Desde la última vez que aparecí por aquí han pasado muchas cosas, y ninguna buena. Ya se que yo estoy para hablar de apuestas, que para hablar de fútbol ya hay otros por aquí con más arte literario que yo, pero qué queréis que os diga, no me voy a poner a comentar ahora que hace quince días ganamos una combinada de 67,20 euros. Eso no tiene el más mínimo interés diez días después de que el Barça cayera eliminado en Manchester, cuatro días después de que le endosara media docena al Valencia, o al día siguiente de que el Madrid nos pegase uno de los repasos más grandes que mi memoria recuerda en los clásicos que yo he visto. Así que, a tomar por culo, voy a hablar del Barça y del Madrid, que es lo que me pide el cuerpo. Bueno, en realidad lo que me pide el cuerpo es darme una vuelta por el entrenamiento del Barcelona con varias granadas de mano en el bolsillo, pero para no tener problemas con las asociaciones protectoras de animales mejor me limito a escribir aquí, aunque soy consciente de que a estas alturas el tema Barça-Madrid ya cansa un poco, pero bueno, a ver si así lo termino de saturar y se deja de hablar de ello hasta el año que viene.
El advenimiento de Guardiola como entrenador es la noticia más catastrófica que ha caído sobre el Barça en los últimos veinte años. Cuando era jugador ya estuvo más que sobrevalorado: solo rindió hasta los 25 años, condicionó el sistema del equipo hasta que se marchó, ya que había de ser titular por cojones pero solo sabía jugar de cuatro (no era capaz de ocupar el puesto de interior o mediapunta, ni que fuera a ratos sueltos), adolecía de carácter, dureza y no marcó ni diez goles en otras tantas temporadas. Cuando se marchó Rivaldo, le dejaron tirar todas las faltas durante un par de años: no metió ni una el hijoputa (salvo una al Rayo desde medio campo en que el portero estaba fuera del área grande discutiendo con el árbitro). Hasta el buenazo de Abelardo se descojonaba de él en el campo. Tenía tan poca personalidad que cuando iba a chutar una falta, los rivales le ponían la barrera a ocho metros y no era capaz ni de pedir la distancia al árbitro, aún siendo el capitán del equipo (a diferencia de Bakero o Amor, que estaban pegando voces hasta que la barrera se ponía a sitio). Después de estar dos años sin jugar por una rarísima lesión de isquiotibiales, decidió ir a probar a otros países, según él, para aprender otras culturas futbolísticas. Y cuando estaba convencido de que habría hostias entre los grandes de Europa para ficharlo, esta fue su impresionante trayectoria : Brescia, Roma (donde no jugó), Qatar y un equipo mexicano al que no tardó en enviar a segunda, en comandita con Juanma Lillo, otro que tal mea. Estuvo a prueba en un equipo inglés de los malos y no se lo quedaron ni jugando gratis. En medio, un oscuro episodio de dopaje, del que salió absuelto hace poco por irregularidades en la toma de muestras. Que está sobrevalorado como jugador es un hecho incontestable: excepto en títulos, que no dependen de un jugador específico, Xavi ya le ha pasado en todas las estadísticas y aún le quedan varios años en el primer equipo. La prensa deportiva catalana ya ha hecho un amplio resumen de los méritos acumulados para ser entrenador del primer equipo: además de ser catalán de pura cepa y llevar toda la vida en el Barça (como Reixach, lo que no garantiza nada, más bien al contrario), parece que ha conseguido la machada de que el filial del Barça, ahora en tercera, se haya clasificado para el play-off a segunda B, ante rivales tan poderosos como el Manlleu, el Santboià (donde yo mismo llegue a jugar algunos partidos) o La Pobla de Mafumet (buscadlo en el mapa si hay huevos). En ningún momento se cita que tiene a siete de los diez mejores jugadores de la categoría. También se valora especialmente su mano dura: según leo, tiene tanta personalidad que incluso se ha atrevido a sancionar a un par de jugadores de diecisiete años por indisciplina. Si ha podido con estos, no me cabe duda alguna que será capaz de pegarle cuatro gritos a Deco o Eto’o en el descanso. Y otra virtud muy comentada por aquí: no solo apuesta por el 4-3-3, sino que además es un técnico con tantos recursos que incluso se atreve a cambiar el sistema a mitad de partido y pasar a jugar con un modernísimo 3-4-3. Y esto no es lo peor: vale que le guste la lectura, que me parece bien, lo jodido es que en lugar de leer la Guerra de las Galias de Julio César, o el Arte de la Guerra del chino aquel (Sun Tzu, creo) resulta que se dedica a leer poesía. Y no cualquier poesía, no, sino a Miquel Martí i Pol (tan gran poeta como inadecuado para un futbolista). Y sus gustos musicales no son mejores: hay una inenarrable imagen de la Pepa llorando en el concierto de despedida de Lluís Llach. Si un equipo se define por su entrenador, esto es lo que nos espera, apreciados culés. No romperé el carnet por no perder la antigüedad y el asiento, pero me cago en dios con meses de anticipación. Con suerte, el año que viene nos metemos en UEFA.
