Revista Dígitos nº 2: Digitalización de las series de TV

El año pasado comenzamos la andadura de la Revista Dígitos, una publicación académica especializada en comunicación digital. Las revistas tienen la desagradable costumbre de conllevar una periodicidad específica, así que, un año después, aquí estamos.

Ha costado esfuerzo, pero pienso que el resultado ha merecido sobradamente la pena: el número dos de Dígitos incorpora un monográfico sobre el impacto de la digitalización en las series de televisión (ese impacto que le permite a Usted ver Juego de Tronos casi al mismo tiempo que se emite en HBO, sea por vía legal o paralegal), magníficamente coordinado por la profesora Anna Tous Rovirosa (Universitat Autònoma de Barcelona), así como otros contenidos añadidos. Ya estamos pensando en el tercer número, que si todo va bien verá la luz dentro de un año. Aquí pueden acceder al número completo, y aquí al índice con enlaces a cada uno de los textos que componen la revista. Si alguno de Ustedes está interesado en enviarnos alguna propuesta, pueden hacerlo en cualquier momento a través de la web de la revista.



Entrevista íntegra a Gregorio Morán en Levante TV

El lunes pasado pudimos entrevistar a Gregorio Morán en el programa Halcones y Palomas de Levante TV. Como alguien que lleva años leyendo sus libros (en LPD tenemos reseñados El cura y los mandarines, la biografía de Adolfo Suárez y El maestro en el erial) y sus artículos y que disfruta con sus reflexiones respecto de los diversos representantes del poder constituido, ariscas y desabridas como pocas, fue un auténtico placer tener la oportunidad de entrevistarle. Si además tenemos en cuenta que entre los participantes en el programa también estaba Andrés Boix, pues la verdad es que nos quedó muy “LPD entrevista a Gregorio Morán. LIVE”.

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Aquí pueden ver la entrevista íntegra. Una hora charlando sobre los políticos de antes y de ahora (que, a menudo, son los mismos), de las próximas elecciones, de los medios de comunicación, del Borbón… Estoy particularmente orgulloso de haber escuchado decir a Morán en directo que Juan Carlos I era “Una máquina de borbonear”. En la parte final del programa, si tienen interés, también abordamos la repetición de las elecciones, desde nuestra habitual óptica de rajoyismo de izquierdas.



Lunes 9 de mayo: Conferencia de Gregorio Morán en la UV

Como los lectores de LPD ya saben, en esta página tenemos muy buena opinión de Gregorio Morán, de su trayectoria, sus libros y sus artículos periodísticos (hemos reseñado algunos: El cura y los mandarines, Adolfo Suárez: ambición y destino y El maestro en el erial). Por ese motivo, es un auténtico placer anunciar que la semana que viene, el próximo lunes 9, hemos podido apañárnoslas para traer a Gregorio Morán a Valencia y que nos acompañe en una sesión doble.

Primero, a las 18.00 horas, en el Salón de Actos de la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación, Gregorio Morán pronunciará la conferencia “El precio de la Transición y el nuevo escenario político”, con el propósito de que analice el panorama actual y la génesis de la crisis política que vivimos, que no tiene que ver solamente con la crisis económica. Le presentaremos mi compañero de la UV Francesc Andreu Martínez Gallego y yo.

Después, a partir de las 21.30 horas, Gregorio Morán será el invitado en el programa Halcones y Palomas de Levante TV, y departirá con nosotros sobre cuestiones de actualidad, pero también de memoria política y cultural, pues a menudo van intrínsecamente unidas.

Ya están tardando en venir el lunes 9 por la tarde a la facultad (entrada libre), y en poner la tele luego para ver la entrevista (también podrá verse en streaming vía levantetv.es).



Mujer: ¡escucha a PABLO!

Hace unos días, El Confidencial publicó un artículo, en plan “sorprendentes revelaciones”, que explicaba cómo en Podemos no daban puntada sin hilo, eran muy conscientes de la importancia de salir en la tele y –agárrense- ¡se preparaban para ello! Yo pensé al leerlo lo mismo que pensaba Don Camilo cada vez que le ofrecían un poco más de marmitako: Toma, claro. Como para no preparárselo. La “nueva política” se hace en la tele y en las redes sociales, y alcanza el súmmum en la combinación de ambas: gente viendo a políticos en la tele mientras comentan cómo va el asunto, para después compartir los momentos más relevantes de la aparición del político en vídeos facturados ad hoc, siempre de duración breve, claro. Que no duren más que el vídeo de un gatito haciendo tres, a lo sumo cuatro, cosas graciosas.

Todos los partidos son muy conscientes de la importancia de salir en la tele y de hacerlo bien; evidentemente. Es la mejor vía que tienen para llegar a millones de personas (luego, que algunos consideren que lo más oportuno para llegar a esas personas sea pegar gritos y decir chorradas demagógicas en la tele es otro cantar). También, de que es muy importante esta en las redes sociales para llegar a ese otro público de listillos, más joven, más dinámico, y con muchos líderes de opinión (überlistillos, la mayoría insoportables, ¡y eso que ni siquiera son famosos de verdad!) por metro cuadrado. Más que por llegar a mucha gente (su influjo está muy lejos de llegar al de la televisión), para que parezca que lo hacen, que son importantes, que se habla de ellos; y que se habla bien.

