Warrior Nun (2020, Netflix)

Es Navidad, y como cada año (bueno, alguna vez) LPD les regala un post relacionado vagamente con el tema religioso. En este caso, con una serie llamada a alcanzar las más altas cotas de surrealismo. Para empezar, las protas son monjas. Pero no de clausura y de pedos, sino de repartir estopa. Son, desde luego, monjas muy poco monjiles: alguna dice tacos, y en las dos o tres escenas dentro de sus celdas, hay paredes llenas de bocetos hechos a mano, pero ni un crucifijo. Y cuando una monja le dice al cura “tengo que confesarte algo”, él automáticamente asume que le va a contar un secreto, no que se quiere confesar con todas las de la Ley Canónica. Y hoygan, que aquí somos partidarios de que la religión, cuanto más lejos, mejor, pero en una serie sobre monjas todo esto resulta absurdo.

La base de todo esto es un cómic noventero titulado Warrior Nun Areala (perdón, una nóvela gráfica un manga), que cuenta la historia de Areala de Córdoba, una chavala del siglo XI que se dedicaba a repartir hot.tiah como panes ad maiorem gloriam Dei. Bueno, lo de Córdoba es un añadido de la serie, en el cómic es una valquiria que renuncia a Odín para servir al Dios Único y Verdadero (un paso debidamente analizado en esta su página amiga).

 

Los años 90, esa década tóxica.

 

En el año del Señor 1095, Areala decide unirse a la Primera Cruzada y muere en una batalla, pero un ángel llamado Adriel baja del cielo y la revive con su Halo, una especie de Aura que te da superpoderes. Contenta y feliz, Areala crea la Orden de la Espada Cruciforme, una orden compuesta por mujeres (pero supervisadas por hombres, no se les ocurra pedir conciliación y poder volver borrachas al monjasterio sin tener miedo, que empiezas por ahí y terminas aboliendo el feudalismo generador) que se dedican a luchar contra demonios y otros bichos sobrenaturales, y que tiene su sede en Antequera, Málaga. Y cuando Areala fallece le pasa el Halo a otra, y esta también se lo pasará a otra, todo un linaje de “monjas guerreras” acompañadas del resto de “hermanas guerreras” de la orden, que también reparten yoyah pero sin ayuda divina, en un reparto del que algún Papa de Roma habrá dicho que “quiero una Iglesia de Zidanes y Pavones”. Las “hermanas”, en todo caso, son gente muy campechana, capaces de pasearse vestidas de pies a cabeza de cuero negro y con una espada reglamentaria por la playa de Málaga sin llamar particularmente la atención. Y así hasta hoy, en que el Halo accidentalmente acaba en manos (o mejor dicho en la espalda, que es donde estas señoras guardan la fuerza divina) de quien menos te lo esperabas, una muchacha con menos fe que Tomás el Apóstol.

 

Dios al cazo y dando mazo con el mazo.

 

La verdad es que en mi experiencia las cordobesas (las mujeres más bellas de España, quisiera añadir) son menos marciales que Areala, que montó una orden cristiana en su tierra unos 150 años antes de que Córdoba fuese conquistada (perdón, “reconquistada”, que no queremos problemas con Fiscalía)… y luego movió la sede a Málaga. Señores guionistas: no hay suficiente caridad cristiana en el mundo entero para convencer a un cordobés de mover la sede de la empresa a Málaga, ya puede venir a mendigarlo toda la diputación provincial montada en los cuernos de un toro. Ni siquiera calificando de delito de odio el llamarlos “pipas” (mote que en ciertas localidades costeras malagueñas ponen a los cordobeses, aludiendo a su pobreza, que los lleva a pasear por el paseo marítimo sin más gasto que un paquete de pipas). ¡Que encima Málaga es una de las pocas ciudades hispanas que han sido más tiempo musulmanas que católicas! O al menos así me sale en las cuentas que he echado: 711 a 1487 son 776 años de socialmusulmanismo, frente a 536 años desde entonces de LIBERTAD CRISTIANA (de la otra como que no, o puede que sí, ¡todo depende de su definición de “Libertad”!); objetará alguien que se deberían sumar los 421 años entre el 290 -consagración del primer obispo malagueño- y 711; sin embargo, de este total de 956 habría que restar entonces los 63 años de dominio bizantino (durante los cuales la ciudad habría sido formalmente greco-ortodoxa, o al menos su obispo habría rezado mirando hacia Constantinopla en lugar de a Roma) y los 141 de dominio vándalo-visigodo previos a la conversión de Recaredo (arrianismo rules), dejándonos apenas 752 años de catolicismo como VOX manda. Hasta el 2046, mejor calladitos. ¿Y a este nido de herejes va a mover la sede una cristiana vieja de Córdoba? No te lo crees ni tú, guionista enfarlopado.