Y a todo esto, Mourinho sin equipo.
Nos gustó mucho cómo quedó el intercambio de tribunas entre pericos y culés. Hemos decidido repetir la fórmula y, como no podía ser de otra forma en estos días, abrir el melón con un artículo sobre la esencia del Real Madrid y sus valores. A los mandos de la nave estará durante esta entrada El Doctor. Antimadridista infatigable, residente en Balears, con domicilio en… uh. Ni que decir tiene que estamos ávidos de recibir más tribunas. Una en respuesta a ésta, por ejemplo. La suya, caballero ovetense, sobre el Sporting, la del de más allá, sobre el Betis, el Sevilla o por qué no los dos, cuando no todos los equipos andaluces con el Cai y, tú que eres joven igual no lo sabes, su afición másh hermosah de Ehjjhhpaña. Tan sólo pedimos que las buenas maneras redashionales y el estilo sean las propias de escribirle algo al Vaticano para que lo publique el Observatore Romano. El odio ciego y enfermizo también puede copiarse el de dicha institución. Sin más dilación, el Doctor.
Al contrario de lo que piensa la gente, cuando se dice que esta liga ha sido una mierda, no se le están quitando méritos al Madrid, sino reconociéndoselos. Los blancos han estado ahí, dando guerra, cuando el resto comen mierda. Eso también es grande. Que te salgan cuatro estrellones de la polla y pulirte a todo Cristo en partidazos está bien, sí, pero tener voluntad de ganar ante la apatía general, con una plantilla que deja mucho que desear en algunos puestos y con unos veteranos para ponerles un marco elaborado con materiales recopilados en La Celsa, pues dice mucho de una institución de cuya junta directiva sólo se puede hablar en presencia de un abogado. Hay quien dice que todo esto es mérito de Capello. Es un argumento que frisa eso de que el palmarés del Madrid es cosa de Franco. Pero como es tan recurrente eso de cagar y lanzar la mierda lo más alto posible a ver si llega más arriba que la de los demás, pues depongamos nuestra plasta. Yo superopino de que: por primera vez en muchos años, en el Madrid militan bastantes jugadores honestos. Sneijder, Van Nistelrooy, Gago, Higuaín, Diarrá, Heinze, Pepe, Ramos o Cannavaro son mendas que, con sus defectos, que son bastantes y los enumeraremos en el One x One, no han venido aquí a tocarse las pelotas, pintar la mona, irse de putas y acaparar portadas. Basta con eso, hoy día, para que pueda triunfar la voluntad. Del proyecto de Schuster poco se puede decir. Yo no lo he entendido. Ya nos lo explicará algún tertuliano de visión aguda, cerebelo audaz, ancha cuenta corriente y jornada laboral desahogada. Mi sensación es la misma que la del año pasado en el último tramo. Véase la jugada del segundo gol. El Madrid con nueve presionando en todo el campo a un Osasuna que iba ganando. Diarrá coge la pelota y, perfectamente consciente de que no ha dado un pase a derechas en su vida, ante la imposibilidad manifiesta de sortear al rival con el balón en los pies, opta por lo que recomiendan nueve de cada diez errebeberos: matarlo. Eliminado para la causa en la interceptación kamikaze del mismo, el balón llega mansamente a los pies de Ramos. Sólo podía darle el balón a Higuaín con un pase inverosímil al primer toque. Pues si es eso, ea, a la faena. Lo logró, describiendo una parábola asombrosa, el balón sortea a los defensas como en Oliver y Benji y le cae a Higuaín para que defina como lo que es, un delantero sin técnica, esto es: dándole una hostia que te cagas a la pelota entre los tres palos. Ni escrito por el mismísimo Dios. Dicho y hecho. Un poco de épica y un poco de risión a costa de un Osasuna que se puede ir a Segunda y merecidamente, porque en la autoría de los dos goles hay que otorgarle un protagonismo importante a los rojillos, pero es que la Liga no da para más ahora mismo. Prueba de ello es el papel de los clubes españoles en Europa y el reparto maoista de puntos del cuarto al décimo séptimo. Ya llegarán otros tiempos. Ahora sólo hay que pensar en una cosa: ESPAÑA.
