Los Jacobinos Negros – CLR James

Este post trata sobre la colonia francesa de Santo Domingo, su explotadora economía basada en plantaciones de azúcar, su brutal régimen esclavista, y la desesperada revuelta contra ambos. No trata de la no-colonia-sino-provincia española de Cuba con su sostenible economía basada en cooperativas del azúcar, ni de su cojonudo sistema laboral que-nos-dimos-entre-todos basado en el amor cristiano y la enseñanza del catolicismo, ni de la rebelión y sedición contra el mismo desde el engaño y el odio anti-español, fruto de dejar el sistema educativo en manos de Herri Caribeak. No obstante, si en el transcurso del post surgieran similitudes y paralelismos entre Santo Domingo y Cuba, estos no son intencionados ni casuales, sino sencillamente inevitables.

 

Una gran historia

La Libertad. El gran unificador de hombres. Aquello en lo que TODOS estamos de acuerdo que es bueno y deseable. Ya si encima nos pusiésemos de acuerdo en una definición que nos gustase a todos, el mundo sería la hostia. El caso es que quienes han buscado la libertad siempre han recurrido a ejemplos históricos como la Revolución Francesa, la Revolución Americana, o la revuelta de Espartaco. Sin embargo, nadie reivindica la, en palabras de CLR James, “única rebelión exitosa de esclavos de la historia” (una de las citas más icónicas de este libro, que yo había leído hace siglos en otra parte y que desde entonces me ha tenido intrigado): la revuelta en la colonia francesa de Santo Domingo, que arrancó en 1790 a la sombra de la Revolución en la metrópolis, y concluyó en 1804 con la independencia. Entremedias, un ejército insurrecto de esclavos y huidos, los parias más parias de la tierra, dirigido por un hombre que hasta los 40 años fue esclavo y unos oficiales en su mayoría analfabetos, derribó un régimen esclavista de siglos y tumbó tres invasiones coloniales de ejércitos profesionales europeos. ¿Por qué la ignorancia? Es cierto que hoy en día Santo Domingo (Haití, por entendernos) no es precisamente un país para ponerlo en el escaparate, más bien todo lo contrario. Pero curiosamente nadie tampoco lo sacan a la palestra para lo contrario, ya saben: en Cuba no hay papel higiénico y bla bla bla. Pero decir que Haití estaría mejor si los esclavos hubiesen permanecido sumisos ya sería un poco demasiado grueso: las intenciones de cierta gente asomarían demasiado la patita.

La Revolución Haitiana, asegura James, transformó el mundo. Incluso si no hizo otra cosa, hirió de muerte a la institución de la esclavitud. Su justificación, basada en racismo rampante y Deus Vult a partes iguales, había perdido su base. Las sucesivas revueltas de independencia en Hispanoamérica todas ofrecieron emancipación a sus esclavos, de una forma u otra (algo que a George Washington o Thomas Jefferson, que montaron la suya unos años antes, no se les hubiese pasado por la cabeza ni hartos de ginebra). Apenas tres años tras la independencia, británicos y norteamericanos ilegalizaron el comercio de esclavos, y poco a poco fue llegando la abolición. Los últimos o penúltimos: los españoles en Cuba, precisamente la isla que ocupó el lugar de Santo Domingo como fuente del azúcar de Europa durante el XIX, un negocio tan lucrativo que la élite criolla prefirió quedarse con España (la independencia les habría puesto en manos de la Royal Navy, y esta habría impedido la llegada de nuevos esclavos; los ingresos derivados del comercio de azúcar por su parte fueron la principal fuente de ingreso de la Hacienda española, razón por la que ningún gobierno del XIX osó tocar la esclavitud hasta la Primera República). Pero sobre todo: a diferencia de Espartaco, Toussaint L’Overture y Jean-Jacques Dessalines, los dirigentes en los que se centra el libro, triunfaron, pero para ellos no hay película de Hollywood. Solo este excelente libro, de 1938 ya (con una curiosa referencia a Franco y Stalin en la misma frase, en plan “vaya mierda de tiempo que nos ha tocado vivir”) pero que se sigue leyendo estupendamente, escrito por un historiador caribeño, negro y trotskista tan british que trabajó como periodista deportivo cubriendo la liga de cricket.

 

Cyril Lionel Robert James también nos dejó frases como “los ricos solo han sido derrotados cuando corren por sus vidas.”

 

La heroína dulce

Todo empezó con el azúcar. En el siglo XVIII, el polvillo blanco que ahora compramos a kilo por un euro en el Mercadona hacía y deshacía fortunas. Santo Domingo tenía las condiciones ideales para su cultivo, realizaba dos tercios del comercio exterior de Francia, y en el siglo anterior a 1790 la población esclava se multiplicó por diez, de 40.000 a 400.000. Teniendo en cuenta que los esclavos importados eran casi todos hombres y que la esperanza media de vida de un esclavo en una plantación era de ocho a diez años, nos empezamos a hacer una idea del inmenso sufrimiento humano detrás de estas cifras. James da algunos ejemplos del embrutecimiento generalizado necesario para mantener en marcha ese pozo de miseria, incluyendo un juicio a un hacendado que mató a varios esclavos y donde acabaron condenados los negros que le denunciaron. Algo en absoluto insólito. Los propios blancos odiaban la isla, viéndola solo como una necesidad para financiarse viajes a París y un eventual retiro en Francia. Eso los nativos, porque Santo Domingo era también un imán para la hez blanca de toda Europa y todas las Américas, que por muy bajo que cayeran en Santo Domingo siempre estarían en lo alto de la pirámide por ser blancos.

