Tipo único

Decía el sábado pasado Miguel Sebastián en El País que nuestro sistema fiscal es, además de enormemente complejo, más proporcional que progresivo cuando no, dado que supone concentrar el peso recaudatorio vía imposición directa en las rentas del trabajo asalariado, probablemente incluso regresivo. A Miguel Sebastián, de nuevo, le han llovido críticas desde todos los frentes. Por supuesto, su exposición no se corresponde, ni de lejos, con la doctrina oficial del Gobierno de España, que no contempla el tipo único, al menos de momento (sin embargo, lo cierto es que cada vez tenemos un IRPF con menos tramos). Prácticamente nadie está de acuerdo con él. No es el caso de quien esto escribe, como ya he dejado claro en otras ocasiones en este mismo bloc.

No tiene sentido repetir argumentos, tanto los expresados en su día por mí como los que, con más autoridad y gracia, planteaba el sábado Miguel Sebastián. Pero sí quiero dejar constancia de que en esa percepción sobre la injusticia del actual sistema fiscal español y la urgencia de su reforma no están tan solos como pudiera parecer quienes de vez en cuando asoman la cabeza. Porque, en resumen, hay una serie de elementos prácticamente incontrovertibles que, con independencia de que la solución sea un tipo único o no, claman al cielo:
– Nuestro sistema fiscal es complicado en exceso, está plagado de excepciones y permita quienes más recursos tienen y mejor asesorados están innumerables operaciones de ingeniría fiscal que incrementan las injusticias. Obviamente, siempre habrá posibles vías de escape, pero a menos complejidad, a más sencillez del modelo, más díficil será escapar y más fácil será detectar las anomalías, ya sean verdaderas trapacerías ya meros problemas de injusticia en la determinación de quiénes y cuánto han de pagar.
– El control sobre las rentas del trabajo, especialmente las de los empleados asalariados, no se compadece con los correlativos esfuerzo y preocupación por mejorar los controles e inspección sobre otro tipo de rentas. Dado que en la actualidad los medios que permita esta fiscalización están en la mano de la Administración, hay que preguntarse por los motivos por los que no se ponen manos a la obra en esta muy conveniente tarea.
– Hay que concluir que un modelo como el español es tremendamente injusto, porque beneficia escandalosamente a ciertas personas, según el tipo de ingresos que tengan y, lo cual es si cabe peor, dentro de estos últimos, sobre todo, a los menos «escrupulosos». Parece como si el mensaje del Estado, de la Administración y, en general, de los poderes públicos y de la sociedad en su conjunto a un profesional liberal que no ya es que no se dedique a defraudar sino que, sencillamente, no se monta una «paraeta socieataria» con mucha ingeniería fiscal para pagar menos fuera algo así como señalarle con el dedo por tonto y por «pringao» y, ya puestos, reírse de él.

Miguel Sebastián es relativamente optimista porque, a fin de cuentas, entiende que, dentro de lo que cabe, las cosas no son tan malas. Que si bien el sistema fiscal no es progresivo, tampoco es demasiado regresivo, que podemos asumir que, dentro de lo que cabe, tiende a la proporcionalidad. Y, además, recuerda, el gasto público acaba logrando que el Estado, ya que no por la vía de la recaudación, sí al menos a la hora de proporcionar servicios, reequilibre la balanza. Básicamente porque el uso e importancia de los servicios públicos destinados a las personas de menor renta son mucho mayores. Incluso, como es sabido, respecto de los servicios que se prestan a partir de criterios de universalidad. Piénsese en la sanidad o  la educación públicas que, por mucho que ofrecida a todos por igual, son más utilizadas, se supone, con carácter general, por quienes tienen menos recursos.

Tal planteamiento, que quizás sea cierto, no deja de ser un objetivo de mínimos ciertamente insatisfactorio. Aunque, la verdad, visto lo visto, uno se conformaría con un modelo de tributación proporcional (porque a pesar de lo que diga Sebastián las sospechas de que estamos en un marco de pura regresividad son muy fuertes) y una efectiva puesta a disposición en condiciones de igualdad de servicios de calidad de vocación universal que, lógicamente, es cierto que serían empleados más por quienes menos posibilidades tienen de irse a buscar soluciones de pago con, por así  llamarlos, servicios premium. Ocurre que, al igual que Miguel Sebastián  peca quizás de comprensivo con la realidad actual al señalar que nuestro sistema fiscal es más bien proporcional, también a veces tiene uno la sensación de que no acabamos de tener un modelo de servicios públicos basado en satisfacer con suficiencia las necesidades básicas de todos sino, en realidad, cierta tendencia a financiar servicios de mucha mayor calidad de la debida qu se ofrecen a un coste ínfimo a las clases altas y media-altas.

