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Crónica Marvel

Antes de que hubiera videojuegos, “¿Quién quiere casarse con mi hijo? [1]” y Juego de Tronos [2], la gente se pasaba el día ocupada en cultivar la mente y el espíritu: Kierkegaard no paraba de vender ejemplares de sus obras, la gente entendía de música clásica y los pintores, escultores, dramaturgos e intelectuales eran auténticos ídolos de masas y follaban mucho más que ahora, y no sólo con gente que quería que les colocasen infames poemarios, o actuar en sus obras. En lugar de ver un informativo de La Sexta con 35 minutos de Real Madrid, el público se informaba a través de la prensa. Y no prensa como La Razón, no; entonces, la prensa era seria; las materias que en ella se trataban, graves; el lenguaje, redicho.

Algo había que hacer. Y, como aperitivo, EEUU inventó los cómics de superhéroes para embrutecer a la juventud, en la confianza de que, algún día, aparecerían los hijos de esa involución cultural, una vez alcanzasen puestos con un mínimo de predicamento, para defender que los dibujos de colorines sobre tipos con mallas ajustadas eran otra forma cultural “tan legítima como las demás”, que si el noveno arte, que si una manera de incentivar la lectura en los jóvenes, que si no es verdad que el 90% de los superhéroes fueran homosexuales (tómese ese “no es verdad” como Ustedes quieran: que fueran menos, o más, del 90%).

El libro (o, más bien, enciclopedia) que nos ocupa explica las vicisitudes históricas de una compañía muy poco importante en sus inicios, pero que ahora es, y desde hace tiempo, la que concita un mayor éxito entre los fans: Marvel Comics. Para ello, el libro recorre, año por año, la historia de Marvel desde su aparición, en 1939, hasta el año 2008, lo que implica también acercarse al nacimiento y evolución de sus superhéroes más populares: Spiderman [3], Iron Man, el Capitán América [4], Daredevil [5], Hulk [6], y toda la retahíla de mutantes [7].

Portada del libro; hela aquí

¿Cuándo surge Marvel? En una primera oleada, en la segunda mitad de los años 30, aparecieron en DC Comics Superman [8], Batman [9], Green Lantern [10], Flash, y la “Sociedad de la Justicia”, que los agrupaba a todos ellos. Pero también surgieron superhéroes en otra compañía, que entonces aún no se denominaba Marvel: Namor, la Antorcha Humana y el Capitán América, entre otros, todos ellos aparecidos en el contexto de la II Guerra Mundial.

Pero en aquella época la fiebre de los superhéroes apenas supera al conflicto bélico y, una vez finalizada la guerra, la mayoría de estos cómics dejan de editarse. También es una época en la que los criterios del público no están fijados, y los de los editores, tampoco: colecciones inicialmente destinadas a publicar historias de terror pueden convertirse, de la noche a la mañana, en títulos románticos, o del Oeste, si el editor percibía que, en ese momento, era ese el género más popular (imagínense el niño que fuese a comprar su cómic de superhéroes mensual, temeroso de que sus amigos le vean y le consideren afeminado… ¡Y luego le ven con un tebeo de niñitas que quieren casarse!). Una tendencia en buena medida derivada de que Marvel, entonces una compañía muy pequeña, sólo podía publicar un determinado número (bastante reducido) de títulos al mes, según el acuerdo – extorsión al que había llegado con las distribuidoras.

Por otra parte, la autonomía de los cómics para publicar el contenido que se les antoje es mucho menor: la censura estaba a la orden del día, llegando a extremos verdaderamente ridículos. Por ejemplo, estaba prohibido publicar historias de vampiros o de hombres – lobo. ¿Se imaginan lo que harían todos nuestros góticos emo enamorados de historias de vampiros adolescentes si se las arrebatábamos? ¡Se suicidarían! (un momento… ¿Y no es eso lo que ocurre ahora? ¡Los vampiros son win – win con el suicidio de sus fans!).

Pero aún resultaban peores el menosprecio y la crítica. En los dorados años 50, el público, instigado por prestigiosos psicólogos que habían desarrollado sesudas investigaciones al respecto, considera que los cómics embrutecen a los adolescentes y los convierten en asesinos psicópatas, según el mismo genial argumento que décadas después hará fortuna con el rol y los videojuegos: “el niño quiere hacer lo mismo que ve en el cómic y, por eso, estamos creando máquinas violentas capaces de asesinar a todo el que se les ponga por delante; o máquinas desequilibradas que intentarán tirarse por una ventana para echar a volar; o, lo peor de todo… ¡Máquinas homosexuales!”.