 

Los colonos de Santo Domingo decían que la esclavitud era necesaria, y para ellos eso concluía la discusión. La legislación pasada para la protección de los esclavos era papel mojado frente al dictado de que cada hombre podía actuar a placer con lo que era suyo. “Todas las leyes a favor de los negros, por muy justas y humanas que sean, siempre serán una violación del derecho de propiedad si no son decididas por los colonos… todas las leyes sobre la propiedad solo son justas si están apoyadas por la opinión de aquellos afectados como propietarios.” Esta era la opinión blanca al inicio de la Revolución Francesa. No solo los dueños de las plantaciones sino también los oficiales civiles dejaban claro que las multas y sanciones por el maltrato de esclavos no podían ser impuestas. Los esclavos podrían haber entendido que tenían derechos, lo que hubiese sido fatal para la paz y prosperidad de la colonia. Por eso ningún colono tenía reparos en mutilar, torturar o matar a un esclavo por mucho que le hubiese costado miles de francos. “La Costa de Marfil es una buena madre”, iba un proverbio colonial. Siempre se podía comprar esclavos, y los beneficios siempre eran altos.

 

La sociedad blanca se dividía entre los “blancos grandes” (hacendados y grandes comerciantes de las ciudades portuarias) y los “blancos pequeños” (encargados, tenderos, abogados…). Sus principales preocupaciones eran mantener la esclavitud y abolir la Exclusiva, la obligación de tener que comerciar solo con Francia. Algo extremadamente hiriente por cuanto tres cuartas partes del azúcar exportado a Francia era reexportado al resto de Europa con pingües beneficios para los intermediarios. En total, unas 30.000 personas. En mismo número, pero creciendo mucho más deprisa, mulatos y libertos. Ambos eran libres y podían tener propiedades. Y como no solían gastarse los cuartos en viajecitos a París, algunos llegaban a ser bastante más ricos que muchos blancos, pero un sistema de castas basado en el one drop rule los mantenía sometidos. Sin embargo, esta discriminación no afectaba en absoluto al desprecio del mulato medio por el esclavo negro. Esclavos negros había del orden de 400.000, también divididos entre los trabajadores de campo y los algo mejor situados mayordomos (cuya existencia, junto a las leyes que tan bien se leían y tan poco se aplicaban, han dado para una amplia historiografía conservadora/“tory” de que todo iba de puta madre y que ser esclavo en Santo Domingo era casi-casi mejor que campesino en Francia), de entre quienes iban a salir los principales dirigentes de la Revolución. Cuando esta llegó, unos dos tercios de los esclavos habían nacido en África. Finalmente, unos cuantos miles de fugitivos cimarrones vivían en las montañas del este.

La Revuelta comenzó como lo hacen estas cosas a menudo: con peleas entre los de arriba que abren la puerta a los de abajo. Al calor de las noticias que llegaban de Francia en 1789, los blancos formaron tres bandos: la burocracia (royalista y contrarrevolucionaria), los blancos grandes (revolucionarios moderados, pero que no le hacían ascos a una posible independencia si era la única vía para acabar con la Exclusiva) y los blancos pequeños (revolucionarios radicales, que querían “un nuevo reparto”, en su forma más extrema masacrando a los mulatos para quedarse sus propiedades y convertirse en blancos grandes). Los tres bandos blancos coincidían en dos cosas: que despreciaban a los mulatos… y que los necesitaban. Algo que chocaba en el fondo con el racismo que formaba la base de todo.

 

Pero las discriminaciones raciales en África hoy en día [1938] son, como lo fueron en Santo Domingo, asuntos de estados y de gobierno, impuestas con balas y bayonetas, y hemos vivido para ver a los gobernantes de una nación europea hacer la abuela aria tan preciosa para sus compatriotas como el ancestro caribe para el mulato [muchos mulatos, cuando eran lo bastante ricos, “demostraban” que sus ancestros habían sido indígenas caribes en vez de negros, eliminando así cualquier traza africana de su sangre a efectos legales]. La causa en ambos casos es la misma – la justificación del saqueo por cualquier obvia diferenciación de aquellos que detentan el poder.

 

Los mulatos cometieron el error de creer que, puesto que todos los codiciaban, podían ir por libre, y montaron una pequeña revuelta, tan chica que se cae de la mesa y se descacharra, pidiendo igualdad con los blancos. Error: la reacción blanca fue tan violenta que causó conmoción hasta en la Asamblea Nacional en París.

 

Liándola parda

En este ambiente enrarecido, con las clases dirigentes enfrentadas, estalló al fin la revuelta de los esclavos negros. Revuelta que no produjo inmediatamente un estado viable que cumpliera los criterios de Copenhague, ¡qué cosas!, sino muerte y destrucción por doquier. Cosa que los “historiadores tory”, que James menciona ocasionalmente como el contrapunto de su libro, sacan a relucir diciendo ts ts, eso es lo que pasa cuando se olvidan las buenas formas y el populacho pretende suplantar a los Señores. James, en una de sus citas más polémicas (reafirmada además en una nota a pie de página en la edición de 1961), afirma que pese a todo la violencia no llegó ni de lejos a la practicada por los blancos. Esta primera revuelta estaba liderada por Boukman, un chamán vudú, solo englobaba a las plantaciones de la Planicie Norte, y fue vista con cierto recelo por los futuros líderes, ya que se limitaba a masacrar a los blancos y quemar las plantaciones. Toussaint L’Overture, por ejemplo, permaneció leal durante casi un mes al amo de su hacienda, protegiendo a la familia de este, hasta que decidió que ya era seguro comprometerse. Entonces llevó a la mujer blanca a la ciudad más cercana, mandó a su propia familia a la parte española de la isla, y se unió a la insurrección. Boukman ya había muerto, pero nuevos líderes, ya más del corte de Toussaint, habían organizado a los rebeldes, en una burda imitación de ejércitos europeos, con brigadieres, coroneles, almirantes y generalísimos y Caballeros de la Orden de San Luis (uno de ellos asumió el título de “Virrey de las Tierras Liberadas” tras una discusión con otro).