Como es normal, cada partido tiene sus armas para llegar al público. Los partidos más asentados tienen un peso periodístico mayor, por no hablar de las redes clientelares y de confianza que mantienen urdidas con muchos medios de comunicación privados (de los públicos ya ni les hablo: la inmensa mayoría hacen lo que les dice el partido gobernante, y punto). Mariano Rajoy sabe que si quiere salir en la tele sólo tiene que ordenarlo y en un minuto está en TVE (o en la COPE, en Antena 3, o en el ABC). Pedro Sánchez ha experimentado la desagradable sensación de que, por momentos, parecía que los medios que tradicionalmente le eran afines (El País, sobre todo, pero también la Cadena SER), el “Universo PRISA”, en el que vivió siempre el PSOE, se desmenuzaba. Pero, a la hora de la verdad, sigue siendo el principal partido de la oposición, con más enclaves de poder controlados, y eso sigue teniendo mucho peso.

Los partidos emergentes han tenido que abrirse paso a pantallazos. En la tele y en las redes sociales, sobre todo. Ambos, Ciudadanos y Podemos, son producto de la televisión. En el caso de Ciudadanos, probablemente pesó más en un principio el ímpetu de otros medios, sobre todo El País, para prefabricar el asunto (primero fueron las encuestas de Metroscopia y editoriales de El País diciendo que Ciudadanos era el futuro, y luego vino lo demás). Podemos, en cambio, es un producto de la televisión mucho más puro. Más concretamente, de La Sexta. Que, evidentemente, aprovecharon muy bien su oportunidad, utilizaron –y utilizan- muy bien las redes sociales, etc. Pero el inicio, y el medio de más peso, sigue siendo la TV. Las apariciones de los líderes de Podemos en TV.

Aquí llegamos al titular del artículo. Podemos no lo tiene tan fácil como los otros tres partidos en solfa para estar siempre en el candelero. Y el caso es que necesita estar, y si es posible estar bajo una luz positiva. Para ello, ha de generar expectación y noticias. Y ahí es donde Pablo se está retorciendo más y más y más en pro de salir en la tele, como sea. Acentuando hasta la náusea dos líneas de fuerza consustanciales en Podemos desde el principio: el hiperliderazgo personalista, por un lado; y el oportunismo para apuntarse absolutamente a cualquier cosa, por otro. Es decir: Pablo. Pablo. Más Pablo. PABLO. En cualquier circunstancia, opinando sobre cualquier cosa, destacando en cualquier acontecimiento. Pablo acunando a un bebé en el hemiciclo, llorando, dándose un pico con el testaferro de Colau que quiere ser ministro. Siempre pensando en la imagen, la noticia, y la repercusión en las redes sociales.

Pero últimamente, no sé si es que PABLO está perdiendo el norte, o se siente muy presionado por los letizios que le envían mensajes y le llaman por teléfono para decirle que asegure la gobernabilidad, que escuche a Llamazares, que “pagafantas de Vacío” no suena tan mal, que Su Majestad se lo agradecerá (y, tal vez, a media voz, algunos se aventuren a aclarar que es posible que cuando Su Majestad diga eso no sean palabras vacías, aclaran, sino puestos en Consejos de Administración). No lo sé. Pero el caso es que vamos de mal en peor. Hace unos días, en la segunda votación de investidura, vivimos ese alucinante momento de Pablo haciendo bromas de machote con sus coleguis de Podemos, que si querían él les dejaba el despacho para que se apañasen con Andrea Levy (PP) allí. Ayer, esa maravillosa campaña de Podemos para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, consistente en… PABLO.

PABLO1

PABLO en el cartel. PABLO asegurando a las mujeres que no tienen por qué preocuparse, porque él, PABLO, las defenderá. Y luego una cosa casi surrealista, cuando, ante las críticas, Pablo Echenique (en lo que no sé si es una demostración de ingenuidad, de estupidez, o una oscura, siniestra y compleja conspiración de los mencheniques de Podemos para dejar mal a PABLO) publicó esta “rectificación” de un feminismo como no se había visto en este país desde los años 40:

PABLO2

Y hoy, el remate: la musa del pensamiento reaccionario español, Ana Rosa Quintana, le pidió a Pablo que se pusiera una corbata del programa para ver al Borbón. Y Pablo responde: pues mira, con el Rey no me la he puesto, pero si te sirve…

PABLO3

Que ya sé que no es para tanto, pero oiga Usted, que el otro hombre encorbatado de esa imagen es el mismísimo Graciano Palomo. Con el Rey no sé si me pondré corbata, pero joder, para ver a Graciano es un honor, ¡corbata, chaqué y lo que haga falta!

