Star Wars – Andor (Disney+, 2022)

Este año está siendo muy prolífico para Star Wars. Primero la serie sobre Boba Fett, y posteriormente la serie sobre Obi-Wan Kenobi. Ambas un tanto MEH, intentando tirar de la mística de las películas originales. Ahora, llega Andor, intentando tirar de la mística de Rogue One. Y miren, al fin algo que no es MEH. Quizás porque no salen los soplagaitas de los jedis. Bueno, no: definitivamente porque no salen los soplagaitas de los jedis. Porque esa fue la razón del éxito de Rogue One (quitando el poner al ciego ese que no era jedi pero lo ponía en el currículum porque “bueno, tengo algunos cursos convalidados, cualquier día de estos me pongo y presento el TFG”), rodada para rellenar un agujero de guion del Episodio IV y a la postre infinitamente mejor que la morralla de las secuelas, excluyendo la joyita de Ryan Johnson. Un film protagonizado por gente que ni había oído el nombre “Skywalker” y que al final no se besaban. Y a su rebufo va esta serie: porque, aunque nos hemos quedado con la copla de que “Luke y Han Solo destruyeron la Estrella de la Muerte”, evidentemente no lo hicieron solos. Alguien tuvo que comprar el Ala X de Luke, alguien tuvo que hacerle el mantenimiento, alguien tuvo que ponerlo al día en guerra electrónica, alguien tuvo que robar los componentes necesarios para todo lo anterior, alguien tuvo que robar la pasta para pagar, alguien tuvo que ocultarla y distribuirla, y alguien tuvo que organizarlo todo para que llegara el Dúo Dinamita y se colgara la medalla.

 

A Chewbacca no, claro. Hasta ahí podíamos llegar.

 

Es decir, que detrás de los señores de la medallita hay un montón de gente que ha comido mierda durante décadas para sacar adelante el proyecto. Durmiendo al raso, arrastrándose por el fango, comiendo escarabajos para no morir de hambre, infiltrándose entre gentuza que te despellejaría vivo por no adorar con suficiente pasión al jefe de estado de la galaxia… Gente que se jugó el pellejo, y que en muchos casos también lo perdió, olvidados en alguna cámara de torturas imperial, ahogados en la desesperación de un campo de trabajo, o contra la tapia de algún cementerio espacial. Ellos son, en realidad, la verdadera rebelión. Rogue One les rindió homenaje, y esta excelente serie ha rematado la faena.

 

ETA in space

Dicho esto, tenemos que ponernos nuestros anteojos patriotas y manifestar nuestra preocupación por el mensaje que se está mandando a nuestra juventud. Porque antes que televidentes somos españoles y demócratas (y disculpen la retranca, porque evidentemente un español SIEMPRE es demócrata, vamos, si es que va de suyo, y cuanto más grande sea la bandera que agite, más demócrata es). Y la serie, eso no se puede negar, es de un progrerío anti-español inusitado: los buenos, o bien necesitan urgentemente una ducha y un afeitado, o se dedican a empleos de mal vivir, o directamente son terroristas, o todo a la vez. Sí, han leído bien, terroristas: gente que sin un uniforme formal hace la guerra contra un estado legalmente reconocido, como lo es el Imperio Galáctico.

¿Cómo dicen? ¿Que se trata de un régimen ilegítimo? Pero vamos a ver: ¿ustedes no han ido a la Escuela de Verano de Ciudadanos, o a alguna sesión de coaching con Albert Rivera, o al menos al McDonalds de Alicante? El Imperio fue instaurado por aclamación en el Senado Galáctico, que además fue quien autorizó los poderes extraordinarios de Palpatine (investido, por cierto, en una moción de censura plenamente constitucional), y la creación de un ejército de clones. Todo legal, y si es legal es bueno, negarlo es ponerse perroflautas y admitir que hay mandatos éticos por encima de la ley. ¿Qué la guerra que dio origen a todo esto fue posiblemente incitada desde las más altas esferas? Señores: que los malos de esa guerra eran SEPARATISTAS, ¿cómo no va a estar justificada una guerra contra ellos, si es para mantener la unidad e indivisibilidad de la Galaxia, patria común e indivisible de todos los galácticos? ¡Nada puede estar por encima de eso! Y los poderes extraordinarios también están plenamente justificados, a la vista de que unos integristas religiosos intentaron acabar varias veces con la vida de Palpatine. Integristas religiosos que para más inri tenían infiltrada a la administración en todos los niveles y departamentos, no estaban sometidos a ningún control democrático, y pretendían usurpar la autoridad del estado, lo cual es justificación de sobra para la intervención contra ellos (¿Qué se mató a niños? Bueno, eso no vamos a negarlo, pero es que both sides, joder; que cierto jedi se cargó a un clan entero de moradores de las arenas y nunca se investigó, que vuestra querida República era un fracaso, putos rojos).