 

Al Rey de España, de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, y de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano; Archiduque de Austria, Duque de Borgoña y de Brabante, de Milán, de Atenas y de Neopatria; Marqués de Oristán, Conde de Habsburgo, de Flandes, del Tirol, de Barcelona, del Rosellón, de la Cerdaña y del Gocéano; Señor de Vizcaya y de Molina; Rey de Hungría, Dalmacia y Croacia; Duque de Limburgo, Lotaringia, Luxemburgo, Güeldres, Estiria, Carniola, Carintia y Wurtemberg; Landgrave de Alsacia; Príncipe de Suabia; Conde palatino de Borgoña; Conde de Artois, Hainaut, Namur, Gorizia, Ferrete y Kyburgo; Margrave del Sacro Imperio Romano y Burgau; Señor de Salins, de Malinas, de la Marca Eslovena, de Pordenone y de Trípoli, estas peleas de los plebeyos y sus titulitos le harían mucha gracia.

 

Al principio, los blancos aún podrían haber aplastado a los rebeldes con facilidad, pero las autoridades temían más a los “blancos pequeños” que a los negros. Pero sobre todo estaba la incredulidad de que los negros, “vagos y estúpidos por naturaleza”, pudiesen ser una amenaza seria. Para cuando quisieron darse cuenta, la revuelta ya era demasiado grande, y militarmente exitosa: de los esclavos nacidos en África, un buen puñado eran guerreros capturados en guerras tribales que tenían una idea bastante precisa de cómo luchar en bosques tropicales, con trampas, emboscadas y continuas retiradas y contraataques. No obstante, la revuelta seguía limitada a la Planicie Norte (en el Oeste, en cambio, blancos y mulatos habían llegado a un acuerdo), y aunque los rebeldes controlaban el campo, los blancos se atrincheraron en las ciudades. Punto muerto, y nueva (y a la postre última) oportunidad para los blancos de terminar la cosa con relativamente poco derramamiento de sangre: al no ver salida, los líderes negros (Jean François, Biassou, y por supuesto el propio Toussaint, a quien James siempre nombra por su nombre de pila, probablemente porque como esclavo no tenía apellido y usaba el de su plantación, Bréda; “L’Overture” o “Loverture” era su apodo) ofrecieron al gobernador un pacto: paz, vuelta al statu quo ante, ayuda para aplastar rebeliones en otros distritos, y emancipación y derechos políticos… pero solo para los 400 líderes de la revuelta, los demás volverían a las cadenas.

 

Jean Jaques Dessalines dejó escrito que era difícil pero podía hacerse, y la carta daba amplia prueba de que estaban tanto preparados como decididos a hacer su labor de Judas. La traición política no es un monopolio de la raza blanca, y esta abominable traición tan pronto en la insurrección muestra que el liderazgo político es una cuestión de programas, estrategia y tácticas, y no el color de los dirigentes, su unidad de origen con su pueblo, o los servicios que hayan prestado.

 

Pero cegados por su racismo, los blancos lo rechazaron, incluida la contraoferta de Toussaint de emancipar solo a 60 líderes. Para Toussaint, esta fue la epifanía final: la paz negociada no sería posible, solo el poder podía liberar a los negros. Mientras tanto, en el oeste de la isla los royalistas aliados con los mulatos habían derrotado al Partido Patriota, el partido de los blancos pequeños. Al mismo tiempo, en Francia, la Asamblea concedía derechos políticos a los mulatos… pero pasaba de los esclavos. 6000 soldados fueron enviados a San Domingo para terminar con las peleas entre los blancos y aplastar la revuelta negra. Como es natural, unos profesionales suelen ser superiores a aficionados con lecturas (Toussaint había empezado a entrenar a los desharrapados para formar un ejército, basándose en su lectura de los Comentarios a la Guerra de las Galias, de Julio César), y los 6000 soldados franceses pusieron en fuga a los rebeldes negros. Pero cuando ya iban a darles el golpe de gracia, las masas de París le echaron un cable a Toussaint: harto de la ineptitud del gobierno girondino, el pueblo parisino tomó las Tullerías, depuso a la Asamblea Nacional y la reemplazó por la Convención Nacional, la cual proclamó la república. Y acto seguido tuvo que ir a la guerra contra Austria, Gran Bretaña y España, horrorizados ante el giro podemita-bolchevique que estaban tomando los asuntos en Francia. La colonia española en Hispaniola (lo que hoy viene a ser la República Dominicana), fronteriza con San Domingo, recibió a los rebeldes negros con los brazos abiertos como aliados contra la atea república del populacho, les dio armas y formación, y hasta rangos oficiales: Toussaint fue coronel, Jean François y Biassou tenientes generales en el ejército de su muy católica majestad el rey de España, luchando “por la restitución del rey de Francia”.

 

Reconforta pensar que Toussaint alcanzó un rango más alto que Tejero en nuestros Cuerpos Armados.

 

Pura conveniencia, se entiende, pero Toussaint jugaba su papel y le propuso al gobernador español invadir la parte francesa con la promesa de liberar a todos los esclavos. Rechazado el plan, Toussaint inmediatamente se puso en contacto con los franceses, a ver si se podía obtener la abolición por desertar al otro lado. Si es que no te puedes fiar de los coroneles españoles.

