En torno a nuestras viñetas de Mahoma

Hace un tiempo se montó una buena a cuenta de la publicación de diversos chistes sobre el profeta. Supongo que no hace falta recordarlo porque todos tenemos en mente el affaire. Lo gracioso fue contemplar el reverencial respeto occidental por las majaderías religiosas y el fundamentalismo cercenador de la libertad de expresión más incompatible con los ideales de la Ilustración. Tenemos unas democracias tan evolucionadas y tan ansiosas de ser correctas e irreprochables que, a veces, nos pasamos de frenada y no entendemos del todo bien qué significa la convivencia en libertad y cómo de importante es la libertad de conciencia y de expresión de cualquier tipo de pensamiento. A mí me gusta recordar, en estos casos, que precisamente los mensajes o ideas irreprochables y socialmente generadores de consenso no requieren de defensa alguna por el Derecho. No hace falta garantizar la libertad de expresión para amparar a quienes dicen cosas aceptadas por casi todos, de igual forma que la libertad de conciencia no es necesaria para que se respete a quienes piensan o defienden ideas más o menos del agrado del común. Las libertades, cuando son necesarias (es más, para lo que son necesarias) es cuando se trata de amparar a quienes defienden que la violencia es una herramienta útil de acción política, que a los iraquíes hay que masacrarlos para conseguir su petróleo, que los negros son inferiores o cuando uno publica viñetas haciendo burla respecto de las creencias de la mayoría.

Que quede claro, la libertad de expresión, en España, no es precisa para amparar los discursos públicos de Aznar o de Rodríguez Zapatero sobre el País Vasco. Si no existiera esta libertad, si la Constitución no la reconociera, ellos podrían seguir hablando tranquilamente y diciendo sus cositas. A quien protege la libertad de expresión es a Josu Ternera. Él sí que no podría ir diciendo por ahí ciertas cosas si la Constitución no amparara el libre discurso. A él es a quien defiende que exista un derecho a la libertad de expresión. De forma que, por ir clarificando cosas e ir quitándonos caretas, empecemos por dejar claro que quien no cree que la libertad de expresión deba amparar a quienes emiten opiniones o defienden ideas que chocan, que hieren, que ofenden en realidad en lo que no cree es en que este derecho deba reconocerse: sólo entiende aceptable que se emitan las opiniones socialmente aceptables (y para eso, recordemos, no hace falta amparo jurídico alguno, la propia sociedad ya se encarga de que esos mensajes se puedan emitir sin problemas).

Como este país es de lo más chungo, el esperpento de las viñetas de Mahoma no quedó ahí. Quienes defendemos conscientes de lo que significa y de su importancia una amplia garantía de las libertades de opinión no sólo asistimos perplejos a que la reacción occidental a las pretensiones de modulación de las ideas y su expresión cuando afectan a ciertas cosillas como la religión musulmana fuera de gran tibieza, sino que hubimos de comprobar cómo, en España, los que con más ahínco se subieron a nuestro carro sólo transportaban, en realidad, mercancía averiada y de contrabando. Porque fue la derecha confesional más reaccionaria la que se empeñó en defender a toda costa y a todo trapo el derecho a la libertad de expresión de dibujantes y escritores, indignada ante las manifestaciones de los musulmanes y de quienes pretendían que era socialmente mejor actuar con cierta «moderación» o «respeto». En su día ya manifesté mi extrañeza por esta reacción, no tanto porque no la entienda sino porque pueda colar como legítima y comprometida defensa de nuestras libertades. Dado que, no nos engañemos, no es así. Lo que esta gente defendía y defiende no era, de nuevo, sino la misma idea de que sólo ha de consentirse lo socialmente aceptado y dominante. Por eso, para ellos, que no son musulmanes, cualquier crítica a esa religión ha de permitirse. Por eso, para ellos, impedirlas es una cercenación inadmisible de nuestros derechos. Pero precisamente por ese motivo son estas mismas personas las que promueven, defienden y legitiman mil y una restricciones cuando de lo que hablamos es de críticas a nuestra religión. Esto es, nos encontramos a gente que, en realidad, lo último que están haciendo es defender la libertad de expresión de los demás. Se ocupan únicamente de consolidar la preeminencia de aquellas opiniones e ideas que se corresponden con las suyas y las socialmente dominantes.

