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Anatomía de un soufflé

Ahora que se han puesto de moda los programas televisivos sobre cocina en todos sus géneros, LPD no puede ser menos y hemos decidido iniciar una sección dedicada a la gastronomía española, que tanta gloria está aportando a la patria. Sección repostería, claro, que es lo nuestro. De manera que de aquí a diciembre nos vamos a ver obligados a analizar cómo van los dos soufflés por antonomasia. De una parte, el separatista radical, enmarcado en el “procés” más conocido como apuesta/órdago/deriva/locura/golpe de estado/agresión directa a todos los españoles/exterminio en campo de concentración (elíjase lo que proceda, según sea Usted un español de izquierdas, de centro izquierda, de centro o de centro derecha) independentista/soberanista/nacionalista/nazi/de Mas/de los nazis/de los catalanes/de los nazis catalanes, y perdonen la redundancia (márquese aquella opción con la que se sienta más identificado según su escala de alteridad constitucionalista y no nacionalista) que a estas alturas de siglo, en 2015, y de año, en septiembre, se supone que debería haber bajado ya mucho y estar por los suelos. De otra parte, el soufflé de Pablos Iglesias que empiezan a aparecer por todo el mundo, desde Grecia a la Gran Bretaña, aunque hay quien dice que por aquí las cosas están un tanto de capa caída, como nos anunciaban desde el principio los que saben (bien es cierto que los que saben anunciaban la bajada del soufflé por sus vínculos con Maduro y su irresponsable radicalidad, pero ésta no llegaba y no llegaba hasta que los Pablos Iglesias del All Star de la Politología empezaron a ir a comer o cenar con los defensores del Chile de Pinochet como Estado de Derecho guay o los empresarios de orden y… ¡mano de Santo, oiga!).

Ante la inminencia de las elecciones en Cataluña y, lo que es más importante, de la consiguiente resolución de la Pablo Iglesias de las porras electorales catalanas [1], hemos de empezar primero por tratar de hacer una disección del soufflé catalán. Para ello nos hemos releído toda una serie de textos de la intelectualidad española más comprometida con la democracia y el estado del Derecho pero a la vez más brillante y sagaz detectando lo pasa y explicándoselo al vulgo para que éste sepa qué ha de pensar (“Todo lo que era soufflé”, “Anatomía de un soufflé”, “Mejor soufflé”, “El dilema del soufflé” o “Qué hacer con el soufflé”) y ya tenemos todo claro. Cristalino. LPD, en su vocación tradicional de servicio público, una vez hecho este esfuerzo, ha decidido pasar a resumir aquí todo para Ustedes, a fin de ahorrarles a todos el esfuerzo de recapitular leyendo todas esas cosas pero sin ue por ello dejen de estar informados de lo que de verdad ha pasado estos años que, más o menos, viene a ser esto:

Más o menos, hecho el diagnóstico, una vez tenemos la receta del soufflé, toca confrontarlo con la realidad. Una realidad en la que, según todas las encuestas, a día de hoy, la intención de voto para Convergència i Unió y ERC, abiertamente independentistas, en su lista de Junts del Sí, está sólo una media docena de escaños por debajo de la que tuvo en las últimas elecciones la suma de CiU (donde estaba entonces Unió) y ERC. Con la diferencia de que esta vez parece complicado decir, como se argumentaba entonces apelando a los 14 diputados de Unió o a que CiU tampoco dijo nada claramente en campaña, que quien estaba votando a CiU no votaba necesariamente un proyecto de país propio. Algo que a día de hoy parece más osado  defender, aunque, por supuesto, es fácil augurar que en cuanto pasen las elecciones, si los resultados se confirman en esta línea, vamos a tener mucha matraca en este sentido. ¡El voto a Junts pel Sí no puede entenderse como un voto a favor del Sí sino algo más matizado! ¡El voto en favor del Sí es e todo caso el voto a Unió y mira cómo se han estrellado mira! ¡El soufflé ha bajado!

Junto a la lista de Mas, que no es la lista de Mas, sino un pastiche raro con un ex ICV de número 1 y dos líderes del agit-prop indepe asociativo de nº 2 y 3, que en condiciones normales debería haber sido descuartizado electoralmente por sus múltiples defectos, contradicciones y unión absurda (véase la evidente incomodidad inicial de ERC), y todo ello por no hablar de la acción de gobierno de CiU apoyada por ERC desarrollada hasta ahora, el sector independentista parece que será apuntalado por unas CUP que pueden triplicar perfectamente escaños (tienen ahora mismo una testimonial pero meritoria presencia de 3 diputados en un parlamento de 135). En definitiva, que podemos situarnos con un parlamento donde haya una mayoría absoluta clara de partidos presentados, por primera vez, a las elecciones con programas abiertamente independentistas. Mayoría absoluta que puede hasta ser holgada y que podría ser también una mayoría de votos (excluyendo blancos y nulos) en el mejor de los resultados avanzados por las encuestas. Como puede verse, el soufflé está descomponiéndose a marchas forzadas.

En cualquier caso, señores, no nos preocupemos en exceso. Porque si hay que bajar el soufflé un poquito más y consolidar con ello del todo las opciones de mayoría absoluta independentista, e incluso de la lista de Junts pel Sí en solitario, lo que dejaría claro del todo que el soufflé ha caído ya definitivamente, todavía queda una semanita de campaña en la que Rajoy, Felipe González, Aznar, Alfonso Guerra y algunos artistas invitados (Leguina, Rodríguez Ibarra…), junto con las habituales plumas que pueblan nuestra prensa escrita y las tertulias radiofónicas y televisivas, aún pueden desplegar un festival de amenazas (la banca se iría, la liga se iría, las autopistas se irían, la Guardia civil se iría, la Unión Europea catalogaría a los catalanes de sirios o, aún peor, de afganos…) e insultos de todo tipo inspirados en la Alemania nazi para acabar de rematar la faena. ¡Todo sea por explicar a esos pobres bárbaros que la gastronomía en un buen Estado de Derecho avanzado y democrático es como es y que, tarde o temprano, las cosas vuelven por donde solían gracias al triunfo de las libertades y la democracia!

Y, liquidado el soufflé catalán, pues ya podremos ponernos a trabajar en el otro, que hay muchos cargos, empresas públicas y subvenciones en juego y con las cosas de comer no se juega.