Las tozudas matemáticas de la Antiespaña

Ha pasado casi una semana desde la celebración de las elecciones generales del 23J y no se ha modificado la situación que cristalizó tras el recuento: el PP, en estado de shock; el PSOE, de euforia. Nadie diría que el primer partido ha ganado las elecciones. De hecho, el PP ha restañado heridas con gran eficacia respecto de los -terroríficos- resultados de 2019. Ha recuperado prácticamente todo el espacio político que le arrebató Ciudadanos entonces, y ha cortado el auge de Vox. El PP ha logrado vencer en las elecciones por primera vez desde 2016, y con un resultado muy similar al de entonces, la última vez que ganó una votación de investidura.

¿Cuál es, entonces, el problema? Por un lado, obviamente, porque el PP no podrá gobernar con estos resultados (en 2016 lo consiguió con el PSOE absteniéndose en la investidura, algo impensable ahora). La fortaleza del PSOE y de Sumar, que esencialmente mantuvieron los resultados de noviembre de 2019 (un poco mejor que entonces el PSOE, un poco peor Sumar), va a ser suficiente para impedir cualquier veleidad del PP de obtener una investidura, y no digamos un Gobierno estable [acceso al artículo completo]


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  1. Comentario de Ar (14/08/2023 12:22):

    El verano del 36, la derecha (bueno, los militares alzados) entró a gobernar 40 años, tras una guerra civil. Queda en el inconsciente colectivo y en películas como Largo verano del 36 y Las bicicletas son para el verano.
    Vamos a repetirlo pero esta vez abriéndoles la puerta con nuestros votos, no.
    Además, la extrema derecha ya no es un caramelito, una novedad. No nos pilla de nuevas. Ya conocemos que la extrema derecha es Orbán y la Meloni.

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