¿Y desde entonces? Pues se ha vuelto a la senda del crecimiento virtuoso, el Senado continúa existiendo, y de hecho los principales opositores a Palpatine, como la familia Organa (un clan aristocrático que se va pasando en herencia el sillón senatorial y el gobierno de un planeta enterito, a pesar de lo cual la propaganda afirma que son “los buenos”), tienen su asiento en la cámara y hablan abiertamente contra el régimen. Y sobre todo: no nos ha llegado noticia de ninguna expropiación o devaluación encubierta de la moneda. No como bajo la República. ¿Qué clase de dictadura sería esa?

 

“Sólo porque nos importa más la propiedad privada que las libertades fundamentales resulta que somos fachas.”

 

Alguno dirá que con la destrucción de Alderaan y la disolución del Senado en el Episodio IV, el régimen ya cruzó una serie de líneas rojas que lo dejaron en la ilegitimidad. Vale, hasta ahí estamos de acuerdo. Pero esta serie empieza cinco años antes de estos acontecimientos, e incluso si nos tomamos el genocidio alderaaniano como el inicio formal de la dictadura (¿y acaso tenemos alguna prueba de que esto se ordenara desde arriba? ¿no sería una iniciativa personal, por supuesto absolutamente condenable, de Tarkin al margen del Emperador?), recuerden: las dictaduras hay que abolirlas siguiendo las normas de la propia dictadura. Todo lo contrario, es incitar al enfrentamiento civil, o, por decirlo alto y claro: TE-RRO-RIS-MO. Así que ya saben: todo lo que no sea desear la captura y procesamiento ante el Tribunal Supremo de Cassian Andor y sus compinches es apartarse del constitucionalismo de una democracia avanzada.

 

“There’s no such thing as a galactic society”

Aparte de la descarada promoción del terrorismo, la serie también dedica su tiempo a sembrar cizaña social: la galaxia es retratada como una pesadilla manchesteriana, donde la población vive en sucias y grises poblaciones de aluvión, y trabaja para megacorporaciones que, si bien quizás no son fanáticas seguidoras de la ideología oficial imperial, sí han encontrado un acomodo con los nuevos señores (y lo encontrarán con los siguientes, y los que sigan a estos, y…). Al mismo tiempo, la economía imperial, con su modelo híbrido capitalista-oligárquico-colonial, tiene la imperiosa necesidad de expandirse, absorbiendo continuamente nuevos espacios. Uno de estos espacios es el planeta Kenari, cuyos habitantes viven tan felices en comunión con la naturaleza, hasta que llega el colonialismo imperial a explotarles inmisericordemente en minas y burdeles y rapiñar sus recursos elevarles sobre su nivel de iletrados salvajes. Cassian Andor, “Kassa” para los amigos, es uno de estos salvajes. Por alguna razón, no aprecia que el Imperio le haya abierto nuevas posibilidades laborales fuera del clásico binomio cazador/recolector. Inicialmente se dedica al robo y a los chanchullos, mientras busca a su hermana perdida en unos planetas que podrían haber nacido de la fantasía de Margareth Thatcher.

La referencia a esta señora no es gratuita: la serie se rodó en Gran Bretaña, y cuando el primer extra abrió la boca y la cosa sonó como en Magaluf a primeros de agosto, la analogía para mi fue inevitable. Pero lo bueno de los acentos británicos (en sentido amplio, es decir, incluyendo escoceses e irlandeses) es que van con todo, así que tiramos para adelante. Combinado con que Diego Luna siempre parece a punto de decir “chinguen a su madre, gachupines boludos, ahí se quedan”, hasta podemos decir que Disney se ha cascado una serie europea. Y no tengo que explicarles cómo emociona eso a unos gafapastas con pretensiones como nosotros.