 

Juego de Tronos caribeño

La situación francesa era desesperada, y el 29 de agosto de 1793 los comisarios enviados desde Francia –no la Asamblea- abolieron la esclavitud en San Domingo. Tarde y Mal. El poder blanco en San Domingo se estaba destrozando a si mismo, dejando a los mulatos como poder efectivo. Los mulatos ofrecieron libertad a los negros que más se habían distinguido en sus filas, y mandaron al resto de vuelta a las plantaciones. Mientras, las fuerzas de Toussaint -entre ellos un esclavo con la espalda marcada de latigazos llamado Dessalines- no paraban de crecer, y conquistaban en nombre de Carlos IV de Borbón un corredor que partía en dos la colonia francesa. Pero “los dueños de propiedades son los más enérgicos agitadores de banderas y patriotas en todas partes, aunque solo mientras disfruten de sus posesiones: para salvaguardarlas desertarán a Dios, Patria y Rey en un parpadeo”: los grandes blancos, viendo que tanto la Francia revolucionaria como la España conquistadora no estaban comprometidos al 100% con la esclavitud, mandaron una delegación a la Jamaica británica, indicando que a cambio de ciertas relajaciones en la Exclusiva, del mantenimiento de la esclavitud, y del sometimiento mulato, ellos estaban dispuestos a ayudar a una fuerza invasora británica. Fuerza que prontamente se presentó para ayudar a sus aliados españoles a “pacificar” la isla, con lo que ya tenemos al tercer ejército europeo en la isla.

¡Decisivo momento!, proclama James. Pues Gran Bretaña era abolicionista en ese momento (no por un repentino hermanamiento con el género humano, sino porque habían perdido sus colonias esclavistas de Norteamérica, pero a cambio estaban “abriendo” el inmenso mercado laboral hindú, con lo que la abolición solo debilitaría a sus rivales), pero con San Domingo en el bolsillo igual se lo pensaban. Además, sin los ingresos del azúcar, a la revolución en Francia se le podía acabar el aliento muy pronto. Pero los jacobinos en el poder decidieron ir con todo (o asumir lo que ya era una realidad), y tras abolir las aristocracias “de la sangre y del dinero”, el 4 de febrero de 1794 abolieron también la “aristocracia de la piel”.

 

70 años antes que Abraham Lincoln.

 

Toussaint (de quien James afirma que ya siempre vio a una Francia idealizada en torno a esa fecha) aprovechó para pasarse de nuevo con los franceses, esta vez como brigadier general, y trayéndose consigo a sus hombres –que le seguían ya con auténtica devoción- y los fuertes que ocupaban. Otra carambola europea (la paz de Basilea entre Francia y España, que además entregaba a Francia la mitad española de la isla) simplificó el terreno de juego: la Francia republicana, apoyada decididamente en Toussaint y su creciente aparato político, contra Gran Bretaña, que ocupaba el sur y financiaba incesantemente revueltas de los mulatos y los terratenientes.

Pero casi inmediatamente en Francia triunfó la reacción de Termidor, y las voces que clamaban “orden” estaban en ascenso (los negros ahora trabajaban las plantaciones como hombres libres y nadie en este punto se atrevía a pedir el retorno de la esclavitud, pero quienes la hubiesen aceptado encantados de vuelta se organizaban en torno a esta inocente demanda, “orden”). Toussaint, en este momento Vicegobernador, se embarcó en un juego a varias bandas, siempre según James (que en esta parte se pone a citar párrafos y párrafos de las cartas de Toussaint) con el fin supremo de evitar la vuelta de la esclavitud en cualquier forma. Primero negoció una paz con los mulatos del Sur dirigidos por André Rigaud, y con esa alianza logró echar a los británicos de las cuatro fortalezas que aún retenían directamente. Según las rendían, los británicos ya le ofrecían a Toussaint reconocimiento como rey de San Domingo si separaba la isla de Francia. Toussaint rechazó la oferta: mitad por puro idealismo (la república francesa seguía siendo quien había abolido la esclavitud, mientras Gran Bretaña aún la mantenía y de hecho acababa de dejarse miles de vidas intentando reinstaurarla en San Domingo), mitad por frio pragmatismo: una independencia unilateral de Francia habría dejado la isla a merced de la Royal Navy, y (como demuestra James con la correspondencia de los agentes británicos) Whitehall no hubiese dudado en usarlo para presionar hasta hacerse con el cotarro. Lo que no quita que Toussaint incluyese una cláusula con los británicos para comerciar, a cambio de azúcar, los productos que la isla necesitaba y Francia no era capaz de enviar (cláusula que excluía los puertos mulatos del Sur – ¡Juego de Tronos!). Finalmente, el Agente del Directorio Hédouville, al servicio de ese “orden” que exigía la nueva burguesía en el poder en Paris, empezó a intrigar, y Toussaint dimitió de su puesto como comandante en jefe mientras montaba en secreto una revuelta que acabó con Hédouville huyendo de la isla y Toussaint asumiendo el poder “porque no quedaba otra, si yo no quería pero me obligan las circunstancias”.

Y con esto al fin pudo volverse contra la única alternativa que quedaba en la isla: los mulatos. En una rápida campaña, Toussaint tomó las fortalezas y ciudades del Sur. Pero en la victoria era magnánimo: sabía que los esclavos negros no estaban preparados para gestionar la isla y que necesitaban a blancos y mulatos, muchos de los cuales encontraron puestos en su administración, mientras mandaba a los estudiantes negros más prometedores a Francia para formarse. Era el puto amo de San Domingo… pero solo de la mitad oeste, y nominalmente aún subordinado a Francia, donde ya regía Bonaparte prometiendo “orden”, pero sin osar aún llevar el “orden” a sus últimas consecuencias.

 

Mientras negociaba con Bonaparte preparaba la isla para la guerra: compró 30.000 fusiles en Estados Unidos, y pasando revista a las tropas solía agitar uno y gritar “aquí está vuestra libertad”.

 

Bonaparte

Para asegurarse el flanco contra la reacción, Toussaint decidió que necesitaba Santo Domingo, donde aún estaba instalada la administración española en espera de traspasar la isla. Cinco minutos antes del final y con el equipo matemáticamente descendido, los españoles no opusieron demasiada resistencia, y el 21 de enero de 1800 el gobernador español formalmente rendía la colonia. Aquí Toussaint cometió uno de sus pocos errores: dejar en el Santo Domingo español todo como estaba, para no perturbar a los habitantes (tampoco había muchos esclavos, la economía se basaba en la madera y el ganado). Sus seguidores, que creían estar luchando contra la esclavitud, se llevaron un buen chasco, incrementado cuando encargó a seis hombres, todos blancos o mulatos, una Constitución para la colonia (aunque luego el texto final fuese suyo de principio a fin). Pensaba más en el efecto en Francia que en San Domingo. Adorado por las masas, las dio por sentadas.

