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¡¡ÉBOLA!! ¡¡VAMOS A MORIR TODOS!!*

(*) Este título es una dramatización de hechos reales

No tengo buenos recuerdos de la asignatura de Microbiología de mis tiempos de Facultad. Es más, la considero un peñazo absoluto. Les pongo en contexto. Aprenderse un centenar de nombres de microorganismos en latín según la nomenclatura binomial de Linneo, saber en qué medios de cultivo pueden crecer y ser cultivados, reconocer las manifestaciones clínicas que producen y acordarse a que antibióticos suelen ser sensibles. Todo un canto a la inteligencia creativa y a la deducción de conocimiento. Vamos una de esas asignaturas que solo puedes aprobar empollando y punto. Normalmente, cuando uno llega a la parte de Virología, la acoge con ciertas ganas más que nada porqué parece todo como más moderno o “hi-tech”. Pero nada más lejos de la realidad. Dejando de lado el estudio del VIH por su relevancia y por míticas frases de un profesor que contando la evolución histórica de la pandemia empleó la expresión imperecedera (y que a día no puedo recordar sin descojonarme vivo) “…la plaga gay fue un término acuñado por el contubernio Papa – Reagan…”, el resto de la materia era un tanto de lo mismo pero con estructuras icosaédricas, envolturas capsulares y enzimas de replicación.

En aquella época la explicación del virus del Ébola (familia Filoviridae) y sus primos hermanos (como el virus de Marburgo) no pasaba de un párrafo escueto donde todo sonaba muy exótico y lejano. Eran virus que producían unas fiebres hemorrágicas muy graves donde los únicos brotes y/o epidemias descritas se habían dado en medio de África, normalmente en zonas predominantemente rurales. Además dada la alta letalidad de las cepas, la insuficiente estructura sanitaria de estos países y puesto que a los enfermos no les había dado tiempo ni a salir del poblado, casi todos estos sucesos habían sido poco menos que autolimitantes y nunca habían producido más de un par de centenares de víctimas. No existía tratamiento. No existía vacuna. Y ni falta que hacía por aquel entonces.

La epidemia actual de Ébola (cepa Ébola – Zaire) que se extiende a Guinea-Conakry, Liberia y Sierra Leona ha afectado ya a más de siete mil personas y ha provocado la muerte de más o menos la mitad de pacientes (unos 3.500 a fecha 30 de Septiembre). Estos datos los ofrece el CDC americano (Center for Disease Control) aunque la OMS no ha tardado en insistir que están a todas luces infravalorados ya que pueden existir casos desconocidos en áreas remotas.

Evolución Casos/Muertes Epidemia 2014. Fuente: Wikipedia

El 8 de Agosto, la OMS no dudó en calificar la situación como de “emergencia pública sanitaria internacional” e hizo una llamada a la solidaridad internacional, que es lo mismo que decir que espabiláramos o la cosa se iba de madre. Tan solo Cuba, ha enviado un centenar de enfermeros y unos sesenta médicos al terreno. El resto de países del mundo civilizado, algunos de ellos con la posibilidad de mandar buques hospital que rondan las mil camas, han remitido algunos palés de tiritas y gasas, buenas intenciones y una señal clara e inequívoca de que “ni se os ocurra salir de ahí”. Y así estamos y así nos va. Voy a decirles algo. Si la comunidad internacional piensa que “haciendo un Rajoy”, esta epidemia va a autolimitarse (como las epidemias altamente letales de los años 70 y 80), desapareciendo tal y como ha venido, van listos. En el mundo global en el que vivimos, donde uno coge un Low-Cost y se planta en el otro lado del planeta en unas horas, atajar una pandemia puede ser ciertamente complicado si no se ataca con celeridad y recursos. Podemos tener la inmensa suerte de que Ryanair no tenga un vuelo directo Monrovia – Alicante, pero no cantemos victoria.

La infectividad de estos virus se recrudece a medida que la síntomatología empeora, puesto que la carga viral (o el número de copias del virus presente en nuestro organismo) aumenta. El hecho de que los países afectados tenga una estructura sanitaria “algo mejor” que la de hace 30 años supone que muchos de los pacientes que antes morían con mayor rapidez sin ser atendidos en medio de la selva, pueden ahora sobrevivir durante “algo más” de tiempo y por tanto ser potenciales focos de infección cuando son llevados a los hospitales (si es que podemos llamar hospitales a lo que tienen por allí). De ahí que el alcance de esta última epidemia (no tanto su mortalidad, puesto que se logra curar a más gente) haya sorprendido a todo el mundo. Es más, dado que el único tratamiento actual y disponible de la fiebre hemorrágica es puramente el soporte vital (dejando de lado el anticuerpo monoclonal experimental ZMapp que se encuentra en fases de aprobación muy tempranas), la mortalidad del Ébola en nuestro entorno no sería tan elevada (a priori) como en el continente africano ya que disponemos (hasta que Ana Mato y los Consejeros Autonómicos del ramo se la carguen) de un sistema sanitario mejor dotado que los africanos.

La pregunta del millón sin duda es ¿por qué se trajeron a los dos religiosos infectados a territorio nacional para su tratamiento? Desde un punto de vista médico-práctico, no fue una decisión acertada y las razones son múltiples. Los riesgos superaban claramente los beneficios. Los pacientes se encontraban graves y en una fase de la enfermedad de alta infectividad. No existía (ni existe) tratamiento eficaz hasta la fecha por lo que solo dependemos del éxito del soporte vital (fluidoterapia, transfusiones sanguíneas, etc.). No disponemos de las instalaciones adecuadas y recomendadas por la OMS. El virus del Ébola está clasificado como un agente de bioseguridad de nivel 4 (el máximo) y el Hospital Carlos III (nuestro buque insignia para enfermedades infecciosas) no está preparado para albergar estos supuestos (nivel 3). De este nivel en España solo disponemos de contados Laboratorios y/o centros de Investigación. A este respecto sería importante conocer en detalle la opinión de especialistas como González Jurado, presidente del Consejo de Bioseguridad que ya advirtió que la Directiva Europea de Seguridad emitida hace cuatro no se está implementando correctamente en España. Todo apunta a que no estábamos tan preparados para acoger pacientes de estas características como se nos vendió en un primer momento.

