Tipos de jugadores

Si hay algo en los juegos de rol que los hace tan interesantes, sin duda alguna es el tipo de gente(zuela) aficionada a ellos, una fauna ludópata de lo más variopinto que muestra en sí misma el por qué el resto de los mortales no alcanza a entender qué es lo que les pasa por la cabeza. En líneas generales, un personaje refleja en parte la personalidad del jugador que lo lleva y es un trocito innato de su forma de ser. Una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, sólo que en este caso no está claro quién es quién.

En caso de que lo anterior les parezca una paranoia y no les aclare nada (altamente probable, pero es que ya hemos dicho que La Página Definitiva es para mentes inteligentes), a continuación les mostraremos unos ejemplos prácticos de qué tipos de jugadores se encontrarán si alguna vez se deciden a echar unas partiditas:

El Schwarzennegger: este es el típico caso del jugador con una o dos neuronas a lo sumo. Siempre elige ser un guerrero, fuerte y guapo a ser posible, cuyo objetivo es matar, masacrar, pegar primero y preguntar después, puesto que pensar no está hecho para él. Debido a la resistencia del personaje y a la escasa inteligencia del jugador, normalmente es elegido “al azar” (ja,ja,ja) por el resto de sus compañeros para ser el escudo humano del grupo, y recibir todos los golpes habidos y por haber.

Cabe destacar que personajes (y jugadores) así son necesarios para que el grupo tenga éxito en una partida, dado que normalmente no llegan vivos al final (1ª ventaja: no hay que repartir el tesoro con ellos), y han hecho frente a todos los peligros que una batalla entabla (2ª ventaja: los demás mientras pueden permitirse el lujo de tirar flechas, lanzar magia o piedras, siempre desde una distancia bastante prudencial, of course). Eso sí, si salen vivos al final de la aventura, arramblan con todo el botín, y a ver quién es el guapo que se lo discute, por lo que recomendamos encarecidamente rematarlos antes del final.

El “empalmao”: ¿ustedes han ido alguna vez al estreno de una de las películas de Star Wars, y han visto al típico payaso disfrazado de Darth Vader, que va haciendo el idiota con un sable-láser de plástico? Pues ese seguro que juega al rol, y además muy en serio. Los juegos de rol y su vida son uno, y suele utilizar a menudo expresiones como “¡Por el Santo Tolkien!” o “Que la Fuerza os acompañe” incluso para saludar a sus familiares que, por supuesto, le toman por loco.

Dentro del juego es la persona que más disfruta de una partida, porque es el único que se mete en la piel de su personaje de una manera exagerada. Suele ir con camisetas raras, y de vez en cuando con una túnica o una bola de cristal si su personaje resulta ser un mago o, si son elfos, se tocan las orejas cada dos por tres para ver si se le han puesto puntiagudas. Y claro, meter gritos de guerra en plena confrontación, o rezar a los dioses antes de partir hacia lo desconocido son el maná de cada partida. Sin lugar a dudas, éste es el tipo de jugador que ha creado una leyenda negra en torno a los juegos de rol.

El 50×15: la Biblia del rol, este tipo se sabe tooooooodas las reglas que existen de un juego, de todas las ediciones existentes y en todos los idiomas publicados. Es decir, es insoportable, ya que a cada cosa que el directo de juego indica suele contradecirle y expresar su oposición, porque en el “anuario XI, de 1989, página 436, párrafo 2ª, el autor explicaba que los orcos se armaban con una espada que patatín patatán…”, algo que a nadie le importa lo más mínimo y que no suele tener ninguna trascendencia en el juego, excepto para puritanos del rol como él.

Normalmente prefiere los personajes cultos y sabelotodos, estilo druida elfo, que sólo valen para alguna recomendación puntual y como carnaza para los monstruos que el grupo se va encontrando por el camino. Nunca acaban las partidas, porque antes se han largado (afortunadamente) malhumorados con lo poco preparados que están el resto de los jugadores para afrontar una partida en condiciones. Muy a nuestro pesar, siempre volverá por sus fueros al día siguiente.

El Guasón Robaperas: el gracioso del grupo o, como comúnmente se le conoce, el “revientapartidas”. Llega, se sienta, y desde el comienzo ya se está riendo y se toma todo a cachondeo. Si los personajes entran en una posada (“no hay partida sin posada” dice un dicho rolero), entra montando bulla e insultando al resto de los personajes que allí se encuentran mientras se descojona, metiendo en serios problemas al resto. Y, si se les recrimina su actitud por parte de otros jugadores o del propio director de juego, aducen la libertad de expresión y movimiento para su personaje.

Pero ahí no acaba la cosa. Aparte de saber poner como nadie en apuros innecesariamente al resto, si puede, los crucifica: les roba cuando duermen, les hace jugarretas, nunca es el primero ni explora, no utiliza sus pócimas curativas excepto con él mismo… en fin, para él nadie merece el más mínimo respeto ni vale la pena correr algún riesgo por los demás, aunque le acaben de salvar la vida. Por todo ello, nuestra recomendación es que, según comienza la partida, se le meta cuarenta puñaladas seguidas y ahí acabe su función.

El Pasota: como su nombre indica, pasa de todo. Y desde el principio, no se crean. Les da igual qué personaje coger, cómo es, cuál es el desarrollo de la aventura y tira los dados con una desgana tal que parece sacado de un chiste de vagos. Si alguien se muere, pues “ley de vida”, y si le matan a él, pues “otra vez será”. Estos jugadores son más bien escasos, y suelen ser el amigo de algún jugador, que se aburría en casa y no sabía qué hacer.

En general es buena gente, sobre todo porque no molestan mucho (suelen estar leyendo El Jueves o la Playboy mientras dura la partida), y de vez en cuando se traen tabaco y kalimotxo, cosa de agradecer en las largas tardes de rol, sobre todo en verano.аудит продвижение сайтапомощь в продвижение бренда работодателя


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