Lo mejor es que a Pablo se le están poniendo las cosas a huevo, con todas las fuerzas vivas orientando el “Pacto Sensato” PSOE-C’s hacia su conclusión natural: un pacto con el PP que escenifique la Gran Coalición, naturalmente presidido por el PP, tal vez (déjenme soñar, y también a PABLO; ¡aunque por motivos muy distintos!) presidido, como hasta ahora, por Mariano Rajoy, el Eterno. Una situación en la que Podemos monopolice la oposición a una Gran Coalición que dejaría tocado del ala al PSOE, con cuatro años por delante para ir recabando apoyos, moderándose, poniéndose corbatas de Ana Rosa Quintana y, en definitiva, ocupando el espacio del PSOE que el propio PSOE se habría encargado de abandonar en estos años. Y, lo que es más importante: sin necesidad de montar el numerito cada media hora.



La pinza contra Vacío

Hoy hace Vacío su discurso de investidura, que mañana recibirá, previsiblemente, 219 votos en contra, por 131 a favor. No parece muy factible que en segunda votación Vacío consiga que alguien cambie el voto y así obtener la mayoría simple (para lo cual ha de abstenerse el PP, o abstenerse Podemos y que algunos partidos voten a favor).

Llevamos dos meses de escenificación de desencuentros y estrategias mediáticas conducentes a unas nuevas elecciones, en las que sólo un candidato, Vacío, ha decidido intentar la investidura. Previsiblemente saldrá trasquilado, pero es cierto que la apuesta le ha salido bien, incluso aunque pierda. Ha ganado ascendiente en el partido y posiblemente ha blindado su puesto por unos meses más; ¡quién sabe si logrará ser reelegido secretario general del PSOE y candidato a las nuevas elecciones, si las hay! Por lo pronto, ya ha conseguido el apoyo de la militancia a hacer pactos de progreso molones y bondadosos, que es lo que se preguntaba en la consulta. Y, aunque el formato de la consulta fuera un paripé, es verdad que ha conseguido una participación sorprendentemente alta (más del 50%), y un porcentaje de acuerdo (79%) para mí incomprensible (pero, en fin, yo no soy militante del PSOE). Otro acierto indudable de Vacío.

Todo esto es verdad, pero ha de leerse en términos internos: es decir, los éxitos de Vacío se han dado en clave interna, para mantenerse en el PSOE. En cambio, en clave externa, el balance es catastrófico, si suponemos que realmente el objetivo de Vacío era alcanzar la presidencia. Vacío se ha pasado de frenada con Ciudadanos, firmando un pacto imposible de aceptar por cualquier partido de izquierdas (¡incluso en IU, los pagafantas por antonomasia de la izquierda española, dudan si apoyar la investidura en segunda votación!). Tampoco ha conseguido ningún otro apoyo (¿Corrupción Canaria? Ni lo sé. Pero, con un escaño, no es demasiado significativo).

Desde el punto de vista de la investidura, las negociaciones son un fracaso. Vacío tenía que optar entre Podemos y Ciudadanos y optó por Ciudadanos. Algo, por supuesto, totalmente legítimo, pero difícil de defender si lo que se busca es la presidencia del Gobierno. Sin duda, a Vacío tampoco le han dejado otras opciones desde su partido ni desde las alturas de la intelligentsia española, es decir, el Preparado, Florentino Pérez, Villar Mir, y demás empresarios curtidos en las prácticas del recalificacionismo-ladrillismo. Así que, ahora mismo, esto es lo que hay, a la espera de continuar el sainete un par de meses más, con toda la “peña” letizia presionando a saco por alguna forma tenue de Gran Coalición, mientras en Podemos se sientan a esperar.

La Razón y su NC Report nos marcó el camino de los sondeos ad hoc y ahora LPD le devuelve el favor a Marhuenda: Vacío, en una de las míticas portadas de La Razón

La Razón y su NC Report nos marcó el camino de los sondeos ad hoc y ahora LPD le devuelve el favor a Marhuenda: Vacío, en una de las míticas portadas de La Razón

Está siendo muy divertida, eso sí, la ofensiva por tierra, mar y aire de los defensores del pacto PSOE-Ciudadanos (“un pacto que recoge las propuestas del PP de 2011”, como atinadamente indicó Federico Jiménez Losantos) para denunciar una “Pinza” PP-Podemos contra su pacto. Está muy feo no votar a los cofirmantes del éxtasis letizio, y ojo, que no lo dicen sólo ellos: ¡lo dicen los medios de comunicación a su servicio y las encuestas que han configurado en cinco minutos para demostrar que España está con el pacto a muerte!

Por lo visto, los españoles reconocen el esfuerzo de Vacío y Rivera por pactar, tanto como denostan la falta de generosidad, o lo que sea, de Podemos y PP. Es más: ¡los propios votantes de PP y Podemos quieren que sus partidos apoyen un pacto de investidura diseñado para impedir que sus partidos puedan acceder al poder! Y, la verdad, no entiendo muy bien, en ese caso, por qué Ciudadanos y PSOE se empeñan en que les den sus votos ahora; ¡que fuercen unas nuevas elecciones para que ambos reciban el rédito electoral de su buen hacer y pacten otra vez después, quién sabe si sumarán ya los 176 escaños! Pero no; por misteriosos motivos, a pesar de las excelentes expectativas electorales, ambos prefieren intentarlo ahora (será patriotismo, o algo). Por lo demás, el argumento de la pinza produce hilaridad:

