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PNV y PSE acabarán gobernándolo todo, si alguien no lo evita

El centro es la única patria de los vascos. Al menos, de la mayoría. Es el resultado de un aprendizaje, doloroso, como todos, cuyos resultados se han inculcado a base de derrotas de cualquier opción partidista o ideológica que no se basara en el confort doméstico. En Euskadi, estas elecciones municipales y, en mayor medida, forales del próximo domingo son las réplicas que terminarán por devolver las aguas a su cauce y a asentar el terreno para que las cosas vuelvan a su ser, tras la firma del Pacto de Lizarra en 1999 y los convulsos años que caracterizaron lo que hoy conocemos como los años de la Administración Ibarretxe. El proceso concluirá con el regreso de PNV y PSE a todos los ámbitos de poder, a veces en soledad, a veces en mutua compañía.

Las elecciones forales -sí: la rebeldía vasca frente a la democracia española llega al extremo de elegir en las urnas de forma directa a los presidentes de las diputaciones, que son controlados por juntas también elegidas directamente en las urnas- tienen en el País Vasco una importancia vital para los partidos, por cuanto son las encargadas de conformar los gobiernos en las tres diputaciones territoriales de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Y es que las diputaciones vascas son las encargadas de recaudar todos los impuestos directos y de gestionar buena parte de ellos. Basten dos datos: el presupuesto de ingresos de las tres diputaciones es superior a la suma de los presupuestos de los gobiernos de Aragón, La Rioja, Navarra y Cantabria, y tienen a su libre disposición más de 1.200 euros por vasco, mientras que en el resto del Reino el presupuesto de gastos por habitante que manejan las diputaciones no llega a los 150 euros.

Si tenemos en cuenta que siempre estamos hablando de la financiación de los partidos, sobrará añadir algo más al respecto. Baste recordar que a día de hoy las tres están presididas por hombres del PNV, pese a que sólo ganó en votos en Vizcaya. Desde estas tres instituciones, el partido jeltzale se permitió advertir al Gobierno Vasco formado por PSE y PP que ellos seguirían liderando el país. Bildu es solamente el problema a resolver en todo esto.

En Vizcaya, el territorio histórico con mayor peso tanto demográfico como económico –gracias a la domiciliación allí de grandes empresas (un saludo al BBVA)- el pescado está vendido. El PNV se ha asegura la reelección de José Luis Bilbao como diputado general. Bilbao viene de la versión vizcaína de una mutación – mucho más agresiva- de lo que fue Unidad Alavesa. Sólo obedece a una consigna y no es sobrevivir, sino prevalecer. Para conseguirlo, no ha dudado en enfrentarse a propios y a extraños, en una trayectoria chusca en la que no ha faltado la reivindicación de la capitalidad vasca para la ciudad con la que comparte apellido. Por otra parte, su rifirrafe con el Gobierno Vasco a cuenta del proyecto de construir el Guggenheim II en la reserva natural de Urdaibai le ha hecho percibirse a sí mismo como el máximo representante de la oposición al Ejecutivo de Patxi López. Lo dicho: ganará de calle.

En Gipuzkoa las cosas están mucho más complicadas. Aquí se acantona el ala más soberanista del PNV, presidido por Joseba Egibar en este territorio. Su aliado natural sería Bildu, -fuerza con la que además podría disputarse la hegemonía de la provincia por un puñado de votos- pero además hay algunos problemillas: los principales proyectos estratégicos del PNV chocan con el rechazo frontal de la coalición formada por Eusko Alkartasuna, Alternativa y los independientes de la antigua Batasuna. A saber: la construcción de una incineradora en la comarca de Donostialdea, la ampliación del aeropuerto o la construcción de un puerto exterior en Pasajes. Hasta ahora, el PNV ha gobernado la Diputación guipuzcoana de la mano de Hamaikabat, una escesión de Eusko Alkartasuna cuyos miembros abandonaron el partido matriz, pero se quedaron con los cargos públicos, siguiendo los dictados de lo que ya es una ancestral tradición política. Hamaikabat, un grupúsculo con una firme vocación de nada, ha intentado por todos los medios llegar a un acuerdo que le permitiera concurrir a las elecciones en coalición con el PNV como única fórmula de seguir tocando pelo, y no hubiera habido mayor problema para lograrlo de no ser por el veto jeltzale a quien ha sido su diputado foral de Hacienda: Peio González, un hombre que no ha tenido problema alguno en explicitar sus diferencias con el gobierno provincial del que ha venido formando parte. En los últimos años, el PSE ha acudido al rescate del PNV a la hora de sacar adelante sus presupuestos y es que en esta tierra, el pasado siempre es el futuro.

En cuanto a Álava, PP, PSE y PNV se mueven en un apretado margen de votos. En los anteriores comicios, ganaron los ‘populares’ y el PSE quedó segundo, pero el PNV se hizo con la Diputación gracias al apoyo de EA y Aralar. Desde entonces, el PP no ha cesado de reclamar al PSE que le devuelva el apoyo que le presta en el Gobierno Vasco. Al PP, le duele España, pero bajando al terreno de lo concreto, Álava le produce unos molestos pinchazos. Otro asunto es que los resultados del domingo le coloquen en situación de curarse. Bildu resulta una incógnita, pero no parece que ni en el mejor de los casos vaya a resultar determinante. Sea como sea, cualquier gobierno estable deberá contar con el apoyo de, al menos, dos de los tres principales partidos en liza.

En resumen, el camino será más o menos tortuoso pero la meta será la vuelta de PNV y PSE a los tiempos del entendimiento y lo que unos llaman estabilidad institucional y otros, sencillamente reparto del pastel. La irrupción de Bildu probablemente.acabará o reducirá a su mínima expresión a partidos minoritarios que han vivido por encima de sus posibilidades hasta ahora gracias al papel de ‘bisagra’ que la enorme fragmentación del electorado vasco les ha otorgado. Así, Ezker Batua no parece que vaya a asomar mucho la cabeza, mientras que Aralar –formación de la izquierda abertzale tremendamente celebrada por la carcundia madrileña por cuanto constituye la prueba fehaciente de que en España no se persiguen las ideas- tendrá que elegir entre la irrelevancia o la búsqueda de cobijo al amparo de otras siglas, siguiendo la estela que ya marcó hace décadas Euskadiko Ezkerra, hoy en día, PSE.funny caricature drawings [1]german translation service [2]