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Euro2020 – Italia

Hay que ver, empezamos esta serie “Eurocopa 2020” en LPD por pura coña, y ya estaríamos en semifinales. Se nos fue de las manos, señores. Por suerte, el triunfo aplastante del neoliberalismo en Europa –y el consecuente desprecio absoluto a cualquier perdedor, es culpa tuya, vete a morir y no molestes- implica que no haya partido por el tercer y cuarto puesto, y existe la posibilidad de que este sea nuestro último post. Pero vamos, que esta panda de tuercebotas es capaz de llegar a la final y todo. Por pura suerte y nada más: Suiza salió sin su principal estrella [1] (sancionado encima por bocazas [2], no por hacer entradas), nos regaló un autogol en el minuto 8, jugó 45 minutos con uno menos gracias a una expulsión cuanto menos cuestionable [3], y aun así hubo que jugársela a suerte o verdad desde los once metros, donde los Eidgenossen fueron brevemente por delante tras fallar España su sexto penalti consecutivo en competiciones oficiales. Tenemos una suerte que no nos la merecemos. O eso, o Merkel, von der Leyen y Mette Frederiksen han sucumbido a los ojitos de cordero degollado de “Vacío” Sánchez [4], a.k.a. Mister Handsome [5], y aparte de con los Next Generation quieren apuntalarle con una Eurocopa. Y ahí está el tío, construyendo su leyenda.

 

“Pasa al despacho a lo que tu ya sabes, y te hago presidente hasta 2030.” “Lo que tu digas, Úrsula, pero la máscara no me la quito.” “Mira, hazme tuya aquí mismo que no me aguanto.”

 

Pero aunque las semifinales ya son un logro (logro magnificado porque hemos llegado con más empates que victorias), camino de la final nos queda un rocoso rival. Italia, nada menos, como en 2016 [6], en lo que huele a final anticipada (escribo esto antes de conocer la otra semifinal, pero ni la pérfida Albión, o el primo de Zumosol de Eslovaquia, o los mejores productores televisivos del continente, ni tampoco los restos amalgamados de los imperios ruso y austro-húngaro deberían ser rival).

 

El rival

Poca gente es consciente, pero hubo un tiempo que España e Italia compartían soberanía en un mismo estado. Y no, no nos referimos al Imperio Romano. Porque ahí hubo más gente metida, que diluyó nuestros caracteres netamente jolgorioso-mediterráneos. No, hablo del periodo 507-526, en que ambos países estaban bajo el sabio gobierno de Teodorico el Grande [7]. Aquello podría haber sido el comienzo de una gran nación: lo bastante fuerte para rechazar a los moros dos siglos más tarde, y para no dejarse avasallar por esos bárbaros del norte. Una nación con excelentes fronteras naturales, los mares y la cadena Pirineos-Macizo Central-Alpes, capaz de convertir el Mediterráneo occidental en su bañera, y con el latín vulgar con elementos godos como elemento de unificación. Hoy podríamos tener una UE centrada en Marsella, y los cancilleres de Normandía, Baviera y otros 20 ridículos estados noreuropeos vendrían a mendigarnos fondos para que sus economías basadas en el turismo de windsurf y esquí pudiesen subsistir, subsidiadas por un Silicon Valley en el Guadalquivir y la industria pesada de las llanuras del Po. Pero no pudo ser. ¿Y por qué no pudo ser? Pues porque Teodorico, en vez de pensar en el bien de la mayoría, solo pensó en su familia, y en vez de buscar al más capaz de sus nietos, quiso dejarles algo a todos. A su muerte en el año del Señor 526, el imperio fue dividido entre dos nietos, Amalarico y Atalarico, dos nulidades intercambiables hasta en el nombre, y desde entonces ambos países sufren bajo dirigentes que creen que la familia es más importante que el conjunto. Pensamiento que ha perfundido hasta el pueblo llano. Y así nos ha ido, sin sentido comunal ni de estado, vapuleados por separado por extranjeros envidiosos. Porca miseria.