– El PP es el partido más votado, pero ni siquiera ha intentado la investidura ante la negativa del PSOE a pactar con ellos. Que está muy bien, pero entonces… ¿Por qué debería el PP votarles o abstenerse, exactamente?
– Podemos hizo una oferta de Gobierno de coalición. Una oferta macarra, efectista, cara a la galería, en realidad Podemos no quiere pactar, sino cepillarse al PSOE… Lo que Ustedes quieran. Pero el caso es que, con 65 diputados (por 90 del PSOE), si tu supuesto socio quiere un Gobierno de coalición, es evidente que no puedes lograr sus votos sin pasar por ahí. No puedes pretender su apoyo, pero quedándote a la vez con todos los ministerios y regalías asociadas.
– Podemos también dijo, muy claramente, y desde el principio, que el PSOE no podía pactar a la vez con ellos y con Ciudadanos. Entre otros factores, porque el programa derivado del pacto PSOE-Ciudadanos. da vergüenza ajena. Se nota la mano de Garicano en él (por la cuñadez de barra de bar, con doctorandos que escuchan con un brillo de ilusión por la plaza en la mirada, inherente a la mayoría de las propuestas). El pacto se corresponde con un proyecto de centroderecha, maquillado por cuatro declaraciones voluntaristas. De hecho, los mismos que exigen que Podemos apoye el pacto, en sorprendente triple salto mortal sin red, se afanan en explicar pormenorizadamente cómo este pacto mantiene el statu quo e impide que el malvado bolivarianismo irresponsable de Podemos pueda tocar poder. Podemos no ganaría nada apoyando eso. No apoyándolo, en cambio, se queda el espacio de la izquierda.
– De hecho, es Vacío el que se ha quedado solo en el espacio de la izquierda, porque Compromís tampoco apoyará la investidura (hubo un amago de acuerdo a cambio del asunto más acuciante de la agenda política valenciana: la financiación autonómica y la condonación de la deuda generada estos años; pero ya se ha encargado Ciudadanos de desbaratarlo), ni siquiera IU lo hará (supongo) si nadie más lo hace (aunque vaya Usted a saber, que hablamos de IU).
– Por último, se olvida a menudo que los partidarios del pacto no sólo han fracasado en conseguir el apoyo de la “pinza” de PP-Podemos. Tampoco tienen el apoyo de nadie más (bueno, sí, quizás CC). Es, de hecho, sorprendente que ni siquiera haya habido conversaciones con el PNV (que yo sepa). La pinza, de haberla, se ha extendido por doquier, como buena conspiración omnisciente.

Todo lo cual, reitero, no es óbice para negar el mérito de Vacío con vistas a salvar su propio pellejo. Obtuvo 90 escaños, el peor resultado de la historia del PSOE, al día siguiente de las elecciones los barones querían cargárselo, y por lo pronto ahí sigue. Ilusionado, preparando su boda con Rivera.



Vídeos del VII Congreso de Comunicación Digital

Hace un par de meses celebramos en la Universitat de València una nueva edición del Congreso de Comunicación Digital. El congreso se centraba en el tema monográfico de las “Identidades digitales”, una cuestión que permitió abarcar perspectivas y propuestas muy diversas.

Como en otras ocasiones, la mayor parte del congreso se articuló en torno a mesas redondas temáticas, combinadas en esta ocasión con una conferencia individual, a cargo del profesor César Rendueles (Universidad Complutense de Madrid).

Mesa redonda: Tendencias de la práctica profesional del periodismo digital

modera: Dolors Palau Sampío (UV)

Víctor Romero (delegado de El Confidencial en la Comunidad Valenciana)
Ángel Anaya y Laura Blanco (Revista Vis à Vis)
José Cervera (periodista El Diario y TVE)

Mesa redonda: Nuevas modalidades de ficción televisiva

Modera: Àlvar Peris Blanes (UV)

Anna Tous Rovirosa (Periodismo UAB)
Concepción Cascajosa (Comunicación Audiovisual UC3M)
Mikel Labastida (Crítico de televisión – Las Provincias)

Conferencia: Identidad digital. Usuarios y ciudadanos. César Rendueles (Sociología. UCM)

Mesa redonda: Intimidad y privacidad digitales

modera: José Gámir (UV)

Lorenzo Cotino: (Derecho Constitucional. UV)
Fran García: (Publicidad y Relaciones Públicas. UA)
Lorena Cano: (Comunicación Audiovisual. UV)

Mesa redonda: Las identidades digitales

modera: Germán Llorca Abad (UV)

Mar Padilla (Médicos sin fronteras)
Ramón Marrades (Economía. UV)
Emilio Sáez: (Comunicación Audiovisual. UJI)



Metroscopia vuelve por sus fueros

Comienzan a aflorar las primeras encuestas postelectorales, cuando estamos a punto de alcanzar el primer mes tras la celebración de las elecciones. Son tres las encuestas que se han difundido, en La Sexta, 13TV, y El País. Aquí tienen Ustedes los resultados:

Encuesta de Invymark para La Sexta

Encuesta de Invymark para La Sexta

encuesta13tvEncuestaMetroscopia

Las encuestas tienen tres líneas de fuerza muy claras, y hasta cierto punto previsibles:

1) El PP resiste en sus resultados del 20D, y de hecho logra mejorarlos algo, acercándose o incluso superando el 30%. La interpretación que cabría hacer es que parte de los votantes que castigaron al PP en las elecciones ahora volverían al redil, ante la constatación del CAOS DESGOBIERNO INESTABILIDAD de la situación y, en resumidas cuentas, que con la actual composición del Congreso es difícil que el PP pueda seguir mandando.