Es impresionante lo de esta etnia. Hace cuatro días llegaba la noticia sobre el jugador Arkadiusz Myson, del LKS Lodz, por llevar una camiseta con la leyenda “puta judía” en referencia al club rival, Widzew Lodz. No es la primera vez que en Polonia hay brotes racistas. El pasado mes de abril, en un partido del Legia de Varsovia, un pancarta rezaba “Arbeit macht frei”, lema del campo de concentración de Auschwitz. En España, una nación del sur de Europa, la Comunidad Autónoma Polaca sigue la misma senda. El miércoles pasado, desde la secretaría general de Deportes de la Generalitat de Cataluña, Anna Pruna, defendía la idea de la creación de un trofeo avalado por la Uefa para que los súbditos catalanes no tuvieran que verse representados en competiciones deportivas por ciudadanos del resto de España, a los cuales, pese a convivir bajo las mismas fronteras desde hace cientos de años, consideran una rémora social y cultural. Este discurso de profundas connotaciones racistas, fruto de la superlativa influencia de las reaccionarias oligarquías de esta región, originada su versión actual en la falta de consistencia de la lucha antifascista en la zona durante la Guerra Civil y el alineamiento de la mayoría de la población rural –ahora empresaria- con Franco por la cuestión católica, regresa, sin cesar, a la joven democracia española que lucha por desprenderse de todo lo acuñado en la dictadura, como la estatua de Franco del Castillo de Montjuic, retirada recientemente. Hasta tal punto se dan la mano política y deporte como en los mejores tiempos del fascismo de Entreguerras, que el propio secretario general del partido gobernante ERC, Joan Puigcercós, puede gastar parte de su jornada laboral, aforada en más de su mitad por trabajadores forasteros –palabra castellana de origen catalán- en comentar en el Parlament las evoluciones del FC Barcelona y su salvaje –palabra castellana también de origen catalán- Hundimiento. El político nacionalista y socialista no perdió la ocasión de alinearse con la familia de ideologías fascistas, del nacionalismo al franquismo, que preside el club y dijo, entre otras divagaciones: “Confío en la directiva del Barça en un momento en que mucha gente considera que esto no va”. Respecto a la segregación racista de la representación deportiva en el ámbito nacional, la citada Anna Pruna explicó que, cual Marcha sobre Roma, su iniciativa consiste en “un sentimiento colectivo” para luego, excusatio non petita, añadir “no vamos contra nadie” y alcanzar la conclusión de manual mussoliniano o, contemporánea, berlusconista-liganorte-neofascistas, cuando no profundamente teocrática, de que van “sólo a favor de ese sentimiento” no exenta, como no podría ser de otra forma, de una cobarde e irrisoria amenaza: “en esta lucha no estamos solos”. En la nación española, donde, con un ejercicio de madurez política sin precedentes se ha aprobado una descentralizada articulación territorial durante los últimos años, las institucionalizadas manifestaciones racistas preocupan y mucho a la prensa extranjera por la deriva ultraderechista que pueda tomar el país, si bien se trata del único estado europeo donde persiste la violencia organizada fascista y su representación civil para perseguir los derechos humanos desde el poder no está del todo ilegalizada. Todos a una, puta Osasuna. Hasta la victoria siempre.