 

Cristianos nuevos intentando engañarnos con una Semana Santa espectacular y eligiendo alcaldes peperos desde 1995, pero no cuela, el socialmusulmanismo sigue fuerte en ellos.

 

Hablando de sedes: la Orden de la Espada Cruciforme (OEC, para los amigos) tiene su sede en un convento/colegiata (la Real Colegiata de Santa María la Mayor de Antequera, concretamente) en estilo renacentista. Y mi mente enfermiza no puede dejar de preguntarse: ¿por qué? “Pues porque son una orden anciana y venerable, y tienen que vivir en sitios ancianos y venerables”, dirá el respetable. Pero es que la OEC ya tenía 500 años cuando el Renacimiento, ¿qué hicieron entonces, quedarse en alguna vieja ermita edificada en estilo románico, murmurando por lo bajini isti is il nuivo istilo rinacintisti, putos modernismos, pisha, que son pura ostentación y nada más?

Luego tienen su capítulo en que recorren el campo andaluz, que también es de risa: al parecer, en cuanto te alejas de la costa puedes tirarte unas caminatas más largas que un día sin pan sin encontrar un alma humana, o que tardan dos días en mandar a alguien de Antequera a Ronda (horita y pico en coche, ¡joder, si hay hasta tren directo!). Luego en Ronda, te dicen que el pueblo “está dividido por el mal”: sin duda, si miramos al ayuntamiento, donde rara es la legislatura donde no hay dos o más alcaldes. Pero la serie se refiere al MALO MALIGNO, una especie de nube de pimentón rojo que acompaña a algunas personas. A una de esas personas la van a seguir y confrontar –sin que haya hecho nada malo, ojo- y le van a dar yoyah hasta sacar al MAL del cuerpo del pobre pecador, golpeándole con palos, costillares de cerdo, y a puñetazo limpio cuando no queda nada. Un pecador que se tomó su tostadita con aceite, que pagó su café, saludó a sus vecinos, y hacía religiosamente cola en la charcutería, no sé qué mal ha hecho, bueno, sí, tener el “halo rojo”. Y como colofón, el pueblo rondeño reunido en la plaza para ver el amanecer, “la gracia de un nuevo día”. Señores guionistas: pasen un verano ahí abajo y verán que la única celebración colectiva no es el amanecer sino el anochecer, cuando al fin llega la fresca, que ahí en verano tiene que hacer una flama que no se pué aguantá.

Justo es decir que Andalucía proporciona grandes escenarios, incluyendo un montón de enormes pasillos así como eclesiásticos, y una elección papal que tiene lugar en una pedazo iglesia que no tiene nada que envidiar al Vaticano; eso es porque aquí nos tomamos eso del catolicismo más en serio que en Italia, especialmente las partes de batallar herejes y masacrarlos.

 

Lo sentimos, camarada Bergoglio, ¡pero es que el canon del concilio de Clermont dice lo que dice!

 