Lo más lógico en todo caso hubiera sido tratar a estos “pacientes cero”, en el terreno, esto es en los países de origen enviando una unidad NBQ o una UCI móvil preparada y dotada pero nunca traerlos y más en una fase de alto contagio puesto que los riesgos aunque mínimos y minimizados al máximo, siguen estando ahí (por algo se llaman riesgos). Las hipotéticas razones humanitarias que se puedan justificar se desdibujan al conocer como no importó en absoluto repatriar a los dos ciudadanos españoles olvidándonos por completo de aquellos compañeros de trabajo que estuvieron al pie del cañón junto a ellos (no españoles y por tanto no merecedores del traslado). Sin querer ser demagógico, ¿qué criterios humanitarios deben seguirse a la hora de repatriar a un ciudadano español por causas médicas? Este no es el primer caso de un español que pide ser repatriado para recibir ayuda médica en nuestro país. Y les recuerdo que nuestro gobierno actual, preocupado por la salud de misioneros allende los mares, es el mismo que decidió retirar la tarjeta sanitaria a parados que emigran más de tres meses y no mantienen virtualmente su residencia en suelo español [1].

Dicho esto, hemos de pensar que la decisión de repatriar a los dos religiosos se debió exclusivamente a razones no médicas y más de bien carácter político-propagandístico. Supongo que queda muy bien a nivel internacional mostrar que eres capaz de manejar situaciones así y mostrar un despliegue policial en el traslado del primer paciente propio de un funeral de estado (de violencia machista o de lo que sea). Pero tienes que ser cauto, porqué si la cagas (como ha pasado), tu reputación puede verse muy dañada. De nuevo, los riesgos superaban claramente los posibles beneficios. Y aunque la posibilidad era remotísima (o eso nos contaban), la evidencia en forma de auxiliar de enfermería que ayer dio positivo para el test del Ébola nos muestra que algo no se ha hecho bien. Por otra parte se produjeron importantes fallos en la planificación posterior de estos traslados. Es muy sorprendente conocer que el personal sanitario implicado no estuviese en un período de cuarentena estipulado tras tratar a estos dos pacientes y que incluso a la auxiliar infectada se la mandara de vacaciones aun mostrando sintomatología susceptible el mismo día 30 del pasado mes de Septiembre.

Tras toda esta información que vamos conociendo con cuentagotas subyace la idea de que todo este asunto no se ha manejado correctamente y lo que es peor, todavía no se sabe “qué se ha hecho mal”. Se demostró sobradamente en la “patética” rueda de prensa que ayer tarde ofreció la Ministra Ana Mato junto a la Directora General de Salud Pública y el Director General de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid entre otros palmeros. Aunque se intentó crear un clima de confianza con el fin de no generar una alarma social, la ministra se mostró claramente inoperante, desviando a corner la práctica totalidad de preguntas donde sencillamente dejaba contestar a sus asesores (que se coman el marrón, ellos). Se vivieron situaciones de clara descoordinación, ya que hasta su traslado al Hospital Carlos III bien entrada la noche, la paciente lejos de permanecer aislada estuvo en un box/habitación del Hospital de Alcorcón sin presión negativa (el aire solo entra de fuera hacia dentro) lo que contrasta con toda la parafernalia que se montó cuando trajeron a los religiosos.

El esperpento llegó cuando le preguntaron a la Ministra por su dimisión donde simplemente se limitó a contestar tajantemente “que aquí estamos para otras cosas”. No nos debería extrañar la actitud a estas alturas. En este país uno se equivoca y no solo ni se disculpa sino que ni se plantea el largarse. Solo faltaría.

A mí me dijeron que en este Ministerio no había faena…

Y en esas estamos. Una cosa es que tuviéramos un caso de Ébola importado. Como decía antes en un mundo global, es harto difícil estar a salvo de estos casos. Pero nosotros somos especiales. Somos el primer país europeo con un “paciente 1”, un contagio dentro de nuestro territorio. Y un contagio indirectamente provocado por las autoridades al asumir unas decisiones que comprendían un riesgo a priori evitable. ¿Y ahora qué? Nuestra “paciente 1” hasta anoche mismo era una paciente sin control alguno. Ante todo, desde LPD les recomendamos no perder la calma, por el momento. Cancelen el vuelo a Nueva Zelanda y/o devuelvan a la armería la escopeta recortada y la caja de 500 cartuchos que compraron ayer. En estos 15-20 días que nos esperan todo dependerá de la providencia, la progresión exponencial y el buen hacer de nuestras autoridades sanitarias para controlar el brote. Nuestra ministra ayer mismo dijo que se están tomando “todas y cada una de las medidas de seguridad para evitar contagios” y que “contamos con profesionales magníficamente formados para tratar este tipo de situaciones y con la capacidad técnica y organizativa necesaria para hacerle frente a este tipo de situaciones”. Si ella lo dice…

“Biohazard” versión Ana Mato en el Hospital de Alcorcón ayer tarde

No me digan que no es para hacérnoslo mirar. A un país sumido en una crisis económica, política e institucional se le puede sumar una (Dios no lo quiera, importante) crisis sanitaria. Lo que le faltaba al pobre Mariano.