Oficios para el recuerdo (3): gudari salvapatrias (usease, etarra)
Como artista que se debe a su público, voy a dedicar unas líneas a otro Movimiento, en ese caso el de Liberación Nacional Vasco. Viene a ser como el otro (es imposible negar la tradición española), sin camisa o boina roja pero con pañuelo palestino para los miembros de base y pasamontañas para los VIP. Aprovecho para pedir la solidaridad de los lectores, si el artículo molesta a determinados personajes y doy con mis huesos en Soto del Real, que alguien se acerque de vez en cuando. Ya sé que un humilde becario no es digno de que le organicen concentraciones de apoyo en la puerta de la penitenciaría como hacia el PSOE con la cúpula del GAL, pero que me trajesen tabaco de vez en cuando se agradecería.
La esquizofrenia era la base de la ideología de la banda terrorista ETA (para abreviar, BTE a partir de ahora). Hablo en pasado porque me temo que los que eran capaces de sostener algún tipo de debate ideológico (que a veces a uno se le olvida la pistola en casa y tiene que defender su opinión de otra forma) ya hace tiempo que no pintan nada. Pese a que presuntamente es un movimiento revolucionario de extrema izquierda, sus fuentes ideológicas están en el carlismo y en el PNV más que en el camarada Stalin. El libro “ETA nació en un seminario” cuenta una teoría curiosa sobre la aportación de la Iglesia Católica al nacimiento de la BTE. Eso, aunque en primera instancia sea chocante, no debe sorprender demasiado. Ninguna organización sobrevive 2000 años a base de apostarlo todo a un único caballo. Aquí, mientras el Invicto Caudillo entraba bajo palio en santuarios y catedrales, las sacristías servían de guarida a los conspiradores de la oposición clandestina, y el dueño del garito acostumbraba a colaborar activamente.
Respecto a lo que decía antes, un buen ejemplo es la trayectoria de una de las peores pesadillas que han atormentado al español de bien durante los últimos 20 años: Xabier Arzallus. Descendiente de carlistas orgullosos de su habilidad con el trabuco, hijo de un Cruzado entusiasta, abandonó la orden jesuita y se rumorea que envió su currículum a ETA que, tras meditarlo, lo rechazó (no se sabe si por pies planos o por no comulgar con el marxismo). Luego, ya se sabe, optó por recoger nueces, oficio más agradecido que el de sacudir el árbol.
La banda empezó a actuar a la española, eso es, chapuceramente y con cobardía. Algún atentado aquí y allá, buscando víctimas fáciles, desprevenidas y desprotegidas. Pese a que de vez en cuando podía caer algún pez mediano (léase el poco llorado Melitón Manzanas), solían cebarse con los meros instrumentos del régimen, esos cuya ideología era simplemente llegar a fin de mes sin tener que doblar el espinazo en los campos del señor marqués o una fábrica de Badalona, y que, de haber ido las cosas de modo distinto, hubiesen idolatrado al Carrillo con la misma fe con la que adoraban al Caudillo. Mientras, el principal peligro para la integridad física de éste lo constituían las recomendaciones para su salud que le podía dar su yerno el médico.
Lo único realmente grande que hicieron fue ayudar a Carrero Blanco a batir el récord de salto de altura. Aunque por más que digan algunos, tengo serias dudas sobre si sirvió realmente para algo, en 1970 estaba claro que el régimen tenía los días contados y que, tarde o temprano, tendría que realizarse algún movimiento aperturista. Y fue la propia víctima, con unos hábitos monótonos y regulares, la que facilitó la tarea a sus verdugos, no me los imagino intentando lo mismo contra alguien que se tomase mínimamente en serio su seguridad personal, desde Putin a cualquier capo de la Cosa Nostra. Y también se cuenta que en el atentado intervino la CIA, que dirigió la operación mientras que ETA simplemente puso los pasamontañas.
Total, que llega la transición (que no la democracia). Se aprueban distintos indultos, con la esperanza de que sirvan para tranquilizar al personal, así como una Constitución restrictiva con las libertades que intentaba hacer unas concesiones sin que se lo tomasen demasiado a mal los elementos más recalcitrantes del régimen.
La década de los 80 es muy interesante para cualquiera que desee analizar a la BTE. Una fracción de la misma (ETA PM) decide abandonar las armas e incorporarse al juego político, que prometía cargos y comisiones y la policía, en lugar de perseguirte, te presentaba armas. Se agrupan en Euskadiko Ezquerra, que tras andar por libre durante una temporada, culmina su periplo fusionándose con el PSE, que en época del GAL representaba lo más sano de la españolidad en Euskadi. En este contexto, cabe destacar la brillante carrera de Mario Onaindía, presunto etarra condenado a muerte por el franquismo y que acabaría sus días en coche oficial, presidiendo el PSE en Álava.