Intento de trama, parte 1

La trama condensa sucesivamente en formas digna de cómic, es decir: digo lo que haga el mayor efecto en cada momento y a tomar viento cualquier coherencia, si ayer era negro hoy es blanco y viceversa, una actitud tan desenfadada ante la vida que solo la política española ha logrado asumirla en plenitud, y por eso todos nuestros políticos parecen sacados de Mortadelo y Filemón. Resulta que Adriel, el “ángel”, tras renunciar a su Halo, tuvo que quedarse en la Tierra como hombre mortal, muriendo al cabo de muchos años, pero sus huesos siguen siendo “divinos” o algo así y son quienes permiten a los demonios entrar en nuestro mundo. Y el Vaticano (en cuyas catacumbas está Adriel enterrado) lo sabe, pero no hace nada porque tiene mentalidad de exterminador de plagas y desratizador, ya saben, “hay que matar a todos los bichos pero siempre dejando la parejita”: mientras existan demonios, la gente necesitará a la Santa Madre Iglesia. Las inconsistencias teológicas y prácticas de esto son enormes (si los demonios no pudieron entrar en nuestro mundo hasta el siglo XII, ¿qué hacía la Iglesia antes?; ¿por qué un enviado de Dios ha causado tanto mal?; y sobre todo, ¿por qué esto no se muestra explícitamente, si la aparición de demonios acabaría ipso facto con la falta de fe y con herejías como el calvinismo o LPD?), pero recuerden, es un COMIC, puedes cambiarlo todo en dos páginas de la forma más inverosímil posible. Aquí el giro que nos ofrecen, agárrense, es que la Iglesia en realidad es BUENA y Adriel es MALO. No era un ángel, solo una especie de ladrón interdimensional que le robó el Halo a gente mu shunga y vio que bien metidito en la espalda de un humano resultaba invisible a los “demonios”, así que ahí lo dejó, pero luego los de la Iglesia vieron que era mala gente y le metieron en una celda con muros de siete metros de grosor para que no pudiera salir, y ahí sigue, emparedado pero vivito y coleando en los sótanos del Vaticano. Y claro, como no quedaría muy bien contar la verdad (y lo cierto es que el Halo resulta muh resultón contra los moros) hubo que inventarse toda la leyenda del ángel de cara al público.

 

“Y nosotros somos los “malos” porque claro, si mides 4 metros de altura, estás hecho de metales afilados, escupes fuego por la boca y los ojos y empalas a la gente, en seguida te ponen la etiqueta de “malo”, vaya prejuicios dimensionalistas que tenéis, que vais de woke por la vida pero en el fondo sois peores que los católicos de toda la vida, casi los prefiero a ellos, si es que me vais a obligar a votar a VOX.”

 

El confinamiento, sin embargo, no ha afectado a Adriel: sigue vivo, e incluso non fabla la lengva castielliana ala medievaliesta manera, xino expreçaçe como moderno home. Pero lo que tiene claro es que quiere que le devuelvan el Halo, y así se lía una de yoyah en el season finale para engancharnos de cara a la segunda temporada.

 

Intento de trama, parte 2

En la segunda temporada el rodaje ya ha dejado atrás las provincias sureñas y se ha trasladado a Madrid. Ya ven, el centralismo no se detiene ni ante las monjas (aunque queremos puntualizar que no porque Madrid centralice algo para sí eso significa que lo centralizado sea bueno o valga la pena verlo). Y así la monja guerrera se pasea por Malasaña, acompañada por los Pavones del catolicismo militante, entusiasmada con poder hacer algo de turismo y ver mundo, incluyendo el Museo del Prado. Porque resulta que -en un giro tremendamente propio de los comics- el Museo del Prado guarda el arma para derrotar a Adriel. Concretamente, la corona de espinas de Jesucristo, que los romanos usaron no para torturarle sino para quitarle sus poderes, y es una especie de kriptonita para bichos de la otra dimensión.

 

¿Alguien dijo Krypto?

 

En el cómic puedes tomártelo todo a cachondeo, pero como esto es una serie y pretende ser algo más, pues la monja guerrera tiene que hacer la pregunta obvia: “Ah, ¿entonces Jesucristo también era de la otra acera (dimensionalmente hablando)?” A lo que se le responde que mejor no ir por ahí, que tampoco queremos perder gratuitamente más público del necesario. Total, que entran en un Museo del Prado con mortíferas puertas metálicas de seguridad en los mismos pasillos donde pasean los visitantes durante el día, y mallas láser que ni para proteger las Crown Jewels, todo para recuperar lo que parece un ovillo de alambre de espino con púas LED. Y ya que estamos, pues rodamos por Madrid, especialmente delante de los monstruos arquitectónicos más brutalistas y horrendos posibles, poniendo en valor 30 años de alcaldes de derechas que han dejado la ciudad llena de edificios más feos que un pie y que pueden figurar muy convincentemente como la puerta al Infierno.

 

Cada 30 años, eso sí, entra un par de añitos la izquierda para poner algún inofensivo macetero moderno delante de los monstruos.