 

“La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo galáctico irradiador y la seducción de los aliados rebeldes laterales. Afirmación – apertura – destrucción de la Estrella de la Muerte.”

 

La serie funciona en cuatro actos de tres capítulos: tres capítulos para la huida de Andor de su planeta semi-natal, tres para asaltar una armería imperial, cuatro tres para hacerse un Prison Break del agujero más infernal de la galaxia (ideado claramente como metáfora del capitalismo y del complejo financiero-carcelario de EEUU donde -además de explotarte laboralmente- te obligan a pagar por tu estancia en prisión)… Con lo que logramos darle tiempo a la historia para que fluya, en vez de saltar entre escenas como entre las pantallas de un mal videojuego, como es la práctica desde las precuelas. Yo recuerdo estar en el cine viendo el Episodio I y pensar a la media hora “no están dejando tiempo, esta historia podría estar bien pero no lo sabré hasta verla tres veces porque no me están dejando respirar, simplemente no dejan que se asiente nada, en seguida se atropellan ellos mismos con otro CGI molón que te quieren enseñar”. Parece que los showrunners de Andor llegaron a la misma conclusión. Y con tres episodios por acto, también hay tiempo de presentar a personajes que te parezcan personas que te pueden importar. ¡Incluyendo a los malos!

Porque esa es otra: los malos ya no son solo fascistas haciendo grandiosos desfiles con la marcha imperial, sino que también tienen reuniones larguísimas que podrían haber sido emails en las que discuten los aburridos detalles de la burocracia imperial. Algo a priori más aburrido que leerse un editorial de la prensa responsable, pero más realista, teniendo en cuenta que cada uno de nosotros se encontrará antes con un fascismo basado en datos y presentado por Powerpoint, que con una fiesta del Partido en la que todo el mundo hace cosplay al paso de la oca.

 

Andorianos

Cassian Andor: el pobre muchacho que vivía en un planeta con su tribu, hasta que llegó el Imperio (allí matan a su amigo para que la frase de Rogue One “llevo luchando esta lucha desde que tengo seis años” tenga algún encaje pese a su inicial arco de “yo voy a lo mío y no me creo nada”). Luego, pues perdido de acá allá, hace un trabajillo para la Rebelión, se desvincula, y finalmente tiene su epifanía en una especie de Fortaleza Infernal.

 

Vel Sartha: la camarada Stalin de la galaxia (no lo digo yo, ¡lo dice el creador!). Pero ojo: la Stalin antes de ser “Stalin”, es decir, cuando aún era un revolucionario de poca monta llamado Iosif, robando bancos, organizando redes, y cazando a disidentes en sus ratos libres. Sartha además es lesbiana, porque frente al fascismo galáctico sin diluir nos gusta tener un wokeismo igual de concentrado.

 

Luthen Rael: si Sartha es Stalin, Rael obviamente es Lenin: es decir, el cerebro político detrás de todo. Y en su misión es absolutamente implacable, nivel sacrificar a 30 hombres para proteger una fuente imperial. Tiene totalmente asumido que lo que él hace es necesario para que otros puedan disfrutar de la libertad, la democracia y todo eso. Incluso, tiene asumido que él no lo verá. Un revolucionario en estado puro, algo que los americanos (con su “revolución” de 1776) pueden asumir de alguna forma como “suyo”, pero que el mainstream español (igual que el de cualquier país con una contrarrevolución ultrarreaccionaria exitosa) solo puede condenar.

Si Lenin les parece demasiado fuerte, también pueden pensar en Luthen como la Yolanda Díaz de la Galaxia, obsesionado con reunir a los diversos grupitos que hacen la guerra por su cuenta y emperrado en crear un Sumar de las Galaxias con todas las facciones peleadas y separadas por diferencias doctrinales y personales (de hecho, más de estas últimas, nos tememos). Lo bueno de Rael es que tiene como 18 millones de créditos imperiales para ayudar a hacer equipo. Como siempre, no ha faltado gente dispuesta a montar teorías de que Luthen es un jedi. La fascinación por lo aristocrático y la superioridad genética. Miren: como los guionistas le den coba a esto, es para buscarlos en sus casas y hacerles un escrache.

