“Bullshit Jobs” – David Graeber

Seguro que usted, querido lector, es una persona que contribuye a la sociedad. Posiblemente, mediante un trabajo asalariado. Y a poco que lleve usted algunos años cotizando, habrá tenido posibilidad de conocer a fondo el mundo laboral, sus usos, sus prácticas, y sus pequeñas miserias. Y probablemente ha llegado, por la vía científica, a la conclusión de que esto del trabajo es una mierda como un piano. Un castigo divino. Cuanto menos, mejor. Pero también es muy probable que esta conclusión se la haya guardado para usted, por temor a romper el consenso existente y ser señalado como vil perroflauta. Pues bien: no está usted solo. Y enhorabuena: con este libro le vamos a dar los fundamentos ideológicos para poder pregonar su conclusión a los cuatro vientos y defenderla razonablemente bien frente a la sociedad bienpensante.

David Graeber es un profesor de antropología que se está ganando a pulso el prestigioso premio Antropólogo de Oro de LPD. A diferencia de su libro anterior aquí reseñado, este se basa principalmente en anécdotas, análisis “cualitativos” y otras técnicas que a cualquier practicante/adepto de las ciencias “duras” -de esas de laboratorio, bata blanca y tablilla de logaritmos- le tienen que rechinar los dientes con solo verlas de refilón. Pero aquí hemos venido a divertirnos, ¿verdad? Y en cualquier caso, incluso si Graeber demostrase y apuntalase con datos duros-durísimos y más allá de toda duda razonable las teorías expuestas en este libro, tengan por seguro que habría quien las negaría. Muchos, de hecho. Porque de aceptar sus teorías, habría que, no digo que abolir el capitalismo, pero sí que replantearse muchas cosas (bueno, en realidad sí, abolirlo o dejarlo que no lo reconozca ni la madre que lo parió). Cuando Galileo les mostró a los insignes académicos de la Universidad de Pisa que la velocidad de caída de un objeto es independiente de su peso, ellos no quisieron creer ni a sus propios ojos porque contradecía lo que Aristóteles había escrito 2000 años antes. Esto es más o menos lo mismo. Aunque se disfrace de libro científico/antropológico, esto es una Streitschrift política, pensada para crear polémica, llegar a cuanta más gente mejor, y meter ciertos temas en la agenda. Ya se encargará algún profesor alemán barbudo de la dura e ingrata tarea de recopilar y analizar los hechos científicos duros en cinco tomos de letra pequeña que no se leerá nadie pero que luego todos usarán como argumento de autoridad.

Dicho de otra forma: David Graber es el equivalente académico de ese amigo que todos tenemos, que es un poco descuidado, un poco viva la vida, un poco jeta incluso, pero que le queremos igual porque es una bellísima persona que ama la vida como nadie. Alguien dirá: pero es que si todos fuésemos como tu amigo el jeta el mundo se vendría abajo. Pues no. Aunque no dudo que si todos fuésemos como PABLO, Albert Rivera o Casado el mundo se vendría abajo, eso no se aplica a nuestro amigo el jeta (siempre y cuando sea una bellísima persona que arde por su amor a la vida). Nuestro amigo el jeta no quiere regenerarnos ni nada. A él lo que le guía es el rechazo de la injusticia, combinado con el firme e inquebrantable convencimiento de que nuestro tiempo en esta vida es tan limitado y breve que perderlo en luchas organizadas e institucionales contra dicha injusticia es contraproducente (que no es el caso de Graeber, quien tiene su buena dosis de activismo político y social, solo que normalmente por vías no institucionales), y que lo único que queda es la acción directa inmediata y personal encaminada a hacer la vida mejor, para el mayor número de personas y por la mayor duración posible. Y si todos nos moviésemos por esta máxima y se la aplicásemos a todos nuestros semejantes, aquí y en la China popular, puede que el mundo no fuese un lugar mejor, pero tampoco sería peor.

El origen de este libro fue este ensayo del año 2013, donde Graeber se cuestionaba porqué seguimos esencialmente con la misma jornada laboral que en 1930, cuando el aumento de la productividad debería haberla reducido a 15 o 20 horas. Reducción que ya predecían John Maynard Keynes y mucha más gente. Y la respuesta, para Graeber, es la siguiente: lo que la productividad/automatización/robotización nos han ganado, se ha perdido en la creación de unos trabajos que él llama bullshit jobs, que no sirven para nada y donde están atrapados muchos asalariados: según algunas encuestas, un tercio largo considera que su empleo no aporta nada a la sociedad. El ensayo, pensado como pequeña polémica, incendió las redes sociales y se volvió viral –perdónenme si sueno como el Telediario de TVE-, siendo traducido a varios idiomas (incluyendo al más bonito del mundo). Está claro que Graeber había pinchado un nervio social.

Si alguien hubiese diseñado un régimen de trabajo destinado a mantener el poder del capital financiero, es difícil ver cómo lo podrían haber hecho mejor. Los trabajadores que hacen trabajos reales y productivos son exprimidos y explotados sin parar. Los demás se dividen entre un estrato de desempleados, universalmente vilipendiados por vagos, y otro estrato al que le pagan básicamente por no hacer nada, en posiciones diseñadas para hacerles identificarse con las perspectivas y sensibilidades de la clase gobernante (managers, administradores…) –y particularmente sus avatares financieros- pero, al mismo tiempo, albergan un burbujeante resentimiento contra cualquiera cuyo trabajo tenga un claro e innegable valor social.

(Del ensayo original de 2013)

 

Una aproximación al Bullshit

Las traducciones originales al castellano los llaman “trabajos basura” o “trabajos de mierda”, pero eso no captura todos los matices que en inglés tiene la palabra “bullshit”. Limpiar oficinas por 4 euros la hora es un trabajo basura, sin duda, pero eso no quita que limpiar es algo necesario. Un “bullshit”, en cambio, es algo innecesario. Es una mierda conceptual, con la diferencia de que hay gente que se la cree, o que pretende creérsela. Pero tampoco es una mentira: el mentiroso sabe que miente, aquí hay una asunción en mayor o menor grado. Su valor intelectual es nimio, pero tampoco es una chorrada, no es la brasa particular de alguien, pero tiene un poco de todo ello (Graeber apunta, suponemos que con una sonrisa, que para alguien de derechas seguramente la Antropología y sus practicantes son bullshit al cuadrado). Hablando en plata y aplicado a los trabajos, un bullshit job es un trabajo que, si lo prohibiésemos, el mundo no iría a peor, y desde luego no surgiría un mercado negro para abastecerlo porque nadie lo echaría en falta.

Definición formal final: un bullshit job es una forma de empleo pagado que es tan innecesaria, carente de sentido o perniciosa que ni siquiera el empleado puede justificar su existencia, a pesar de que, como parte de las condiciones de empleo, el empleado se siente obligado a pretender lo contrario.

 

Not “A Theory”: an Epifany!

 

Por supuesto, el bullshit –y los bullshit jobs– admite grados. Una persona puede estar haciendo algo muy útil y necesario durante cuatro horas cada día… pero estar obligada a calentar una silla durante las ocho horas de la jornada. Esto sería un bullshit parcial, posiblemente el bullshit más común, epidémico incluso, en los trabajos de oficina. O puede estar haciendo un trabajo útil al servicio de una empresa totalmente inútil (por ejemplo, limpiador de una oficina de telemarketing). Esto sería bullshit indirecto. El caso es que Graeber divide los bullshit jobs en cinco tipos diferentes:

 

Flunkies: trabajadores cuya única ocupación es realzar la importancia de otro. Un flunkie sería alguien que va “al flanco” de otro. Lo que vendrían a ser un cortesano: alguien cuya ocupación es aumentar el estatus de otra persona. Secretarias o recepcionistas (cuando su trabajo realmente no es necesario y no les ocupa más de 1 hora al día, o similar), por ejemplo.

Goons: los matones. Pero no un asesino de la mafia, sino los matones conceptuales. Abogados, telemarketing, relaciones públicas. Todo aquel cuyo trabajo es ser agresivo al servicio de otro. El telemarketing en particular es bullshit en mayúsculas. No obstante, estos trabajos sí que benefician potencialmente a la empresa. Por eso Graeber los diferencia de los flunkies (que son inútiles motu propio) aclarando que los goons pueden ser útiles en lo suyo, es toda la industria montada alrededor de ellos lo que está podrido. Es un bullshit que montas solo porque tu enemigo lo crea también: si la competencia tiene un lobista haciendo gestiones o un departamento que caza a tus clientes con telemarketing, tu también necesitas uno simplemente para no perder.

Duct tapers: los reparadores. Aquellos trabajadores que se pasan la jornada arreglando problemas que no deberían existir. Que solo existen por errores de la organización que los emplea. Es decir, porque a los jefes no les importa y en vez de hacer su trabajo prefieren tener a gente sudando para poner parches en todas partes.

Box tickers: los chequeadores. Se refiere a empleados que existen solo para que la organización pueda afirmar que hace algo que en realidad no hace. Por ejemplo: la legislación te exige que seas ético. Pues contratas a un departamento de ética que se dedica a hacer Guías Éticas para Empleados, y por lo demás sigues exactamente igual. En cierto modo, todas las burocracias funcionan con “box tickers”: cuando introduces una medición formal de éxito, lo que existe en el papel se convierte en “la realidad”, al menos para la organización. Pero cuando su trabajo es generar una información que luego nadie usa, entonces tenemos un bullshit job de libro. Generalmente desarrollan rituales muy elaborados para pretender que se están ocupando de un problema: y cuanto más inútiles son, más elaborado el ritual.

Taskmasters: los organizadores, la gente cuyo trabajo es asignar trabajos a otros. Graeber cita una encuesta donde el 80% de los empleados sentía que sus jefes eran innecesarios y no aportaban nada a su trabajo. En el mejor de los casos, son innecesarios (porque los otros se conocen y saben perfectamente como repartirse la tarea), en el peor son dañinos, porque crean y multiplican trabajo bullshit para justificar su propia existencia. Ejemplos son: rellenar papeleo para gestión, reuniones innecesarias, emails administrativos y otras chorradas que a veces te parece que ocupan la mitad de tu trabajo.