 

Como se supone que todos estos prodigios alteran las concepciones religiosas preestablecidas, la Iglesia Católica, con el Papa al frente, convoca un concilio ecuménico… en Madrid. Como terreno neutral, suponemos. Y para allí que van ortodoxos, coptos, protestantes (perdón: reformados), anglicanos y demás grupos que nos confirman que Dios necesita tomar clases de oratoria y dicción porque todo el mundo entiende su mensaje de manera ligeramente diferente. ¿Y dónde se reúne este concilio? ¿En la catedral de la Almudena, tan horrenda que el mismo diablo no la querría para sí? ¿En la catedral de las Fuerzas Armadas, dado que hace falta un cristianismo marcial? ¿En la Real Basílica de San Francisco el Grande, controlada por esa maravilla llamada Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén que forma parte de la Administración Central del Estado y que usted y yo tenemos el honor de sustentar con nuestros impuestos desde 1940 exactamente? ¿En alguna iglesia parroquial? Nada de eso: el cónclave se celebra en la sala de conferencias de un feo hotel brutalista en Chamartín, con el Papa en persona golpeando la mesa con un libro (la Biblia, concretamente) para remarcar un punto. Solo falta el buffet con café, zumo de naranja y bollería barata para las pausas.

El resto del argumento, pues ya saben: no hay argumento, esto es un cómic, y todo Madrid sale cubierto por un filtro de luz amarilla que se va en la escena final, gracias a lo cual sabemos que el Bien ha ganado de alguna manera. El resto, encadenamiento de chifladuras y muertes que -suponemos- se pueden revertir sin problemas, que hablamos de un comic que promete la vida eterna.

 

Monjas y guerreras

Ava: la chica que por una carambola ha recibido el Halo Divino Angelical, pero como que ni por esas parece dispuesta a creer. Cosas de haberse tirado 12 años cuadraplégica en una cama en un orfanato católico cuyas monjas se la cargaron con una sobredosis de calmantes porque estaban hartas de ella.

 

Ava, tienes que aprender a separar a las monjas y obispos de la institución que representan.

 

Por otro lado, y pese a llevar tetraplégica desde los 7 años, Ava sabe leer y escribir. ¿Cómo lo habrá aprendido?, te preguntas. Pues fácil: ¡las monjas, que educan insuperablemente bien! Ava nos explica todo esto mediante voz en off, permitiéndonos identificarnos con ella, porque la verdad es que también nos cuesta tomarnos en serio a unas monjas que en 8 horas de metraje solo las hemos visto rezar en una ocasión (y porque había llegado el cardenal, en lo que parece el equivalente teológico a “cortaros un poco con el feisbuk que hoy viene el jefe del departamento”).

Por supuesto, su falta de fe la convierte en un bicho raro dentro de la orden, donde no puede faltar la escena “la novata entra en el comedor y las amigas de la chica popular le hacen el vacío”, como si esto fuese un High School cualquiera en Michigan, ni tampoco el arco narrativo “yo es que esto no lo siento, sorry, me las piro Casimiro”, ni el repentino brote de buenismo que la lleva a ser apaleada por unas quinquis malagueñas delante de unas pintadas de la CNT. Luego, una vez asume su destino, pues a matar bichos y a ser monjil.

 

Lilith: la chica más popular del convento, siempre con su cuchipandi, sucesora natural del linaje de monjas guerreras… hasta que en una confusión el Halo acaba a espaldas de Eva. A Lilith esto le sienta regulinchi, y se apunta a cualquier conspiración que pueda acabar con ella de monja jefa. En el fondo, no es más que la presión de la familia, “que ha dado seis monjas guerreras a lo largo de los siglos”, arruinándole la vida a la gente. Al final tiene un giro buenista y muere para salvar a Ava. Bueno, muere “o algo así”, pero como esto es un cómic para la segunda temporada vuelve como monstruo interdimensional o algo así.

 

Shotgun Mary: la friki/outsider dentro de las monjas, enfrentada a Lilith no se sabe muy bien porqué. Bueno, sí, porque Mary está enfrentada al mundo así en general. Apenas empezada la serie se carga a un malo irlandés, cosa que me ha costado perdonarle dada mi debilidad por los acentos irlandeses. Luego hasta te encariñas con ella. No aparece en la segunda temporada, suponemos que la actriz era del método e incluyó al equipo de producción en su enfrentamiento con todos.