Nos llega una nota de prensa de Infobae con la siguiente información. Tras derrotar al Liverpool, los jugadores del club del oeste de Londres se fueron de giñeta. La factura en alcohol fue de 20.000 dólares. La stripper, ni más ni menos que Jenna Jameson. El local, eso sí, exquisito. La popular actriz iba hasta el ojete de farlopa y la echaron del lugar al grito de “cerda americana”, en alusión a su nacionalidad y condición, por lo que se fue llorando. Estuvieron presentes: John Terry, Michael Essien, Saloman Kalou, Wayne Bridge y Shaun Wright-Phillips.
Ayer, aproximadamente a las 8 y media, justo cuando acababa de ponerme los pantalones del pijama y un jersey del Barça y darme cuenta que en mi casa no había más que tres latas de cerveza y que mi novia se estaba bebiendo una, recibí un mensaje de correo del Gran Timonel de esta página que decía algo como “HAZ LA CRÓNICA DEL BARÇA. Puta Barça, puta Cataluña. No sois españoles, sois hijos de puta. Hablamos de lo demás cuando tenga tiempo. Me voy a Nada Surf”. No se extrañen, que ya es mucho más que la mayoría de las veces, que en esta bitácora nuestros sistemas de comunicación interna están basados en la telepatía y así nos va. De manera que si no era suficiente ver el partido a) con mujeres, b) sin cerveza, y c) con Álvarez bebiéndose el agua de los floreros en alguna sala de mala muerte, tenía que hacerlo con el portátil encima de los huevos, a riesgo ya no sólo de chamuscar a mi descendencia sino de que el aparatito saliera disparado en cualquier media ocasión que el Barça fuera capaz de generar el Old Trafford. La cuestión es que antes de empezar las cosas no pintaban del todo mal: Vidic y Rooney fuera por KO, Ferguson apretando el culo y repitiendo el esquema de Barcelona mandando a Ronaldo a la punta -y es que si Ronaldo apenas ha aparecido en la eliminatoria no es mérito de la defensa culé, sino demérito de su entrenador-, y Rainjar, al que le deben haber cortado el suministro de grifa, repitiendo también la alineación de la ida, sentando a Henry y jugando con los tres pequeños por delante del Gran Mandinga. Y todo eso con un Barça que llevaba semanas sin marcar, o sea, que cada minuto que pasara estaría más cerca de meter un gol que parecía más que suficiente para irse a Moscú y salvar la cara de entrenador, jugadores y presidente. Y así empezó el partido, con el Barça lanzado sobre la portería de Van der Saar pero lanzado de aquella manera que se lanza el Barça, despacito, como sin querer, presionándote pero sin grandes aspavientos, escondiéndote la pelota, ganándote ahora un metro por aquí, otro por allí, un par de pases y ya estoy en la frontal, que andaba yo pensando titulares para la entrada de hoy: que si “Jugaron como siempre y ganaron como nunca”, que si “El Barça duerme al Teatro de los Sueños”, que si “Vaya tropa de hijos de puta gandules que nos han estado tomando el pelo estas dos últimas temporadas” y otros lugares comunes que se fueron a tomar por culo en el minuto 15 cuando Zambrotta resbaló. Pero lo excepcional no fue que resbalara, que a eso ya estamos acostumbrados después de dos años de aguantarle, sino que lo excepcional fue que en la primera ocasión en la que Cristiano Ronaldo encaraba -desde cincuenta metros, eso sí- la defensa azulgrana con espacio suficiente para lanzarse en carrera kamikaze Zambrotta se levantó a perseguirle, sí, se levantó y corrió taloneándole hasta el lateral del área, donde ya esperaba creo que Puyol, saliendo al corte, y donde llegaría también décimas de segundo después el Mandinga Touré, TRES DEFENSAS DEL BARÇA EN DIEZ METROS CUADRADOS PARA ALGO QUE NO FUERA FORMAR UNA BARRERA, y entre los tres le quitaron la pelota limpiamente a un Ronaldo alucinado por ese dechado imprevisto de esfuerzo y solidaridad. Tan limpiamente se la quitaron que en lugar de mandarla a tomar por culo y vuelta a empezar parecía