 

Dedra Meero: la dedicada oficial de la Oficina de Seguridad Imperial, emperrada en encontrar a Andor, a Luthen, y a toda la banda. La serie juega muy hábilmente el comodín “mujer-en-un-mundo-de-hombres” al presentárnosla, trabajando el doble de duro que los hombres para recibir apenas el mismo reconocimiento, para que así nos caiga bien – y luego la va convirtiendo, paso a paso, en una cabrona fascista de cuidado. Lo que sí se mantiene hasta el final es la duda si es una true believer o si simplemente se trata de hacer carrera pisando a la gente, “Stasi que Gestapo, me da lo mismo mientras yo esté arriba del todo”.

 

Syril Karn: uno de los personajes más interesantes de la serie. Y no por lo despiadado o lo truculento, sino sencillamente por lo tremendamente mediocre. Como un segurata de centro comercial que se cree un GEO. Este sí es un true believer, pero a lo más que ha llegado es a suboficial de seguridad en una compañía minera. Un oficio que en principio se presta a sestear (y esa es, de hecho, la actitud de su jefe), pero Karn quiere lucirse (literalmente: le hace unos arreglillos al uniforme para quedar más machote) y monta un operativo especial que se caga la perra. Y sale mal y le despiden, y Karn a sus treintaypico acaba en casa de su mamá repitiéndose “yo era la delgada línea azul que separaba el orden del caos y me despidieron por hacer mi trabajo, el Imperio TIENE que hacerme caso”.

 

“¡Hice lo que me dijisteis! ¡Por el bien del Imperio! ¿Por qué me abandonasteis?”

 

B2EMO: una de las cosas que más simpáticas hacen esta serie es que ningún personaje parece una creación chorra cuyo único propósito es vender merchandising (y esto es un vicio al que ni siquiera Rian Johnson pudo escapar). Lo más parecido es B2EMO, el pequeño y tartamudo robot de Andor, aunque su principal propósito parece ser el proveer una cara icónica para incluirla en la cortinilla de entrada de la serie, que reúne una secuencia de cascos o androides de Star Wars que termina con alguna relevante para la serie actual.

 

Aunque Disney gonna disneyar siempre, claro.

 

Mon Mothma: único personaje que ya conocíamos (salvo Saw Gerrera). Anteriormente solo una augusta presencia en el cuartel general de la Alianza Rebelde cuando había que resaltar una escena, ahora le dan un poco de fondo. El fondo es que está forrada de pasta pero su vida familiar es infeliz, ya que la casaron con 15 añitos con un gilipollas integral. Como ya tenemos a Lenin y a Stalin, ella probablemente sea el Mijail Kalinin de la Rebelión: cabeza nominal que tuvo su papel al principio, pero a la que a partir de cierto punto nadie hace demasiado caso. Para hacerla sufrir un poco, la única vía que le ofrecen para financiar la Rebelión pasa por un financiero poco escrupuloso que quiere casar a su hijo con la hija de ella. Terrible dilema al que se enfrenta… y eso que la niña tiene un pavo que no se lo aguanta. La maldición de ser madre, que amas a personas que pasan de ti como de la mie* y encima postean basura supremacista en Twitter bajo @nombrecito_numeritos (que no es que la hija shipee al emperador ni a ningún Elonio Muskonio galáctico, lo suyo es más el consumismo desaforado mientras pasa del rollo político, para pasar seguidamente a “cosplay de las tradiciones ancestrales, tales como recitar canciones religiosas y casarnos a apenas llega la menstruación”).