Todo esto, antes de que, en 1962, Marvel Comics diera un giro de 180º a su hasta entonces lánguida existencia. Con una persona como máximo responsable: Stan Lee, creador de los Cuatro Fantásticos, Spiderman, los Vengadores [11], la Patrulla X, Daredevil, Hulk,… Y, prácticamente, todos los superhéroes de Marvel de la década de los 60. Tres son las principales características que, a mi juicio, definen la obra de Stan Lee y explican el éxito de Marvel:

Los superhéroes tienen vida privada, y ésta es más interesante que las batallas superheroicas. Los lectores quieren saber qué le pasa a Spiderman. Pero, sobre todo, quieren averiguar qué es de Peter Parker, cómo volverá a fracasar esta vez, qué desgracia le ocurrirá, de qué manera conseguirá cargarse su relación sentimental… Y lo mismo, aunque ajustándolo a las características de cada superhéroe, funcionará con los demás.

– Como corresponde a personajes mucho menos planos de lo que el público tenía por costumbre hasta entonces, los personajes de Marvel evolucionan y cambian con el tiempo (siempre dentro de un límite): digamos que los cómics de Marvel son como una serie de TV en la que, aunque haya una trama autoconclusiva por capítulo, también hay una trama subyacente que se desarrolla a lo largo de toda la temporada, y que es más interesante e importante que las historias concretas.

– Y, por último: Stan Lee es muy, muy, muy progre, como ya dijimos [4]. Por ese motivo, y echándole un par, convierte al Capitán América en el “Capitán Progre”, o se atreve a pasar del infame “Comics Code” (una instancia de autocensura que cumplían habitualmente todos los cómics de superhéroes) para hablar de drogas en Spiderman, y también intenta reflejar, él y otros autores bajo su mando, algunos de los problemas contemporáneos de la sociedad estadounidense (la guerra del Vietnam, los conflictos raciales, la corrupción política en los más altos niveles, incluyendo la presidencia).

Con estas sólidas bases, Marvel se desarrolla con fuerza desde el principio. Desde el optimismo de los años sesenta hasta un tono más reivindicativo (y también más hortera y macarra) en los setenta. Desde la oscuridad y “realismo” de los cómics de los ochenta hasta el delirante culto al dibujo, en detrimento de los guiones, en los 90, y la afortunada síntesis y refundación que se produce en el siglo XXI con la línea Ultimate y la incorporación de nuevos autores, como Mark Millar [12] o Brian Michael Bendis.

De todo ello, me quedaría con la década de los 90, en la que, sin ninguna duda, se publicaron muchas de las historias más infames que jamás ha publicado Marvel, y donde sus principales figuras se revolcaron en el fango durante años (como, por ejemplo, Spiderman y la surrealista saga del clon [3]). A principios de los 90, aparecen algunos dibujantes – genios que llaman la atención de Marvel por su innovador estilo. Estos dibujantes consiguen subir las ventas hasta niveles espectaculares. Además, cunde la idea de que los cómics “sólo pueden subir”. Que el cómic es un sector de mercado que, a diferencia de todos los demás (las inversiones en bolsa, los sellos, la vivienda), es rentable por definición. Por ese motivo, mucha gente comenzó a comprar cómics a mansalva en los años noventa. Era habitual comprar varios ejemplares de los cómics cuyo valor, se pensaba, sólo podría subir. Si está destinado a valer el doble dentro de tres años… ¿Por qué comprar sólo un ejemplar de cada número? ¿Por qué no comprar dos, o siete, o treinta? Una política que, además, Marvel fomentó por la vía de sacar tres o cuatro portadas distintas de cada número, de manera que el público se compraba varios ejemplares de cada versión de cada número…

Las bases de la riqueza estaban, así, firmemente asentadas en Marvel. El número 1 de X-Men (convenientemente renumerado desde el número 1 para fomentar el coleccionismo) vendió ocho millones de ejemplares en EEUU, récord absoluto. Las historias eran una mierda, pero, joder, eso no tenía ninguna importancia, puesto que, después de todo, el público tampoco pensaba leerlas…

Al final, la burbuja estalló. Marvel, por motivos que no quedan demasiado claros en la Crónica Marvel que nos ocupa, estuvo a punto de quebrar y se quedó casi arruinada. Tardó más de diez años en salir del pozo. Gracias, fundamentalmente, a las películas de Hollywood sobre la Patrulla X, Spiderman, Iron Man, Hulk, … Muy rentables y que, como es lógico, contribuyeron a traer nuevos lectores.

¿Merece la pena leerse la “Crónica Marvel”, que son unas 350 páginas en gran formato sobre, no lo olvidemos, una compañía de tebeos? Pues depende. Parafraseando a los Globe-Trotters en un mítico diálogo con Bender en un no menos mítico episodo de Futurama [13]: ¿son Ustedes lo suficientemente friquis?