2) El PSOE desciende ligeramente, más o menos en la misma medida en la que asciende Podemos. Como resultado, el sueño atávico de los dirigentes de Podemos, el sorpasso, se haría realidad; al menos, en votos. También habría que considerar qué sucede con las confluencias en Galicia, Valencia y Cataluña (sin las cuales el sorpasso se antoja imposible) si se repitieran las elecciones, habida cuenta de que el principal motivo de dichas confluencias, la promesa de sendos grupos parlamentarios propios para gallegos, catalanes y valencianos, no podrá cumplirse. A menos, claro, que Podemos lograse una mayoría incontestable en las nuevas elecciones para imponer en la Mesa del Congreso una interpretación (harto dudosa) favorable a sus intereses de segmentar su grupo en cuatro. O sea, la misma promesa que ahora “irá todo bien y podréis formar grupo propio”. Fue todo bien… Pero no lo suficiente.

Con este matiz, sí que parece claro que, en principio, unas nuevas elecciones favorecerían a Podemos frente al PSOE, fundamentalmente por el espectáculo que ha dado este último partido desde el primer minuto posterior al escrutinio, con los habituales desencuentros y luchas intestinas, combinados con las estrategias de Vacío, que tanto pacta con C’s y el PP como con ERC y Convergència, y con quien haga falta; ¡todo por la poltrona! Además, la visualización de la fuerza electoral de Podemos puede ser un factor importante para que algunos votantes, que tal vez mantuvieron su fidelidad al PSOE por pensar que votar a Podemos sería “tirar el voto” (sobre todo, en las circunscripciones más pequeñas), ahora pudieran cambiar de opinión.

3) Ciudadanos baja, dirigiéndose hacia el 10% que marca el destino de los partidos bisagra. Baja, de hecho, aún más de lo que ya se hundió el 20D respecto de lo que pronosticaban las encuestas, que a su vez ya mitigaron bastante las expectativas de este partido en las dos últimas semanas de campaña. Y es lógico que así ocurra, por razones ya apuntadas: al igual que el votante que oscila entre Podemos y el PSOE puede decantarse por Podemos a poco que flaquee el PSOE, el votante que duda entre PP y Ciudadanos puede volver al redil si ve que la supuesta alternativa de Ciudadanos era un tigre de papel, más cerca del 10% (del CDS) que del 20% (de aspirar a ser una alternativa de verdad al PP). Y además, claro, está la desaparición de Ciudadanos tras el bochorno electoral “provided to you by IBEX-35”.

Pero… un momento. Hay una aldea demoscópica irreductible que resiste, ahora y siempre, a los molestos votantes: la aldea de El País-Metroscopia, que le asigna a Ciudadanos nada menos que tres puntos más (no menos) que los que obtuvo el 20D.

Recordemos que Metroscopia ya se significó por su desmesurado entusiasmo con Ciudadanos, partido al que llegó a ubicar en un triple empate con PP y PSOE, por encima del 20%, y a promocionar indisimuladamente como posible vencedor de las elecciones. Ante la evidencia de que la operación no estaba yendo todo lo bien que buscaban en PRISA, en la última encuesta Metroscopia corrigió abruptamente su pronóstico para Ciudadanos, partido cuya estimación bajó cinco puntos en un par de semanas. Chapuza demoscópica que no se habrían atrevido a hacer ni en NC Report.

Luego llegaron los resultados, que evidenciaron hasta qué punto las encuestas publicadas por El País se habían alejado de la realidad (pero no tanto, quizás, de lo que en El País querían que pasase). ¿Hubo alguna explicación, alguna disculpa, algún acto de contricción, desde el periódico o la empresa? Por supuesto que no. Y hoy, un mes después, la “operación Ciudadanos” parece reactivarse, inasequible al desaliento. Según El País, la suma de PP+Ciudadanos se acercaría al 50% de los votos. Es decir, no sólo sumarían seguro en escaños, sino que en menos de un mes los españoles habrían oscilado claramente hacia la derecha. Otra vez, como en las encuestas preelectorales de Metroscopia. ¡España es más de derechas de lo que cree ser, y no lo sabe!

