Supermillonarios aviesos y presidentes superheroicos

La literatura, el cómic y el cine están plagados de ejemplos. Los supermillonarios como némesis, como malvados villanos que quieren transformar la Humanidad, aunque tengan que llevársela por delante en el camino. Gente excéntrica y brillante, que cree que el éxito da la razón y que no consienten que ningún obstáculo se oponga sus deseos. Las sociedades distópicas a menudo tienen a los supermillonarios y las grandes corporaciones regentadas por ellos al frente de los asuntos humanos, aplastando los derechos de una población que vive para trabajar.

Las últimas décadas están viendo un incremento de la concentración de la riqueza en manos de un selecto ramillete de multimillonarios sin precedentes en época moderna. La globalización, la desregulación fiscal y laboral, así como la aparición de nuevos sectores de negocio que han crecido vertiginosamente (en particular, el sector tecnológico) están propiciando que tanto el 1% como el 0,1% y especialmente el 0,01% de la población sean más y más ricos y se distancien más del común de los mortales. Y en ese escenario es donde los supermillonarios, con dinero que les sale por las orejas, buscan el siguiente escalón: trascender, ir más allá, dejar su sello indeleble en la Tierra y que se les recuerde por siempre jamás (la mayoría ya han dejado dicho sello, en términos de contaminar el planeta y deteriorar las condiciones laborales de millones de personas, pero quizás no se refieren a ese tipo de impronta). Sin perjuicio de que estén organizando siniestros planes secretos en un búnker de la Antártida para dominar el mundo, la moda oficial parece ser ahora participar en una carrera espacial privada que haga la competencia a la de las grandes agencias aeroespaciales de los Estados [acceso al artículo completo]


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