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Historia Sagrada. 59

A pan y agua (Éxodo 17, 1-16)

Habíamos dejado al buen pueblo israelí comiendo hasta saciarse el sabroso maná [1], satisfechos, ahítos de maná, plenamente comprometidos con Él y Su proyecto, cualquiera que éste fuese. Pero hete aquí que los israelitas, llorones de natural, al poco tiempo se percatan de que no tienen nada que beber, y la espiral de descontento comienza de nuevo: el maná, tan seco y áspero como nutritivo, se engullía con dificultades sin acompañarlo de bebida, reduciendo considerablemente la satisfactoria experiencia alimenticia.

Por no hablar, claro, de que sin agua todos los israelitas morirían en un par de días, y lo que es peor: también moriría el ganado [2], ese ganado tan trabajosamente expoliado de los egipcios aprovechando las sucesivas plagas enviadas por Yaveh y la huída final en tropel.

Así que Moisés no tuvo más remedio que tomarse en serio tanta queja, y acudió al Señor con el nuevo caprichito de Israel: ahora los niños mimados querían beber agua e incorporarla al equilibrado y nutritivo régimen de Yaveh. Pero nada es imposible para la omnipotencia del Señor, por otro lado muy amigo de orquestar espectaculares puestas en escena para cualquier cosa. Así que, en lugar de limitarse a decir: “Oye, Moisés, ¿y por qué no cogen el agua de esa fuente natural que hay ahí al lado?”, Él requirió de Moisés que cogiese su vara superpoderosa [3] y que se hiciera acompañar de los ancianos más sabios (es decir, más ancianos) de todo Israel hasta un peñasco que había en las cercanías y que, al modo español de resolución de conflictos, le asestase un buen estacazo al peñasco.

Los ancianos, aquejados de cataratas, glaucoma y, en resumen, ceguera en diversos grados, no pudieron menos que congratularse del poder de Yaveh ante este nuevo milagro. Por lo visto, antes no había agua y fue darle el estacazo y que surgiera el precioso líquido de la piedra yerma. ¡Milagro! ¡Un milagro más de Yaveh, a la honrada manera del Padre Escrivá [4]!

Moisés vuelve ufano para comunicar la buena nueva a su pueblo y establecer una nueva reconciliación con Yaveh (que, todo sea dicho, hay que ver qué desconfianza, qué mezquindad, que casi siempre manifiestan en la Biblia los israelitas con Yaveh y sus intenciones, a pesar de que Él constantemente les esté dando muestras de su poder y su compromiso con el Pueblo Elegido; ¡y eso que aún no hemos llegado al becerro de oro! Yo de Yaveh me habría buscado a un Pueblo Elegido más agradecido. Como el vasco [5], por ejemplo. ¿Alguien cree que los vascos habrían sido tan tiquismiquis?), en la que hubo gran regocijo.

Pero, como si el Pueblo Elegido estuviese verdaderamente sometido a los caprichos arbitrarios de un Dios loco, dispuesto a hacerle pasar penalidades sin cuento sencillamente por diversión, al poco tiempo aparece Amalec, el clásico archienemigo de Israel, y comienza una cruenta batalla. ¿Cómo? ¿Que Ustedes nunca habían oído hablar de Amalec? Pues yo tampoco, pero así se nos vende Amalec en el Éxodo.

El caso es que el Señor le pide a Moisés que arengue a sus tropas para insuflarles ánimo, y Moisés se pone a ello al modo del Caudillo en la plaza de Oriente: levantando las manos. Pero la batalla no terminaba nunca (los cabrones de Amalec, que es que verdaderamente se la tenían jurada a Israel), así que Moisés comenzó a cansarse y a bajar los brazos. Y como el Señor, además de omnipotente, la verdad es que es un cachondo, conforme Moisés bajaba los brazos el curso de la batalla favorecía a Amalec, y viceversa.

Todo sigue igual hasta que los israelitas, percatándose del asunto, sientan a Moisés en una roca y se ponen a ambos lados sosteniéndole los brazos (en plan “ganador de la San Silvestre vallecana 2010”), talmente como si Moisés fuera una marioneta, el Cid cabalgando después de muerto [6], hasta que la victoria de Israel sobre Amalec es absoluta y completa, incluyendo una sonora declaración final del Señor: “Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo”. Y hay que decir que Él llevó a cabo su limpieza étnica, vista en perspectiva, con gran éxito, como en casi cualquier empresa que conlleve destrucción en la que se embarque el Señor.chinese translation [7]где купить керамическую сковороду [8]