Quienes creemos en la libertad de expresión no deseamos esas compañías. Porque sabemos que sólo se suben a nuestro carro cuando les conviene y para usarlo en su beneficio. Sabemos que en realidad son lo más parecido a los fundamentalistas musulmanes que no aceptan ninguna crítica a su religión y piden penas de prisión a quienes osaren hacer burla o escarnio de sus creencias. Además, por si acaso, nos demuestran constantemente con hechos que no andamos desencaminados. Los ejemplos son múltiples en España, cotidianos hasta la náusea. No hace falta hacer un listado.

Sin embargo sí me quiero detener en la última que tienen montada estos peculiares «defensores de la libertad de expresión» en mi ciudad y en mi Universidad. Porque los mismos que en la ciudad más se echaban las manos a la cabeza porque alguien pudiera pensar siquiera en impedir que grandes medios comunicación publicaran viñetas ofensivas con la fe musulmana están organizando una caza de brujas con amplio apoyo mediático para parar la difusión de una revista de estudiantes que tira apenas mil ejemplares. Llegan, incluso, a solicitar que se encause penalmente a los estudiantes autores de las ofensas a la fe cristiana, amén de pedir que el rector de la Universidad intervenga. Que escarmienten los chavales, joder, que una cosa es libertad (meterse con Mahoma) y otra inaceptable libertinaje (cuando lo que se ridiculiza es la fe verdadera, esto es, la de nuestra sociedad).

Los hechos son sencillos de comprender y rápidos de relatar: En Valencia el Partido Popular, ante la que temen se viene encima, ha dedicado el último año a contentar aceleradamente al arzobispado con regalitos varios. Uno de ellos es una Facultad de Medicina para la Universidad del Arzobispado, aprobada en clara y flagrante infracción de la normativa tanto autonómica como estatal en materia de ordenación de titulaciones. El respeto a la Iglesia del equipo rector de la Universitat de València, producto de la declarada confesionalidad de gran parte de sus miembros, provocó que apenas si se emitieran críticas por parte de esta Universidad, mientras partidos políticos, estudiantes y otras Universidades públicas (como la de Castellón, que llevaba un tiempo pidiendo autorización para impartir la carrera sin que le hicieran ni caso) se echaban las manos a la cabeza. Y es que fue espectacular asistir a la conculcación consciente y abierta de la propia normativa, aprobada para más escarnio en fechas recientes y con enorme boato, con tal de asegurar éste y otros privilegios a la Iglesia antes de que se celebraran las elecciones. Sólo cuando el Arzobispo, eufórico, pasó al ataque y se permitió vanagloriarse de lo conseguido de sus monaguillos en el Gobierno autonómico, prometió que enseñarían Medicina de acuerdo con las ideas sobre el hombre y el mundo de la Iglesia Católica y garantizó que formarían médicos especializados en curar y no en matar y aniquilar vidas (se entiende muy clarito que eso se asegura por contraste con lo que, al parecer, hace la Universitat de València al formar a sus estudiantes) el Rector de mi Universidad tuvo a bien salir a la palestra a decir algo. Básicamente le afeó la conducta al Arzobispo, explicándole que en la Universitat de València todos somos muy buenos y morales, tanto que o somos cristianos o lo parecemos y que por eso nos duele mucho que nos trate así. Uno ha echado de menos en todo este proceso que el Rector hubiera hecho algo u opinando críticamente respecto de lo verdaderamente grave del proceso (que se conceda una Facultad de Medicina a una Universidad privada como se ha hecho, que se apruebe una carrera como ésta en favor de una institución cuyos órganos rectores están garantizando que darán una formación voluntariamente desconocedora en algunas parcelas tanto de la ciencia médica como de la legislación vigente) pero en cualquier caso es de agradecer que al menos tomara la palabra para defender a la institución cuando los exabruptos directamente derivaron en insultos.

