Cuando ETA era omnipresente

Han pasado diez años, que es mucho tiempo. Pero en el recuerdo parece incluso más. Estábamos viviendo los últimos compases del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en vísperas de las elecciones que le darían a Mariano Rajoy una victoria por mayoría absoluta. El país estaba inmerso en una grave crisis económica, producto fundamentalmente de los excesos en el mercado de la vivienda (no como ahora, que nos dicen que es momento de comprar y que la vivienda sólo puede subir y subir indefinidamente, aunque esté todo carísimo). Y en ese contexto llegó el final definitivo de ETA, que entonces no podía asegurarse, pero ahora, en la distancia, puede certificarse por fin.

ETA había estado muy presente -ominosamente presente- a lo largo de toda la etapa democrática española. Hundía sus raíces en el franquismo, y de hecho el que constituyó su principal éxito, el atentado que asesinó en 1973 al presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, se leyó durante mucho tiempo como un factor catalizador del cambio democrático. Sin embargo, ETA no desapareció cuando lo hizo Franco, y tampoco cesó su actividad al transformarse España en un sistema democrático dividido en autonomías que además permitía en su seno la convivencia de dos sistemas: el régimen general de las comunidades autónomas y el foral, que disfrutaban País Vasco y Navarra, este último un auténtico modelo federal con amplísimas competencias y capacidad de decisión para sendos Gobiernos autonómicos [acceso al artículo completo]


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  1. Comentario de A.H: (23/10/2021 12:59):

    El fin de la eta llegó con el 11-s. Eso provocó que los “grupos separatistas” fueran por fin terrorismo para la USA, y que nos dieran la tecnología necesaria para acabar el trabajo.

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