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La batalla municipal. Zárágózá. Provincianismo hipertrofiado

Zaragoza es la quinta ciudad de España, pero nadie lo diría. Tiene 700000 habitantes (la mitad de la población de Aragón [1]), pero su presencia e influencia en el contexto español es escasísima. Encastillada como lugar de paso entre Madrid y Barcelona, fue una de las pocas ciudades españolas importantes que no se subió al carro de la transformación urbanística de los años noventa. Da cierta sensación de haberse quedado anquilosada en los ochenta, y aun antes, como si tuviera el alma de una ciudad provinciana de 100000 habitantes, en lugar de un centro poblacional importante.

Quizás en ello han influido los problemas atávicos de Aragón que ya comentamos en otra parte [1], que Zaragoza también padece, o el pasotismo de los centros españoles de poder respecto de ciudades que no molestan ni llaman la atención (situación que también ha afectado históricamente a Valencia). Zaragoza está ubicada en un nudo de comunicaciones fundamental (en el centro de un aspa cuyos vértices, prácticamente a la misma distancia, son Bilbao, Valencia, Madrid y Barcelona), pero esto no sólo no parece haber beneficiado el desarrollo de la ciudad, sino que, al menos hasta fechas muy recientes, drenaba sus energías y su peso específico como centro de poder económico y cultural.

Esta frustración, esta sensación “quiero y no puedo” tan típica de Zaragoza, explica el interés con el que se vivió en la ciudad la Exposición Internacional de 2008, dedicada, como no podía ser de otra manera, al agua (si en Aragón el agua es una obsesión [2], en Zaragoza, con el Ebro de por medio, raya el fanatismo). La Expo cambiaría la fisonomía de la ciudad y, por fin, la modernizaría. Porque se pensaba, en realidad, que a Zaragoza le faltaba experimentar la lógica del milagro económico español. La de “construye y verás”.

Alentado por los resultados de la Expo 2008 en términos urbanísticos, el alcalde, Juan Alberto Belloch, decidió seguir construyendo a mansalva. Empantanó a la ciudad con las inacabables obras de construcción del tranvía, con los resultados previsibles en un país como España: mientras duraron las obras (que se prolongaron durante meses y meses y meses) la gente estaba indignada con las molestias, la falta de previsión, y la egolatría del alcalde, a quien le aseguraban cumplida venganza en las elecciones de 2011. Ahora, con el tranvía en marcha, a la gente le parece cojonudo ver pasar su tranvía por el centro de la ciudad, y la oposición se ha subido oportunamente a él, como diciendo: “¡el tranvía es de todos!” (ya hay proyectada una segunda línea).

Belloch también intentó acometer un proyecto si cabe más español: el surrealista plan del estadio San José. Ustedes ya saben cómo funcionan las cosas: el equipo de fútbol de la ciudad lloriquea un poco y el consistorio municipal, que tiene su corazoncito, se apiada de ellos y les recalifica el terreno del estadio para que puedan forrarse con él y construir otro en las afueras (también subvencionado por mil y una vías).

Pero, como La Romareda es municipal, lo notable del proyecto de Belloch era que aquí el pelotazo urbanístico planeaba darlo el propio Ayuntamiento: nos forramos nosotros con la especulación inmobiliaria y al Zaragoza le regalamos un nuevo estadio con el dinero de todos. Y además así tenemos estadio para el inminente Mundial 2018, a celebrar en España. ¡Todo son ventajas!

Proyecto del nuevo estadio San José. No me digan que al verlo no les da sensación de velocidad, futuro e innovación

El Estadio acabó paralizándose por las protestas de la molesta oposición de la CHA, que decía cosas absurdas como que un Ayuntamiento no está para especular con el terreno ni para hacer regalitos a equipos de fútbol. Pero yo les digo que esta gente de la CHA no siente el zaragocismo en su corazón, ¡y se llaman aragoneses! ¿Así cómo vamos a ganar la Champions? (siempre y cuando el Zaragoza no descienda a Segunda División el próximo sábado, lo que ciertamente dificultaría algo la inminente victoria en la Champions).

En fin, que Belloch ha logrado modernizar la ciudad como se hacen las cosas en España: a golpe de talonario. Gastando a mansalva y sin freno, sumándose a la manera de hacer las cosas propia del milagro económico español, que, todo sea dicho, no afectó sólo a la alcaldía. Pues Zaragoza, con el término municipal más grande uno de los términos municipales más grandes de España, ha sido siempre una ciudad de pisos carísimos. Y ello alumbró en su momento proyectos tan delirantes como sacar toda la Universidad de Zaragoza del centro de la ciudad y llevarla a las afueras para hacer lo de siempre: vender los terrenos para hacer pisos y forrarse.

Aplicando con celo la doctrina Ruiz Gallardón [3], Belloch ha conseguido cierta popularidad, en la que intenta apoyarse para no perder la alcaldía. Por otra parte, la marea azul del Partido Popular puede darles la victoria en el Ayuntamiento por primera vez desde 1999. El candidato del PP, Eloy Suárez, presenta un revolucionario proyecto político cuyo punto fuerte es fundar un Museo de la Jota y el Traje Regional, para que no se diga que el PP avala el populismo más chabacano.

Lo que está claro es que, gane quien gane, tendrá que fajarse bien en la política de pactos, complejísima en la capital aragonesa, con cinco partidos en liza (PSOE, PP, CHA, PAR, IU). Belloch, alcalde desde 2003, gobernó inicialmente merced a un pacto con la CHA, de los que acabó harto. Como buen socialista, a Belloch no le mueven románticas coaliciones con ingenuos partidos de izquierda, sino el superior principio de la gobernabilidad. Así que, tan pronto como tuvo ocasión, en 2007, cambió de pareja y pasó a gobernar en minoría con la derecha regionalista del PAR, mucho más proclive a aceptar sus proyectos urbanísticos.

Y para 2011, según las encuestas, el asunto puede ponerse aún más divertido: el CIS le da la victoria al PP, con 12 escaños, pero también avisa de que el descenso del PSOE (11 escaños) no será dramático. Si añadimos las previsiones para los demás partidos (CHA 4, PAR 2, IU 1) tenemos un panorama muy similar al de las Autonómicas [1]: la suma de PP y PAR puede resultar insuficiente, pero lo que está claro es que la suma de PSOE y PAR será aún menor. De manera que la única opción que le queda al PSOE para retener la ciudad (que igual se convierte, además, en la ciudad más importante donde gobierne el PSOE después del 22 de mayo) será un pacto tripartito con CHA e IU. Un tripartido de izquierdas. El PSOE coaligado con otros partidos de izquierda. ¡Puaj, qué asco! En Ferraz deben de estar horrorizados, y Belloch ya ni les cuentoпозиции сайта по поисковым запросам [4]translation dutch to english [5]