 

Valoración

Pues -una vez nos quitamos nuevamente los anteojos patriotas- realmente buena. Es que no me lo creo ni yo. Una serie que se toma en serio al Imperio en vez de dibujar un estereotipo de estúpidos militaristas, que se toma en serio a la Rebelión en vez de dibujar un club de palanganeros de los Skywalker, que se plantea en serio lo que haría falta para tumbar un régimen autoritario en vías de fascistización, quién podría llevarlo a cabo, a qué precio, y lo que les haría a nivel personal. Continuando la línea de Rogue One, pero de manera pura, sin incluir ni a Darth Vader como fanservice, ni a nadie del reparto original (salvo Mon Mothma, un personaje completamente secundario en las películas, al que aquí sacan para intercalar escenas de los campos de concentración imperiales con escenas de la jet set imperial en el penthouse de lujo de Mothma hablando de que se sienten inseguros y que ojalá la nueva Directiva de Resentenciado para el Orden Público traiga tranquilidad a los mercados y a las calles, que lo necesitan mucho). Yo hasta el season finale he tenido miedo que saliera algún jedi o algún Inquisidor galáctico, pero no: los productores han sido consecuentes a rajatabla y nos han dado nuestro fascismo galáctico sin adulterar, químicamente puro.

En la serie, además, se folla. Tal cual. ¡Una serie de Star Wars! ¡¡Hecha por Disney+!! ¡¡¡Y se folla!!! A ver, no les voy a engañar: tampoco es Juego de Tronos, pero en un universo donde el personaje principal viene a existir gracias a una Inmaculada Concepción Midicloriana, que una mujer haga un booty call y se presente en casa del chorbo a meterse en su cama pues ya parece pornografía pura.

En cuanto a la inclusividad: en la cuadrilla rebelde que se junta para asaltar la armería imperial, los jefes son una pareja interracial de lesbianas. Que en realidad nos da igual, pero que no podemos contemplar más que con regocijo. Porque (y esto vale también para el elfo negro) todos deberíamos tener claro que a Disney+ y a Amazon Prime lo de la inclusividad y todo eso se la suda. Pero vamos: ¡a mares! Lo único importante es el beneficio, punto pelota. Así que si Disney+ y Amazon han hecho series inclusivas es porque sus fríos y despiadados estudios de mercado les aseguran que a la mayoría de la gente eso les gusta (o al menos no les molesta), que las audiencias responden, y que las quejas vienen de cuatro pirados comiendo cheetos. Así que si la banda de buitres y contables al mando de las más despiadadas multinacionales cree que lo woke es el futuro, es porque lo es (que también hay que preguntarse si se quedará en el postureo y obviamente pueden cambiar de opinión y rumbo y blablablá, pero aquí y ahora es algo para celebrar).

Lo cual enlaza con otra crítica a la serie: que -¡oh no!- ahora el antifascismo y el anticapitalismo son simplemente un segmento de mercado manufacturado por empresas capitalistas. Pues sí. ¿Y? Por algún sitio hay que empezar. El Ku Klux Klan también empezó con una película. ¿Que La Casa de Papel no hay por donde cogerla desde el punto de vista del materialismo histórico? Pues vale, pero crea afición, pica a los imperiales, y los que se hagan muy fanboys siempre podrán irse al podcast de David Harvey para completar su entrenamiento.

Lo interesante de la serie, quizás, es que “los buenos” ya no son solo “rebeldes”, sino que tienen todo el andamiaje de “revolucionarios”. Y ahí le han dado. ¿Cuál es la diferencia? Como no queremos convertir esto en 8000 palabras de teoría política, digámoslo así: “rebelde” es el nombre aceptable que le pone la Derecha a un revolucionario cuando ya no puede negar que ese revolucionario hizo algo bueno o mejoró el mundo, o simplemente cuando quieren subirse al carro a toro pasado. Así ocurrió con Nelson Mandela, que pasó de “terrorista comunista” a “héroe y activista” en el vocabulario de derechas (si bien les llevó unos 40 años hacer ese viaje). En EEUU, a su guerra de Independencia también la llaman “American Revolutionary War”, pero luego a los que lucharon en ella casi nunca los llaman revolucionarios, prefiriendo “patriotas” o “rebeldes”. Y cuando salió Star Wars, los buenos eran la “Alianza Rebelde”, nombre que obviamente era aceptable para las Derechas, lo cual seguramente contribuyó mucho al éxito de la saga, a pesar de que dichos buenos estaban inspirados en el Viet Cong. Pero ahora parece que estamos ante un paso importante, y en cierto modo sin vuelta atrás: convertir a los “rebeldes” en “revolucionarios”. Tremendo papelón para muchos espectadores: una rebelión está bien, ¿pero una revolución? ¿Pretender cambiar el sustrato económico y social en vez de limitarse a cambiar de gobernante? ¿Vamos a aceptar que la opresión no siempre aparece como régimen autoritario, o eventualmente como cancelación progre, sino que puede tomar la forma de alquileres abusivos, jornadas laborales interminables y desigualdad sanitaria? ¿Y que las instituciones del estado a veces colaboran en mantener esto en marcha? Preguntas que igual no se espera uno de una serie de Star Wars, pero que en Andor asoman al final del todo (bueno, no les voy a mentir, esas preguntas aquí nos las hacíamos ya antes de ver la serie, pero mola verlas reflejadas ahí).

