- La Página Definitiva - https://www.lapaginadefinitiva.com -

La fiesta de la democracia por dentro: memorias de un vocal 1º

¡Yo no hago la mili! Una exclamación desgañitada recorría los pasillos del colegio de monjas. Atribuladas religiosas se sorprendían. La autoridad estaba presta a intervenir ante el acceso de locura del recluta. ¡Yo no hago la mili! Esta escena pre-constitucional se daba el pasado día de Nuestro Señor 9 de marzo de 2008: elecciones generales. El recluta era el vocal 1º de una mesa cercana que se negaba a hacer sus labores democráticas. Le habían tocado en un democrático sorteo del que se desconocen tanto el material del que están hechos los bombos como las manos inocentes que recogen la bolita. ¡Yo no hago la mili! La escena de ambientación franquista en blanco y negro quedaba ligada con el presente gracias a una modernísima actitud alta definición de púber de la E.S.O. ante sus consentidores papás. Ese vocal 1º, a partir de ahora un símbolo para todos nosotros, un ídolo, quería que le diesen la paga de 60 euros y que le firmasen el justificante para no trabajar 5 horas al día siguiente e irse a su casa. Finalmente, y ante la amenaza de una futura comparecencia ante el juez, accedió a quedarse el resto del día en su puesto pero de brazos cruzados, sin hacer nada, en señal de protesta. No queda sino aplaudir. Con verdaderos patriotas que aúnan tradición e innovación España sería otra. No sería Una, no sería Grande, no sería Libre. Pero sería Otra.

Nosecuánto 1, Nosequé 23, letra B. Ese fue el destino de un servidor de la patria, también seleccionado Vocal 1º como decía una escueta misiva con un dato aterrador: había que estar a las 8 de la mañana de cuerpo presente en el lugar señalado. Ante esto se producen varias actitudes en cadena bien estudiadas en psiquiatría:

a) Cagarse en su nación.
b) Incredulidad, lo que supone leer la carta 21 veces.
c) Trucos baratos: “Bueno, ¿y si hago como si no la hubiera visto?”
d) Expreso andalusí-baturro Córdoba-Zaragoza: “Yo no voy. Que no. Que no voy. Que me busquen. Pero que no voy”.
e) Carrusel de alternativas: “¿Un certificado médico? ¿alguien conoce a un médico corrupto?, ¿y si mi jefa me pone en una cuartilla que tengo que trabajar?”.
f) Expreso baturro-andalusí Zaragoza-Córdoba: “Que n-o v-o-y. No puedo decirlo más claro”.
g) Congoja ante un destino amenazante poblado de multas y guardias civiles con mostachos de posguerra que van a buscarte a casa y te sacan en pijama para llevarte a la urna. Juicios. Cárcel. Cae la pastilla de jabón en las duchas de la prisión provincial y Bubba te llena de cariño.
h) Cesión ante el autoengaño: “Bueno, así no salgo este sábado y lo mismo puedo empezar una temporada de limpieza del hígado”, “quizá la interventora del PP sea un pijita preciosa y perfumada que no pueda resistirse a mis encantos y me lo demuestre en el cuarto de baño hipnotizada por la pasión”.

Rendido ya ante el miserable autoengaño me personé a la hora acordada impresionándome en mi paseo hacia el colegio electoral la existencia de la mañana en los domingos. En el lugar una confusión de mesas que se arrastran, urnas que se colocan, papeles que se sacan. Todo ello protagonizado por homínidos de la especie “vecinos”, subespecie “del barrio de toda la vida”. Ni rastro de la autoridad salvo una pareja de municipales somnolientos. No hay control, sino prisa. Dos palabras vienen a la mente: “Primaveras” y “pardillo”. Rencorosos vocales y presidentes anteriores ocultan esta información a los futuros vocales y presidentes por pura inquina ibérica. Yo, español del siglo XXI, os he advertido: si os toca no pasa nada porque no vayáis. Hasta ahora un miedo cerval procedente de épocas de autoritarismo hace pensar en persecuciones de grises por las calles hasta que te cogen de los pelos. Hay que acabar con esa contaminación nacional-católica, con ese silencio cómplice. Acabo de ofreceros el germen de una revolución.