Con todo, la tibieza del Rector contrastó con la encendida oposición de los estudiantes de Medicina que, por muchos motivos, no daban crédito a lo que veían. Y así siguen. No les hace demasiada gracia saber que tendrán, en el futuro, que hacer frente a la competencia de cualquier hijo de ricachón católico o dispuesto a comulgar con ruedas de molino, más allá de que haya demostrado un mínimo conocimiento o de que se vea obligado a cursar una formación exigente. Más o menos estas mismas preocupaciones tenemos muchos valencianos, por mucho que menos ancladas en la defensa corporativa de nuestros intereses y más enfocadas hacia el masivo fraude social que por la vía de esta nueva titulación concedida al Arzobispado se producirá, con afección además a un ámbito especialmente sensible como es el de nuestra salud.

La revista que realizan algunos estudiantes de Medicina de Valencia desde hace años, Ubipus, se ha hecho eco, lógicamente, de la polémica. Y de forma muy crítica (en ocasiones, además, muy graciosa) han explicado por medio de viñetas qué problemas tiene una Universidad de Medicina en la que para entrar no importará la nota sino la pasta de tus padres, en la que la formación será impartida por profesionales de dudosa competencia, en la que las creencias religiosas primarán -como reconocen sus impulsores- sobre el conocimiento científico en caso de colisión, en la que la legislación española en materia de aborto y eutanasia se dará por inexistente…

Para todo ello, como es lógico, y demostrando un ejemplar sentido del humor, han hecho burla y escarnio de la religión católica. Algo de lo más sano y necesario (así, en general), pero que en este caso concreto es que es directamente obligatorio. Por prescripción facultativa, además, de los que saben de esto, que antes son nuestros estudiantes de Medicina que cualquiera con títulos de facultades de Todo a 100. A ver si, en cuanto pueda, escaneo algunas viñetas y las subo para que juzguen Ustedes mismos.

Pues, como es habitual, a la mínima, aparecen los de siempre. Esos mismos, recuerden, sí, que se escandalizaban con el medievalismo de los musulmanes ante la que montaron con las viñetas de Mahoma. Y piden que intervenga el Rector, que lo haga el fiscal, que las autoridades disuadan a esta gente de seguir por ese camino. Y montan un pollo tremendo a estudiantes que lo único que han demostrado es un sano espíritu crítico, valentía para defender en público sus ideas, coraje cívico para tratar de incitar a la sociedad a la reflexión sobre este escándalo y, sobre todo, sentido del humor.

Tiene esto de bueno que desenmascara una vez más, por si hacía falta, a la liga de los que se hartaron de vanagloriarse de ser los únicos, puros y legítimos defensores de las libertades. Deja en evidencia a los que sólo defienden su libertad de expresión y no creen en la de los demás. A los que no entienden que la libertad de expresión en España, si es para defender a la Iglesia Católica y sus desmanes no hace ninguna falta, dado que ya tenemos a una mayoría de la población dispuesta a tragar carros y carretas. A los que en el fondo, no quieren que exista ese derecho, como demuestran cada vez que montan en cólera si alguien lo ejerce con todas las de la ley en sentido contrario al que a ellos agradaría. Porque, como afortundamente en nuestro país está garantizado, estos estudiantes tienen derecho a hacer lo que han hecho, nos guste o no a los demás. Para cabreo de nuestros peculiares liberales. Y es evidente que ni Fiscalía, ni Rector, ni medios de comunicación, ni nadie sensato se atreverá a ponerse a favor de la caverna ideológica e intelectual que ha orquestado la cacería. Porque, aunque quisieran, no podrán. Para eso está la libertad de expresión, para que no puedan, para impedir que se pueda buscar las casquillas a quienes hacen algo como lo que han hecho los estudiantes de Ubipus. Para eso precisamente sirven las libertades. El Arzobispo, en cambio, no las necesita. Él sí que podría vivir tranquilamente (de hecho, así lo hizo) y sin inquietarse lo más mínimo, en una España sin libertades. Pero yo seré el primero en alegrarme cuando llegue el día en que sus majaderías sean tenidas por tales por una mayoría de la población y, no obstante su equiparación a efectos de morales y epistemológicos con la astrología, tenga sin embargo garantizado todo el derecho a decirlas. Por poco que a mí me gusten.