 

España e Italia: separadas por los caudillos, unidas por la música.

 

Estilo de juego

El estilo se resume en “no encajar goles, y luego ya veremos”. Y efectivamente, en lo de no encajar tantos han logrado batir en esta Eurocopa el record mundial, con unos 1200 minutos imbatidos. Y también llevan ya 15 partidos consecutivos ganados [8]. Todo números impresionantes, pero que –combinados con ese estilo de juego que consiste en cerrar y no dejar jugar- no les hacen muy populares. Podemos confiar en que el público inglés de Wembley (que curiosamente en los negocios y la piratería se comporta como la squadra azzurra, pero en el fútbol prefiere equipos con un estilo similar a la economía italiana, que den algo de espectáculo y risas) nos de un voto de confianza.

 

Estrella

Mostrando nuestra total ignorancia, nominamos a Leonardo Bonucci. Por ser el capitán y por unas credenciales impecablemente italianas: ha jugado en clubes cubriendo toda Italia, desde Bari hasta Milano, incluyendo la Juve, el AC Milan, y el Inter. Fue también titular (como Sergio Busquets y Jordi Alba) el 1 de julio de 2012 en el Olímpico de Kiev, así que igual sufre regresiones ante el 4-0 que se llevaron aquel día. O igual lleva nueve años alimentando el rencor y viene con ganas de revancha, a saber.

 

¿La Mamma?

 

Nuestra propuesta al Comisario Político de la Anti-España

La vida, la existencia humana en este planeta, es un equilibrio constante entre dos impulsos. Eros y Tanatos, el impulso creador y el destructor, la creación de algo nuevo por la pura alegría de poder hacerlo, y la pulsión destructora de lo existente como modo de afirmación de uno mismo. La locura que invade a cuarentones dispuestos a ser padres, y la naturalidad con la que los niños destruyen sus castillos de arena para que no los usen los demás. Es el peculiar equilibrio entre estos dos extremos lo que determina el carácter de los pueblos, siendo los extremos Japón (donde van a tope 100% con ambos impulsos) y España (donde pasamos al 100% de lo uno y de lo otro, a nosotros déjennos en paz, ni eroistas ni tanatistas, los dos eran malos), los demás van un poco entre medias. En Italia, desde el desafortunado divorcio del año 526, las energías creadoras han fluido de manera casi inagotable, dándole al mundo una corriente artística tras otra: el Románico, el Renacimiento, el Barroco… pero, ¡ay!, las corrientes no eran del todo inagotables, y cuando llegó el fútbol, ya no quedaba nada. Por eso, y para compensar el exceso de Eros en el arte, el fútbol italiano es territorio de Tanatos. No hay pulsión creadora, solo destrucción y olvido. La morte si veste di azzurro.

De ahí nuestra propuesta –arriesgada pero sincera- a Vacío y su comisario político: pasemos de todo. En serio. Ni prepararnos ni nada, pachanguita por la mañana para no perder la forma y el resto del día juerga, piscinita, sol y barbacoa. Saltarse el régimen alimenticio con chupitos y helado, y por la noche videojuegos o discoteca. Y dos polvos por jugador. Alegría, coño. Cinco días de juerga y vacaciones, y la Roja saltará al campo pletórica de felicidad y de vida vivida. Solo la vida vivida, la vida con sentido, puede destruir el miedo a la muerte. Contra Suiza esto habría sido un suicidio, porque si nos elimina un país que para 8 millones de habitantes se permite 26 autonomías forales, los ideólogos y propagandistas del “país más descentralizado del mundo” habrían colapsado las urgencias, y eso no. ¿Pero llegados a semifinales, reventados por dos épicas batallas con prórroga, y contra el clarísimo favorito al campeonato? No, a Italia no vamos a ganarla siendo más italianos que ellos. Ganemos siendo nosotros mismos, nuestra más pura esencia, o perdamos 5-0 en el intento. Solo eso es vivir.