy particular, con categor√≠as de ciudadanos que tienen m√°s o menos derechos seg√ļn decida, lib√©rrimamente, la polic√≠a, que designar√≠a como enemigos a ciertas personas y colectivos que, a partir de ese momento, pasar√≠an a carecer, en la pr√°ctica, de muchos de los derechos propios de una democracia occidental liberal por su condici√≥n y filiaci√≥n debido a una interprtaci√≥n muy restrictiva de las garant√≠as que se hace efectiva, como es obvio, seg√ļn ante qui√©n estemos.

En todo caso, no voy a analizar con detenimiento en Derecho la cuestión porque como he dicho ya lo ha hecho, de una forma clara, didáctica y sensata Eduardo Merelo Alonso en su fantástico blog. Les pongo de nuevo el enlace recomendándoles que se pasen por allí si el tema les interesa y les copio un par de párrafos muy significativos.

(…)

Como parte de su uniforme, los miembros del Cuerpo Nacional de Polic√≠a est√°n obligados a mostrar el ¬ędistintivo de identificaci√≥n personal¬Ľ, en el que se recoge su n√ļmero de funcionario (as√≠ lo establece la Orden INT/1376/2009, de 25 de mayo). Esta obligaci√≥n da contenido al derecho de los ciudadanos a identificar al personal de la Administraci√≥n, reconocido en la Ley 30/1992 de R√©gimen Jur√≠dico de las Administraciones P√ļblicas y del Procedimiento Administrativo Com√ļn. Es adem√°s un mecanismo de protecci√≥n frente a la actuaci√≥n arbitraria de la polic√≠a, un instrumento modesto pero al fin y al cabo una medida garantista. El incumplimiento de esta obligaci√≥n ha de considerarse como falta grave, que implica una sanci√≥n de suspensi√≥n de funciones desde cinco d√≠as hasta tres meses, seg√ļn la Ley Org√°nica 4/2010 del r√©gimen disciplinario del Cuerpo Nacional de Polic√≠a.

(…)

Mucho más preocupante que la falta de identificación es el hecho de que se están realizando interrogatorios por policías vestidos de paisano y encapuchados. Así, en la Comisaría de Moratalaz, un auténtico agujero negro de nuestro Estado de derecho, se realizaron interrogatorios de este tipo a los detenidos tras las protestas contra la reforma laboral en febrero de 2012 y tras la huelga general del 14 de noviembre.

La Direcci√≥n General de la Polic√≠a ha pretendido justificar los interrogatorios por polic√≠as encapuchados en que se trata de una medida de protecci√≥n de seguridad de los agentes ante posibles atentados y en la eficacia de la acci√≥n policial; partiendo de que no est√° prohibido el uso de prendas que cubran el rostro de los agentes. El uniforme reglamentario de la polic√≠a no recoge ninguna prenda que cubra el rostro, seg√ļn la Orden INT/2160/2008. Adem√°s de impedir el ejercicio del derecho a identificar a los funcionarios p√ļblicos, la realizaci√≥n de interrogatorios por polic√≠as encapuchados contribuye a crear una atm√≥sfera intimidatoria en las comisar√≠as. Pero sobre todo, vulnera el derecho de defensa que es parte integrante del derecho a la tutela judicial efectiva reconocido en el art√≠culo 24 de nuestra Constituci√≥n. As√≠ lo ha se√Īalado el Defensor del Pueblo en una recomendaci√≥n formulada en diciembre de 2012, en la que se indica que deber√≠a prohibirse expresamente el uso de prendas que cubran el rostro dentro de las dependencias policiales.

(…)



Crisis constitucional en Espa√Īa frente al derecho de autodeterminaci√≥n

Esta tarde, a partir de las 19.00 horas, dan comienzo las sesiones del Seminari interdepartamental de Dret P√ļblic de la Facultat de Dret de Val√®ncia, donde una serie de profesores nos iremos reuniendo, una vez al mes (el √ļltimo mi√©rcoles de cada mes) para analizar cuestiones de actualidad que afectan al Derecho p√ļblico espa√Īol para discutir y aproximarnos a ellas desde una perspectiva jur√≠dica (aqu√≠ est√° el programa de enero a junio de 2013).

Las sesiones comienzan esta tarde con una ponencia de Roberto Viciano Pastor sobre “Crisis constitucional en Espa√Īa frente al derecho de autodeterminaci√≥n”, es decir, y hablando en plata, sobre el l√≠o catal√°n y tratando de dar respuesta, en Derecho, a la pregunta del momento: ¬Ņtienen los catalanes derecho a decidir si quieren ser independientes y a marcharse, en su caso, de Espa√Īa si as√≠ lo deciden? Como a un servidor le toca posteriormente, y con la intenci√≥n de abrir el debate posterior, hacer de discussant, aqu√≠ va el esbozo de unas ideas iniciales sobre la cuesti√≥n a partir del texto de Viciano, que creo sinceramente que est√° muy bien y define muy bien el campo.