14 comentarios en En torno a nuestras viñetas de Mahoma
  1. 1

    Básicamente estoy de acuerdo contigo. Lo único es que parece que defiendes una libertad de expresión absoluta, excepto los casos de clara criminalidad. Frente a eso creo que puede hacerse las siguientes matizaciones:

    1) Que defender que se debe ampliar lo considerado «criminal» o ilícito, limitando en ese sentido la libertad de expresión, también es ejercer la libertad de expresión.

    2) Creo que es absurdo permitir opiniones que nieguen que deba existir la libertad de expresión, ya que esa libertad estaría amparando su disolución, su cierre. También creo que la justificación de actos criminales debe tratarse con más dureza policial que otras opiniones

    3) Creo que ocasionalmente limitar la libertad de expresión puede servir un objetivo positivo. En Alemania existe una clara censura sobre los textos nazis y grupos neofascistas, que desde luego creo que era necesario en los primeros años tras la derrota de la II Guerra Mundial. También creo que la aprobación por Francia de un decreto por el que no se permitía negar el genocidio armenio puede servir para poner una presión hasta cierto punto legítima a Turquía, que debe seguir haciendo cambios para realmente entrar en la UE.

    4) Creo que los debates sobre la libertad de expresión se hacen en términos absolutos: o «todo es opinable» o no existe la libertad de expresión. Se necesita, a mi juicio, una reflexión más ponderada sobre los distintos tipos de opiniones y de medios de comunicación. Yo, por ejemplo, defiendo que debe existir una mayor regulación en la televisión que en los periódicos, por la mayor influencia que tiene sobre sectores de la población no adultos o influenciables.

    Comentario escrito por Caesitar — 26 de mayo de 2007 a las 2:36 pm

  2. 2

    Espero que esto sea un anticipo de cómo sigue la reflexión sobre los terroristas. Más o menos veo la conexión, pero sigo a la espera.

    Por otra parte, me parece un error ignorar que las creencias religiosas de la gente son muy imortantes para muchas personas y merecen por ello un respeto y cierta consideración social. Que, en tanto que parte importante de algunos ciudadanos y de lo que ellos consideran básico de su visión como personas, haya unos mínimos que deban cuidarse no me parece mal (no lo digo por los estudiantes de Medicina, pero sí respecto de ciertas actitudes ofensivas de anticlericalismo que creo que hacen mucho daño a ciertas posiciones, creando más enemigos de los que ya de por sí hay).

    Comentario escrito por Marta Signes — 26 de mayo de 2007 a las 5:12 pm

  3. 3

    Siempre he creído que la libertad de expresión es completa y absoluta o no es. Sólo debería existir, en mi opinión, la restricción de evitar un mal mayor. Por ejemplo, no está permitido gritar «¡Fuego!» en un tren. Pero creo que en España o, ya puestos, en Alemania, se ha ido demasiado lejos. Caso alemán: el revisionismo no se combate prohibiéndolo. La censura (y prohibir el revisionismo es censura) es siempre muy ineficaz (no sólo inmoral). Con razonamientos se combate perfectamente. En Internet existen cientos de webs que deshacen las patrañas revisionistas, igual que existen otro porrón de webs que desmontan las teorías conspirativas sobre el 11-M.

    Además, con cierta sutileza, siempre se puede decir lo que uno quiera evitando la censura. Recordemos los torpes censores de Franco, que le daban a la tijera en las cosas más inocentes, que ni se le habían pasado por la cabeza al escritor o cineasta, mientras se dejaban colar goles de escándalo.

    En el caso español, si existen acciones delictivas provocadas directamente por las opiniones vertidas por alguien, ese alguien debe dar explicaciones (quizá en no mucho tiempo, LD deba dar explicaciones), y bien está. Para HB- cachorros de Jarrai-ETA, la cosa está más o menos clara, pero aún así, insisto, la censura acaba siendo ineficaz. Aquí, en particular, aunque sólo sea por el victimismo que genera dentro y la incomprensión que genera fuera.