 

Parte esencial de un bullshit job, ojo, es que la definición exige que el propio trabajador sea consciente de que su trabajo no sirve de nada. Es decir, que depende de un factor subjetivo muy importante, pero si no podemos fiarnos del trabajador para evaluar su puesto, ¿de quién vamos a fiarnos que no tenga intereses en el asunto? Y sinceramente: cualquier persona que lleve más de un año en el mismo puesto puede discernir bastante bien si su trabajo aporta algo o no. (Aunque claro, estamos aquí metiendo algo completamente subjetivo, y según cómo definamos “valor social”, algo muy subjetivo a su vez, nos salen cantidades muy distintas de bullshit jobs).

 

Contradicciones del Bullshit

Todo esto Graeber lo fundamenta en testimonios que le han llegado. No testimonios que él ha recogido buscando una representatividad y donde se podía aplicar un filtro o medir variaciones respecto a la “normalidad estadística”. En lugar de ello, testimonios anónimos llegados por mail tras pedirlo él en su cuenta de Twitter (cuyos seguidores, por decirlo suavemente, seguramente constituyan un ejemplo de selección negativa a los efectos de este estudio). Pero como “jeta bueno” que es, te explica con total sinceridad que “mira, análisis estadístico, poco, pero análisis cualitativo, mucho”, y mientras elabora sus tesis ya te va desmontando las más probables objeciones que le sacarían, así como las aparentes contradicciones. Todo con buen humor y bien escrito. Y, al menos desde mi punto de vista, generalmente -y salvo cuando se va mucho por las ramas- muy reconocible y coherente con lo que yo he visto en el sector privado, subsector “grandes empresas con muchos oficinistas”. Mucho más, desde luego, que los cuentos liberales sobre la meritocracia y la eficiencia de la empresa privada.

La primera tesis es que los bullshit jobs son mucho más frecuentes de lo que pensamos. Graeber (usando nada más que una encuesta online de YouGov) lo cifra sobre un 50% del total, entre quienes directamente piensan que su empleo es inútil, y aquellos empleos que solo sirven para apoyar a quienes tienen un empleo inútil. Vamos: que si nos reorganizamos y elimináramos trabajos inútiles, podríamos tener semanas laborales de 20 e incluso 15 horas sin reducir la producción (en lo que es obviamente el gran atractivo del libro: ¿quién, salvo un sociópata perdido, no querría trabajar la mitad de horas si todo lo demás siguiera igual?).

Debo decir que aunque coincido plenamente con Graeber en la existencia de los bullshit jobs, creo que no son un fenómeno tan común como él lo pinta, pero la bullshitización parcial del empleo desde luego que es endémica y llega a todas partes. En todas partes, un trabajador que termine su tarea dos horas antes de la hora de salida tiene que disimular y matar el rato que le queda en vez de simplemente levantarse y decir “hasta mañana”. Inténtenlo alguna vez, y no sabrán quién se indigna más, si su jefe o sus compañeros. ¿Y con qué rellenamos esas dos horas? Pues dependiendo del control al que estén sometidos, o bien fabricando memes de gatitos, o haciendo bullshit.

La segunda tesis es que estos trabajos son malos para la salud. Nueva aparente contradicción: trabajos innecesarios donde no se hace nada y por los que te pagan, ¡suena a bicoca! ¿Quién no querría eso? Ah, pero es que no es una Renta Básica Universal (incondicional). Está el componente “tienes que pretender que esto va en serio”, y ese es el que te mata: la necesidad de aparentar utilidad, de fingir que haces algo cuando en realidad no haces nada, de engañar al jefe y sobre todo a ti mismo… eso es una tortura psicológica. La explosión de los bullshit jobs a finales de los 70 y principios de los 80 coincidió con un amento espectacular de los casos de enfermedades mentales y depresiones (e incluso, sugiere el libro, pudo propiciar el bajón de la natalidad del mundo occidental, que entra más o menos en esa época: cuando tu alma es aplastada cada día en un trabajo inútil, se te quitan hasta las ganas de traer nuevos seres humanos al mundo). Graeber recurre a una interesante comparativa: el gulag soviético. Resulta que en el gulag se torturaba a gente, claro, pero la tortura no consistía tanto en el trabajo físico (duro, no cabe duda, pero no peor que el de cualquier minero o campesino en una economía capitalista), sino en el hecho de que dicho trabajo era abiertamente inútil. Tipo cavar un agujero y luego llenarlo de nuevo. Al hacer trabajo inútil, se les hacía sentir a los presos que eran inútiles, les negaban la capacidad de influir positivamente en el mundo, una necesidad fundamental del ser humano para sentirse completo.

 

“Si no haces nada con tu vida o en tu trabajo, es como si no existieses.”

 

“Violencia espiritual” lo llama Graeber en un pequeño arrebato poético. Todas las relaciones jerárquicas conllevan, para Graeber, dinámicas sadomasoquistas de poder. Pero en los bullshit jobs es donde esta violencia y estas dinámicas aparecen y florecen en toda su gloria.

 

Nouri [un trabajador que colaboró con la encuesta online de Graeber]: los entornos de trabajo son fascistas. Son cultos diseñados para comerse tu vida. Tus jefes  atesoran tus minutos codiciosamente como dragones atesorando oro.

 

Pero la mayor contradicción aparente es la “paradoja del mercado”, que cualquier mercadobelieber soltará antes de haber pasado del prólogo del libro: en un sistema capitalista que busca la maximización del beneficio en base a la competición entre empresas libres, los trabajos innecesarios forzosamente se eliminarían para mejorar la competitividad. Las empresas que no los eliminaran acabarían expulsadas del mercado por aquellas que sí lo hacen. Ergo, la existencia de bullshit jobs en una economía capitalista es imposible (un planteamiento compartido, curiosamente, por el marxismo ortodoxo, uno de cuyos pilares es que el capital le roba al obrero la plusvalía de su trabajo, y puesto que un bullshit job no genera nada de valor, tampoco podría generar plusvalía). Todos los trabajos en un mercado libre tienen, deben tener, un sentido, aunque el trabajador concreto no pueda apreciarlo. Los bullshit jobs solo podrían existir en una economía socialista, o por culpa de la intervención estatal. Y aunque por supuesto, existían y existen bullshit jobs en las economías planificadas del bloque comunista o en la administración pública de hoy en día (Graeber de hecho analiza largo y tendido un caso español, el de un funcionario de Cádiz que estuvo seis años sin ir a trabajar pero seguía cobrando), lo cierto es que cualquiera que haya respirado el aire de una gran empresa sabrá que allí sobra gente a punta pala. Especialmente subiendo el escalafón.

Quizás se pueda responder a esto investigando porqué surgen empleos así. Porque en realidad nunca hubo ninguna orden del Politburó de la URSS diciendo “háganse bullshit jobs para todos”, igual que ningún contubernio del IBEX35 ordena “háganse trabajos basura para los jóvenes”. Estos trabajos son consecuencia de ciertos planteamientos o equívocos sociales. Y con los equívocos hemos topado para resolver la “paradoja del mercado”: en concreto, creer que las grandes empresas (especialmente las del sector FIRE, Finance, Information/Insurance, Real Estate, donde se concentran la mayoría de los bullshit jobs) son ejemplos de empresas capitalistas industriales que compiten por producir mejor y más barato. Si lo fueran, por descontado que eliminarían grasa innecesaria. Pero no lo son. Y la analogía que Graeber considera más apropiada es, tachán, ¡el feudalismo!

El feudalismo es, entre otras cosas, un sistema económico donde todo el valor lo producen campesinos y artesanos de forma autónoma, y luego llega el señor feudal y –de forma más o menos elegante- les rapiña parte del valor creado. Y con el botín de la rapiña el señor feudal luego se crea, casi automáticamente, un séquito de cortesanos, flunkies y goons, para visibilizar, justificar y asentar su poder. Cortesanos a los que implicará en la gestión del botín, en su reparto (reparto realizado con criterios “políticos” tendentes a mantener al señor feudal en su sitio, es decir, exactamente como hoy, pero al menos sin pretender contarnos la milonga de que la economía es un compartimento estanco de la política y no tiene nada que ver con ella, así que circulen y déjenle esto a los expertos), y para los que creará grandes y elaboradas jerarquías, mayormente inútiles pero que estos se tomarán muy en serio para justificar su propia existencia. Mutatis mutandis, las grandes empresas hoy en día funcionan de manera muy similar: rapiñando el trabajo de otros en mercados prácticamente cerrados merced a regulaciones/tamaño/listones de entrada. Cada vez más de los ingresos de la industria automovilística vienen de financiar la compra de coches, no de la fabricación y mantenimiento de los mismos; telecos y eléctricas ya no compiten realmente sino que viven esencialmente de su tamaño –que hace casi imposible la entrada de competidores al mercado- y de las tarifas base/alquiler de equipos que los gobiernos tienen a bien subir cada año un poquito por encima de la inflación; y los bancos ya ni saben dar créditos a empresas interesantes que buscan crear algo nuevo: se limitan a dar hipotecas (con las que, por obra y gracia de nuestra legislación que convierte en carne de mercado esclavista a cualquiera que se salte una letra, es casi imposible que pierdan dinero) y a meterte comisiones por todo. Cosas todas ellas que podrían realizar con menos de la mitad de sus empleados actuales, el resto es su corte de zánganos inútiles. Incluyendo a los grandes medios de comunicación y a sus brillantes creadores de opinión, totalmente apesebrados y dependientes de la publicidad institucional de las grandes empresas. Vamos, que decir que el capitalismo no puede crear bullshit jobs porque las empresas perderían competitividad es como decir que el feudalismo no puede crear zánganos cortesanos inútiles porque cada cortesano de más es un soldado de menos, y perderías eficacia militar frente al señor feudal de al lado.

 

Tienen que ser todos muy necesarios, ¡en caso contrario el Rey de Bélgica ya nos habría invadido!

 

La existencia cada vez mayor de bullshit jobs no contradice al capitalismo: se debe precisamente a que ya no vivimos en el capitalismo. Vivimos en un neofeudalismo financiero corporativo que vive de la extracción de rentas, y que para complicar más las cosas existe sobreimpuesto a las estructuras del viejo capitalismo industrial. (Tampoco es que el liberalismo desatado fuese a acabar con los bullshit jobs; Graeber, en clara referencia a la Ley de Hierro de la Burocracia enunciada por Jerry Pournelle, define una Ley de Hierro del Liberalismo: “cualquier reforma liberalizadora, cualquier iniciativa gubernamental que pretenda reducir regulaciones para desatar las fuerzas del mercado, acabará incrementando el número total de regulaciones, el número total de papeleo, y el número total de burócratas que el gobierno emplea”.) Así que Graeber apunta al fulcro de todas estas aparentes contradicciones: todas ellas se basan en una imagen del ser humano como un cabrón egoísta que solo piensa en si mismo. El homo económicus. Sin él, todas las contradicciones (y casi todo nuestro actual modelo socio-económico) se vienen abajo. A lo mejor va siendo hora de revisar esa máxima. A lo mejor la visión del hombre como un hijoputa redomado dice más de quienes la defienden que del conjunto de la humanidad.