En la ponencia se repasa, sobre todo, la existencia o no de un derecho a la autodeterminaci√≥n en la Constituci√≥n espa√Īola. A la luz de los pactos internacionales suscritos por Espa√Īa, y sobre todo debido a la extensi√≥n del Pacto de Derechos Pol√≠ticos (suscrito por Espa√Īa), Viciano concluye que hay que hacer una interpretaci√≥n amplia y flexible de la Constituci√≥n espa√Īola y aceptar que, por mucho que reconozca como sujeto soberano en exclusiva a la Naci√≥n espa√Īola, la introducci√≥n del contenido del pacto internacional no puede sino actualizar otros principios constitucionales (as√≠ como la menci√≥n del Pre√°mbulo referida a la defensa de las nacionalidades y regiones del pa√≠s). Esta interpretaci√≥n de la norma internacional no s√≥lo es correcta, sino a la vista de las √ļltimas resoluciones internacionales (Kosovo), parece bastante consolidada (como recuerda en este art√≠culo breve pero claro publicado en El Cronista el prof. Carrillo Salcedo, recientemente fallecido, por mucho que a √©l no le hiciera demasiada gracia esta evoluci√≥n). Cuesti√≥n diferente es hasta d√≥nde pueda llegar ese derecho, las dificultades para definir al sujeto que lo ha de ejercer (aunque en este punto tambi√©n he de estar al 100% con lo que sostiene Viciano en su ponencia, al delegar esta determinaci√≥n en las din√°micas pol√≠ticas, de modo que es pueblo sujeto de ese derecho para decidir el que existe y, como tal, lo reclama) y, sobre todo, que sea efectivamente posible realizar una revisi√≥n de la Constituci√≥n espa√Īola, que claramente pretendi√≥ en 1978 no reconocerlo, para que pueda acogerlo. En este punto soy sinceramente m√°s esc√©ptico que la ponencia, aunque no tanto porque crea que la Constituci√≥n espa√Īola se imponga a un principio consolidado en Derecho internacional p√ļblico, que no lo creo, sino simplemente porque la veo mucho m√°s r√≠gida en este punto de lo que el Prof. Viciano piensa. Muy a mi pesar.

En todo caso, la discusi√≥n es materialmente poco relevante. Porque s√≠ coincido plenamente con la ponencia en que, pueda aceptarse en su seno el derecho de autodeterminaci√≥n o no, lo que nuestra Constituci√≥n s√≠ excluye en todo caso es que un hipot√©tico ejercicio de ese derecho pueda conducir a la independencia. Esta salida, sencillamente, no cabe en un texto, el de 1978, anclado en la idea de unidad de la naci√≥n espa√Īola y en la imposibilidad de su ruptura. De modo que, ante una eventual hip√≥tesis de autodeterminaci√≥n que condujera a ese anhelo por parte de una parte de Espa√Īa (o ante una din√°mica pol√≠tica evidente y clara en este sentido, aunque sea extrajur√≠dica por no entender posible la autodeterminaci√≥n en Espa√Īa), las alternativas no son muchas si se pretende dar soluci√≥n al “problema”: o reforma constitucional o quiebra de la legitimidad constitucional con un proceso que, a partir de un determinado momento, deber√≠a soslayarla para poder seguir. En este punto, recuerda Roberto Viciano, acudiendo por ejemplo a este texto de Rubio Llorente, algo que por muy evidente que sea no deja de ser olvidado en nuestro pa√≠s con frecuencia: que lo sensato y razonable es ordenar y pactar el proceso, antes que bloquear jur√≠dicamente todas las salidas.