Con todo, lo más espectacular de la encuesta es si nos centramos en especular al respecto de las transferencias de voto. ¿De dónde sale esa subida de C’s, dado que el PP también sube, y el PSOE viene a bajar lo que subiría Podemos? Pues sólo puede salir… del resto. Es decir, de ERC-Convergència-PNV, que se hundirían en la miseria de la noche a la mañana. Sus votantes se habrían dado cuenta, a lo largo de este mes navideño, de que es más lo que nos une que lo que nos separa, y que mejor votar a Ciudadanos que apoyar el desafío separatista de Bildu-ERC-Convergència al que votaron hace un mes. Y seguro que en Metroscopia no quieren hacernos creer que piensan que eso es lo que pasaría, sino que habría un aumento de la participación, transferencia de voto en diversas direcciones (no sé: de ERC a Podemos, de Podemos al PSOE, del PSOE a C’s). Todo lo que haga falta para que, al final, Ciudadanos vuelva a subir como la espuma, contra toda evidencia. Como antes del 20D. Como siempre. ¡Qué molestas que son las elecciones, que no se ajustan a lo que debería pasar!

Desde este modesto blog, sólo podemos alentar a la cúpula de Ciudadanos a que aproveche la ventana de oportunidad que plantea Metroscopia y propicien una repetición de las elecciones. Seguro que estarán deseándolo.

(No me extrañaría que acabemos con un pacto endeble PSOE-C’s apoyado por la abstención de Podemos, a cambio de una nueva Ley Electoral, de medidas sociales, etc. Todo con tal de no repetir las elecciones, que Vacío y Rivera pueden salir bastante escaldados de la cita. Bueno, Vacío probablemente ni repetiría como candidato).



Libros 2015: al límite (50)

Parece que fue ayer, pero no: fue hace once años cuando comencé la hermosa tradición de computar los libros que me leo a lo largo del año (sin contar los de mi lado oscuro universitario). El objetivo, en teoría, es ver si logro alcanzar los 50 libros leídos a lo largo del año. Algunos años lo he logrado, y otros me he quedado al límite (aquí tienen los listados de 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012 , 2013 y 2014).

Este año he llegado justo al límite marcado de 50 libros, en plan “mira qué pena doy, me leo el último libro el día 31 de diciembre a toda prisa para no quedarme en 49”, que es exactamente lo que ha pasado. La verdad es que cuando encaré septiembre pensé que no llegaría a 50 ni de coña, porque son los meses en los que tengo más trabajo y además este año se sumaba el programa “Halcones y Palomas” en Levante TV. Doy gracias al maravilloso mundo de los viajes en tren (y los dos viajes transoceánicos que me comí en avión), que tantas satisfacciones me han reportado en términos de lectura. O tal vez he leído más libros este año porque no me he leído ninguna novela de Juego de Tronos y no me quedé despagado y aburrido después, como me pasó con cuatro de las cinco novelas por ahora publicadas.

Por otro lado, pues miren: gracias a esto de la lista anual, entre otros factores, uno es consciente del peligro de pasarse la vida tuiteando, whatsappeando, viendo youtubes y leyendo ingeniosos posts de haters para, al final, constatar que lo que es hacer algo productivo con esto de la sociedad conectada de las multitudes inteligentes, pues más bien nada. Tiemblo al pensar en lo que sería de mí y de mis lecturas en un mundo así, sin listado recordatorio de lo que leo (y, sobre todo, de lo que no leo).

Al grano: este es el listado de 2015, actualizado por última vez el 31/12/2015, a las 19.30 horas (que luego me tenía que ir de cena, que si no lo mismo subo a 51):

Enero

1. El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados, de Gregorio Morán
2. La cripta de Franco. Viaje por la memoria y la cultura del franquismo, de Jeremy Treglown
3. Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, de Philip K. Dick
4. A sangre y fuego, de Enzo Traverso

Febrero

5. Camaradas. Breve historia del comunismo, de Robert Service
6. El alquimista impaciente, de Lorenzo Silva
7. Chorromoco 91, de Pepe Colubi

Marzo

8. 1177 a.C. El año en que la civilización se derrumbó, de Eric H. Cline
9. La leyenda negra, de Joseph Pérez
10. Marte azul, de Kim Stanley Robinson
11. El ejército de Flandes y el Camino Español, 1576-1659, de Geoffrey Parker
12. Cuentos de los Viudos Negros, de Isaac Asimov
13. Terror y utopía. Moscú en 1937, de Karl Schlögel

Abril

14. Oblómov, de Ivan Goncharov
15. El infierno digital, de Philip Kerr
16. El final. Alemania 1944-1945, de Ian Kershaw
17. Constantinopla. El imperio olvidado, de Isaac Asimov

Mayo

18. El Paraíso de las Damas, de Émile Zola
19. Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson
20. El mercenario de Granada, de Juan Eslava Galán

Junio

21. La amenaza de Andrómeda, de Michael Crichton
22. Ardenas 1994, de Antony Beevor
23. La invasión de los marcianitos, de Martin Amis
24. 1927: Un verano que cambió el mundo, de Bill Bryson
25. La muerte de Amalia Sacerdote, de Andrea Camilleri

Julio

26. Podemos. Objetivo: asaltar los cielos, de Jacobo Rivero
27. El Conquistador del Mundo. Vida de Gengis Kan, de René Grousset
28. Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830), de John H. Elliott
29. Adiós, Hemingway, de Leonardo Padura
30. La niebla y la doncella, de Lorenzo Silva

Agosto

31. El Establishment, de Owen Jones
32. Mercado de invierno, de Philip Kerr
33. La fábrica del emprendedor. Trabajo y política en la empresa-mundo, de Jorge Moruno