 

Beatrice: la chica de buena familia (léase: podridos de pasta) que se metió a monja para contentar a sus decepcionados padres y hacer penitencia por sus fallos. El “fallo” no lo aclaran explícitamente (o sería en la parte en que no me funcionaron los subtítulos), pero luego Beatrice nos lee muy emocionada la historia de la Monja Guerrera de 1942, que era una judía lesbiana salida de un campo de concentración, así que suponemos que decepcionó a su familia por lesbiana, y se metió en la OEC donde por suerte la respetaron más, aunque lo cierto es que a cierta Iglesia Católica de 1942 lo de gasear a judíos, homosexuales y comunistas igual no le hubiese parecido tan mal.

 

Cardenal Duretti: un personaje italiano interpretado por un actor portugués, qué más da, si a ojos de Hollywood todos son “latinos”.

 

SÍ.

 

Duretti es el malo encubierto, cosa que se descubre en el tercio final de la serie, cuando el hombre… se pone a hablar en italiano, la “Mafia Divina”, iam nostiseh. Pero eh, esto es un cómic: el que hasta ahora era el malo mañana puede ser bueno, y viceversa.

 

JC: un viva la vida (aunque atormentado por la muerte de su madre) cuya filosofía es que el mundo y las reglas van “contra gente como nosotros, nos dicen que trabajemos duro pero luego no hay recompensa”, y por eso se dedica a okupar viviendas de ricachones en la Costa del Sol, pero solo un par de semanas, y luego él y su troupe se buscan la siguiente. Con especial predilección por los palacetes de los ricachones árabes, que solo vienen una semana al año. Vagabundismo de luxe. Está ahí para ayudar a Ava a dar sus pasos iniciales por el mundo, y como esto es un cómic cuando ya no le necesitamos nos olvidamos de él. ¿Volverá a aparecer? Ya saben la máxima: en los comics, nadie muere nunca del todo excepto el tío Ben (sí, ya, le revivieron 30 segundos en el número 500 del Amazing, no me den la lata que estoy ya viejo para esto).

 

Padre Vicente: el supervisor masculino de la OEC, pero se cruza en el camino de Duretti que le reasigna a Florida para quitárselo de en medio. Vicente (o “Vincent” si uds. ven VOS) representa “el espíritu de la Orden de la Espada Cruciforme”. Sobre ese “espíritu de las órdenes religiosas”: históricamente, la mayoría de las órdenes las han fundado hijos de ricos y nobles. Sí, gente como San Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, San Agustín de Hipona o San Bruno de Colonia eran pura casta en su época, y corroídos por la mala conciencia se propusieron fundar una orden religiosa lo más estricta posible, con más penitencias y más rezos y más ayunos y más sacrificios que todas las existentes. Luego al cabo de unos años la orden había degenerado en un chiringuito más, perfectamente asimilable a los ya existentes, con los integrantes dándose a la buena vida, todo corrupción, simonía y nepotismo, e inspirando a una nueva generación de niños ricos a fundar una nueva orden, que esta sí, fuese lo más penitente y rezante y ayunante y sacrificada posible.

 

El ayuno de los monjes les prohibía comer pan, pero sí podían beber, así que alguno intentó crear un “pan líquido” (con alcohólicos resultados).

 

La OEC, al contrario de otros chiringuitos, parece haber resistido mejor que otras órdenes el paso del tiempo. En vez de ponerse trapistas y comercializar la Areala Lúpulo Tripel Blonde Pale Ale con 10 grados de alcohol directos al cerebro para ver a Dios o al menos a algún angelito cantando bulerías, le siguen dando al entrenamiento marcial desde tempranito por la mañana, mientras el padre Vicente se pasea por los jardines y las mira, pero tampoco parece hacer mucho más… hasta los capítulos finales, en que se arremanga (mostrando unos brazos tatuados) y nos muestra cómo cobraba la mafia sus deudas, que él también tiene un pasado. Al principio es el mayor valedor de Ava, en plan “no podéis arrancarle el Halo, el Halo la eligió a ella”… pero luego resulta que está en comandita con Adriel, y por eso quería que el Halo lo llevara la chavala más inútil y poco motivada posible.