El colegio electoral es una vuelta al colegio, valga la redundancia. Y éste era de monjas. Durante horas y horas se tachan nombres de una lista, se escriben a boli en otra, se cuentan papeletas, se rellenan a mano informes que han de repetirse porque las copias que hace el calco no resultan suficientes para las que hay que aportar al final en varios sobres que van a la subdelegación del gobierno…La Fiesta de la Democracia, al igual que otras fiestas tradicionales como la Semana Santa, la Navidad o las ferias, se ajusta a un guión preestablecido con muy pocas variantes. Ha de votar una mujer de más de cien años. La tuvimos. Ha de venir un señor mayor que tras depositar sus papeletas quiere votar por su esposa, que se ha quedado agonizando en el hogar. Lo tuvimos. Jóvenes padres cogen en volandas a sus pequeños y sonrientes niños para que metan ellos la papeleta. Los tuvimos. Votantes de cualquier generación llegan con la papeleta para el Congreso y Andalucía pero no la del senado, y arguyen “es que no me la mandaron”. Los tuvimos a todos. A las monjas que votan en fila india. También a la señora moribunda en silla de ruedas y al ciego que este año pide votar en braille, una novedad en el circo. Tuvimos un producto personalizador que nos llenó de ese sentimiento combinado juancarlista: orgullosatisfacción. Una señora mayor llegó de lejos exclamando “¡Qué miedo, miedo me da!” Conforme se acercaba señalaba con la barbilla mediante un rápido movimiento de cabeza al interventor socialista, que se encontraba en ese instante, las doce del mediodía, adormilado en su silla de centinela de los comicios y ni se dio cuenta. “¡Me da miedo! ¡Me voy ya porque me da miedo! Puffff, qué miedo.” Y salió de allí con un trote cochinero bastante ágil.

Después de las ocho de la tarde empieza el recuento y el proceso de rellenar los informes comentados antes. El recuento de las elecciones de Andalucía y las del Congreso de los Diputados sigue una mecánica aparentemente sencilla. Abrir los sobres, irlos clasificando en montones según los partidos y contarlos. No se espera una cosa, que las cuentas no cuadren. De hecho no cuadran. Es más, es imposible. Ciudadanos de bien aturdidos por el sueño, con doce horas de trabajo a cuestas y las nalgas dormidas tienen la responsabilidad de que las matemáticas hagan honor a su fama de ciencias exactas. No se cuenta con una ley aritmética no escrita, la Ley de Dios es Cristo y el Copón Bendito. Al principio respiramos aliviados. Servidor de la patria había tenido una laguna mental, una ausencia de la realidad de unos cinco minutos, y había numerado a los votantes mal: 258, 257, 258, 258, 259… Este mismo error había sido cometido también al final y por mímesis telépata por la otra vocal. Corregida la lista, seguían sin cuadrar los números. Sobraba un voto. La solución surgió de la boca del interventor socialista, que se negaba a contar “porque me equivoco” y que saliendo de su letargo y quitándose uno de los cascos donde estaba oyendo la radio indiconos: “Pues se le quita a una formación política”. Al unísono, las interventoras de PP e IU contestaron en alianza jamás vista: “Pues se lo quitamos a la tuya”. Al final, mirando como en la Balsa de la Medusa debieron mirar todos al primero que preguntó “¿Y qué hacemos para comer algo?”, miramos a nuestra víctima, un voto en blanco cuya eliminación solucionaba todo. Solucionado. Deglutido. En las andaluzas pasó lo mismo y añadimos cinco blancos. Las del senado, mucho más complicadas por las listas libres y la posibilidad de votar a uno, dos o tres senadores, cuadró inexplicablemente a la primera. Al día siguiente recordé que tan sólo una persona, a la sazón mi pae, no votó al senado, algo que ninguno recordó. O sea, que en realidad tampoco cuadraban.

Hablando al día siguiente con amigos y conocidos que habían estado como apoderados o transmitiendo datos y ayudando con los recuentos, supe que nuestro pecado era venial. En otras mesas de otros colegios, ya en torno a la medianoche con los ánimos bajos e infladas otras partes, vocales y presidentes añadían o quitaban votos nulos y en blanco por docenas, 30 por aquí, 40 por allá. La práctica es habitual.

Según fuentes de toda solvencia de las que invitan a cañas, los vocales y presidentes de algunas mesas contaban los votos del senado a la vieja usanza de la Piadosa y Secular Hermandad de Nuestra Señora Vivan las Caenas y la Vía Sacra de Nuestro Padre Muera la Inteligencia, como si fuesen listas cerradas, o sea, sin separar, pues en honor a Pero Grullo hay que separar las papeletas que votan a senadorables (senadoreíbols) de diversos partidos o tan sólo uno o dos de un partido. Las contaban como si fuesen PP, Psoe, IU o cualesquiera, en bloque, con tres votos para esa formación. El resultado era que sobraban docenas de votos, que a su vez se cuadraban eliminando otras tantas docenas de votos en blanco o nulos. Manifestome un apoderado: “Yo me di cuenta, pero no dije nada porque no estoy ahí para eso, y eran ya las una”.

¿Alguien dijo que los votos en blanco y nulos no servían para nada? Son los votos de los familiares, novias y amigos de los vocales y presidentes, que quieren que cuadren las cuentas rápido y vuelvan pronto a cenar. Son, españoles, los votos del amor. Y los votos en blanco y nulos que se inventan los interesados los del amor correspondido. Y en el amor ya saben que todo vale. Así que para qué profesionalizar una tarea que se realiza con esta verdadera comunión espiritual. Viajen hacia un lado y otro, como besos, los votos en blanco. Entrelácense en íntimo abrazo con los nulos allá en el horizonte, mientras la aurora tiende su manto y canta el ruiseñor.
 разработка и продвижение бренда hr бренда в социальных сетях [1]реклама в google adwords [2]