Septiembre

34. La caída de los otomanos. La Gran Guerra en el Oriente Próximo, de Eugene Rogan
35. El ‘cristianismo sin Dios’ en Madrid. De los curas rojos a la misa con pan de molde, de Álvaro Corazón Rural
36. Tiempos de arroz y sal, de Kim Stanley Robinson

Octubre

37. La estrategia del agua, de Lorenzo Silva
38. Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida, de Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis
39. Lujuria. Pecados capitales de la historia de España, de Juan Eslava Galán
40. Medicina sin engaños. Todo lo que necesitas saber sobre los peligros de la medicina alternativa, de J.M. Mulet
41. Mal de altura, de Jon Krakauer

Noviembre

42. No importa de dónde vienes, sino adónde vas, de Carolina Punset
43. Constantinopla 1453. El último gran asedio, de Roger Crowley
44. El secreto de la modelo extraviada, de Eduardo Mendoza
45. Fuga sin fin, de Joseph Roth
46. El precio de la Transición, de Gregorio Morán

Diciembre

47. De Ciutadans a Ciudadanos. La otra cara del neoliberalismo, de Josep Campabadal y Francesc Miralles
48. Por qué el 18 de julio… Y después, de Julio Aróstegui
49. Tormenta solar, de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter
50. La isla del fin de la suerte, de Lorenzo Silva

Por categorías, este año han caído 17 libros de historia, seis de ciencia ficción y ocho de novela negra. Lo demás, sobre todo ensayo de actualidad, y alguna novela clásica. En historia, me decepcionaron los dos libros de Gregorio Morán que me leí: tanto “El cura y los mandarines” (excelente en su relato de los fundamentos, los hechos y los personajes en los sesenta, muy difuminado en lo demás), como ya comenté en la crítica de LPD, como El precio de la Transición, que recientemente ha reeditado Akal. Aunque en este último caso creo que la decepción es retrospectiva, porque Morán cuenta muchas cosas que después contaría en El cura y los mandarines y en su biografía actualizada de Suárez, que publicó después, pero yo me leí antes. Muy decepcionante la historia del comunismo de Robert Service, que más bien oficiaba como una historia contra el comunismo (todo estaba siempre mal, funcionaba mal, y era intrínsecamente malvado en el comunismo). Y un tanto rollero el libro de Julio Aróstegui sobre la Guerra Civil.

Me gustaron bastante, en cambio, los libros de Joseph Pérez sobre la Leyenda Negra, John Elliot sobre los imperios español y británico en América (que reseñaré en breve en LPD), y sobre todo el de Geoffrey Parker sobre el Camino Español y el ejército de Flandes, todos muy recomendables. También excelente era la biografía de Gengis Khan de René Grousset, y el libro de Roger Crowley sobre la caída de Constantinopla en 1453.

En novela negra, este año me he puesto con varias novelas de Lorenzo Silva, la mayoría de la saga de Chamorro y Bevilacqua (o como se escriba), que me han enganchado mucho más que cuando me leí un par de novelas del mismo autor, hace ya algunos años. Y en ciencia ficción, destacaría sobre todo la saga de tres novelas sobre Marte de Kim Stanley Robinson, que terminé precisamente este año. Tanto me gustó el autor que luego me leí otra novela, “Tiempos de arroz y sal”, que parte de un interesante planteamiento contrafactual: Europa se queda totalmente despoblada por efecto de la epidemia de peste del siglo XIV y el mundo acaba controlado por el Islam y los chinos. Me gustó el planteamiento, pero mucho menos el desarrollo.

Se unen tres sorprendentes categorías: la categoría “Precariado”, en la que caen dos excelentes ensayos: “El Establishment”, de Owen Jones, sobre cómo la derecha y la City londinense han creado un entramado hegemónico en la economía (por supuesto), la política (gracias al blairismo) y el discurso público, colando sus mierdas ultraderechistas; y “La fábrica del emprendedor”, de Jorge Moruno, sociólogo que es también uno de las mentes más lúcidas con que cuenta Podemos, analizando cuestiones parecidas, pero centrándose en la situación española y el discursito del emprendimiento que le echa la culpa de todos los males al trabajador y le orienta a vivir para trabajar mientras escamotea sus derechos. Los “libros de LPD”, publicados por Álvaro, sobre los curas rojos de Madrid, y Pep y Quico, sobre Ciudadanos (ambos excelentes, como no podía ser de otra manera). Y la categoría “Libros de Halcones y Palomas”, libros que me leí para prepararme las entrevistas con José Miguel Mulet, reputado divulgador científico, y la líder de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana, Carolina Punset. ¡Quién me iba a decir a mí que la tele me haría leer más!

Globalmente, diría que ha sido un buen año, y no sólo por haber llegado al objetivo de los 50 (que no deja de ser una excusa para leer más. Una excusa que… ¡funciona!), sino porque la mayoría de los libros me han resultado interesantes, no me he tenido que tragar demasiados bodrios y si ha sido el caso, como el de la infame reinterpretación franquista-muñozmolinista de este libro, al menos luego pude desquitarme con la crítica en LPD.



