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El decepcionante final de “Literatura tróspida”

En LPD nos enganchamos pronto al maravilloso programa de Cuatro “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”, difundido entre la concurrencia gracias a la incesante actividad y proselitismo del blogger y tuitero El Hematocrítico [1], al que desde aquí rendimos tributo, pues supo ver muy pronto el potencial del programa (era basura de la buena, tan surrealista que podía amenizarnos muchísimo las noches de los lunes).

Su invento de los #hijostróspidos fue creciendo semana a semana, hasta que en Cuatro y en la productora del programa vieron la llamada de la oportunidad: ¿y si intentamos apropiarnos de este filón en nuestro propio beneficio, dándonoslas de modernos y comprometidos con la audiencia? De manera que los últimos días fueron un auténtico bombardeo de tróspidos, por tierra, mar y aire. Y entonces Hematocrítico propuso quebrar las expectativas de la cadena y tuitear con un hashtag que no tuviera nada que ver con tróspidos, ni con el programa [2]. El elegido, #literatura, fue Trending Topic mundial (por primera y, cabe suponer, última vez), mientras los community manager, SEOs, especialistas en marketing y demás vendemotos evanescentes lloraban su rencor por las esquinas.

El programa se va con cierta sensación de decaimiento (lo cual ya tiene mérito, teniendo en cuenta la bazofia de la que estamos hablando). Disfrutamos intensamente con uno de los primeros programas [3] y nos emocionamos con el nivel discursivo y la tensión emocional de las semifinales [4]. En cambio, la final resultó decepcionante. Se trataba de ver a quién elegían los dos machos alfa, el facha, el gay y el virgen, en el supuesto de que escogieran a alguien. Pero esto, realmente, nos importa bien poco a todos, pues nos ubica en un plano existencial inferior al manejado hasta ahora: la lucha por la vida, la desgarradora competición por el favor del macho de turno entre diversas aspirantes, cada una con sus virtudes y atractivos (la de las tetas operadas; la de las tetas operadas dos veces, para que sean más grandes aún que la primera vez; la que se operó las tetas para aparentar que son naturales). Como en la vida, en el programa ha sido mucho más divertido observar los prolegómenos -el cortejo- que la conclusión (la boda o decisión final).

También ha podido observarse una pérdida de calidad del programa a ojos vista en uno de sus aspectos más importantes: la autenticidad. Vale, está claro que son aspirantes a actores y que siguen un guión, pero no queremos que se note tanto. Queremos que parezca que pueda ser que se trate de situaciones reales, entre otras cosas porque, en su españolidad, cualquiera puede ver la realidad allí reflejada con total precisión. Algunos participantes, como Dr. Stripper o Ru-Kén, son auténticos genios en la materia. Otros, aunque intrínsecamente se ubiquen en la genialidad, a menudo cometen deslices (porque actúen mal o porque la situación resulte difícil de creer incluso para este programa). Es el caso de uno de nuestros personajes favoritos: la madre del virgen, que acabó la velada consumando una especie de previa del incesto con su hijo, el virgen. Pues es muy gracioso, pero no hay quien se lo crea (no lo hay, porque no puede ser verdad. ¿Verdad? ¿Verdad? ¿VERDAD?).

Edipo y Yocasta

Un segundo personaje, el facha, también se queda con su madre, pero en este caso estaba claro que así ocurriría. Y no sólo por el encanto y donaire personal de Toya, sino porque al facha ya se le había marchado la candidata que más le gustaba y sólo le quedaba una lagarta rara pródiga en desaires. En fin, alguien que no podía competir con Toya y sus once misiles diarios en Bagdad, desde su tanque.

Los dos candidatos más calientes, Dr. Stripper y Ru-Kén, sí que escogieron quedarse con alguna candidata. El criterio fue el mismo en ambos casos: “la única a la que aún no me he tirado” (Dr. Stripper añadió a la ecuación que, además, la suya tenía pechos naturales). La declaración de Dr. Stripper fue particularmente emotiva: “Quiero casarme contigo, tía”. Y no se crean que esto deja de lado a la madre, como bien supo terciar Dr. en presencia de la futura nuera: “Tú te la vas a comer con patatas, pero no te vas a ningún lado, tonta del culo!”. El romanticismo de Dr Stripper, que le obligará a dilatar en el tiempo aún más su doctorado mientras se tira por fin le hace el amor a su futura esposa.