 

El trabajo asalariado a lo largo de la historia

Aquí Graeber interrumpe el relato para dar un pequeño repaso a la historia del trabajo asalariado y a la valoración que se le ha dado en diferentes sociedades. Tras recordarnos lo que Aristóteles tenía que decir sobre el trabajo asalariado:

 

En el más noble estado constituido, que es aquel que posee hombres absolutamente justos […], los ciudadanos no deben vivir una vida mecánica o mercantil (pues una vida así es innoble y tendente a la pérdida de virtud), ni deben los ciudadanos en el mejor de los estados ser cultivadores del suelo (pues el ocio es necesario tanto para el desarrollo de la virtud como para la participación activa en política).

Aristóteles, Política.

 

Graeber salta directamente a la Edad Media. Una época en la que existía el trabajo asalariado… pero era considerado una fase pasajera, un periodo de aprendizaje durante el que el trabajador, invariablemente un joven, al principio incluso un niño, aprendía el oficio y ahorraba para poder establecerse por su cuenta. Cuando daba este paso final, se le consideraba adulto, capaz de montar casa, casarse y participar en la vida pública. El trabajo bajo supervisión de un adulto se veía como necesario para “crear” al hombre, pero una vez creado ya no era necesario como tal sino solo un medio de vida. Pero cuando llega la Edad Moderna y se empiezan a concentrar los medios de producción en manos del capital, ese ciclo vital desde aprendiz a maestro en un gremio se interrumpe, y el trabajo ya no parece servir para alcanzar la “vida de adulto” anterior (pero la idea de que casarse y tener hijos debe estar reservado a quienes han completado el ciclo perdura, por eso a quienes sin tener medios -ni perspectiva de tenerlos- se arrejuntan y tienen hijos se los llamará “proletarios”, de “prole”). En este vacío germinan las nuevas sectas protestantes, que van a enfatizar el trabajo como algo bueno en si mismo y no como medio para un fin, y “más mejor” cuanto más sufrimiento y penurias conlleve, porque eso nos acercará más a Dios y nos convertirá en personas moralmente superiores.

 

De tus representantes en la Tierra, líbranos, Señor.

 

Esta evolución de la economía, fortaleciendo al capital a costa del trabajo, se va a ver contestada, curiosamente, en donde menos nos lo esperaríamos: en los nacientes Estados Unidos de América. Allí, especialmente en el norte y en Nueva Inglaterra, la Teoría del Valor-Trabajo era casi un evangelio social.

 

[De un discurso de Abraham Lincoln al Congreso en 1861] “El trabajo es anterior e independiente del capital. El capital es solamente el fruto del trabajo, y jamás habría existido de no ser por el trabajo. El trabajo es superior al capital, y merece una consideración más alta.”

Lincoln insistía en que lo que diferenciaba a los Estados Unidos de Europa, lo que de hecho hacía posible su democracia, era la ausencia de una población permanente de trabajadores asalariados […] Aunque no lo dijera así, Lincoln argumentaba que, gracias a la rápida expansión económica y territorial de América, aún era posible mantener algo similar al viejo sistema medieval, donde todos empezaban trabajando para otros y luego con los ahorros montaban su propio negocio o granja […] Lo que es significativo aquí es que Lincoln sentía que tenía que aceptar la Teoría del Valor-Trabajo como marco del argumento. Todos lo hacían. Y esto fue así hasta prácticamente el final del siglo.[…]

 

Esta bonita arcadia se viene abaj0 con los primeros temblores del capitalismo corporativo a gran escala, cuyos primeros campeones –bautizados por la gente con el simpático sobrenombre de “Robber Barons”– financian una contraofensiva intelectual brutal. Con notable éxito: en apenas una generación, el “éxito social” no estaba en producir algo, sino en consumirlo. Hoy, cuando alguien habla de “creadores de riqueza”, ya nadie piensa en obreros sino en capitalistas.

 

Me he centrado en América por una razón. Los Estados Unidos juegan un papel fundamental en nuestra historia. En ningún otro lugar el principio de que toda riqueza deriva del trabajo era tan universalmente aceptado como sentido común, y en ningún otro lugar fue el contraataque contra este sentido común tan calculado, sostenido y en última instancia exitoso. A principios del siglo XX, cuando se rodaron las primeras películas de vaqueros, esta tarea se había completado, y la idea de que trabajadores de un rancho del medio Oeste en 1860 fuesen ávidos lectores de Marx parecía tan ridícula como le resulta a los americanos de hoy. Más importante, esta contraofensiva puso las bases para las aparentemente bizarras actitudes hacia el trabajo, emanadas en su mayoría de Norteamérica, que podemos ver extendiéndose por el globo, con perniciosos resultados.

 

La razón del éxito de esta ofensiva Graeber la ve en un defecto de la Teoría de Valor-Trabajo: que esta teoría considera que el trabajo es “producir”, mientras que cuidar o atender, tradicionalmente ocupaciones de mujeres, no se consideran “trabajo”. Por ello, cualquier contraofensiva al bullshit tiene que empezar por poner el trabajo “femenino” de cuidados y/o mantenimiento en su lugar como equivalente a la “producción”, y culminar en lo que él llama “una revuelta de las clases cuidadoras”.

 

El Bullshit que nos dimos entre todos

Llegados a este punto, tenemos que preguntarnos por qué nadie denuncia o cuestiona los bullshit jobs. Si son un fenómeno tan universal, ¿porqué los medios de comunicación no lo denuncian? Bueno, aparte de que las empresas de información son de los mayores generadores de bullshit jobs, hay toda una serie de conceptos grabados a fuego en la sociedad. Conceptos para los que los medios hacen descarada propaganda pues en ellos se sustenta el actual orden social.

 

“A case could be made that propaganda, which is ostensibly made for tricking outsiders, is really primarily aimed at assuaging the consciences of the propagandists themselves.”

 

Quizás el más potente es la idea de que “el trabajo dignifica”. Vamos, que cualquier trabajo es mejor que ningún trabajo. Graeber cita una reveladora entrevista a Obama, que preguntado sobre por qué no había creado un sistema sanitario a la europea, dijo más o menos “sí, podríamos, pero ¿qué pasaría con los miles, los millones de personas que trabajan para las empresas privadas?” Blanco y en botella: aceptando tácitamente que esos millones de personas realizaban tareas innecesarias, el Presidente de los Estados Unidos y Faro Letizio del Mundo vino a decir que mejor eso que un sistema realmente eficiente e igualitario, y que un empleo inútil es mejor que ningún empleo. No es que sorprenda que lo piense, pero sí sorprende que lo diga tan abiertamente.

Otro concepto problemático es nuestra idea de “trabajo”, propia de hace un siglo, la del obrero atornillando la pieza X a la pieza Y en una cadena de montaje que nunca para nunca de escupir X e Y. En la mayoría de trabajos “modernos” (y de hace un siglo también, esta imagen le debe muchísimo al hecho de que los operarios de las fábricas, al contrario que cocineros, peluqueros o pianistas, se podían organizar con mayor facilidad y así llegaron a liderar el movimiento obrero) puede haber largos periodos inactivos (que nuestra cultura contemporánea gire en torno a memes, tuits y comentarios a blogs y videos tiene mucho que ver con el hecho de que la gente está mano sobre mano en el curro, pero solo a ratos intermitentes). Y como nuestro empleador ha comprado nuestro tiempo (un concepto, “poseer el tiempo de otro”, que habría horrorizado a cualquier persona anterior a 1800), se inventa bullshit para que siempre estemos ocupados. Vernos inactivos le horroriza porque entiende que le estamos robando. De hecho, viendo las cifras de ocupación de 1970-1980 y las de hoy, se aprecia que se ha destruido empleo en industria y en agricultura, y solo se ha creado en servicios… pero, apunta Graeber, la cantidad de personas que realmente hacen esos servicios, las que te sirven la caña o te cortan el pelo, es más o menos la misma que hace 150 años, un cuarto de la población activa. Lo que se ha disparado en todos lados son los trabajos de gestión, las capas de gestores y managers que supervisan el trabajo realmente realizado, es decir, que supervisan que el “tiempo comprado” no se pierde. Por eso paradójicamente una de las cosas más estresantes que te puede pasar en tu curro es quedarte sin carga de trabajo, porque sabes que te mirarán como a un ladrón/defraudador.

Dios trabajó para crear el mundo, y cuando quiso castigar al hombre por su insolencia le condena a… trabajar. Trabajar es pagar por tus pecados, es lo contrario de pecar. De ahí esa esquizofrenia laboral: la mayoría de personas ganan su sentido de identidad de su trabajo, y al mismo tiempo la mayoría de las personas odia su trabajo. Todo el mundo está continuamente quejándose de su trabajo, “y parece que si no te estás destruyendo en cuerpo y alma vía un trabajo asalariado, no están viviendo bien” (una actitud quizás más común entre oficinistas de clase media, pero ni siquiera la clase trabajadora escapa).

 

Creo que este instinto por perpetuar trabajo innecesario es, en el fondo, simple temor al populacho. El populacho (así se cree) son animales tan bajos que se volverían peligrosos si tuviesen ocio; es más seguro mantenerlos demasiado ocupados para pensar.

George Orwell, Sin blanca en París y Londres

 

De ahí que “mejor un trabajo malo que ninguno”, concepto transversal que en el fondo une al izquierdista que se manifiesta con una pancarta diciendo “trabajo para todos” como al derechista que le mira desde la acera y murmura “búscate un trabajo de verdad”. Pero nadie parece pensar en si esos trabajos son necesarios y aportan algo a la sociedad. De hecho, según Graeber, quien más aporta a la sociedad recibe menos a cambio: hemos montado una sociedad que permite que banqueros de inversión reciben unos bonus exorbitantes (incluso ahora, con las cenizas de la Gran Recesión aún calientes) mientras servidores públicos como profesores/enfermeros/bomberos han visto sus sueldos recortados por los parlamentos, en muchos casos jaleados por importantes sectores sociales.