como si les supiera mal mancillar la exquisitez del juego culé, por lo que Zambrotta, crecido después de su mejor acción en dos temporadas, levantó la cabeza y la puso perfecta allí donde deberían haber estado bien Touré bien Puyol, sin pensar que era imposible que estuvieran pues todavía estaban echándole una mano. Y el que sí estaba, como lleva diez años estando, era Scholes, que acabó con la eliminatoria de un trallazo a la escuadra que Valdés sólo pudo mirar, y miró, sin ni siquiera estirar el brazo, como queriéndole quitar importancia al gol. Y a partir de aquí, La Nada. Todo muy digno, sin duda, mucho sudor, muchos huevos, mucho pase horizontal y mucho Messi dimensionando el fenómeno Cristiano Ronaldo en su puta casa. En resumen, todo lo que no han tenido ganas de hacer los últimos meses y que quizá les hubiera evitado el bien merecido escarnio de hacerle el pasillo a los merengues en Conchaespina. Aunque con el gol de Scholes nada había cambiado en la eliminatoria y el objetivo del Barça seguía siendo el mismo, conseguir un gol, un único gol, no había indicios de que pudiera liberarse del bloqueo mental que atenazó del primero al último blaugrana sobre el césped. Eto’o sólo corría como un negro, los chuts de Deco ya no entraban de rebote y los de Touré salían flojos y desviados, a Bojan le fallaban los controles y la grada sólo podía celebrar que las internadas de Messi acabaran en córner ante una defensa inglesa que llegó a creerse que era una defensa inglesa de verdad y un equipo, el Manchester, que dejó pasar el tiempo sin sufrir ni una décima parte de lo que hubiera sufrido el Barça caso de ser la situación a la inversa. Los hay que le llamarán a esto fin de ciclo, pero yo no lo veo como fin de nada, sino como inicio de la Guerra Civil que estaba larvada en el barcelonismo y que se había silenciado con la vana esperanza de ganar en Moscú la tercera Copa de Europa. Aquí va a haber hondonadas de hostias y ya hay media docena de globos aerostáticos aparcados en el Camp Nou esperando el goteo incesante de salidas más o menos elegantes que vamos a vivir hasta que algún equipo de Europa del Este nos dé un susto en la ida de la previa de la Champions. Something is rotten in Barcelona. Porque ayer la de Txiki y Laporta no fue la única reunión; representantes de todo el mundo afilando los colmillos, clubes de segunda línea pactando la estrategia para sacarle los cuartos a los culés o para conseguir saldos en el vestuario del Camp Nou, presidenciables convocando a sus equipos de campaña, comités de redacción de la prensa deportiva tomando partido… Todo el mundo reunido mientras yo, a las 10 y media, más solo que la una cabizbajo en el salón porque mi novia había decidido que la compañía de todos los utensilios cortantes de cocina y de un horno de butano de 35 años de antiguedad era más tranquila, agradable y segura que la mía después de una derrota del Barça, recibí otro mensaje de Álvarez, esta vez a través del teléfono móvil: que si viva Franco, que si viva España…
Inglaterra es un país poco serio. No tienen Constitución y su religión es una chufla inventada por los políticos de la época por un quítame allá esa mujer. Vale, que sí, que nos hundieron la Armada Invencible (sic) y que han metido a tres equipos en las semifinales de la Champions, pero en qué queda eso ante una Constitución como la española del 78 (de la que se habla mucho pero no hay manera humana de tocar una coma) o la vigencia del concordato con la Santa Sede, con dos cojones, por no hablar de las nueve copas de Europa del MEMYUC. Porque a democrático y católico no nos gana ni el Vaticano, por mucha monarquía electiva que tengan (e incluso en fútbol, donde no es que no nos gane nadie sino que nos gana casi todo el mundo, fue la furia roja la primera en ganar a los ingleses fuera de las islas). Pero es que si Inglaterra es de risa, cuánto