Políticos en procesión

Seguimiento de la campaña electoral valenciana (día 1) para El País Comunitat Valenciana

Ayer fue un día de mucho ajetreo para los políticos valencianos. No sólo empezaba la campaña electoral, que ya se sabe que es una cosa muy exigente. También había una romería en Alicante y allá que se fueron todos. Los de la derecha gobernante, por supuesto. Pero no crean que únicamente ellos, no. También una gran parte de los de la izquierda ahora en la oposición.

Los líderes socialistas, iniciando ayer su campaña electoral

La plana mayor del PSPV, de inicio de campaña.

Yo no sé a Ustedes, pero a mí esto cada vez más me recuerda esas imágenes sepia del franquismo con el alcalde, el arzobispo y el capitán general encabezando todo acto que se preciara, cortando cintas y saludando a la plebe desde una posición muy principal. No es que sea demasiado grave, la verdad, tampoco es cuestión de exagerar y ponernor estupendos. Lo importante de una democracia son otras cosas. Por ejemplo, que la gente, tenga las ideas que tenga, pueda montar partidos políticos para defenderlas políticamente. Y que sea posible que los demás les puedan votar. O no, según decidan. Ésos son asuntos verdaderamente importantes, el tipo de cosas que demuestra que estamos en una democracia que ha superado el franquismo. Vale, estamos de acuerdo. Lo demás son temas menores, sí. Pero eso no quita para que el hecho de que la asistencia a todo tipo de procesiones se haya convertido en obligatoria para los políticos, incluso para los convalecientes, sea algo que dé un poco de tirria. Y conste que quien dice una procesión dice una mascletada en Fallas o cualquier fiesta popular, que a efectos prácticos, ahora, todo es más o menos lo mismo.

Camps, de romería. Le vienen bien, pues al menos tiene algo donde descansar su maltrecha espalda,

Camps de romería, dando descanso a sus maltrechas espaldas.

Lo peor de todo este vasallaje al mito y al fervor popular es que, a lo mejor, en realidad, tampoco es tan esencial a efectos electorales, que es por lo que los políticos creyentes ofenden a la fiesta y a las creencias de quienes las profesan de verdad convirtiéndolas en un circo electoral con esa impúdica exhibición. Así como también es la razón por la que los políticos no creyentes aceptan el trago y hacen el rídículo asistiendo para demostrar que ellos son com el pueblo, incluso en sus más tristes miserias, consiguiendo con ello más bien poco rédito, cuando no un cabreo apreciable de su electorado (sea mucho o poco) moderadamente racionalista.

Porque, vamos a ver, seamos serios, ¿alguien cree de verdad -quitando a los protagonistas- que Camps o a Alarte vayan a ser más o menos votados por aparecer en las procesiones? Podemos aceptar que euizás ellos no sean conscientes de que, en el fondo, no ganan ni un voto por estar ahí, como tampoco lo perderían por no ir. Probablemente se engañan a sí mismos, diciéndose que su obligación como representantes democráticos es colonizar y ocupar cualquier acto, en esa mezcla de populismo y nacionalcatolicismo de toda la vida , sencillamente como un pretexto que les permite plantarse allí, lucir palmito, encabezar procesiones y lo que sea menester para que se les vea y quede claro que son nuestros pequeños y caseros mandarines. En el fondo, tampoco es tan original la idea. ¡Si está todo inventado! Pero de ahí a que sus asesores, con algo más de distancia, no sean conscientes de que la cosa es más un esperpento que una demostración de realidad humana y cercanía social…

Rita Barberá, maestra del balcón fallero

 Rita Barberá, demostrando que las Fallas son suyas.

En fin. Así ha empezando la campaña en este País Valenciano nuestro. Con los representantes de tres de las principales fuerzas políticas de procesión. En Castellón hace nada (hay vídeos muy bonitos grabados para recordar y festejar la ocasión, por ejemplo, por los representantes de Compromís) y en Alicante ayer. Pero no se preocupen los vecinos del Cap i Casal que consideren poco respetuoso que estas manifestaciones de irracionalismo les hayan pillado lejos (si es que las pasadas Fallas se puede considerar que pillan ya lejos). Este domingo tendremos misa y procesión en Valencia y a buen seguro allí estarán también para eliminar cualquier sospecha de discriminación. Nuestros representantes se ponen en evidencia en las tres provincias, sin distingos.

Quede claro que el hecho de que yo piense que los políticos no deban exhibirse en procesiones y hacer de ellas un acto político no significa que me parezca mal que acudan, si es una de sus aficiones. O porque les parezca importante y esencial. Nada que oponer a que lo hagan en privado, de manera discreta. Porque resulta obvio que todos tenemos nuestro derecho a profesar cualquier creencia, desde las más comunes a las más exóticas (yo estoy firmemente convencido de que cuando el Valencia CF ganó dos ligas fue más por los cimientos plantados por Héctor Cúper y sus dos finales de Champions League que por mérito de Rafa Benítez).  Que vayan los políticos a todas las procesiones que quieran, si les apetece. Pero una cosa es eso, que entra dentro de las pequeñas miserias (o grandezas, vaya a Usted a saber, aunque yo no apostaría por esta última opción) personales que todos tenemos, y otra muy distinta hacer uso político de tu presencia en un acto de esas características, apoyando y comprometido con todo lo que implica y como abierta acción propagandística. Porque es lo que quiere el pueblo. O porque «es la tradición», dicen algunos, y en consecuencia «hay que estar». O porque el Altísimo lo recompensará. Vaya por Dios.