 

Según la economía se convierte más y más en la mera distribución del botín de rapiña, más sentido tienen jerarquías de comando lo más ineficientes e innecesarias posibles, porque esta es la clase de organización que maximaliza la rapiña. Cuanto menos se asocie el valor del trabajo a aquello que produce o el beneficio a otros que ofrece, más se ve el trabajo principalmente como una forma de sacrificio, lo que significa que cualquier cosa que haga un trabajo menos oneroso o más disfrutable, incluso el mero conocimiento de que tu trabajo beneficia a otros, hace que su valor decaiga – justificando así sueldos menores.

Esto es genuinamente perverso.

En cierto modo, los que dicen que si no trabajamos 15 horas es porque hemos elegido consumo sobre ocio no están totalmente errados. Sencillamente han entendido mal el mecanismo. No estamos trabajando más y más porque estemos todo el rato ensamblando PlayStations y sirviéndonos sushi unos a otros. La industria está cada vez más robotizada, y el sector de servicios “real” permanece en torno al 20% del total. En lugar de eso, es porque hemos inventado una dialéctica bizarra y sadomasoquista en virtud de la cual sentimos que el sufrimiento en el trabajo es la única justificación posible de nuestros furtivos placeres consumistas, y al mismo tiempo, el hecho de que nuestros trabajos consuman cada vez más de nuestro tiempo implica que no podemos permitirnos el lujo de “tener una vida”, y eso a su vez significa que los placeres consumistas furtivos son los únicos que podemos permitirnos tener.

 

O incluso cuando hay huelgas: indigna mil veces más una huelga de basureros/ferroviarios que una de banqueros, indignación que Graeber psicoanaliza como cabrones, vosotros tenéis un trabajo importante de verdad que ayuda a los demás, ¡y encima tenéis exigencias!, y combina esto con una interesante definición de izquierda y derecha: “izquierda” sería todo aquel que cree que “valor económico” y “valores morales” están íntimamente relacionados y que no puede hablarse de uno sin considerar al 100% el otro; y “derecha” serían aquellos que afirman que “valor económico” y “valores morales”, codicia y caridad, son compartimentos estancos, totalmente independientes uno de otro. Y por eso los partidos de derechas (que en general además se arrogan la interpretación de ambos compartimentos) no tienen problema en integrar tanto a los liberales-patrón-oro como a los fundamentalistas religiosos: desatas la codicia más sociópata del libre mercado, y luego palias los resultados con caridad cristiana. La enfermera que cuida a un niño enfermo lo hace por “valor (económico)” (no porque le guste ayudar a la gente), pero cuando vuelve a casa y hace lo mismo con su propio hijo es por “valores (familiares)” (no porque no se puede permitir a un cuidador).

 

Resentimientos

El resultado de esta esquizofrenia en lo que sigue siendo la actividad a la que más tiempo despierto dedicamos es un desbordamiento de resentimientos.

 

Hay algo tremendamente incorrecto con aquello en lo que nos hemos convertido, con la sociedad que hemos creado. Nos hemos convertido en una sociedad basada en el trabajo – ni siquiera en “trabajo productivo” sino en trabajo como un fin en si mismo. Hemos llegado a creer que hombres y mujeres que no trabajan más de lo que desearían en empleos que no disfrutan son malas personas que no se merecen amor, cuidados o asistencia por parte de sus comunidades. Es como si hubiésemos consentido a nuestra propia esclavización. La principal reacción política a nuestra consciencia de que pasamos la mitad de nuestro tiempo en actividades absurdas o directamente contraproductivas –generalmente a las órdenes de gente que nos disgusta- es un resentimiento desbordante ante la idea de que pueda haber otros ahí fuera que han escapado de la trampa. Como resultado el odio, el resentimiento y la sospecha se han convertido en el pegamento que mantiene unida a la sociedad. Este es un estado desastroso. Yo deseo que termine.

 

No hay más que abrir la prensa para ver en todas partes la ola del resentimiento sobre la que ha surfeado Trump (con los trumpitos españoles adoptando ya la Goofy Stance mientras otean el spot, que lo de “la España que madruga” va de eso, de azuzar resentimientos y poco más). Resentimiento de trabajadores contra parados. De los trabajadores del sector privado contra los del sector público. De parados contra trabajadores. Y muy especialmente de trabajadores en bullshit jobs contra trabajadores manuales, con una notable excepción: soldados (Graeber escribe para un público anglosajón). Los voceros del statu quo pueden rajar durante horas contra los profesores o sanitarios de la pública, contra los trabajadores del Metro, contra los de la limpieza y los basureros, y contra cualquier mínima organización sindical de gente que tiene trabajos físicos y/o reales, pero nunca dirán nada contra soldados o policías (de nuevo, una convenientemente ignorada evolución de la narrativa: en los jóvenes Estados Unidos, la idea de un ejército permanente resultaba un horror para las élites –que lo habrían tenido que mantener con sus impuestos-, que denunciaban la “vagancia natural” de los soldados y el peligro que representaba para la libertad la existencia de un nutrido grupo de hombres armados acostumbrados a cobrar del gobierno). Curiosamente, tampoco suelen protestar contra los administradores de los colegios públicos, responsables muchas veces de los males que se achacan a la educación pública: a quien se machaca es a los profesores.

 

Soluciones

Graeber se pone un poco remilgoso para dar soluciones (él ha venido a hablar del problema), pero finalmente se decanta por una Renta Básica Universal incondicional. El Trabajo Garantizado, en cambio, le parece que acabará en una orgía de bullshit jobs, con la gente haciendo cosas innecesarias pero bajo presión de una burocracia estatal inmensa en vez de bajo presión del mercado. La RBUI, en cambio, no conllevaría una burocracia y liberaría a la gente de la necesidad de aceptar cualquier trabajo.

Por desgracia, la RBUI no la lleva ya ningún partido en su programa, y los sucedáneos no parece que sean la solución. Hoy por hoy parece que lo más realista a lo que podemos aspirar es a una semana laboral de 35 horas. ¡Incluso si todos los curritos españoles redujeran su jornada en una octava parte, seguiríamos trabajando más horas que los curritos alemanes! Sin embargo, nuestro querido Presidente Vacío está siguiendo punto por punto el manual del gobernante español (punto primero: hazte con el poder ilusionando a los jóvenes; punto segundo: retén el poder sacrificando a los jóvenes en el altar de las pensiones) y no querrá exponerse al inevitable si trabajamos menos, ¿quién pagará las pensiones? De los partidos que se disputan a cara de perro el voto rentista, mejor ni hablar. Eliminada pues la guapocracia, solo nos quedan los Feos.

 

Feos de taparse, pero con un programa que enamora.

 

Pequeña curiosidad histórica: en los albores del movimiento obrero, había una clara divisoria entre los sindicatos. Los de inspiración comunista solían perseguir mejoras de sueldo para el mismo trabajo, los de inspiración anarquista buscaban reducciones de jornada para el mismo sueldo. Es decir, que en esto del trabajo, el comunismo actúa como un calco del capitalismo: habrá diferencias sobre cómo repartir la riqueza, pero de echar horas no te libras (bueno, tampoco es que sea para tanto: ellos hacen como que nos pagan, y nosotros hacemos como que trabajamos, como iba el chiste en la URSS). Pero el comunismo en España, recordemos, siempre fue una cosa más bien reducida (y buena parte de esa militancia encima solo estaba a lo que estaba), pero los sindicatos anarquistas llegaron a tener millones de militantes. Incluso quitando a los que solo estaban ahí para metel.la, nos sale un sustrato anarquista importantísimo en la sociedad española. Así que desde aquí animamos a PABLO a aparcar los manuales del PCE y a convertir las 35 horas semanales en la bandera para las próximas elecciones generales. Porque gracias al peculiar celo con que nuestras élites nos han impuesto el Evangelio del Santo Trabajo, redentor de hombres y pecados, hay una marea silenciosa esperando al político que salga y diga al fin que esto de trabajar es una necesidad para poder comer pero por lo demás una mierda como un piano. Como español cuyo despertador suena entre semana a las 6:05, mi voto lo tendría fijo.


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  1. Comentario de Intelestual (10/08/2018 22:21):

    El escritor de este libro si que ha hecho un bullshit Job. Se lo va a comprar su Puta madre.

  2. Comentario de Eye (10/08/2018 23:11):

    A mí el tema del artículo me pilla un poco lejos porque toda la vida he sido trabajador manual, y producir alimentos tiene una utilidad social obvia. Pero vamos, sé que existe… Y en verdad os digo que el día que yo mande todo el gremio de telemarketing acabará en el gulag.

    «Los de inspiración comunista solían perseguir mejoras de sueldo para el mismo trabajo, los de inspiración anarquista buscaban reducciones de jornada para el mismo sueldo».

    Oh, el propio Lenin ya dijo claramente que «el que no trabaja, no come», aunque la frase viene de las epístolas de San Pablo.

    «porqué seguimos esencialmente con la misma jornada laboral que en 1930, cuando el aumento de la productividad debería haberla reducido a 15 o 20 horas».

    Una parte grande de la respuesta es que llevamos vidas más sofisticadas que en 1930. Las necesidades básicas están cubiertas para casi todo el mundo, pero nos inventamos más.

  3. Comentario de Mr. X (11/08/2018 07:34):

    Como chupatistas en la sede madrileña de una multinacional, me ha encantado el artículo. Tras pensarlo, creo que mi actividad se engloba en el campo de “Duct tapers”, en tanto que con una organización más eficiente sería absolutamente innecesario, aunque me rodean diariamente ejemplos de todos los demás.

  4. Comentario de Oliveral (11/08/2018 16:18):

    Muy de acuerdo con el libro en términos generales. Salvo con una cosa: los profesores, en su mayoría, tenemos trabajos bullshit. El mío, como una catedral, desde luego.