Y lo cierto es que aún no sé cómo se lo tomará el Extremo Centro: por ahora la crítica la pone por las nubes y no ha habido casi ñeñeñe por parte de los sospechosos habituales, como sí lo hubo para el Juego del Calamar. Pero el Calamar no tenía detrás 45 años de intentos de apropiación como sí ocurre en Star Wars. Y aunque las secuelas -con su wokeismo de chichinabo y un beso lésbico de medio segundo (censurado en la versión estrenada en Singapur)- ya empezaron a sembrar el descontento en el Extremo Centro, aún permanecía la esperanza de que “esto se puede arreglar con más Skywalkers machotes y macarrillas tipo Han Solo”. Pero esta serie ya son palabras mayores: una vez guillotinado el Emperador no hay vuelta atrás. ¡Y encima no puedes quejarte de que sea demasiado woke porque los dos “buenos” estelares son varones heterosexuales blancos (Stellan Skarsgård seguro, Diego Luna daría para la enésima ronde del debate “¿los latinos son blancos?” pero en su caso no hay mucha duda porque su madre era inglesa) mientras la mala malota es mujer y su frienemy principal en el ISB es negro! Así que es perfectamente posible que Andor sea el aldabonazo definitivo para que el Extremo Centro y las derechas empiecen a ser comprensivas con el Imperio Galáctico (¡diría que ya lo son!), o quizás incluso empiecen a abandonar el fandom en plan enmienda a la totalidad. Solo haría falta un universo alternativo atractivo para atraerlos, y ahí hay un mercado que podría satisfacerse desde los Anillos de Poder si Amazon hiciera un par de cambios menores (quitar elfos negros, emparejar a Galadriel sumisamente con un supermacho, meter a enanos bebiendo cerveza…) que el sustrato netamente reaccionario de Tolkien permitiría sin problemas. Solo es una idea, pero si yo fuese Jeff Bezos tiraría por ahí.

 

“Todo se está desarrollando de acuerdo a mis designios.”


Compartir:

»

  1. Comentario de emigrante (28/11/2022 16:10):

    Yo la abandoné al tercer capítulo porque se me hacía demasiado lenta. Pero si ustéd nos la vende con tanto entusiasmo quizá le dé una segunda oportunidad. No sé si el Extremo Centro tomará posiciones contra la serie pero yo ya he visto críticas (bueno más bien llamar la atención) a su falta de inclusividad por la llamativa escasez de androides y alienígenas comparado con otras producciones de la saga. Habrá variedad racial y de género pero los personajes principales son todos humanos.

    La que sí recomiendo encarecidamente es la del Mandaloriano que más que buenas críticas son auténticas alabanzas lo que se oye por parte del fandom y la crítica profesional. Los showrunners, Favreau (el chófer de Ironman) y Filoni además de profundos conocimientos del lore demuestran autentico amor por la saga. También tapa unos cuantos agujeros de guión de la denostada última trilogía. En cuanto a sus connotaciones políticas, The Mandalorian es un puro western. Ambientada al borde de la galaxia donde las patrullas de la II República apenas consiguen mantener el orden y sobreviven los restos del Imperio inentando reorganizarse en la Primera Orden. La primera y segunda temporadas también tienen su morbo porque todavía sale el personaje de Gina Carano, cancelada por revelar sus preferencias políticas y negarse a poner sus pronombres en su cuenta de Tweeter. La de Boba Fett vendría a ser un inciso dentro de esta serie, una especie de temporada 2 y medio.