Los resultados electorales, en Halcones y Palomas

Este lunes, en Halcones y Palomas, tuvimos una animada tertulia sobre el show de esta maravilla de resultados electorales que nos ha deparado una España “ingobernable”. Nos lo pasamos en grande hablando de Vacío y del maravilloso escenario Rajoyista que nos espera. Aquí está el programa:

En general, la experiencia de Halcones y palomas ha sido, está siendo, muy interesante. Cuando me metí en esto, lo hice porque me parecía que podría aprender muchísimo y hacer algo que mereciera la pena. Pero también me preocupaba hacer el ridículo, claro. Creo que, por ahora, la cosa está yendo bien. Por si les interesa, aquí tienen los programas tres a ocho, que aún no había puesto en el blog:



Andorra: se desploma el precio de las naranjas

En casa comemos mucha fruta, pero estos días, en las fruterías españolas, la fruta se ha puesto imposible, así que hemos tenido que recurrir a un popular mercado andorrano que, muy oportunamente, ha abierto sus puertas precisamente ahora. Contactamos con un mayorista para que nos vaya comentando la evolución de los precios, y hete aquí cómo están las cosas:

Las naranjas no dejan de caer. ¡Vaya sorpresa! No hace mucho tiempo, parecía que todo el mundo ansiaba consumir naranjas, que eran la fruta de moda. “La nueva fruta”, la llamaban algunos. Al menos, eso aparecía en los medios especializados, que, día sí, día también, no paraban de enfatizar, constantemente, que en España la fruta reina de estas Navidades iba a ser la naranja, que puede tomarse al natural, escarchada, exprimida, y de muchas formas más.

Pero en esto que la naranja se ha desplomado casi un euro (0,9€) de un día para otro. Y eso, teniendo en cuenta que cuando abrió la frutería, ayer mismo, lo hizo con un precio para las naranjas que podría considerarse promocional, más barato que en la mayoría de las fruterías españolas: tan sólo 17,2€ el kilo (son naranjas selectas).

Casi tanto como ha descendido el precio de las naranjas se han apreciado las berenjenas. ¿Alguna correlación? Pues no tengo ni idea, pero la verdad es que, en el mercado andorrano, las berenjenas (19,6€ el kilo) cotizan sensiblemente por encima de las naranjas. Esto tiene cierto mérito, si tenemos en cuenta que, por mucho que los agricultores del ramo se desgañiten diciendo que la berenjena es la hortaliza de “la gente”, no nos engañemos: no hay mucha costumbre en España de consumir berenjenas en grandes cantidades, y en principio parecía difícil pensar que el público esté dispuesto a pagar semejante precio por ellas. Pero, por ahora, ahí están, subiendo de precio sin cesar. Acercándose incluso al precio de las fresas, que no hace tanto tiempo eran mucho más caras, pero cuyo precio se ha estancado (20,6€).

Tal vez porque el consumidor, después de años y años comiendo fresas porque no había otra cosa, extendiéndose en crípticos comentarios sobre que no merece la pena comprar algo distinto en la frutería porque “total, luego nunca nos sale nada decente en la cocina”, ha comenzado a cansarse de unas fresas que, como las naranjas, a menudo tienen un aspecto estupendo, pero –también como las naranjas- igualmente a menudo no acompaña el sabor. O, peor aún: no es que sepan mal; es que no saben a nada. “Estas fresas es como si estuvieran vacías” o “comer estas naranjas es como beber agua” son quejas que a menudo aducen algunos exconsumidores que, desesperados, o bien se abandonan y dejan de consumir frutas y verduras, o bien se echan en brazos de las berenjenas, a pesar del repugnante sabor que tienen, para algunos de ellos, y que les recuerda a los engaños de la gastronomía griega, para otros (“dicen nosequé de una moussaka, pero luego todo son kebabs”).

Sin embargo, la mayoría, los menos amigos de arriesgar, los que quieren tomar lo mismo que han tomado toda la vida, se conforman con agua. Agua inodora, incolora e insípida. Triste agua que llevan décadas bebiendo, absolutamente previsible, pero que, según dicen, les resulta indispensable para vivir. Aunque muchos lo oculten, incluso les rían las gracias a sus compañeros cuando se hinchan a naranjas o berenjenas, a la hora de la verdad, el agua triunfa. Tanto es así, que es el producto más caro de la frutería (25,4€ el litro, ahí queda eso). “Al fin y al cabo –dice un consumidor que prefiere permanecer en el anonimato- casi todo lo que venden en la frutería no es más que agua con pretensiones”. “Yo al principio tomaba otras cosas –dice otro- pero con el tiempo me he dado cuenta de que yo quiero mi pensión y que no quemen iglesias y los demás, que se jodan sólo el agua se amolda a mis intereses”. Aunque también hay quien dice que el frutero, el señor Ruiz, dispone su género de forma que el agua quede siempre en una posición privilegiada, incluso desatendiendo los pedidos de otros productos que llegan desde el extranjero.

La frutería también tiene tomates. Pero casi nadie los compra, a pesar de lo baratos que están (4,5€ el kilo), y se están poniendo pochos.