  5. Comentario de Greñas (11/08/2018 17:42):

    Antes de que los comentarios degeneren en el monotema venezolano (que pasará), diré que estoy totalmete de acuerdo con lo que dice el autor del libro. Trabajando como asalariado en una pequeña empresa familiar dedicada a la transformación de productos agrícolas fuimos “comprados” por una gran multinacional. Tras la compra el trabajo era el mismo, pero el tiempo dedicado a reportes, redacción de protocolos, solicitudes internas, etc creció exponencialmente. Me asombraba la cantidad de “managers” y “assistants” que había pidiéndote cosas absurdas para justificar su propio puesto de trabajo y sin tener ni idea de cómo se trabajaba realmente “a pie de obra”. Desde el punto de vista de un paletillo de provincias ese sistema es inoperante y poco efectivo, además de ralentizar y burocratizar todo hasta límites insospechados. En campaña podíamos llegar a contratar entre 40 y 50 personas para un periodo de unos 15 dias, y tres meses antes ya pedían la documentación, fechas de incorporación, fecha de baja, etc de todo el personal. Cuando les decía que hay cosas que dependen del calor que haga, de la lluvia, o de otros factores no cuantificables las neuronas les cotocircuitaban.

    Por otro lado cuando he leido la idea de cómo se construye la sociedad, y lo del resentimiento, no he podido por menos de acordarme de tres desgarramantas de Barakaldo que en 1986 decian exactamente lo mismo, pero condensado en poco más de minuto y medio.

    Nada más nacer empiezan a corrompernos,
    crecemos y envejecemos en absoluta sumisión.
    No hay amigos ni enemigos, lucha necia.
    ¡Todos contra todos!
    Los que trabajan se olvidan de los parados
    y los que están libres de los encarcelados.
    No hay amigos ni enemigos, lucha necia.
    ¡Todos contra todos!
    ¿De qué nos sirven manifestaciones?
    ¿De qué nos sirven huelgas generales?
    ¿De qué nos sirven? ¡No sirven!
    Nada más nacer empiezan a corrompernos,
    eso nos demuestra que somos anti todo.
    No hay amigos ni enemigos, lucha necia.
    ¡Todos contra todos!
    https://www.youtube.com/watch?v=fOKV38C3DL8

    Hale, ya pueden empezar ustedes a dar la matraca con Maduro, Venezuela, la CUP o los folla cabras arabo-hebreos (hace mucho que no se toca ese tema).

  6. Comentario de taalet i dolçaina (11/08/2018 18:02):

    Mi experiencia 12 años ya cotizados de mis 36, es que empresas PYME o autónomos no tienen tiempo ni recursos para perder el tiempo. Administración Pública, se ha montado para que un % de trabajadores se dediquen a pasarse montañas de papel, sin ningún sentido. Ejemplo Ayuntamiento pequeño solicita subvención para obras de reformas de calles, el arquitecto municipal redacta la memoria valorada y proyecto y se envía a Diputación (en formato digital) para aprueben la solicitud. Al mes dicen que el formato enviado no vale que se remita 3 juegos en papel (si en pleno s. XXI) el auxiliar administrativo se tienen que comer una mañana haciendo la copias, como los planos son en formato mayor al A3 y el ayuntamiento no dispone de impresora para esos formatos tiene que buscar un establecimiento donde le hagan las copias. Como tiene que salir de dependencias debe solicitar por escrito permiso al responsable de personal, este por escrito le debe de contestar, como en la imprenta no fían solicita a intervención dinero para el pago de las copias, intervención le dice que le debe presentar antes un presupuesto y confirmado con firma del técnico responsable y el responsable de hacienda, ……………
    Este ejemplo lo he vivido en primera persona, al final se llevaron las copias y después de de un par de reenviós de documentos chorras concedieron la subvención. En ningún caso vino ningún técnico de Diputación (unos 45 minutos de coche) a revisar lo que se ha hecho pero papelitos y acuses todos los que ustedes quieran.

  7. Comentario de Intelestual (11/08/2018 19:24):

    Yo soy taskmaster con mas de 10 años de experiencia y lo considero el trabajo más importante de una compañía. Al final, el que maneja el látigo, marca el ritmo. Y no se trata de el que da más o el que da menos, sino del ritmo justo. Hay gente que si le aprietas demasiado para, por mucho que sigas latigando, y gente que si no le “das” bastante, se toca el papo todo el día, que google da para mucho.
    En definitiva, un buen líder es la diferencia entre las empresas buenas y las malas. Es más, más que un buen lider supremo, la diferencia la marcan los lideres intermedios.

  8. Comentario de Mr. X (11/08/2018 19:46):

    “Comentario de Intelestual (11/08/2018 19:24):

    Yo soy taskmaster…”

    Yo, sinceramente, pensaba que vivía en un contenedor.

  9. Comentario de Pablo Ortega (12/08/2018 03:05):

    No se preocupen con el tema Venezuela, que los voy a dejar tranquilos porque son caso perdido.

    Eso sí, si por casualidad logramos salir de este pudridero, Venezuela va a ser la Polonia latinoamericana. La izquierda será rayada y detestada de forma casi unánime. El legado del comandante eterno.

    Ya los veo diciendo que con el comunismo Polonia estaba mejor que ahora… es lo habitual de ustedes. Y ojo que dije POLONIA. Me da igual lo que haya pasado en Rumania, Bulgaria o los nostálgicos de Alemania del Este. Así que ni se molesten.

  10. Comentario de Pablo Ortega (12/08/2018 03:13):

    “o los folla cabras arabo-hebreos (hace mucho que no se toca ese tema).”

    En efecto, hace mucho que no se habla de ellos. Y ya que vamos a hablar de los árabes, hablamos también de Bizancio, que nos hace falta.

    Aprovecho para invitar a los ilustres editores de LPD a que haga una crítica de “A la sombra de las espadas” de Tom Holland, es casi el único gran libro de Holland que falta por reseñar aquí y nos serviría perfectamente para hablar sobre el Imperio romano de Oriente, Mahoma, Alí, León el Isaurio y su puta madre.

  11. Comentario de Greñas (12/08/2018 17:46):

    Sin acritud.
    https://www.youtube.com/watch?v=rzAsQqDbwHc

  12. Comentario de Iván (12/08/2018 18:06):

    Pues siempre está bien que alguien conocido enuncie en voz alta algo que por observación plena, muchos callan, y otros se ganan a pulso juicios sabidos desde bien joven por decirlo: que trabajar no es vivir. Y a partir de esa máxima el trabajo debería ocupar el lugar exacto, que nunca ha ocupado.

    Saludos

  13. Comentario de djiaux (12/08/2018 20:34):

    Bueno, pues yo soy programador (80% duc taper, 20% trabajo real), trabajo como consultor y he estado en muchas IBEX.

    Solo diré m e l e t a, asintiemdo todo el rato he estado y añado que como muchos bulshit jobs se subcontratan se generan aún más (los de los empleados de.la empresa).

    En fin, de lo que más me ha gustado de LPD sr Jenal

  14. Comentario de Latro (13/08/2018 11:16):

    Lo del “bullshit job” sirve para explicar una de las grandes paradojas de mi trabajo.

    Trabajo como informatico pero en “outsourcing”. Que significa que realmente yo trabajo para la empresa X, pero la empresa X no me contrata, le contrata el servicio a mi empresa y esta me contrata a mi para… hacer un puesto exclusivo para X.

    En las milongas empresariales que te cuentan te diran 4000 pistoladas sobre que si eso es dedicarse a lo que es la “razón de ser de la empresa” y no tener un departamento de informática muy grande cuando tu fabricas televisores o lo que sea. Pero cualquier análisis objetivo del asunto te desmonta eso en 5 minutos. Porque lo que has ganado en “dedicarte a tu negocio” ahora lo has perdido porque has tenido que crear dos capas de “bullshit”, dos capas de gerentes, reportes, project managers, helpdesks, mierdas varias para hacer la interfaz entre las dos empresas.

    ¿El beneficio? El beneficio es que al currante le contratan por menos pasta, claro. O se llevan el trabajo a la India donde cobran mucho menos (o a España, que por que si no iba yo a tener curro), y de esa tajada es que parte la gastas en montar la “grasa” intermedia, y parte te la llevas cruda como accionista.

  15. Comentario de antonio (13/08/2018 14:26):

    5.
    ”¡Todos contra todos!”¡Todos contra todos! ¿De qué nos sirven manifestaciones ¿de qué nos sirven huelgas generales?”
    De un win-win a un lost-lost. Sus desgarramantas de Barakaldo sintetizan al dedillo como esta (sigue estando) el patio, hoy. Pero por aquello de no entrar en un ‘esto no hay dios que lo cambie’, y si le sirve de algo, sólo recordar que ‘esto’SI SE PUEDE (copyright P.Iglesias) cambiar, y que si los de Barakaldo ven ese ‘todos contra todos’’, lo están notando en un sitio y momento determinado, y no en otro: en Spain, 1986, con un F. González neoliberal empezando ya las reconversiones-privatizaciones industriales, también en el P. Vasco. Están en el inicio de ‘revolución de las elites’ occidental R. Reagan, Thatcher, Consenso de Washington,etc..….. Es la cuesta abajo desde los 80. Es decir, si su Eskorbuto sale a la vida musical en, p.ej, Holanda, en 1960, en plena ascensión (el paso adelante hasta los 80) del presente ciclo del Capital, paso en el que se producía un PIB anual alto, casi pleno empleo, salarios elevados,boom demográfico, etcpuede que su canción más TOP y recordada por ud. hoy tuviese un tono algo más radiante. Que yo sepa, terminará este momento lost-lost (todos contra todos, y todos pierden,).y, perdiendo, además, entre toneladas de bullshit jobs, tal como dice D.Graeber. Volverá el win-win, pero no será mañana a las 9,00 h.

  16. Comentario de E.coli (13/08/2018 16:09):

    Algunos apuntes:
    1-Pensaba que Eskorbuto eran de Santurce.
    2-Una revolución conservadora ¿no es una reacción por definición?
    3-En la proliferación de los curromierders, ¿no influye mucho la deslocalización de industria y hasta cierto punto agricultura? Entre las 10 bestias industriales de hoy figuran China, La India, Méjico, Brasil… Europeos sólo Alemania. Bueno, y Rusia.
    4-Esto a su vez, ¿No se debe al profundo cambio experimentado a primeros de los 70? Ralentización del crecimiento, instauración del petrodólar, crisis cultural en occidente, etc., se podría elaborar una larga lista de fenómenos. Para finales de la década la proporción de rentas entre capital y trabajo se desplazan progresivamente hacia las primeras y así hasta hoy. También, y es muy significativo la deuda se empieza a despegar del crecimiento, las expectativas se vuelven irreales respecto a la posibilidad real de la economía de expandirse. Se puede formular la hipótesis de que las alta clase empresarial logró recuperar e incremental su porcentaje de renta a base de puentear la organizada clase obrera de occidente. Estos estaban preparados por otro lado para reclamar (como se menciona en el artículo) dinero, no ocio. Hubieran tenido que cambiar todo el esquema vital.