Amor del bueno. No sé si se han fijado ya en lo glamourosos que resultan los dorados de fondo

Por su parte, Ru-Kén, que recibió la llegada de su madre al grito de “viene vestida de musa griega” (si las musas llevan chándal y tienen figuritas de Lladró encima de la tele, pues entonces sí), escogió a Graci en lugar de Gina, “la de las tetas”, lo cual en principio podría resultar sorprendente, pero no lo es tanto. Recuerden que, si bien Gina tiene más tetas que Graci, también es verdad que Ru-Kén ya se ha tirado a Gina, pero aún no a Graci. Y Ru-Kén es, ante todo, un romántico, con un vocabulario que parece salido de un diccionario abierto al azar: “Soy una persona muy extrovertida, muy speaker, con carácter loable”, y que sabe hacer las cosas con elegancia y glamour. Por eso, no sólo se queda con Graci, sino que para hacerlo la sorprende regalándole… ¡Un osito de peluche gigante!

El plato fuerte de la final fue el gay. A mí es el personaje que menos me interesaba, por ser el más anodino y, sobre todo, por ser gay. No, esto no va, como comprenderán, de “tengo un amigo gay, pero creo que son contra natura”, ni nada por el estilo. Es tan sencillo como que, al ser el personaje gay, sus dinámicas y rituales de cortejo y apareamiento (esto es: el guión del programa) me resultaban más lejanos y menos interesantes. Sin embargo, hay que reconocer que en el último momento el gay supo repuntar, merced a la historia ejemplarizante que le montó la productora, y cuyo primer paso (que los dos aspirantes al gay se liasen entre ellos [4]) ya conocíamos. Resumiendo, el devenir de la historia fue:

1. Luis Ángel (el gay) y su madre descubren la traición y, claro, están indignados.

2. Luis Ángel tiene una dura conversación con Juan Carlos (el traidor) en la que la cosa se resume más o menos así: “me has engañado, me has traicionado, te has tirado a otro en mis narices”. Y el supuesto aspirante responde a todas las críticas con un verdadero as en la manga: “¡Eh, eh! ¡Que yo no he matado a nadie!”. Eso, para que luego se me pongan a criticar a Pepe en su próxima entrada a la rodilla del rival. ¡Eh, que Pepe no ha matado a nadie… Al menos, aún no! El caso es que Luis Ángel se queda desolado, y profiere una frase lapidaria: “Ya no volveré a creer en el amor homosexual”. ¡Bravo!

La suma de Gays = promiscuos desatados y Gays = contranatura que no pueden amar era, como pueden imaginarse, oro puro. En cualquier momento podíamos esperarnos un sello sobreimpresionado en la pantalla: “patrocinado por Hazte Oír”. Pero entonces llegó la… ¡Sorprendente e inesperada resolución!

3. Cuando peor estaba la situación, con la madre destrozada por la traición a su niño (realmente, esta mujer es vasca, o conoce el efecto Kulechov, porque para escenificar lo hundida que estaba ponía la misma cara que para indicar felicidad, o para pedir cuarto y mitad de mollejas en la carnecería), aparece un candidato anterior, descartado por el gay porque, para qué engañarnos, los otros le ponían mucho más cachondo. Pero… ¡A Mohamed le quería! Sí, amigos. Mohamed. Un gay musulmán, fiel y buena persona, que arregla el corazón de Luis Ángel y nos enseña una hermosa lección de mestizaje y tolerancia: los gays también son personas humanas, incluso aunque sean, además, moros.

De manera que eso es todo. Pero, por supuesto, Cuatro ya nos avisa de que en breve seguirá explotando a la vaca lechera vía entrevistas con los personajes y diversos refritos. La primera entrevista, con Ru-Kén, para ver qué tal le va su relación con Graci (les adelanto la respuesta: “Pues al principio muy bien, pero ahora ya no me pone igual de caliente y quiero estar a tope con otras que sean más loables”).