Soy una persona que forma parte del 10% al que hace referencia Sebastián en su artículo ya que ingreso normalmente más de 39.000 euros anuales brutos. Es obvio, sin embargo, que no formo parte del 10% de ciudadanos más ricos del país. Estoy rodeado, también, de algunos de esos ciudadanos que, si atendemos a su declaración de la renta, forman parte del 1% de grandes millonarios de la población española. No tienen yates ni segundas residencias (huelga decir, claro, que yo tampoco).  Con todo, habiendo personas mucho más privilegiadas que yo (que tributan probablemente menos), soy perfectamente consciente de que el Estado se preocupa de ofrecerme a mí muchos servicios de gran calidad en detrimento de otros servicios básicos para la ciudadanía y para gente más desfavorecida.

Ayer en Valencia se estrenaba la temporada de ópera y cualquiera que mirara quiénes estaban en la platea se daba cuenta de hasta qué punto el Estado (la Generalitat Valenciana) se dedica a financiar con miles de millones de pesetas servicios subvencionados y carísimos para quienes más tienen. Son las gentes que tomarán el AVE, en el que estamos enterrando miles de millones de euros mientras los servicios de cercanías o los regionales sufren las consecuencias. Son, somos, quienes hemos ido a una Universidad pública de calidad, prácticamente todos nosotros (como consecuencia de nuestra extracción socioeconómica), prácticamente gratis, pero pagada con los impuestos de todos (y, especialmente, con los de la mayoría de la población que tributa proporcionalmente mientras sus hijos van en una proporción mucho menor a la Universidad). Somos, en definitiva, también, aquellos a los que incluso el Estado nos subvenciona o ayuda a pagar por muy distnitas vías servicios de sanidad privada, con la consiguiente descapitalización del sistema de salud público.

Como es obvio, no estoy diciendo que todas estas actuaciones e inversiones no tengan sus beneficios sociales, no sean importantes y no deban hacerse (aunque me parece obvio que, en algunos de los casos señalados, el debate al respecto sería de lo más interesante). Pero sí creo que se acometen muy alegremente en nuestro país, con un compromiso inversor por parte de los poderes públicos tremendo, sin tener en cuenta a quién van esencialmente dirigidas, sin modular la capacidad económica de sus usuarios a la hora de hacer pagar, al menos, una parte algo mayor de lo que en verdad cuestan. Y  todo ello me hace cuestionarme hasta qué punto puede afirmarse, de verdad, eso de que el gasto público en nuestro país se hace de forma que tiene efectos redistributivos.

Porque eso me lo tienen, como mínimo, que justificar muy claramente. Con números, estadísticas y una exposición comprensible. Algo que nadie, de momento, ha hecho en serio. A fin de cuentas, todos los indicadores señalan que las diferencias de renta en España entre los que más y los que menos ganan no han hecho sino aumentar en los últimos años. Como indican que este fenómeno, también se ha reproducido a todos los niveles (peso de los salarios sobre la renta nacional, diferencias entre lo que cobra un trabajador medio y un alto ejecutivo, diferencias de renta regional, etc.). Es decir, que no parece a priori demasiado fácil aceptar que lo estamos haciendo bien en términos de redistribución de la renta.

Lo cual enlaza con una obsesión mía, que es la facilidad con la que zanjamos el asunto de las «ventajas de la inmigración» a partir de un tenebroso requiebro dialéctico que nos señala que, como a fin de cuentas los inmigrantes aportan más al erario público de lo que reciben vía disfrute de servicios públicos, a los españoles nos «renta» que haya inmigrantes y, por ello, no tenemos motivos para ser racistas (constátese la otra cara, de lo más chunga, de esta doctrina tan cara a nuestros poderes públicos). Como es evidente, esto es perfectamente posible si, en efecto, nuestro sistema fiscal es, como parece, regresivo. Pero requiere, además, que el efecto redistribuidor por la vía del disfrute de servicios públicos no se produzca. Que me temo, como se dice ahora, que va a ser que sí, que así es.