  17. Comentario de E.coli (13/08/2018 16:17):

    Porque aquí hay una cosa, si se hubiese disminuído la jornada de trabajo, se hubiese disminuído también el paro ya que en mi opinión la deslocalización durante décadas ha sido mayor que la automatización, ahora, ¿no habrían tenido que disminuir también los salarios?¿cómo se balancean unos rendimientos decrecientes con una población en aumento y la necesidad de dirigir capital a nuevas inversiones? Podríamos encontrarnos con una clase trabajadora a 4h porponer por caso, dirigiendo parte de su ocio a procurarse bienes de forma directa con agricultura, bricolage, etc.

  18. Comentario de Eye (13/08/2018 20:50):

    Anda, Eskorbuto…¿Dónde está el porvenir que crearon nuestros viejos? ¿Es acaso esta mierda que vivimos?

    «2-Una revolución conservadora ¿no es una reacción por definición?»

    Pues fíjese, yo creo que hoy en día no. Se siguen llamando “conservadores”, pero la idea de defender unas normas sociales estrictas y la tradición cultural cristiana es más bien una reliquia que casi nadie se toma en serio. De verdad, no hay que hacer mucho caso a los que reclaman patria y leyes viejas, porque son cuatro gatos sin posibilidad de influir en el curso general de las cosas. Conozco a bastante gente de derechas, como todos, y ninguno va habitualmente a la iglesia; en las ocasiones para lucirse, y eso como mucho.

    Ya dijo Jesús que no se puede servir a Dios y al dinero; así que, como somos gente práctica, hemos elegido la segunda opción. El programa real de los “conservadores” desde los tiempos de la Tatcher es el parné, es decir, facilitar al máximo la generación, circulación y concentración de parné: intervención estatal mínima, fuera fronteras ­–para el parné–, competencia feroz de todos contra todos, fetichismo por los avances tecnológicos… Y como buenos revolucionarios crean un discurso utópico en torno a esto –“el futuro será mejor mañana, esos problemas de los que usted me habla no existen”–, y están decididos a aplicarlo sin pensar en las consecuencias. De hecho uno puede interpretar la guerra de Irak como una guerra revolucionaria, un intento –muy, muy torpe– de imponer allí los puntos básicos del programa y ver cómo su supuesta bondad intrínseca creaba de la nada un país nuevo y mejor.

    La izquierda, actualmente, es conservadora. Se aferra a los restos del estado del bienestar que aún no han dinamitado los “conservadores”. Sueña con un mundo a escala local, con sus edificios históricos y sus pequeños agriculores y tiendas de barrio, que ya está casi extinto y que los cambios tecnológicos y las circunstancias económicas hacen imposible recuperar. Y ya no hay, a decir verdad, un gran programa que vaya más allá de carriles para bicicletas y semáforos con falda: joder, si nos cuesta menos imaginar un holocausto zombi que el fin del capitalismo… Los “conservadores”, en cambio, sí tienen un modelo de sociedad muy claro al que llevarnos. Y ahí vamos, queramos o no.

  19. Comentario de antonio (13/08/2018 21:44):

    16.
    Dado que pregunta,
    1.- Eskorbuto.- Puede que sean de Santurce. Npi.Poco musical yo (canal auditivo escaso) no paso de Sidonie, Novedades Carmiña y …Alizee. El amigo Greñas lo sabrá.
    2.- Si, una revolución conservadora suena a contradicción teórica. De todos modos, es el nombre habitual como se le conoce en los medios e intelectuales progres a la reacción(si, lo es) de los Reagan, Tatcher, etc..Que los académicos justifiquen su sueldo con la palabreja.
    3.- Bullshit jobs, curromierdas. Pasopalabra. Puede que si esta descendiendo (lo hace) la PTF (productividad total de los factores de producción) en toda la OCDE desde hace varias décadas, eso este afectando al trabajo y su calidad. En plata: cada vez se fabrica peor, con menos rendimiento, productividad, etc… Cuidado, esta caida de la PTF no quiere decir que los iphones de hoy no sean mejores que la telefonía fija de los 80, sino que, si se mantuviese la productividad industrial anterior a esa fecha, deberían ser MUCHO MEJORES. Y es probable que el factor trabajo, por ese mismo motivo, este yendo a peor, en todos los aspectos.
    La cosa esta asi.
    Alégrese un poco con los Coldplay hispanos. Esta canción, creo, es tan buena como el ‘Viva la Vida’. Coldplay, por cierto, que ,de un modo inesperado y grato,indican en ella la mejor solución para los Bullshit Jobs y otros problemillas derivados de esta no-revolución conservadora.

  20. Comentario de antonio (13/08/2018 21:52):

    La cancioncilla,the song.Adecuadada para eses Lunes (y Martes,etc..)en bullshit jobs…..Sidonie
    https://www.youtube.com/watch?v=JY5IjZiRPVA

  21. Comentario de E.coli (13/08/2018 23:04):

    Explico por qué hablo de reacción:después de la 2GM se implantó un modelo de corte digamos keynesiano con plena participación de las organizaciones obreras en la vida económica. En este contexto se produce la reacción neoliberal (ver la cueva de monetaristas y austriacopitecinos que es Mont Pelerin)de tomar al asalto el Estado, no se trataba de resucitar el viejo liberalismo del s. XIX sino de usar la palanca pública en favor de sus intereses al modo que lo venían haciendo partidos y sindicatos de izquierda, se habla mucho de desregulación pero el peso del estado en la economía sigue siendo gigantesco, en EUA o Japón debe de rondar el 38%, en la UE de media el 46%.Pero vaya, tal y como dicen ustedes es ciertamente toda una revolución con destino a la pluma de Dickens.
    Y sí, los conservadores son buena parte de la izquierda en plan virgencita que me quede como estoy.
    Así me han dejado Vds:
    https://www.youtube.com/watch?v=a8Dhzm3f1UE

  22. Comentario de Tipo Distante (13/08/2018 23:16):

    Por lo pronto dire que muchas infraestructuras de sibreria se hicieron con gulags. Que luego se lo traga la naturaleza, obvio, alli no vive ni el tato y las tormentas son de aupa. Pero lo normal es que sí fueron utiles para la sociedad, aunque no para los presos, porque cuando acababan unas hacian otras o reconstruian las que habian hecho.

  23. Comentario de Mauricio (14/08/2018 10:36):

    Otro que ha descubierto la sopa de ajo. Al final, esto no deja de ser lo de “si nos organizamos, follamos todos”. Y ahí está el feo de los Calatrava, que sí, que tiene un corazón de oro, pero va y convence a la Joly que en lugar de Brad Pit le ha tocado este. Siempre hay gente que comprara la mercancía averiada que es posible ser el feo de los Calatrava y follar como Brad Pit ¡y sin tener que salir a ligar, ni pisar un gimnasio! y su versión más naif que pretende que cuando nos liberemos de la dictadura de Hollywood, los estereotipos, el consumismo, no veremos diferencias entre Scarlet Johanson y Terelu Campos.

    Todo explicado de forma muy divertida y con “datos” tan absurdos como que con el aumento de la productividad desde 1930, deberíamos trabajar menos ¡Cómo si ahora se consumiera lo mismo que entonces! O la ley de hierro de la burocracia que es de la oligarquía pero que deformada viene bien para cuadrar el circulo.

    Pues sí, hay ineficiencias, jefes malos, vagos y tios que no dan el sello. Ayer y hoy. En lo público y lo privado y contra más grande es la organización más difíciles son de detectar. Por eso a pequeña escala, no hay bullshit works, ni funciona el comunismo. Claro que la mitad de los casos que dice se refieren a tipos que no saben para que sirve su trabajo, ni falta que les hace. Una organización necesita control y evaluación porque todo aquello que no se puede medir, evaluar, no se puede gestionar. Pero al administrativo enemil, cree que debería hacer las cosas de otra manera y que el responsable para Europa de HP no tiene ni idea de lo que se lleva entre manos, como, también, cree que contra Rusia debería haber jugado Aspas y no Costa.

  24. Comentario de Tipo Distante (14/08/2018 12:59):

    En cuanto al señor de los latigos, la diferencia entre un esclavo y un mercenario es que a uno lo convences con el latigo y a los otros con cofres de dinero.
    Por tanto el taskmaster es tan importante en una empresa como sus ganas de no soltar billetes.

  25. Comentario de emigrante (14/08/2018 13:56):

    Como veo que todo el mundo está bastante de acuerdo, con la habitual excepción de Mauricio, voy a jugar a hacer de abogado del diablo en defensa de los bullshit jobs.

    Antes que nada corregir un dato, eso de que trabajamos las mismas horas que en 1930 es falso. En realidad trabajamos el doble, entonces bastaba con el sueldo del cabeza de familia para mantener a una numerosa prole. Ahora tienen que trabajar los dos miembros de la pareja y apenas consiguen tener un hijo o dos.

    Parece que la crítica está enfocada desde la óptica calvinista puritana que parte de la obligación moral de hacer algo útil para la comunidad. Y eso en una sociedad que siempre ronda el pleno empleo. Nuestra cultura católico-latina es más del “ande yo caliente…” quiero decir que el objetivo del trabajo es llevar un sueldo a casa, con eso ya se siente uno realizado. Y eso pasa porque en estas latitudes la vida gira entorno a la familia. Si haces que tu carrera sea lo que da sentido a tu vida entonces es normal que vengan las frustraciones si en lugar de triunfar te ves atrapado en un puesto mediocre de burocrata. Para el españolito normal un puesto donde se cobra sin hacer nada es un sueño, vivan las mamandurrias.

    Si las empresas tienen mucha burocracia es porque se lo exige el gobierno. La administración pública es el culmen de la burocracia. Un monstruo que todo lo ve y todo lo controla y que por sus venas corren papeles sellados. Pero el control es necesario, sin él las empresas destruirían el medio ambiente, explotarían a sus trabajadores y estafarían a sus clientes sin control. La burocracia es una guerra de empresas contra el estado en la que en lugar de soldados hay abogados. Otra cosa es que algunas de las más grandes hayan aprendido a hackear el sistema con las puertas giratorias.