La Constitución configuraba, si no una dictadura militar, algo que se le parecía mucho. Toussaint se nombraba gobernador vitalicio, con capacidad de nominar a su sucesor. Nominalmente era parte de Francia, pero Paris solo podía mandar comisionados para ayudar bajo control local, lo que en la Commonwealth británica se llamaría dominio. Una autocracia, concede James sin dudarlo, pero que juzga necesaria para combatir la inevitable reacción de la burguesía, determinada a restaurar la esclavitud (y tampoco tan diferente a lo que tramaba Bonaparte en Francia). Sin embargo, por ahora la lucha entre las burguesías francesa y británica mantenía a Toussaint a salvo, e incluso podría haberle ahorrado todo: Bonaparte estaba dispuesto a renunciar a esa pequeña isla caribeña para cumplir su viejo plan de conquistar la India Alejandro-Magno-style para romper al Reino Unido, ahora con ayuda rusa. Pero –según James- William Pitt vio la jugada, orquestó el asesinato del zar Pablo y su sustitución por Alejandro, y Bonaparte volvió a apuntar a San Domingo, “aconsejado” por los exiliados blancos que deseaban volver a sus plantaciones, con esclavos comme il faut. La Constitución unilateral le dio la excusa necesaria, pero si no hubiese sido cualquier otra cosa. Toussaint, por mucho que admirara la civilización europea, se daba perfecta cuenta de que la superioridad tecnológica no implicaba superioridad moral.

20.000 soldados franceses en 50 buques de guerra (aún faltaban 3 años para Trafalgar) partieron hacia San Domingo en diciembre de 1801, con oficiales veteranos que ya habían combatido guerrillas en La Vendée. La paz de Amiens había dejado a un montón de buenos oficiales en el dique seco, que ahora solo podían obtener botín y saqueos gloria y renombre en Santo Domingo, y hubo una verdadera avalancha de voluntarios competentes. Y aquí me entran ganas de hacer un buen What if: ¿what if Bonaparte, en vez de ir contra Toussaint (que lo único que había hecho era seguir todos y cada uno de los pasos, giros, traiciones e intrigas de Napoleón para hacerse con el poder) se hubiese unido a él? ¿Si los 20.000 soldados de élite y los 50 barcos, junto con los 30.000-40.000 milicianos de Toussaint, acostumbrados al calor y las enfermedades tropicales, se hubiesen unido para convertir el Caribe en un mar francés, instigando revueltas de esclavos en Jamaica, Venezuela, Brasil y Cuba, consolidando el dominio francés sobre Luisiana y encerrando a los nacientes Estados Unidos tras los Apalaches? El propio Napoleón, tras Rusia y España, lo ponía en el podio de sus errores. Lo que él creyó que podía hacerse en tres meses se arrastró mucho más… y con la llegada del verano las tropas europeas empezaron a caer como moscas por culpa de la fiebre amarilla.

Pero mientras este ejército aún cruzaba el océano, a Toussaint le estalló en la cara una revuelta de oficiales insatisfechos con que tantos blancos y mulatos siguiesen en la administración, y con que siguiesen existiendo plantaciones. La revuelta mataba a blancos y mulatos, y Toussaint replicó fusilando a su propio sobrino Moïse e imponiendo la ley marcial. ¿Qué podía hacer?, pregunta James, y saca a relucir la Revolución Bolchevique:

 

Lenin y los bolcheviques tenían los mismos problemas tras la Revolución de Octubre que Toussaint. La cultura burguesa rusa era bastante pobre, pero Lenin la reconocía superior a la del proletariado y que habría que usarla hasta que el proletariado se hubiese desarrollado. La excluyó del poder político, pero le dio cargos y buenos salarios, superiores incluso a miembros del Partido Comunista. Incluso comunistas que se habían destacado y sufrido en la lucha contra el zarismo eran reemplazados por burgueses competentes. Podemos medir el gigantesco intelecto de Toussaint en que intentó hacer lo mismo, ocupando su ejército negro el papel político del Partido Bolchevique. Si retuvo a blancos, fue por la misma razón por la que los bolcheviques usaron oficiales zaristas. […] La teoría bolchevique era que las victorias del nuevo régimen iban a ganarle a aquellos que lo habían aceptado por la fuerza. Toussaint esperaba lo mismo. Si falló fue por las mismas razones que falló la revolución socialista rusa, con todos sus logros – el fracaso de la revolución in Europa. Si los jacobinos hubiesen consolidado la república democrática en 1794, Haití hubiese permanecido una colonia francesa, pero habría sido casi imposible restaurar la esclavitud.

Toussaint falló en el método, no en el principio. La cuestión de la raza es subsidiaria a la de clase, y pensar el imperialismo en términos de raza es desastroso. Pero negar el factor racial como meramente incidental es un error solo menor a considerarlo fundamental. […] Pero mientras Lenin mantuvo al partido y las masas conscientes de cada paso, Toussaint no explicó nada, y permitió a las masas pensar que sus viejos enemigos eran favorecidos a su costa. […] Fusilar a Moïse, el negro, por mor de los blancos, era más que un error, era un crimen. Era casi como si Lenin hubiese fusilado a Trotsky por ponerse del lado del proletariado y contra la burguesía.