    PS. Los andorianos son la especie originaria del planeta Andoria perteneciente la Federación de Star Trek. Tienen la piel azul, el pelo blanco y un par de antenas en la cabeza.

  2. Comentario de Sgt. Kabukiman (29/11/2022 09:41):

    A la macizorra la cancelaron por gilipollas. En concreto por presumir de serlo.

  3. Comentario de Latro (29/11/2022 22:45):

    Acabo de terminar de verla, después de que todo dios me la pusiera por las nubes. Y si, no está mal… aunque tampoco está tan enormemente bien, no sé yo. O yo me estoy haciendo muy cascarrabias o la gente tiene el listón bajo. Ahora, eso si, está bien, da una visión del universo que es mucho mas realista e interesante que las bobaliconadas del producto principal con sus brujos y su filosofía “si me odias entonces te pasas a mi bando”.

    Hay cositas que me repelen, como (Y AQUI HAY SPOILERS)

    El capítulo del asalto a la fortaleza imperial para llevarse los sueldos estaba saliendo redondo hasta que alguien decidió que había que cortar cada 3 minutos a ver que hacian los gilipollas haciendo cosplay de nativos primitivos porque… porque… no sé por que, porque no pitaban nada, no eran parte del plan, no hacia mas que interrumpir la acción que era lo suyo, y aparte volvemos a lo de siempre, la necesidad de “inclusividad” entendida como que todo tiene que parecerse a EEUU siglo XXI, así que tenemos un grupo de gente nativas de un planeta con su propio idioma y cultura y … hay 2 negros y un asiático para cada 10 anglos. Porque lo dicho, a ver si no se va a identificar el público si no ve América en todas partes; con lo lógico que habia quedado que esa América fuese… precisamente el Imperio/República, que si tiene sentido que sea “multiétnico”. Pues no, ahí un montín de gente haciendo cosplay de no se, nativos de la Mongolia espacial pero eso si, mismas proporciones demográficas que Nueva York.

    (Aparte de repatearme mucho esa necesidad de tanta cifi, y Star Wars a la cabeza, de ponerse “bucólicos” con las virtudes de la vida sencilla del campo galáctico y sus buenas gentes, o la vida del obrero en un entorno cuasi-preindustrial donde todavía habia valores y blablabla … pero a favor de la serie me han encantado todas sus localizaciones de “alta tecnología”, Coruscant (menos el piso de Mon Mothma), la prisión…

    Pero son cosas menores, en general si, interesante ponerse a mostrar tanto el origen de “La Rebelión”, incluyendo apuestas arriesgadas (y muchas veces equivocadas en el mundo real) de “si hacemos que el opresor se pase se prende la mecha” (o nos aplastan del todo…), y por otro lado una mirada al Imperio mas de “verdad”, en el sentido de que es lo que te hace un régimen así no en cosas “molonas” como Estrellas de la Muerte, sino en el día a día, que te levantas una mañana y hala, 6 años preso trabajando en Amazon, digo, una fábrica de armas, y quien dice 6 dice para siempre.

    Y Syril… Syril me ha parecido interesantisimo y a ver donde lo llevan en la segunda temporada, porque en esta todo el interés esta uno en el potencial y dos… en reconocer que es el único personaje que realmente puede funcionar como “representante de la audiencia”. Porque de la audiencia, seguro nadie nació en una tribu de adolescentes por lo visto supervivientes de un desastre ecológico y se ha dedicado al trapicheo de bajos fondos, pero nacer en una familia clase media con una madre repelente que tanto se enorgullece cuando “subes” en el escalafón como te insulta por no subir mas (o bajar), debiéndole favores a alguien para medio conseguir un empleo, y creerse los “valores” que te inculcan aún cuando ves claramente que ninguno de tus jefes lo practica… ese pichón de fascista si que se parece (en lineas generales) a nosotros.

Publicar comentario

(imprescindible)

(Imprescindible, pero no la publicamos)

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI