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Españazas (1): Comunidad de Madrid: Antes catalana que roja

Érase una vez una Comunidad Autónoma Capitalista donde sus habitantes presumían de progres y culturetas, pero donde los gobiernos de Sobremos iban a cumplir veinte años de paz, seguridad y prosperidad, pese a míticos cinturones rojos alrededor de su capital y gracias a algún Tamayo del Manzanares que reconsideró su voto antes de la sesión de investidura. En los primeros tiempos, Sobremos se expandía metro a metro, llevando las estaciones del suburbano a los sitios más recónditos de la Comunidad. Ya en la época donde la bruja Yubaba era Presidenta del Gobierno de la Comunidad, se introdujeron nuevos hitos que marcarían la prosperidad de los madrileños como hospitales —privados— para todos, educación pseudobilingüe, colegios concertados para la gente de bien, universidad pública para los que tengan padres hormiguitas que hayan ahorrado, bachillerato de la excelencia para los ungidos, ciudad perdida de la justicia, universidad privada para ricos, corrupción para los listos y ley de dependencia para nadie.

La bruja Yubaba siempre estuvo ojo avizor para que no le colaran ninguna mamandurria entre los tesoros que disfrutaba y siempre formaba gobierno con los mejores príncipes de las familias de más abolengo. Sin embargo, no pudo evitar que sus príncipes le salieran rana y terminaran en prisión tras las investigaciones de la Gürtel y Púnica. Porque ningún ser viviente podrá dudar de la honradez de la bruja Yubaba, que con su mísero sueldo de servidora pública no podía cubrir los gastos para calentar sus palacetes en invierno.

Pero la bruja Yubaba, un año después de alcanzar la segunda reelección en el cargo, dimitió por motivos aún no aclarados. Hubo quien especuló que el motivo fue su salud o el aburrimiento, pero otros pensaron más bien en que quería evitar aplicar medidas impopulares, como los recortes por la crisis, o porque ya empezaba a otearse el horizonte judicial de algunos de los miembros de su gobierno. Yubaba dejó a su lugarteniente, famoso por comprar un humildísimo ático de dos plantas en Marbella, para rematar la faena y continuar su sacrificada labor.

Pero el Dedo de Moncloa tenía otros planes, y decidió que había que renovar, por lo que eligió como candidata de Sobremos a Moderna de Porra. Moderna de Porra ha sido la sensación sobrera de los últimos tres años en Madrid. Declarada agnóstica, republicana, partidaria del matrimonio homosexual y portadora de varios tatuajes, era un espécimen exótico, pero gracias a su puesto de Delegada del Gobierno en Madrid había conseguido que los votantes de Sobremos fueran mejorando su valoración según las fuerzas de seguridad a su mando aporreaban a los perroflautas.

Moderna de Porra tiene bastantes opciones de ser la próxima Presidenta de la Comunidad de Madrid, aunque para ello deberá evitar que triunfe un frente izquierdoso y convencer a los Cuñadans de que la apoyen en su investidura. Así, se deberá presentar como una mujer de orden y ajena a toda la corrupción que tan injustamente se achaca a Sobremos, partido de sobre sobra caracterizado por sus muy virtuosos y frugales miembros. Una vez que llegue al cargo, apuesten a que seguirá la misma senda marcada por la bruja Yubaba, podando mamandurrias como los comedores escolares o tratamientos sanitarios. Porque aunque el Gobierno de Madrid presume de su control del gasto —no como los manirrotos valencianos, por no nombrar a los catalanes—, acumula una deuda del 12,5% del PIB, que corresponde a un 170% de los ingresos corrientes de la Comunidad en 2014.

Para triunfar sin dejar dudas entre el respetable, Moderna de Porra deberá obtener un resultado en la ciudad de Madrid comparable al que obtenga la bruja Yubaba, porque si no, las maldiciones de Yubaba caerán sobre Moderna de Porra más pronto que tarde.

Guapemos, la facción clásica enfrentada a Sobremos, presentará como candidato a Garbielondo. Garbielondo es un catedrático de filosofía que para evaluarlo adecuadamente es necesario conocer las circunstancias de muchos catedráticos, que a las pocas semanas de culminar su carrera profesional después de ganar la oposición correspondiente, empiezan a percibir un vacío interior y necesitan buscar nuevas metas vitales. Algunos siguen por el camino universitario y llegan a ser rectores. Pero tampoco les termina de satisfacer. Luego llegan a ser ministros, y es precisamente entonces cuando descubren su vocación de servicio público. Desgraciadamente, los ministros a veces deben dejar el cargo por injusticias de la vida política.

Garbielondo estaba sobrellevando esa tesitura cuando recibió una llamada para ser candidato de Guapemos para Madrid. Sin embargo, ese puesto ya contaba con bicho y Garbielondo tampoco es muy partidario de mancharse las manos en asuntos ruines. Pero entonces renació su vocación de servicio público, y aun en contra de los consejos familiares, aceptó el desafío, con la única condición de que fumigaran a conciencia el cobijo del candidato anterior.

Garbielondo aspira a llevar serenidad al mundo de la política. Cuando fue ministro renunció a una nueva ley de educación porque no llegó a un pacto con Sobremos: claramente no podía haber pacto porque Sobremos ya se veía con el control del Dedo de Moncloa y prefería hacer la ley a su católico gusto. El objetivo de Garbielondo será gobernar, aunque es una tarea hercúlea solo al alcance de dioses: debe conseguir que Guapemos sea el segundo partido con más votos, conteniendo tanto a Pablemos como a Cuñadans, y luego alcanzar un pacto poselectoral con ellos.

Y es que según las encuestas, Pablemos ha crecido mucho en la Comunidad, al conseguir reunir a todos los desencantados a la izquierda de Guapemos —salvo los irreductibles de Izquierrota—, a todos aquellos que pancarta tras pancarta, marea tras marea y acampada tras acampada han estado protestando contra Sobremos. Su candidato es Parcanta, un tipo de barrio —es decir, que todavía solo le conocen en el círculo de la panadería de su barrio—, aunque en la época de ZP fue el encargado de un observatorio para que las religiones convivieran en paz y armonía. En estos nuevos tiempos donde el pueblo se declara desencantado de la política y exige que los políticos se renueven y sean santos varones, cuando al fin le presentan a uno, el pueblo soberano se pregunta que quién es ese tío, que vaya soso, que a la Moderna no le dura medio porrazo, que muy experto no parece y lindezas así. ¡Ah!, ¡qué difícil es interpretar al pueblo!

Parcanta aspira a ser Presidente de la Comunidad, aunque para ello deberá obtener más votos que Garbielondo, que una posible Unión Temporal de Partidos entre Sobremos y Cuñadans no tenga mayoría, y luego convencer a Guapemos de que no son tan bolivarianos como los pintan.

A principio de año, Pablemos se las prometía felices. Subía como la espuma en las encuestas y hasta ganaba en intención directa de voto en Madrid. Pero, ¡ay!, de repente empezó a surgir de la nada Cuñadans, el «cambio sensato». Las lenguas viperinas empezaron a propagar que era el resultado del apoyo del malvado establishment, que ante las malas perspectivas de Sobremos y Guapemos empezó a promover otras alternativas más a su gusto, no sabemos si también llevando sacas de dinero de la caja fuerte del banco a la sede de Cuñadans.

El candidato de Cuñadans es Ibexito, un candidato sobradamente preparado… preparado en la defensa de los intereses de una empresa del Ibex ante el gobierno. Aunque eso sí, Ibexito declarará su amor por los autónomos, a los que denominará emprendedores. También adaptará los lemas de Cuñadans a la idiosincrasia madrileña, con frases como «Vamos a enseñar a los gatos a cazar ratones» y «No importa que el gato sea blanco o negro, mientras pueda cazar ratones». Dejamos ya al lector que adivine quiénes son los gatos y quiénes los ratones. Ibexito es tan popular como Parcanta, por lo que es urgente que a no más tardar sus jefes de campaña organicen una lucha libre en el barro entre ambos, para evitar el bochorno de investir presidente a un desconocido.

Cuñadans prometen más de lo mismo, pero con honradez… mientras no se demuestre lo contrario. En principio no aspirarían a gobernar Madrid, sino a condicionar el gobierno. Aunque como suban un poco más de lo que dicen las encuestas pueden terminar como segundo partido: ¿apoyarían Guapemos y Pablemos a los Cuñadans para desalojar a Sobremos? En la sede barcelonesa de Cuñadans tiemblan de solo pensarlo.

Y es que Cuñadans es una anomalía en la política surgida de la transición, porque podría resultar que un partido con raíz catalana condicione los gobiernos autonómicos de territorios que formaban parte de Castilla. Los devenires históricos son caprichosos, precisamente ahora que parece que una mayoría de catalanes se decantan por la independencia. Una novedad que habrá que sin duda tener en cuenta cuando se recalculen las balanzas fiscales.

¡Qué diferente la situación actual a la de hace poco más de un año!, cuando Izquierrota empezaba a percibir que por fin llegaba su momento histórico, determinado sin duda por las leyes del materialismo dialéctico que tan científicamente postularon Engels y Marx en la antigüedad. Entre marea y marea, el proletariado empezaba a tomar consciencia de que Izquierrota era la única fuerza capaz de plantar cara a los poderes fácticos que estaban empobreciendo a amplias capas sociales. Pero, los hados son crueles para Izquierrota, apareció Pablemos impulsado por maléficos imperios multimedia para frenar a la izquierda sin complejos. Además, los medios vendidos al capital aprovecharon para magnificar minúsculas disfuncionalidades de Izquierrota relativas a Caja Madrid —créditos, directivos, tarjetas «black»—, que fueron minando la moral de los militantes peor informados.

Izquierrota organizó unas elecciones primarias para intentar ganar credibilidad, pero triunfó la candidata que no tenía que ganar, y tras varios escarceos, la candidata in pectore se marchó. Así que tuvieron que recurrir a una solución extrema: poner a Bardo de candidato. Bardo promete una campaña lírica con su pandilla de amigos que siguen pegando fuerte entre las cincuentañeras. Con Bardo vuelve la izquierda de siempre, la izquierda perdedora que si hace falta se dibuja una ceja. Desconocemos si al lado de Bardo habrán colocado al tipo del martillo, para evitar que Bardo se descontrole y se aleje de las esencias de la verdadera izquierda.

El objetivo de Bardo es conseguir representación parlamentaria, representación que por otra parte es casi fundamental para que haya un bloque izquierdoso mayoritario. No dudamos de que si se diera el caso de que los partidos de izquierdas fueran mayoritarios, Bardo intentaría sumar fuerzas. Aunque no pondríamos la mano en el fuego por los tipos del martillo de Izquierrota, muy dolidos con las maniobras orquestales de Pablemos. ¿Por qué no apostar incluso por un gobierno con Guapemos, Cuñadans e Izquierrota?

Para el final dejamos a Minirrosa, el candidato de la Unión de Caballeros de Rosa y del Templo de Gorriarán. No hace tanto, parecía que por fin el pueblo español iba a dar a la Unión de Caballeros de Rosa y del Templo de Gorriarán el respaldo que merecía. Pero la soberbia pudo con la Unión de Caballeros de Rosa y del Templo de Gorriarán, que puso una querella contra uno de los del Ibex, y desde entonces los hados se volvieron en su contra, cuando empezaron a crecerles los Cuñadans hasta el punto de que incluso los españoles de bien —que a la Unión de Caballeros de Rosa y del Templo de Gorriarán les gustaría que fuesen daneses de mal— se hacen los suecos y ya nadie da un duro por Minirrosa.

Minirrosa, a pesar de haber estado de segundo de la Unión de Caballeros de Rosa y del Templo de Gorriarán en la Asamblea de Madrid durante estos últimos cuatro años, es aún menos conocido que Parcanta, que ya es decir. Pero no es de extrañar, por otra parte, porque los miembros de la Unión de Caballeros de Rosa y del Templo de Gorriarán deben hacer voto de humildad y sumisión a Rosa. El inalcanzable objetivo de Minirrosa es obtener representación en la Asamblea de Madrid.

Y colorín colorado, este cuento no acaba más que empezar porque, como dicen, la Esperanza es lo último que se pierde.