Nuestros políticos en procesión se retratan. Todos ellos. Los unos por sus ansias de protagonismo, por muy católicos que sean. Los otros por el patetismo de, para tratar de arañar algún voto, hacer guiños al irracionalismo de cuya sinceridad además (esperemos) cualquiera ha de dudar. Y en general cualquiera que asista, por un motivo u otro, dado el exceso populista que supone y que nos devuelve ese inequívoco tono sepia a la política valenciana. Así esta el patio. Es el primer día de campaña y el nivel ya está por los suelos.

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(No querría dejar de hacer, entre paréntesis, una mención especial, para terminar, a todos esos creyentes a quienes estas actitudes, al parecer, no sólo no ofenden sino que encandilan. ¡Que viene el político de turno! ¡Qué bien! ¡Semos importantes! Allá cada cual con sus cosas y con lo que hace en su casa, pero a mí me da la sensación de que si de verdad te crees esto de Nuestro Señor y las procesiones o eso de que un pañuelo es santo o la virgen se apareció -o lo que sea que se celebre en estos casos- lo que tendría que parecerte que los políticos monten a su mayor gloria el sarao que montan es más bien una ofensa, antes que otra cosa. Pero parece que no, de modo que esto también ha de ser una de esas manías mías que uno tiene;  o sea, que no hagan mucho caso.)



6 comentarios en Políticos en procesión
  1. 1

    ¡Alarte y Camps en la Romería de la Santa Faç! ¡Mare que bonico (i preciós)!

    Creo que les falta ir bajo palio…

    La abstención deviene la única opción posible…

    Comentario escrito por Garganta Profunda — 06 de mayo de 2011 a las 9:37 am

  2. 2

    ¿Esto no tendría que ir dentro de la Paella Rusa?

    Controle sus instintos de llenarlo todo de valencianadas, Boix. Sea metódico: cada cosa en su carpeta. Así se puede encontrar lo que se busca, y no se encuentra lo que no se busca.

    Comentario escrito por Lopez — 06 de mayo de 2011 a las 10:06 am

  3. 3

    Señor López de Boix como de cierto animal se aprovecha todo, hasta los andares así que tanto da donde lo escriba que lo vamos a deglutir igual. A todo esto si mañana no les apetece cocinar a mediodía el PP de Benetússer se invita a una paella en la plaza de la Xapa. Estoy pensando que no sería mala idea elaborar una guía para zampar gratis estas semanas hasta de campaña. Tendría su aquel.

    Comentario escrito por josep m. fernández — 06 de mayo de 2011 a las 4:56 pm

  4. 4

    López, El País de la Comunidad Valenciana me ha pedido que haga un seguimiento a la campaña durante estos 15 días, por lo que el blog va a estar coyunturalmente dedicado a estas cuestiones.

    Tienes razón en una cosa. ¡La envidia que sentía al ver lo bien que se lo pasaban los de La Paella Rusa haciendo lo que están haciendo ha hecho muy sencilla la decisión de aceptar!

    Obviamente, aquí habrá otro tipo de análisis. No sé si mejor. Espero que no peor. Pero, sin duda, diferente.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 06 de mayo de 2011 a las 6:36 pm

  5. 5

    Andrés, me sorprende tu asombro ante esta actitud de los políticos. Me parece que denota una negación de la realidad de la sociedad española y, más aún de la valenciana: a la mayoría le encanta las grandes congregaciones populares, ya sean por motivos religiosos, festivos (Fallas, Moros, Hogueras, etc.) o deportivos (acuérdate del seguimiento a la «roja»). Es posible que admitir esta realidad de nuestra sociedad no sea agradable y que preferiríamos creer que la mayoría disfruta leyendo un buen libro o asistiendo a una gran conferencia pero, desgraciadamente, no es así. Es más, especialmente en Valencia, la masa está tan acostumbrada a estas reuniones populares que, con los años, he observado que ha desarrollado una capacidad para moverse en grupo con gran cuidado y educación, lo cual no ocurre en otras ciudades españolas y, menos aún, en el extranjero. Es por ello, que dado que el político disfruta con el baño de multitudes, es lógico que lo busque continuamente y, más aún, en plena campaña. Otro tema es que no nos guste verlo y admitirlo.

    Comentario escrito por CGL — 07 de mayo de 2011 a las 9:11 am

  6. 6

    CGL, no sabía yo eso de que en Valencia la masa haya desarrollado capacidad cognitivas y sensoriales superiores a la del resto de homínidos, que les permiten detectar cinestesias corporales especialmente indicadas para transitar en entornos congestionados. Creo, sinceramente, que te ciega el cariño a los valencianos y las valencianas, que diría Alarte.

    En cualquier caso, yo no me sorprendo de que los políticos busquen el calor de la masa, y más en elecciones. O que a la masa le gusten determinados festejos de mejor o peor gusto, como la procesión de ayer. Lo que me alucina es que la izquierda piensa que tiene algo que rascar, en votos, yendo a las procesiones. Y también me sorprende que la gente, que es consciente de que la están instrumentalizando (y de que, además, le instrumentalizan algo supuestamente tan imporante y sagrado como una procesión), esté encantada de que vayan los políticos. No sé. Hay un mecanismo psicológico ahí que no capto.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 09 de mayo de 2011 a las 11:55 am

Comentarios cerrados para esta entrada.

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