 

De haber tenido a las masas detrás, sentencia James, los franceses bajo Leclerc no hubiesen podido ni siquiera pisar la isla. Siendo como era, se encontraron con muchos colaboradores y con las masas de peones negros desorientadas. Toussaint, aún creyendo en la Francia que había emancipado a los esclavos, hacía la guerra ofreciendo en todo momento una salida. A Toussaint, critica James, le faltó la determinación (y falta de escrúpulos) del verdadero revolucionario, y a cambio de garantías accedió a entregarse en mayo de 1802. Dejaría su mando, siempre y cuando se mantuviese a los demás oficiales en el suyo. Leclerc aceptó, y una vez que Toussaint se había retirado a su casa, mandó arrestarlo y lo envió a Francia con toda su familia. Jamás volvió a la isla. Murió el 7 de abril de 1803 en una prisión en el Jura francés. Dessalines, que en un juegecillo de tronos había facilitado la detención, la usó ahora para azuzar nuevamente a las masas, y entre la guerrilla y la fiebre amarilla el ejército francés empezó a perder fuelle (con Dessalines nominalmente de su parte todavía). Y en julio de 1802 Bonaparte en persona, creyéndose los falsos informes de Leclerc de que todo iba como la seda, hundió las posibilidades de victoria restaurando la esclavitud en Martinica y Guadalope. Por encima de todas las divisiones, los negros de San Domingo tenían claro que antes la muerte que volver a ser esclavos. La insurrección se hizo general. De la bandera francesa sacaron el tercio blanco, símbolo de la monarquía, e inscribieron en ella “libertad o muerte”. Bonaparte mandó 10.000 hombres más, pero no sirvió de nada: tras tres años de lucha sin cuartel, el ejército francés estaba carcomido, Leclerc había muerto, San Domingo estaba reducido a cenizas, Dessalines había pactado con los mulatos, y la lucha había degenerado en una guerra de exterminio. Dessalines la ganó, Toussaint no habría sido capaz. Los franceses salieron por patas.

 

“El orden está a punto de restaurarse.”

 

El gran error de Toussaint fue no ver más allá de la economía de plantaciones, que por otra parte era la única que conocía. Instauró un estado autoritario que obligaba a la mayoría de los peones negros a seguir trabajando, sin reparto de la tierra. Café, azúcar y tabaco habían sido las bases de la economía, y no quiso, o no supo, o pospuso demasiado el cambiarlas. En su haber, sin embargo, el ideal de una convivencia entre las razas. Su segundo, Dessalines, en cambio, vio claramente lo que tenían delante (también porque era un supremacista negro sin mucha mollera para mirar más allá) y apostó por una estrategia de tierra quemada. Las retribuciones francesas lograron levantar a las masas, y los soldados franceses, que aún se creían luchando por una república democrática, se maravillaban de que los negros haitianos fuesen al combate cantando la Marsellesa y el Ça Irá.

Lo que vino después… pues una sucesión de desgracias en las que James ya no entra porque no forman parte formal de la Revolución Haitiana, que desde que quitan a Toussaint de en medio como que “no es eso, no es eso”, pero que aquí les hacemos un resumen exprés. Primero, la declaración formal de independencia de Dessalines (no reconocida por NADIE durante casi un cuarto de siglo: Francia aún confiaba en que recuperará su colonia, España no quería dar ideas a las suyas, Gran Bretaña estaba feliz imponiendo el primer “bloqueo” en el Caribe para que Jamaica se convierta en el abastecedor de azúcar de Europa, y en los Estados Unidos el Senado dominado por los esclavistas sureños no iba a permitir el reconocimiento de un país fundado por esclavos rebeldes hasta 1862; por cierto que la Doctrina Monroe va a hacer una excepción explícita con Haití). Segundo, y tras renombrar el país como Haití, Dessalines ordena la masacre de los blancos que quedaban en la ex – colonia, un genocidio en toda regla. Puntualizamos: los blancos franceses, lo que sugiere algún tipo de pacto secreto entre Dessalines y sus nuevos amigos anglosajones. Entre 3000 y 5000 civiles fueron asesinados, la gota final de una revuelta que había reducido la población de Haití de 560.000 en 1789 a 380.000 en 1804, sin contar todos los soldados franceses, británicos y españoles muertos. Finalmente, Dessalines proclama el Primer Imperio Haitiano con él como emperador, en respuesta a la coronación de Bonaparte como Emperador de los franceses. El nuevo estado, apenas unas ruinas humeantes a estas alturas, sin población instruida, con leyes racistas que discriminaban a los ciudadanos blancos, quedó a merced de los intereses comerciales anglosajones, con una relación “moderna” con su ex – metrópoli (es decir, basado no en la esclavitud sino en una inmensa deuda externa impagable, que Francia se inventó en la década de 1830 en base a infraestructuras, plantaciones expropiadas… y el valor de los esclavos liberados, vamos, que Francia acabó reconociendo la libertad de sus esclavos a cambio de que estos la pagaran con dinero después de haberla pagado con sangre). Una loca sucesión de reinos, repúblicas, anexiones y escisiones que hacen imposible cualquier progreso en la isla, en 1913-1934 tenemos la casi obligada invasión estadounidense, y así hasta hoy.

 

Conclusiones

El libro termina con una semblanza de las revoluciones de Haití y Cuba, añadida en una edición de los años 60. Semblanza llena de idealismo que hoy ya resulta tierno y todo, viendo en qué ha acabado Cuba, pero no está de más recordar que Ernesto Guevara y Fidel Castro no eran simplemente los malvados que evitaron que los cubanos pudiesen disfrutar de Starbucks y McDonalds en el casco viejo de la Habana. En 1958 eran la alternativa a Anastasio Somoza (“plata para los amigos, palo para los indiferentes, plomo para los enemigos”), Alfredo Stroessner (el más entusiasta de la Operación Condor), Leónidas Trujillo (un señor que desencadenó una matanza de haitianos y echaba a los opositores en agua hirviendo) y François “Papa Doc” Duvalier (que prefería meterlos en tinajas de ácido sulfúrico), en una isla que había sido el patio de juego de las corporaciones americanas por más de medio siglo. James concentra toda su admiración en Toussaint y no ahorra desprecio por Dessalines, en una versión caribeña de Lenin y Stalin, e insiste una y otra vez en el manual del buen revolucionario: programa, programa, programa, debatido y llevado en conjunto por todo el partido/movimiento/ejército. Toussaint por desgracia no tenía una plantilla para hacer la revolución, Lenin en cambio pudo estudiar unas cuantas antes de hacer la suya. Pero precisamente por ello la Revolución Haitiana es tan interesante: un “grupo de control”, por así decirlo, de la Revolución Francesa y de todas las que vinieron después. Y además la chispa inicial de la abolición de la esclavitud en el mundo. Algo que nunca podremos agradecer lo suficiente, porque la esclavitud, además de un pozo de miseria humana que arrastra a todos hacia el fondo, es la conclusión lógica a un montón de tendencias que ahora vuelven a asomar la cabecita en nuestras sociedades.