    Hay un factor psicosomático que puede influir mucho en la valoración del trabajo. Las actividades manuales donde uno se está moviendo todo el rato, el ejercicio, generan endorfinas y eso le ponen a uno de buen humor. En el campo y en el andamio es habitual que la gente se ponga a cantar mientras trabaja, lo hacían incluso los esclavos negros. El sedentarismo produce depresión y eso hace que uno valore de forma negativa lo que hace. Pero seguro que el barrendero que hace algo muy útil y necesario mira con envidia las oficinas mientras se le hielan los pies y le duele la espalda.

    Y por último, parece que hay mucho informático con un bullshit job. Yo a los informáticos los tengo por una especie de conserjes digitales. El conserje es un señor que está todo el día mirando y sólo trabaja cuando lo llaman para arreglar una cerradura o un grifo que gotea. Pues lo mismo pero con el software y los ordenadores, y el resto del día se dedica a hacer bullshit.

  26. Comentario de emigrante (14/08/2018 14:10):

    En cuanto al punk ochentero, a mí me tiraban más los gallegos que los baskos https://www.youtube.com/watch?v=7HH8VflY3-o

  27. Comentario de Mochuelo (14/08/2018 16:29):

    Básicamente la tesis sería que podríamos trabajar menos horas y ser más felices
    Correcto. Cómo administrativo en gran compañía diré que efectivamente gran parte de todo lo que veo a mi alrededor se podría hacer en 5 horas pero cualquier reducción en ese sentido supongo que eso supondría no contratar más sino despedir más

  28. Comentario de Mochuelo (14/08/2018 16:30):

    Perdón por la redacción. Escribir en móvil me está empezando a avergonzar

  29. Comentario de Mochuelo (14/08/2018 16:39):

    Perdón por la redacción. Escribo desde el móvil y tumbado saliendo de la siesta…vamos sufriendo las consecuencias de la irresponsabilidad de tener vacaciones

  30. Comentario de Lalo (14/08/2018 18:01):

    Mochuelo eso dependería de la legislación. En el caso de que como en Francia la jornada fuera de 35 o incluso menos horas no podría darse el despido. Al final todo depende de las normas que nos regulan y gobiernan.

    Es interesante el concepto del libro pero sin ser calvinista, el trabajo como elemento dignificador vital viene de antaño y ya fue apuntado por ek propio Marx, y lo ha esbozado jenal en su libro. La necesidad de tener un rol social q le identifique a ojos de los demás, de la sociedad. Como animales gregarios necesitamos tener un rol en los grupos de modo q nos defina y permita que los demás nos definan y en función del mismo el trato varía. Alguien puede ser una persona muy inteligente pero si no trabajo será considerado y tratado como un paria, y viceversa, un tarado, como el orgulloso taskmaker, puede ser alguien débil mentalmente frustrado y acomplejado pero si tienen trabajo q le pone en un rol social por encima de la media con el sueldo correspondiente se lo creerá al ver que los demás le tratan con un respeto q jamás por si mismo alcanzaria.

    Yo por ello no soy un partidario de la renta universal.por está razón y porque supone una estandarización dela pobreza y sería ek último paso hacia una sociedad estamental absoluta. Es un tema interesante y digno de artículo. Me parece más o teresanteel trabajo garantizado.

    Que hay un exceso de horas lo sabe cualquier asalariado a no ser que sea un torpe o un pelota redomado para el que la adulación y los contactos forma parte indispensable de su jornada laboral, normalmente van unidas ambas características.

    Eskorbuto eran unos puntos genios.como ya he apuntado por aquí en varias ocasiones. El nihilismo absoluto y profundo lleva a la genialidad y la locura.

    Emigrante estoy muy de acuerdo en su observación sobre los beneficios del trabajo físico. No lo estoy tanto en su tesis sobre la demanda por parte del estado de una burocracia paralela aunque reconozco que impone la creación de ciertos puestos q se adapten a las dinámicas estatales regulatorias

  31. Comentario de Eye (14/08/2018 20:37):

    «hay un factor psicosomático que puede influir mucho en la valoración del trabajo. Las actividades manuales donde uno se está moviendo todo el rato, el ejercicio, generan endorfinas y eso le ponen a uno de buen humor. En el campo y en el andamio es habitual que la gente se ponga a cantar mientras trabaja».

    Doy fe de esto. Bueno, al empezar una mañana de enero no estás exactamente de buen humor –aunque para coger ánimos en Valencia tenemos la costumbre del “barretxat” del desayuno–, pero sigo prefiriéndolo a estar encerrado y sentado delante de un escritorio. Hay personas para todo, claro: también encuentras a gente que se diría que ha nacido para la oficina, aunque a mí eso así de entrada me parezca un purgatorio.

    De todas formas, creo que las labores manuales tienen otra ventaja más clara: normalmente uno está trabajando con cosas concretas, que mira y toca y transforma con las manos. Y en muchos lugares incluso puede ver el proceso en su conjunto y el resultado final. Eso aporta cierta satisfacción y te hace sentir parte de algo útil. Creo recordar que Erich Fromm hablaba sobre ello en alguno de sus libros.

    De hecho, en una almazara o en una granja de cabras uno se pregunta muchas cosas, pero esa idea de que su trabajo es absurdo e irrelevante para la sociedad ni se le ocurre. La gente necesita comer. Sin taskmasters quizás volveríamos a la eficiencia industrial de 1920, pero sin albañiles, labradores, mecánicos, obreros de fábrica…, retrocederíamos directamente al paleolítico. Incluso siendo barrendero te queda ese consuelo: es una faena con poco glamour, y bastante deprimente porque te hace ver lo adanes y negligentes que somos, pero tiene una utilidad obvia. Y durante una huelga de barrenderos hasta las calles más exquisitas de Marbella se llenan de mierda.

  32. Comentario de Intelestual (14/08/2018 22:12):

    Realmente “los conservadores” no nos llevan. Vamos bien a gusto con nuestros iPhones en la mano.

  33. Comentario de Bunnymen (15/08/2018 13:08):

    Yo seria un mixto (85% duc taper, con un 15% de taskmaster a mi pesar) como el sándwich jamon y queso o una lata de cerveza con limón.

    En mi 15% de obligaciones taskmaster es obviamente 100% tiempo inútil, tiempo que jamás volverá perdido con otros taskmaster (100% puros) hablando de cómo la junta de la trocola puede implementarse para la optimización productiva de recursos. O sea, hacer el gilipollas en salas de reuniones.

    Y en mi tiempo duc taper, pues basicamente como #13 (djiaux) compartiendo sus porcentajes (80% duc taper, 20% trabajo real)

    Que deberían ser al revés (20% duc taper, 80% trabajo real) pero debido al exceso de puestos taskmaster y ambiciones y envidias entre ellos derivan en hacer la mayoría de nuestro trabajo un apaga fuegos de las situaciones que ellos mismos provocan al querer quedar bien con su correspondiente taskmaster superior (pues en organizaciones grandes todo taskmaster tiene sus taskmaster, haciendo que la antigua palabra “jefazo” pierda su significado si no ere Emilio Botín (DEP))

    Los proyectos en este sector se da que además suelen ser multi empresa que deben colaborar (colaborar = echarse mierda unas a otras como hijos de puta cuando todo arde debido a unas expectativas irrealizables), cada una con sus tropas taskmaster supurando bilis y sus pringados duc taper llorando sangre.

    Taskmasters que en general como dice #5 cortocircuita cuando se les expone un argumento no cuantificable en Excel. Conscientes de su desconocimiento (en las areas técnicas y de negocio) que genera gran carga de trabajo inútil (bullshit) a base de reuniones inútiles, ahora llamadas “calls”, puntos de control innecesarios, etc. para justificar su puesto.

    En fin, que trabajar es muchas veces un sinsentido. Y luego la gente con diez apellidos vallisoletanos se apunta a Al Qaeda para disparar un arma de frabricación suiza a catalanes que resultan ser de Ciudadanos y nos extrañamos.

  34. Comentario de Bunnymen (15/08/2018 14:42):

    Mauricio,

    ¿Que ostias nos cuentas del responsable para Europa de HP?. ¿Para esa mierda neocon de basurilla has quedado?. ¿Acaso eres de esos que han dejado el PP para irse con los de Ciudadanos como un mariquita?, ¿y tu te llamas a ti mismo Español?

    No me sea melindroso a estas alturas y empieza desde el principio. Explícanos como el Rey (ora campechano, ora preparado) nos sirve a todos como embajador de España y como conseguidor de contratos e inversiones extranjeras para las empresas españolas. Que los profesionales no tienen ni puta idea de quien saca la pasta para todos aquí y quien les da de comer.

    Y que alguien por favor diga algo de que aquí todos tiene un IPhone… ah ya está, gracias #31, manténgalos a ralla.

  35. Comentario de Mochuelo (16/08/2018 16:05):

    Por Iphone también valdrá un bq que se apaga y enciende según su propio criterio supongo. Si, todos estamos vamos encantados a lo mismo si

  36. Comentario de Tipo Distante (16/08/2018 18:54):

    La automatizacion del trabajo ha derivado en la bullshitizacion de los trabajos. Lo unico que queda en españa en concreto son trabajo que por tamaño de empresa no han podido automatizarse y trabajo servicio que son de por si un sinsentido (o una parasitacion del trabajo de otros). El sector hostelero al completo es un trabajo de sirvientes y por tanto bullshit.
    Los sectores industriales a dia de hoy tienen mas trabajos relacionados con el marketing y el diseño de marca que la produccion, siendo por tanto bullshit.
    Los sectores agricolas tienen una capacidad de transporte medieval motorizada, en vez de ser transportado por carros tirados por burros es transportado por carros conducido por burros. El tren es para parguelas.
    Nuestros sectores energeticos y telefonicos tienen una cantidad de bullshitjobs infame, no se dedican a reparar mas que lo minimo con intinerantes que parchean lo roto, mientras tienen a decenas de gente muerta de hambre intentando venderte nuevos contratos y programas para las averias. Mientras dilapidan las ganancias en fantasias colada por 4 brokers como lacalle.

    Subid el sueldo a todo el mundo hasta que les sobre dinero y no se deprimiran. En vez de filosofar sobre la utilidad de la vida.