5 comentarios en Tipo único
  1. 1

    Es muy interesante lo que cuentas, ¡sobre todo lo de que ganas más de 39.000 euros al año! ¡Nadie entiende lo que sigas moviéndote por ahí con esa bici tan vieja!

    La cuestión es, de todas formas, algo chunga. Porque eso de que los que más pagáis queráis reformar el sistema para ¿pagar menos? no queda muy bien. Otra cosa es lo de Warren Buffet, que quiere pagar más.

    ¿O lo que quieres es pagar lo mismo, o más, pero que se monte de otra manera, para que sea más justo? Eso puede tener mejor prensa, pero tampoco tanta, que estamos en España. Ya se sabe, lo despachamos con un sencillo «ya está aquí el pringao rabiosillo, que como no tiene más remedio que pagar y pasar por el aro, quiere que todos pringuemos, pues que le den».

    Una cosa que alguna vez hemos comentado en clase y que es interesante es lo de la Sanidad pública. Ese rollo de que el Estado permita a los funcionarios, con las ventajas de estabilidad laboral y de sueldo en los escalones bajos que tenéis, optar por dedicar vuestras cotizaciones a pagar un seguro privado es un escándalo. Si el sistema de Muface funciona tan bien, que se generalice, ¿no?

    Pero claro, todos sabemos que si así se hiciera la SS se descapitalizaría de tal forma que quebraría y eso no loo quiere nadie, de manera que el chollito es sólo para funcionarios. Es muy anómalo, pero es que las decisiones sobre gasto público y servicios públicos en este país lo son.

    ¡Y actualiza la foto del blog, ahora que te has cortado el pelo!

    Comentario escrito por Clara S. — 07 de noviembre de 2007 a las 5:45 pm

  2. 2

    Bueno, la verdad es que tengo unos «ingresos fijos» que están en el entorno de los 35.000 euros brutos anuales, si no tengo mal entendido. Con lo que, a poco que hagas un par de trabajos, alguna conferencia, te paguen derechos de autor por algún libro o algo así, es fácil que se supere la barrera de los 39.000 en cuestión. Pero vamos, por los pelos. De todas formas, vamos, tú misma, si conoces mi bici sabrás que soy más encantador, en realidad, por mi legendaria austeridad que por lo que pueda ganar. Precisamente por eso nada más lejano a mis intenciones que pedir que me bajen los impuestos. Es más, si lees bien lo que he escrito, no pido tanto que me los suban (no por nada sino para no sentirme gilipollas, dado que la verdad es que en general el sistema actual permite a gente con mucha más renta pagar mucho menos) como que deje el Estado de gastar para satisfacer mis necesidades y las de la gente de mi entorno. Pero vamos, que si hay que apoyar a Warren Buffet, vaya desde aquí mi entusiástico sostén a sus propuestas.

    Por lo demás, respecto de lo de MUFACE, ya se habló aquí del asunto:
    http://www.lapaginadefinitiva.com/aboix/?p=38

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 07 de noviembre de 2007 a las 5:55 pm

  3. 3

    La verdad es que me ha encantado tu articulo.
    Hecho de menos links a otras paginas, donde poder acumular mas informacion o diferentes puntos de vista.
    Eso no quita que considere tu articulo muy ameno y educativo. Ademas, lo que tambien me gusta que presentas los datos de una forma aseptica, es decir, sin entrar a tontos enfrentamientos de facha-comunista y sin insultar.
    Otra vez, felicidades por este blog.

    Comentario escrito por patata — 13 de noviembre de 2007 a las 5:01 pm

  4. 4

    Me uno a las felicitaciones, porque además el bloc es muy interesante para quienes estudiamos o hemos estudiado Derecho, que muchas veces no tenemos demasiado clara la importancia real y cotidiana de muchas cosas que estudiamos desde un prisma demasiado teórico y ajeno a la realidad.

    Gracias por todo. Si es que lo de «tipo único» es un título muy bien puesto.

    Comentario escrito por Clara S. — 14 de noviembre de 2007 a las 10:45 am

  5. 5

    Interesante articulo, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)

    Comentario escrito por Biakbobia — 09 de diciembre de 2010 a las 10:15 am

Comentarios cerrados para esta entrada.

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