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Preocupación en Santa Pola

La División Azul ha llegado a octavos de final primera de grupo, pero en el camino ha generado todo tipo de dudas y críticas por su paupérrimo juego y por su horrorosa defensa, peor que un youtuber. Particular atención merece, al respecto, el papel de De Gea, “uno de los tres mejores porteros del mundo” (me gustaría ver a los otros dos), que infunde en la defensa esa imprescindible seguridad para que puedan hacer cantadas a gusto; total, si no cantan ellos, ya lo hará De Gea, siempre reconcentrado, absorto, con un concepto fijo en el pensamiento: Torbe.

Pinche en la imagen para ver a De Gea en acción

A mí, la verdad, me parece que la gente no tiene memoria histórica. ¡El Presidente Sánchez va a tener que desenterrar y enterrar a Franco varias veces, a ver si nos enteramos! La División Azul ganó dos Eurocopas [1] y un Mundial [2], en efecto; y lo hizo jugando muy bien (más en las Eurocopas que en el Mundial). Pero, antes y después de eso, lo habitual con La Roja ha sido siempre (desde 1978; antes era aún peor):

a) España genera muy buenas sensaciones en la fase de clasificación y luego hace el ridículo en la liguilla, donde es ignominiosamente eliminada. Ocurrió en 1978, 1998 y 2014 (y sumaría 1982, sólo que allí nos clasificábamos directamente por decreto y porque se sacaron de la manga una segunda liguilla, donde también hicimos el ridículo).

b) España genera muy buenas sensaciones en la fase de clasificación, refrendadas en la liguilla de grupos, donde pasa primera sobrada. Cuando el “¡que nos den la Copa ya!” es un clamor en todo el país, España cae eliminada en octavos o cuartos de final, generalmente con una inyustísia, para que duela más (ocurrió en 1986, 1990, 1994, 2002 y 2006).

En cambio, ahora estamos ante un escenario prácticamente nuevo: que La Roja haga el ridículo en la liguilla y, así y todo, se clasifique primera de grupo de pura chorra. No voy a vender ilusión (nononono, de verdad que no), pero el único antecedente que se me ocurre es… 2010. Perdemos con Suiza, ganamos fácil a Honduras (¿o era El Salvador?) y Chile nos deja ganar. Pasamos patéticamente primeros de grupo, enlazamos cuatro victorias por uno a cero, todas ellas (salvo contra Alemania) con juego ramplón, y ganamos el Mundial.

Esto esta vez no va a pasar, y no sólo porque, desengáñense, es complicado ganar un Mundial (y más con la actual plantilla, que no está mal, pero no es la generación de 2008-2012), sino porque resulta metafísicamente imposible que esta defensa logre acabar un partido sin que el rival nos haga un gol. O varios, que para eso está De Gea, tan concentrado en su odio al Presidente Sánchez que no le quedan energías para nada más [3].

De Gea hace la estatua

También me parece un tanto irreal pretender que Hierro arregle algo. Hierro, el hombre, con esa cara de perenne terror que me hace, bastante tiene con sobrevivir. Si la cosa pudiera arreglarse a codazos, como siempre, pues igual aportaba algo. Pero en la situación actual, en la que Hierro se queda paralizado mientras algunos de sus jugadores vagan por el terreno de juego durante todo el partido, no da la sensación de que vaya a revolucionar la pizarra con ideas atrevidas y afortunadas. Como mucho, que, si el devenir de la competición nos da para cruzarnos con un rival de más empaque que Rusia, ponga el autobús en el centro del campo.

Creo que es buena noticia que nos toque Rusia en octavos. En primer lugar, porque así el sobrenombre de “La División Azul” adquiere todo su sentido. En segundo lugar, porque Rusia es un equipo ciclotímico, un equipo loko, y el partido será un descontrol, divertido de ver, en el que cualquiera de los dos equipos puede vencer 6 a 2. No es mucho a lo que agarrarse (y no olviden el factor campo, jugar contra el anfitrión en octavos y con Putin manejando el VAR a su antojo mientras asigna cápsulas de polonio desde la tribuna), pero es mejor, visto lo visto, que jugar contra Uruguay y que nos eliminen con un grisáceo dos a cero (o más).