no será Escocia, que aún teniendo una liga de fútbol propia -que es el mejor método para dirimir disputas vecinales, infinitamente mejor que un tribunal constitucional- tiene que echar mano de los problemas de Inglaterra para hostiarse a base de bien en el campo, en la grada, en las calles y en las urnas. Que hay que ser pobre para no tener ni problemas propios. Porque sólo así se explica que en las gradas de los Old Firms haya más banderas irlandesas o británicas que escocesas, y que los aficionados des-animen al equipo rival con más insultos religiosos de los que se podrían escuchar en un Bayern de Munich vs. Hapoel Beer Sheba de la temporada 1938. Tal es la implicación socioreligiosa de los partidos entre Rangers y Celtics que ni siquiera los jugadores pueden librarse de ella, hasta el punto que se pueden contar con los dedos de manos y pies de alguien que no sea Juanito Oiarzabal los católicos que han jugado de azul (entre ellos Carlos Cuéllar, católico ex de Osasuna, válgame la redundancia) y los protestantes de verdiblanco. Y aunque de unos años a esta parte las directivas de ambos clubes están haciendo los posibles para rebajar la tensión entre sus aficiones y que de puertas afuera se las dan de tolerantes y multiculturales aún quedan vestigios de lo que la rivalidad fue y confiemos que siga siendo: alabado sea el director técnico del Celtic que fichó al portero internacional polaco Artur Boruc -ferviente católico y fan del también polaco Wojtila, Papa póstumo de Roma a la sazón y blanco, como tal, de los insultos reiterados de los putos Billy Boys- que hartísimo de las contínuas faltas de respeto hacia la única religión verdadera, su Iglesia y la cabeza visible de ésta saludó al final del partido en el que derrotaron a los Rangers por 3 a 2 a la afición protestante con una camiseta que rezaba “God bless the Pope”. Grande Artur. Y grande Gordon.
Cómo le ha gustado la noticia a la prensa esa que es mu seria. Yo la vi ayer antes de irme del trabajo a pillarme una mierda cojonuda (mi lunes es vuestro jueves), la comenté con mi compañero de francachelas, y nos reímos, pero menos que con el tanga de Sheva, por ejemplo. Y eso que mi compadre no comparte la devoción, respeto, cariño y admiración de esta casa por la figura sagrada, como las vacas en la India, de los trannys. Pero es que salta a la vista que es una noticia muy triste, una mala noticia como el encarecimiento de los alimentos o la persecución de la antorcha olímpica por simpatizantes de anómalas teocracias. Tenemos que creernos que Ronaldo, cuando se quiere ir de putas, el pobre es tonto y se puede equivocar en un detalle tan sutil como que tengan rabo o no. No levántaremos falso testimonio, pero simplemente señalaremos, a modo de enseñanza global, que cuando una persona se pasa años destrozándose la salud cambiándose de sexo para que tu la llames y venga a chuparte la polla, lo menos es pagar.
Es mucho más interesante, desde el punto de vista madridista, no haber ganado hoy la liga. Ir hambriento de puntos al Reyno de Escrivá de Balaguer y mandarlos a segunda, máxime con un arbitraje como acostumbran a sufrir últimamente los de San Francisco Javier, es un placer que sólo puede ser igualado por el pasillo del Barça en el Bernabéu siete días más tarde. Sí, están los astros bastante bien alineados en la Meseta, pero ¿y si, por un casual, óigame, campeona el Barça en Europa? Esto hay que decirlo claro, trazar una línea entre los que piensan blanco y los que piensan negro. Si el Barça es campeón de Europa, esta liga del Madrid, así como la anterior, no valen ni para tomar por culo. Papel mojado. Y todo aquél que ose replicar a un alarde barcelonista de ser el champiñón con el argumento de que el Madrid le ha sacado no sé cuántas decenas de puntos al dichoso champiñon, ese tío, ahí con su mirada bovina y su sonrisa inerte, esa cosa: es gilipollas.