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  1. Comentario de Mr. X (05/10/2019 10:58):

    Bueno, toca recomendar dos obrones maestros de uno de los mejores escritores del siglo XX, el cubano Alejo Carpentier, sobre la época: El reino de este mundo, que es una crónica de la revuelta de Haití desde las perspectiva de los propios esclavos africanos, y El siglo de las luces, sobre el impacto de la Revolución francesa en El Caribe. De esta última, hicieron una película horrible hace unos años.

  2. Comentario de Uno (05/10/2019 12:42):

    Ya estamos echando mierda sobre las colonias administrativas

  3. Comentario de Y (05/10/2019 13:26):

    La libertad

    La libertad para empezar es estar libre del terror y la miseria

  4. Comentario de Y (05/10/2019 14:01):

    El Señor

    El Señor en sus sangrientos panfletos arameos (aka viejo testamento) dice que se puede matar a palos al siervo porque “cosa suyo es”, aunque unas líneas después un escriba añade que solo si el siervo sobrevive hasta la noche el terror ha sido correctamente administrado

  5. Comentario de Bar Code (06/10/2019 10:58):

    A ningún soldado francés de 1802 se le hubiera ocurrido decir que luchaba “por una república democrática”. Debiera usted haber escrito, por ejemplo, “una república igualitaria”. El uso impropio de la palabra “democracia” y de sus derivados es actualmente un marcador muy fiable (excepto cuando no se debe, como en este caso, sino al apresuramiento y al descuido) de un pobre bagaje argumentativo.

  6. Comentario de Carlos Jenal (06/10/2019 12:25):

    @Bar Code
    Gracias por la rectificación (y por dejarme una inmerecida salida). Creía estar citando a James de memoria, pero acabo de mirar y él habla de que los soldados franceses “aún pensaban en si mismos como un ejército revolucionario”, lo cual mucho más apropiado.

  7. Comentario de Intelestual (07/10/2019 07:23):

    Otra revolución más que lleva al pueblo a la pobreza más absoluta, y a sus gerifaltes a los más alto del nuevo poder dictatorial.
    Políticas de tierra quemada sin visión de futuro. Otra revolución “igualitaria” que igualó todo a la baja.
    Es gracioso pensar, que hoy, en 2019, los haitianos son básicamente libertos que trabajan para los dominicanos.

  8. Comentario de Lalo (07/10/2019 10:56):

    Usted es un troll. No se puede ser tan imbécil sin serlo a propósito quiero imaginar. En caso contrario por q no se va a visitar los foros de vox y nos ahorra sus rebuznos ?

  9. Comentario de Y (07/10/2019 11:27):

    Lo gracioso de la escoria es que suelen ser empleados/asalariados que no ganan ni el sueldo de un cabo no digamos ya un sargento norteamericano pero en sus fantasías creen ser propietarios de grandes plantaciones de algodón o caña de azúcar

    Un sargento de Alabama lo ponía en órbita y se le quitaba la tonteria

  10. Comentario de Mr. X (08/10/2019 06:56):

    Por cierto, lo que va a hacer Trump a los kurdos, después de que ellos pusieran casi toda la sangre en la lucha con el ISIS en Siria, merecería, sin duda, su lugar en la historia mundial de la infamia, que diría Borges

  11. Comentario de emigrante (08/10/2019 11:42):

    #1, hombre, ya que recomendamos autores hago un inciso para recordar al celebérrimo Alexandre Dumas, el de Los Tres Mosqueteros, que era hijo de un mulato haitiano

  12. Comentario de tabalet i dolçaina (08/10/2019 11:56):

    Bueno a mueto Oneto y hace poco Arzalluz, empezamos con la porra del amoche de la Cultura de la Transición:
    Juan Carlos
    Felipe
    Guerra
    Pujol
    Cebrian
    Luis del Val
    Cebrian
    Gabilondo
    Luis del Olmo
    Pilar Urbano
    Victoria Prego

  13. Comentario de Intelestual (08/10/2019 14:13):

    Huele a ad hominem y yo no he sido. Pero sin embargo el troll soy yo.

  14. Comentario de Sgt. Kabukiman (08/10/2019 14:40):

    @11 Y que da lugar al mejor momento del django de tarantino

    https://www.youtube.com/watch?time_continue=75&v=bfL6CdHC6bQ

  15. Comentario de Sgt. Kabukiman (08/10/2019 14:41):

    Y aprovecho para recordar lo bien que se vive en la muy komunista Kuba en comparación con el resto de los paises del patio trasero usa

  16. Comentario de Sgt. Kabukiman (08/10/2019 14:54):

    Aunque justo es reconocer que no tienen la libertad de elegir de los diabeticos pobres en trumpolandia

    https://www.eldiario.es/theguardian/desorbitados-precios-insulina-estadounidenses-medicamentos_0_945605624.html

  17. Comentario de asertus (10/10/2019 15:39):

    Menos mal que ya llegado un presidente rojo a USA, bueno, naranja, y va a intentar hacer algo que no hizo el Nobel de la Paz.

    https://www.milenio.com/negocios/financial-times/atraer-votos-trump-importara-medicinas-baratas

  18. Comentario de Lluís (11/10/2019 07:59):

    #17

    Con eso si que logrará que le echen. Más de un congresista o senador republicano tendrá entre sus “donantes” a empresas del sector y tendrá que devolver el favor. Los demócratas también reciben dinero, por supuesto, pero esos ya van a por Trump por iniciativa propia, no necesitan que les llame el CEO de Novartis.