  37. Comentario de Dubitador (16/08/2018 20:16):

    El comentario de 25 emigrante es muy bueno :-)

    http://www.lapaginadefinitiva.com/2018/08/10/bullshit-jobs-david-graeber/#comment-74472

    Como abogado del diablo le ha salido un comentario muy diabluno:

    a) Al españolito lo que le importa es llevar un sueldo a casa, nada de sentirse realizado por una gloriosa carrera laboral, asi que ¡Viva las mamandurrias!

    b) Trabajamos el doble, pues ahora han de que trabajar los dos para producir un solo hijo o dos.

    Lo de que la burocracia de la empresa privada es culpa del gobierno, o que los informaticos solo producen cuando se les llama para recomponer la impresora cascada por el manazas de turno, no alcanza el grado de regustillo neolib que esta definitiva pagina requiere.

  38. Comentario de Intelestual (17/08/2018 07:07):

    Al final los únicos trabajos de calidad van a ser el de periodista y el de prostituta.
    Y al que le parezca que le explotan en el trabajo y que “esto no es vida”, 2 cosas:
    1-Haber estudiado más.
    2-Ponte tu propio negocio.

  39. Comentario de Tipo Distante (17/08/2018 08:30):

    Haber estudiao como casado
    Haber montao tu negocio con trabajos de 600 pavos.
    Si eres pobre es culpa tuya XD.

    Mae mia que caricatura de persona.

  40. Comentario de Mr. X (17/08/2018 08:41):

    Periodista, si hombre. Es un gremio de los que, por asuntos profesionales, conozco bastantes de mi generación. Un empleo de calidad donde te pagan veinte euros por artículos de quinientas palabras, y no digo en una revista digital, sino en prensa de difusión nacional. Resultado: que los textos son copias de copias de copias de traducciones (que quizás sean también copias), porque se hacen a destajo.

  41. Comentario de Lluís (17/08/2018 08:48):

    #38

    Estudiar ayuda, eso es cierto, en el extranjero te reciben mejor. El problema es que cada vez se complica más eso de estudiar si en casa no hay dinero. Y si te quedas, por cuatro duros, a menos que tengas buenas influencias.

    Lo de poner tu propio negocio es lo que quiere que hagas el poder actual. Con cero derechos, y fomentando el individualismo, no sea que hagan como los taxistas y monten un buen pollo.

    Por cierto, vd. es de los que se quejaba de los subsaharianos que vendían farlopa en el portal de su casa. No debería. Esos son sus mejores discípulos, han montado su propio negocio y se oponen frontalmente a toda regulación estatal.

  42. Comentario de Mr. X (17/08/2018 08:49):

    Mi Shangri-La profesional fueron unos años en los que fui encargado de una pequeña librería (ays, todavía sueño despierto con ella).
    Respecto a mis antiguos compañeros de colegio e instituto, el que salió, sin duda, mejor librado, a mi juicio –en lo que se refiere a la ecuación tiempo libre/esfuerzo/beneficio económico- fue uno cuyo progenitor era fontanero, que aprendió el oficio al viejo estilo, acompañando a su viejo en los avisos, y ha heredado su puesto, por así decirlo, en el ecosistema laboral.

  43. Comentario de Mauricio (17/08/2018 10:45):

    Emigrante,

    En 1930 los niños no daban clases particulares de piano, inglés, natación, ni llevaban iphones, ni tenían una Xbox, ni las ultimas bambas de nike, ni la gente se iba de vacaciones por el mundo, ni pagaban guarderías, ni tenían las horas de ocio que tiene ahora, etc. El problema es el consumo. Esto el chiste de Woody Allen sobre que la comida es malísima y encima las raciones muy pequeñas. Ryanair es una vergüenza pero la gente la utiliza y ha permitido viajar a gente que hace 30 años no hubiera podido. Una cosa o la otra pero las dos no puede ser y, además, es imposible.

    Me sorprende saber que la diferencia entre una cajera de wallmart en Ohio y una de mercadona de Lavapies es que la primera necesita su trabajo para sentirse realizada y a la segunda le da igual el curro porque tiene una familia y con tal de llevarse un sueldo ya es feliz…. Tópicos y prejuicios.

    Estoy de acuerdo con Lalo en que la renta universal solo supondría una estandarización de la pobreza. Además, miedo me da pensar que haría la gente con 16 horas libres al día. En un mundo ideal se dedicarían a hacer deporte, aprender a tocar el violín, colaborar con ONGs y escribir Haikus pero me temo que no sería así. Y, desengáñense, tampoco tomarían conciencia de sí mismos como si fueran Skynet y se lanzarían a la revolución. Total ¿Para qué?

    Bunnymen,

    No le he entendido pero deduzco que lo quiere decir es aquello de que en una empresa es tan importante la recepcionista como el director general, lo de la plusvalía y lo mucho que ganan algunos por hacer 4 llamadas. Lo único que puedo decirle al respecto es que los directores generales que ganan mucho por rascarse las pelotas están encantados con empleados que, como aparentemente usted, son capaces de llevar el peso de la empresa sobre sus espaladas y tirarla hacia adelante en solitario a pesar de los palos en las ruedas que sus jefes, accionistas, taskmasters y cagamandurrias varios les ponen. Siga así.

    Pero puede que le haya malinterpretado y lo que quiera decir es “¿si el rey puede vivir del cuento por qué yo no?” o es “si yo no puedo vivir del cuento, pues el rey tampoco”. Imagino el agravio que debe suponer levantarse todas las mañanas, sabiendo que ese tipo vive de su apellido, mientras que usted se lo tiene que currar para poder ganar un mísero sueldo con el que mantener a su familia. Yo, como estoy alienado, no pienso en ello y, por tanto, soy cómplice de tamaña humillación. Marx me perdone.

  44. Comentario de Lluís (17/08/2018 14:05):

    #43

    La renta básica la está defendiendo hoy gente que no es demasiado marxista. Vd. es de los que piensan que eso servirá únicamente para mantener haraganes, esa ha sido siempre la excusa de los privilegiados cuando se habla de poner algún típo de redistribución de rentas. La “subvención”, la “paga”, todo eso les causa asco, sobretodo si implica que no se pueda rebajar Sociedades o los tramos altos del IRPF.

    Se cree que todo el mundo es un vago. De esos los habrá siempre, y se las arreglarán para vivir a costa del resto. Pero habrá mucha gente que no aceptará malvivir con 500-600 € de paga y buscará ganar más dinero, aunque sólo sea para poder comprarse un nuevo iPhone. Y en el peor de los casos, se me ocurre que un tío que se pase 16 horas al día viendo la tele no aporta nada, pero es menos dañino para su entorno que un vendedor de preferentes, un gestor de fondos buitre o un especulador de futuros.

    El peligro real (aparte de que hay que poner impuestos para conseguir esa paga) es que el que la reciba estará muy poco motivado para aceptar un trabajo de 8 horas por 300 €, que es la solución que proponen algunos visionarios. Cierta clase de “emprendedores” si que tendrían los días contados, por lo menos en Occidente.

  45. Comentario de Tipo Distante (17/08/2018 16:32):

    La paga universal solo acrecenta tus virtudes o defectos. Si eres un tipo que se gasta el dinero en el casino on-line darte la paga va a servir para hacer un par de partiditas mas.
    Si eres un neonazi servira para pagar rondas en los bares y pillar uniformes.
    Si eres un putero para tener gonorrea.
    Y si eres una persona que le gusta hacer cosas para si mismo aprovecharias eso para crear una economia alternativa sin miedo a no poder llegar a fin de mes.

  46. Comentario de Kurt Cobain (17/08/2018 17:18):

    “un tarado, como el orgulloso taskmaker, puede ser alguien débil mentalmente frustrado y acomplejado pero si tienen trabajo q le pone en un rol social por encima de la media con el sueldo correspondiente se lo creerá al ver que los demás le tratan con un respeto q jamás por si mismo alcanzaria.”

    Gran verdad. No sería el primero que me cruzo así.

  47. Comentario de Cuñao (17/08/2018 22:35):

    Creyendo escribir con ironía, el tío ha dicho la verdad

    ” Imagino el agravio que debe suponer levantarse todas las mañanas, sabiendo que ese tipo vive de su apellido, mientras que usted se lo tiene que currar para poder ganar un mísero sueldo con el que mantener a su familia. Yo, como estoy alienado, no pienso en ello y, por tanto, soy cómplice de tamaña humillación.”

  48. Comentario de Cuñao (17/08/2018 23:25):

    Creyendo ser irónico se le ha escapado la verdad

    “Imagino el agravio que debe suponer levantarse todas las mañanas, sabiendo que ese tipo vive de su apellido, mientras que usted se lo tiene que currar para poder ganar un mísero sueldo con el que mantener a su familia. Yo, como estoy alienado, no pienso en ello y, por tanto, soy cómplice de tamaña humillación.”

  49. Comentario de antonio (18/08/2018 09:37):

    A propósito de las pagas: RBU o lo que sea. ¿Se debe explicar for ever- post de la Casa de Papel-, que Patricia Botín, Jordi Gual, Bbva, B. Popular, Bankinter , etc, es decir, TODA LA BANCA, esta en situación de ”PAGA ESTATAL PERMANENTE E INDEFINIDA”, por vía de su acceso al Banco Central y su cañón financiero. En situación de barra libre de liquidez, en Q.E., en ”esta ronda de pasta la pago yo”etc..,..Paga Estatal permanente, que desde el verano 2016 beneficia, además, a las empresas del Ibex35. Y solo a ellas. No hablo sólo de los rescates cuando quiebran (cada 2 por 3), o cuando están en valor igual a 6 euros (B. Popular, hace unos meses) hablo de su situación financiera NORMAL Y DIARIA, todo el jodido año: conectados y concertados al B. Central. Para la pasta que les haga falta ,burbujas incluidas, con Balances endeudados casi al 100 %, fondos propios fuera de todo índice de solvencia y viabilidad, etc.
    No es pasta infinita,no(inflación), es lo anterior…
    ¿Así que una RBU podría ser un problema, no?
    Si, en España (¿o era Italia?) hay muchos puentes y cuerdas, decía B. Mussolini.

    News: turistas españoles en Italia, dicen que puentes y resto de infraestructuras patrias están bastante mejor que las italianas, incluida la de Génova, las cuales dan bastante asquito. No hay pasta (impuestos) para ellas, ni debe haberla, pensará Andrea Agnelli, el mismo día en que paga 1.000 trillones euros por C. Ronaldo, su nuevo gladiador favorito.

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