 

Jilian Salvius: en el cómic, era el emperador Juliano el Apóstata, pero en versión siglo XXI (o siglo XX, recuerden, años 90, pozo de toxicidad). Aquí, es una señora que ha montado una superempresa tecnológica llamada ArqTech (la “T” tiene forma de tridente, oooh, qué sutiles) en un polígono industrial a las afueras de Málaga, con su acelerador de partículas y todo, pero no para acabar con la FE, así en mayúsculas, sino para abrir las puertas a un plano distinto de la existencia donde sanar a su hijo enfermo. Al hijo, a todo esto, ni siquiera lo tiene en casa sino en la oficina.

El caso es que la buena señora entra y sale en la serie como una especie de Deus ex machina. Lo cual es muy gracioso, o muy meta, o algo, porque es una serie donde siempre están con Dios y los santos de aquí para allá, y paradójicamente necesitan la ciencia cuando se han metido en un callejón sin salida narrativo.

 

Scientia ex machina.

 

Valoración

La serie tiene sus puntos (pero vamos, tampoco me la vería dos veces, y en Netflix han debido pensar algo similar y ya la han cancelado), y estéticamente, al menos, han renunciado a los pezones transparentándose en los hábitos del cómic, pero tras un inicio bastante espectacular se vuelve un poco lenta. De hecho, en uno de los episodios los subtítulos se me volvieron locos y la serie se entrecortaba constantemente, pero la mitad de las veces yo no estaba seguro si era un fallo técnico… o si los protas estaban haciendo una pausa dramática. Es esa clase de serie.

 

“Pinche boludo se volvió a atascar, ¿Qué pendejada estarán haciendo los Guardias Suizos con el wifi?”

 

La serie sí resulta interesante desde el punto de vista formal porque desafía nuestros prejuicios sobre las series. Verbigracia: si un miembro de las FCSE pega a un perroflauta, la serie es de izquierdas. Y si un perroflauta pega a un miembro de las FCSE, la serie es de derechas. (Si dos miembros de las FCSE se pegan entre sí, entonces es una serie bélica.) ¿Pero qué tenemos entre manos cuando una monja no perroflauta les suelta yoyah como panes a miembros del Cuerpo Nacional de Policía? Surrealismo. O a lo mejor esta es la tan deseada transversalidad de la que hablan los profetas de la izquierda, pero eso se lo dejamos a ustedes, que para religiones los colores. Felices Fiestas.


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  1. Comentario de pululando (27/12/2022 09:46):

    Lo más interesante de la cosa esta de la Monja Guerrera es el que “nosotros” (muchas comillas) somos el decorado/trasfondo en lugar de un instituto o un pueblo del Medio Oeste. Aunque he de reconocer que yo me pasé dormido la mitad de la serie (cosas de la edad, no se lo puedo achacar al producto). Supongo que el instituto y el pueblo habituales de EEUU se verán tan fielmente reflejados en la pantalla como nosotros aquí, pero “mola” igualmente. Cualquier día nos sorprenden con un San Lorenzo a parrillazo limpio contra los demonios.

    Por mi parte, si las recuerdo bien, la monjas de mi barrio eran todas así como las de la serie: tenían dos ojos, una nariz, extremidades y eran mujeres.

  2. Comentario de emigrante (01/01/2023 13:08):

    Pero esto es real o es un especial del 28 de diciembre? No se me ocurre un argumento más absurdo. Aunque si en Hollywood hacen series de monjes shiaolines dando leña no nos quejemos si los asiáticos en un manga hacen lo propio con monjas católicas.

    Pero por absurdo que parezca existe una base real. La verdadera monja guerrera se llamaba Catalina de Erauso, vivió en pleno siglo de oro y no era andaluza sino vasca. Se la conoció como la Monja Alférez y su historia fue muy popular. Existe una película española de los 80 basada en la novela de un escocés y protagonizada por Esperanza Roy.

    Catalina fue un hombre transexual que usó varios nombres masculinos después de huir del convento disfrazado de varón. Vivió como hombre y entró en el ejército llegando al grado de alférez. Y qué hizo la Inquisición cuando descubrió a un transexual? Quemarlo vivo? Le perdonaron un delito de homicidio, le concedieron una audiencia con el rey y un viaje a Roma para ver al Papa. Las autoridades le dieron una paga vitalicia por sus servicios como militar y le permitieron usar ropas y nombre de varón. 400 años antes de la Ley Trans.

    https://es.m.wikipedia.org/wiki/Catalina_de_Erauso

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