    Y de hecho, aplicando el mismo rasero que a HB, se debería cerrar y perseguir a los responsables de, por ejemplo, antorcha.org. La diferencia es que no han provocado nada directamente, que se sepa.

    Comentario escrito por faibistes — 26 de mayo de 2007 a las 9:56 pm

  4. 4

    Flojo. Muy flojo, como por desgracia es habitual últimamente. Primero hablamos de Mahoma y después pasamos a explicar como en mi casita me están haciendo la puñeta, a mí que soy tan bueno. A ver si espabilamos, porque por encima de la Universidad, que yo sepa, no hay nada. O sí, pero no reparten titulaciones.

    Comentario escrito por brg — 27 de mayo de 2007 a las 12:49 am

  5. 5

    Totalmente de acuerdo con usted.

    Todos los que hemos estudiado Farmacia en la Universitat de Valencia, recordamos con ternura el «nivel» académico del que hacian gala aquellos estudiantes de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo, que cursaban el ciclo superior (dos últimos años) de la carrera en el Campus de Burjassot dado que el PP todavía no se lo había concedido.

    Afortunadamente, ahora se puede cursar toda la carrera de Farmacia en el CEU y ya nadie puede reirse en la cara de estos ¿profesionales?.

    PD. Es gozoso encontrarse actualmente con que los peores elementos surgidos de mi promoción son ahora los profesores asociados de muchas de las asignaturas impartidas en el CEU San Pablo…

    Comentario escrito por Garganta Profunda — 28 de mayo de 2007 a las 8:55 am

  6. 6

    El tema de la libertad de expresión absoluta es muy complejo y delicado, pero también lo es la creación de cualquier mecanismo de control o limitación. Puestos a elegir me quedo con una libertad de expresión sin restricciones y que, como dice Andrés, las majaderías que alguien profiera, sean entendidas como tales por el resto de la población.

    Las creencias religiosas son muy importantes para muchas personas, pero no por ello deben merecer más consideración social que otras cuestiones de orden ideológico, político o moral, que también pueden ser muy importantes para otras muchas personas. No termino de entender por qué hacer humor, mofa, o burla (por no hablar de representaciones artísticas o pseudos-artísticas más o menos radicales), de cualquier religión o símbolo religioso, supone siempre un escándalo y una falta de respeto a no sé cuántas almas sensibles, mientras que eso mismo aplicado a cualquier otra forma de agrupación humana, no solo es comprendido sino saludado y aplaudido.
    Las posiciones anticlericales son tan, o tan poco, razonables como las clericales y en todo caso no podemos condenarlas porque perjudiquen no sé que tipo de posiciones.

    Comentario escrito por guimusa — 28 de mayo de 2007 a las 1:43 pm

  7. 7

    Totalmente de acuerdo, es insoportable ver cómo algunos defienden la libertad de expresión absoluta hasta que se les toca lo más sagrado.

    No se debe confundir libertad de expresión con la libre faltada, «digo lo-que-me-sale-de porque sí», sin más ni más. Por ello, como ya se ha comentado aquí, lo religioso ofende sobremanera a mucha gente y se podrían moderar las críticas teniéndolo en cuenta, máxime con la manipulación actual existente en todas las dimensiones. Al fin y al cabo, normalmente las faltadas contra alguna religión, sea la que sea, tienen detrás incentivos principalmente políticos. En fin, se deberían moderar con lo religioso y con todo, pero esperar que se piense en los demás es cada día más utópico. No es que lo religioso merezca mayor consideración social, pero es de los asuntos más intocables, por la razón que sea, nos afecte o no.

    Por otra parte, me consta que el Ubipus dedicaba alguna página, al menos, que yo sepa, hasta hace unos años, a faltarse en exceso con alumnos y el personal docente. Si excederse con los profesores no está bien, hacerlo con los compañeros no tiene nombre. Por ello, nunca le he tenido mucho aprecio a la revista. Aunque en este caso, sus críticas y su indignación sí tienen fundamento, desde luego. A ver si puedes colgar las viñetas, que por internet no están.