    Otrosí, el sistema demuestra que la incompetencia no es patrimonio exclusivo del sector público. En España, el precio de los medicamentos subvenciondos los fija el Ministerio, no permiten abusos pero ningún laboratorio se ha arruinado por vender al precio que le fijan. La ventaja es que eso les permite vender mucho más, ya que gracias al pago público muchos españoles que no podrían permitirse los tratamientos pueden acudir regularmente a la farmacia (que también se beneficia de ello). Algún laboratorio que se las prometía muy felices con productos que Sanidad sacaba de las listas de medicamentos subvencionados (y que por tanto podían poner a precios de caviar) acabó dándose con un canto el los dientes cuando descubrió cómo afectaba eso a las ventas.

  19. Comentario de Mr. X (11/10/2019 09:22):

    Ey, Estados Unidos es el país que más gasta en puntos de PIB en sanidad y, en el mundo desarrollado, el que está a la cola en todos los índices medibles al respecto. Pero no olvidemos el mantra: TODO SE GESTIONA MEJOR EN MANOS PRIVADAS.

  20. Comentario de Lalo (11/10/2019 11:41):

    Estos de vox son unos cafres, pero como la forma de desacreditarlos por parte de los medios sea interrogarlos sobre cuestiones culturales, LGTB, feminismo, inmigración, ecologismo y demás les van a hacer la campaña y van a subir. Ya ha pasado en todo occidente con los partidos de extrema derecha o en usa con Trump. Los medios, como buenos bobos, viven alejados de la realidad, España, y en general la mayor parte de la sociedad, no es ni de Malasaña ni posturea en la latina.

  21. Comentario de emigrante (11/10/2019 12:05):

    #17, y mientras tanto la ministra Maroto copiando a Donald Trump para pedirle a la UE aranceles al acero chino. El proteccionismo era de izquierdas o de derechas? que uno ya no sabe a qué atenerse. Lo cierto es que eso de poner las fábricas a 15000 kilómetros tampoco ayuda a frenar el cambio climático.

    Y como Erdogan habra el toril y nos mande sus refugiados la próxima cumbre de la UE será entre Le Pen, Salvini y los de AfD y Vox. Y mientras tanto la izquierda trantando de convencernos de lo peligroso que es un discapacitado en silla ruedas que no pesa ni 50 kilos. Menos mal que nos queda Portugal.

  22. Comentario de Mr. X (11/10/2019 20:35):

    20-“interrogarlos sobre cuestiones culturales, LGTB, ffeminismo, inmigración, ecologismo y demás les van a hacer la campaña y van a subir”

    A lo mejor el problema lo tiene usted en concreto, al pensar lo mismo de esos temas que el majadero de Abascal. Vox ya se ha visto hasta donde llega y terminará reabsorbida por el PP en una o dos legislaturas. Afortunadamente, la mayoría de los españoles no comparten sus obsesiones.

    “21, y mientras tanto la ministra Maroto copiando a Donald Trump para pedirle a la UE aranceles al acero chino. El proteccionismo era de izquierdas o de derechas”

    Pues habría que estudiarlo. Todos los gigantes del capitalismo del XIX, los Rockefeller, los Krupp, etc, eran proteccionista a tope. Pero diría que Lenin y no digo ya Stalin también eran proteccionistas. Franco era proteccionista, pero también lo era Indalecio Prieto. Evidentemente, la izquierda de este siglo está destinada a ser verde, y el evidente argumento que usted usa debería llevar, y de hecho ya lleva, a esa reflexión. Lo que no parece es que vaya a ser un tiempo propicio al ultraliberalismo económico, afortunadamente.

  23. Comentario de Lalo (11/10/2019 21:59):

    Mire Sr x, yo expongo un argumento de base comparativa, y usted viene aquí a soltar su propaganda y a tocarme los.huevos. me irrita sobremanera usted, lo q usted representa y en particular esa forma de predicar su verdad como absoluta.

    Vox y los q lo componen son unos pijos de.mierda que han vivido toda la.vida de su apellido, son ultraconservadores y ultrareligiosos y un peligro para el desarrollo de una sociedad. Ahora bien, prefiero mil Abascales que se.perfectamente lo que son y no se esconden que uno como usted, q sólo han servido para destruir la izquierda con sus posmodernidades de.mierda. el ecologismo no es de izquierdas o derechas, cafre, o cree que el show de la.nina esa con el beneplácito de empresad, la realeza y el FMI es un show de izquierdas? Usted supongo que es de los que se indigna cuando despellejan animales, o con chistes guarros etc.. el mundo no es la Latina y los posmos con los que se junta. Viaje un poco. Exiliarse de.murcia para residir en Madrid no es.suficiente.

  24. Comentario de Intelestual (12/10/2019 06:44):

    Lo de Pablo Soto roza el absurdo más distopico posible. ¿Una persona de 45 kilos en silla de ruedas ha hecho sentirse acosada a una militante? ¿en serio? Bueno, igual era una militante en silla de ruedas …
    Coñas aparte, es fantástico que sea la propia izquierda quien nos demuestre la aberración de su propio ideario. Y que los “hombres” de la izquierda se comporte como aliados que parecen aceptar la mierda feminazi hace que el resto de hombres verdad sepan cómo comportarse ante situaciones de este tipo.
    En fin, un gran día para los que no somos de izquierdas.

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