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¡De Óscar, Toni!

Cantó ha interpretado estos días, una vez más, el papel de su vida: la del político con valores y convicciones, que, asqueado por los juegos de política sucia de su partido, decide abandonar la política y dedicarse a su verdadera profesión: actor [1]. El único problema es que este papel, hay que decirlo, ya está muy trillado. Ya lo vimos hace seis años, cuando abandonó UPyD con lágrimas de cocodrilo, diciendo que volvería a la actuación. Y, en efecto, así fue: volvió a la actuación de “actor decepcionado por la política que en realidad ve cómo se hunde el barco y busca otro apresuradamente para seguir en el candelero”, porque muy pronto se fue a Ciudadanos para continuar ahí su carrera política, durante otros seis años.

Ahora, con Ciudadanos herido de muerte, Cantó ha vuelto a recordar sus profundas e íntimas convicciones, esas que durante más de una década le llevaron a hilar un discurso enormemente crítico con el PP, por su corrupción, sus malas prácticas, su viejunismo político. Se ha mirado en el espejo y se habrá dicho “¿acaso estoy de acuerdo con esta deriva sanchista-leninista de Ciudadanos con Inés Arrimadas que pone en peligro la hegemonía del centroderecha en Madrid y, por qué no decirlo, también mi carrera política, mi capacidad para estar en el candelero y mi sueldo? ¡Yo digo NO!” [acceso al artículo completo [2]]