    Comentario escrito por NK — 28 de mayo de 2007 a las 5:43 pm

  8. 8

    Una hermana mía está estudiando Medicina y me enseñó el domingo la revista de marras. Pero no he podido escanearla. Las bromas son de lo más «blando» y hacen más bien referencia a los déficits de formación previsibles por la falta de calidad del centro y a los déficits derivados del «peculiar» tratamiento que desde la Iglesia se da a la homosexualidad o a las enfermedades de transmisión sexual, al aborto y a la eutanasia en términos médicos que a hacer escarnio o mofa de la religión católica. Que no habría pasado nada porque lo hicieran, la verdad, pero es que, oiga, ni eso.

    Yo la revista no la conocía, así que no puedo juzgar sobre su orientación. El número en cuestión me pareció sin embargo bastante blandito. Críticas a profesores no vi, excepción hecha de comentarios jocosos a cuenta de frases sacadas un tanto de contexto dichas por los profesores en clase, a las que respondían en plan gracioso. Pero nada ofensivo, por lo que pude ver por encima, ni desmesurado. Además, la crítica es algo que uno, cuando da la cara, tiene que asumir.

    Sigo a la búsqueda de un escáner en condiciones para poder poner las viñetas. Mientras tanto, Las Provincias sigue en la pelea, porque ayer vi que pedía en página 3 una inmediata intervención del rector.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 29 de mayo de 2007 a las 11:21 am

  9. 9

    Pues habrán cambiado de estilo. Yo te hablaba de un número de hace unos cuatro años, estaba convencida de que era más reciente, pero no. Me acuerdo tan bien de aquello porque la tomaron con una amiga mía sin razón alguna y las faltadas, insisto, eran importantes. Celebro que ya no sea así.

    Cuidado, no vayan a pedir también el cierre del blog por colgar las viñetas…

    Comentario escrito por NK — 29 de mayo de 2007 a las 10:57 pm

  10. 10

    Ya digo que no conozco la revista más que por haber ojeado muy superficialmente un concreto ejemplar, así que es posible que haya excesos en otros casos o incluso que sean habituales.

    Pero en estos casos la ley de bronce a la que conviene atender es a que mejor consentir y tolerar excesos que pasarnos por el otro extremo. Supongo que a mí me sentaría mal que hubiera una revista por ahí burlándose de mí o insultándome. También creo, no obstante, que en esos casos conviene tomárselo con deportividad. Y, por último, que el Derecho ha de actuar sólo cuando hay una lesión real y efectiva a un bien jurídico de cierto relieve.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 30 de mayo de 2007 a las 1:07 pm

  11. 11

    Vamos a ver queridos niños,no es lo mismo la reacción de los musulmanes que degollan a cristianos o simplemente a aquellos que no son de su religión o los amenazan de muerte que aquellos fachas u ortodoxos cristianos que en el peor caso tirán una bomba fétida en el cine Capitol de Valencia cuando estrenaro «La última tentación de Cristo».Vamos que no se pueden poner en la misma balanza,unos matan y los otro como mucho gritan y ya esta.

    Comentario escrito por BESTEIRO — 30 de mayo de 2007 a las 1:24 pm

  12. 12

    Estoy seguro que si en Marruecos,Argelia,Tunez o cualquier otro país de mayoría musulmana,se criticará al Islam como alguna progresía critica a la Iglesia Católica,desde luego no le presentarían una querella sino que se lo cargarían.Otro debate sería por ejemplo,el hecho de que la iglesia o este de acuerdo con las uniones entre personas del mismo sexo,su financiación,o que en los colegios concertados los profesores de religión seán pagados por el Estado pero sea la Iglesia católica quien decide si se les despide o no.

    Comentario escrito por BESTEIRO — 30 de mayo de 2007 a las 1:28 pm

  13. 13

    ¡BESTEIRO te has pasado con el ribeiro!.

    Comentario escrito por Mi Otro Yo — 30 de mayo de 2007 a las 6:27 pm

  14. 14

    Prefiero el Lambrusco.

    Comentario escrito por Besteiro — 30 de mayo de 2007 a las 7:21 pm

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