En este punto no se puede sino recordar la civilizada manera en que pa√≠ses como el Reino Unido o Canad√° est√°n afrontando sus procesos, con un Derecho p√ļblico flexible y que act√ļa actualizando principios b√°sicos (como el democr√°tico) que no pueden desconocerse en pleno siglo XXI as√≠ como as√≠. En este punto, una clarificaci√≥n de las reglas del juego (no en vano en Canad√° se ha llamado “Ley de Claridad” al texto que sido aprobado por su Parlamento para definir los principios sentados por su Tribunal Constitucional en materia de derecho a la secesi√≥n por cauces democr√°ticos y pactados) es muy deseable. Lo cual incide sobre algunos otros elementos del proceso espa√Īol que, desde un punto de vista jur√≠dico, se ven muy perjudicados por la ausencia de voluntad de flexibilizar y actualizar nuestro Derecho p√ļblico. Frente a una total cerraz√≥n por parte del Estado espa√Īol a contemplar siquiera la opci√≥n de un refer√©ndum, los gobernantes catalanes avanzan preguntas para el mismo (¬Ņquiere una Catalu√Īa independiente en el seno de la Uni√≥n Europea?) que manifiestamente ser√≠an imposibles en el marco de una norma equivalente a la canadiense y que, por ello, Viciano critica con raz√≥n. Y no tanto porque la Catalu√Īa independiente del futuro pueda o no ser parte de la Uni√≥n Europea (que parece que deber√≠a pedir su ingreso, como ejemplos hist√≥ricos pasados como el de la independencia de Argelia demuestran, aunque es cierto que hay confusi√≥n al respecto, algo que motiva aceradas cr√≠ticas pol√≠ticas de eximios internacionalistas dedicados a la construcci√≥n europea como Weiler que consideran que estas din√°micas debieran ser cortadas de cuajo), sino porque, sencillamente, la pregunta no es clara, no incide sobre lo esencial. Despista.

Y en esa misma l√≠nea, todo lo que debiera ser claridad, como las mayor√≠as exigidas (algo que para ser justos los canadienses tampoco han concretado en exceso por mucho que hablan de “claridad”) o el modo de llevar la negociaci√≥n para la hipot√©tica separaci√≥n queda en penumbras. En un equilibrio muy inestable donde nuestro Derecho p√ļblico s√≥lo ofrece optar entre statu quo o ruptura, con todos los traumas que tanto una como otra opci√≥n, si la composici√≥n pol√≠tica y ciudadana del pa√≠s no se acomoda a la primera de ellas, pueden generar.

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EXTRAS:

[Vídeo de la intervención de Roberto Viciano]

[Vídeo de mi intervención como discussant]



Franco alcalde honorario y el control judicial de los actos políticos

Este verano ha habido una sentencia interesante en Valencia. La decisión judicial es sobre Franco y zanja el tema de si el Dictador puede o no ser Alcalde honorario de la ciudad, como sostenía con empecinamiento el gobierno municipal de la ciudad. Pero también, y es muy interesante, expresa de modo muy sencillo hasta dónde pueden llegar, y a partir de qué punto no son admisibles, ciertos límites al control judicial de las acciones de nuestros gobernantes.

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Vamos a jubilar al TEDH… y a quien se ponga por delante con remilgos

El pa√≠s est√°, y no hace falta que se lo cuente yo, absolutamente reventado, con las costuras de la indignaci√≥n popular a punto de estallar y nuestra querida Casta, mientras tanto, levitando como acostumbra con sus discusiones chabacanas e impresentables (“que se jodan“, ya se sabe). Que llevamos haciendo las cosas rematadamente mal desde hace mucho tiempo es ya a estas alturas una evidencia que nadie discute. Que seguimos empe√Īados en no rectificar, tambi√©n. Hay, sin embargo, un aspecto sobre el que no se incide demasiado. Y es el temerario desprecio con el que se hace caso omiso a los expertos y a los colectivos profesionales en aquellos (escasos) casos en que ciertos juicios son casi un√°nimes. M√°xime cuando hay consideraciones de otro tipo (est√©ticas, normalmente) o intereses muy bastardos que se ponen en medio. La franqueza y exhibicionismo con el que Gobierno, intelectuales de servicio y medios de comunicaci√≥n se manifiestan en rebeld√≠a frente a cualquiera que no les baila el agua, incluyendo a la tozuda realidad muchas veces, es sencillamente hipn√≥tica. Y si hay que estrellarse contra el muro de la realidad de las cosas, pues nos estrellamos. ¬°Tanto peor para el muro y para la realidad!, parece que decimos embriagados y encantados de habernos conocido. Dentro de esta especialidad espa√Īola, que tiene muchas variantes, a m√≠ me interesa la especialidad consistente en pasar de cumplir las leyes, las normas que nosotros mismos nos hemos impuesto, o interpretarlas a la buena de Dios, siempre con ayuda de alg√ļn jurista entusiasta, pero en contra del criterio casi un√°nime de todos los dem√°s. Porque yo lo valgo. O el pa√≠s lo vale. O alg√ļn inter√©s muy concreto… Y si hay que descuajaringar el ordenamiento jur√≠dico pues se hace.

La semana pasada ha sido pr√≥diga en sucesos de este tipo. Continúa leyendo Vamos a jubilar al TEDH… y a quien se ponga por delante con remilgos…



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