Algunos militantes y dirigentes, sin embargo, consideraron esa fusión como insuficientemente española e hicieron algo tan patriótico como escindirse; elementos como Jon Idígoras, Santiago Brouard o Arnaldo Otegui montaron un chiringuito propio: Herri Batasuna. A diferencia de otros movimientos marginales de la extrema derecha o la extrema izquierda, este tuvo mejor suerte electoralmente hablando. Cierto que la presencia en las instituciones obligaba a madrugar para ir allí de vez en cuando, pero lo compensaba un aumento de las emociones: hoy podías estar en la tribuna de oradores del parlamento vasco, mañana en la audiencia, el pasado en Carabachel y a las dos semanas ser recibido como un héroe en Basauri
El núcleo principal de la BTE, sin embargo, decidió continuar operando. Aprovechando la ineficacia gubernamental, el pasotismo de las autoridades francesas que habían calado la calidad de la democracia española y un amplio soporte social que les facilitaba infraestructura y reemplazos cuando sus activistas caían, vivieron sus años más prósperos. El estado español concibió alternativas desesperadas como atacar a la banda usando sus mismos métodos, que –como toda medida que toman los gobiernos de este país para resolver un problema- fracasaron.
De la banda original queda poco. Sus mejores elementos hace tiempo que languidecen en presidio o se han buscado ocupaciones más lucrativas y no perseguidas por la justicia española (léase Jon Juaristi, que ha aprovechado la enorme falta de intelectuales orgánicos de la derecha española para colocarse bien), y los que la mantienen en funcionamiento hoy día son unos marginados para los que atarse los cordones de los zapatos constituye un problema complejo. En la actualidad, la juventud marginal vasca tiene la alternativa de integrarse en el submundo de la pequeña delincuencia (exactamente igual que sus cofrades del resto de España) o intentar ingresar en la BTE a base de demostrar sus habilidades quemando cajeros o autobuses o emprendiéndola contra el mobiliario urbano. La elección es fácil, ambas opciones implican estancias en la sombra pero ser un gudari está mucho mejor considerado socialmente que el comercio al detalle de estupefacientes o trapichear con cable de cobre adquirido de forma dudosa (y practicar la delincuencia de guante blanco o a gran escala queda lejos de las capacidades de ese tipo de personal).
Ni siquiera en un país de chapuceros como España esos personajes tendrían demasiado futuro, pero hoy día existen grupos organizados más interesados en la subsistencia de la banda terrorista que los propios etarras, que ya no saben ni para quien trabajan. A bote pronto, se me ocurren los siguientes:
1) El nacionalismo vasco de derechas. Aparte de lo de las nueces, la existencia de una banda ligada al nacionalismo de izquierdas les convierte a ellos en los únicos interlocutores válidos con el nacionalismo español. La existencia de un nacionalismo vasco de izquierdas dentro del marco político legal les quitaría esa exclusividad.
2) La propia Batasuna. Su ilegalización les permite asumir el papel de mártires y no enfrentarse al hecho de que buena parte de sus partidarios ya les está dando la espalda. Hay algo peor que la ausencia de los abertzales en las instituciones por ilegalización, y es la ausencia porque nadie les vota. Mientras estén ilegalizados, se ahorran esa papeleta.
3) El PP. Mantener su demagogia de identificar con la BTE a todos los que no piensen exactamente como ellos dicen que se debe pensar (es decir, que serían proetarras el 70 % de los españoles) les ha permitido buenos rendimientos electorales. Se han mostrado más hábiles que nadie a la hora de capitalizar políticamente las actuaciones de la banda, en la que han basado su estrategia política durante años. En sus peores pesadillas figuraba que ZP consiguiese la desaparición de ETA. Huelga decir que, bajo su gobierno, tampoco resolvieron el problema
4) El PSOE. Parte de su electorado es tan ultranacionalista como el del PP y, si bien necesita diferenciarse en algo, le interesa más mantener su imagen de firmeza y dar a entender que ha sido la BTE la que ha roto toda posibilidad de acuerdo pacífico que resolver realmente el problema. Durante los dos últimos decenios ya ha quedado claro que las medidas exclusivamente policiales pueden poner en aprietos a la BTE pero no van a acabar con ella.
5) Carod-Rovira. Por un tiempo, consiguió desplazar al mismísimo Arzallus en el papel de hombre del saco con el que en Castilla las madres amenazan a sus hijos para que se coman la sopa. Su reunión con la BTE en Perpiñán y la posterior campaña que le organizó el facherío casposo es impagable. Jamás había sido tan popular en Catalunya, y desde el 36 que ERC no conseguía tantos votos.
6) Los partidarios del actual modelo de Estado. Ahora mismo, tienen la excusa que cualquier tipo de reforma descentralizadora sería una victoria de la BTE obtenida mediante el chantaje terrorista. Este debate deberá mantenerse algún día, y el nacionalismo español sabe que deberá resolverse con otro modelo estatal.
7) Los partidarios de la restricción de libertades. Con la excusa del terrorismo se puede cerrar periódicos o restringir derechos políticos a los ciudadanos, así como la realización de prácticas policiales que vulneran la intimidad o los derechos fundamentales. Eso es algo de lo que, como españoles, debemos enorgullecernos porque es una práctica que ha sido adoptada y desarrollada por las potencias más liberales de nuestro entorno (EEUU, Gran Bretaña, Francia,…). Por primera vez en muchos años hemos podido demostrar al mundo como ciertas prácticas propias del castrismo son compatibles con la democracia. El compañero Fidel debe estar alucinando.
8) Como no, los que se ganan la vida reponiendo los destrozos de la lucha callejera. En más de cuatro hogares españoles se come gracias a la actividad de los chicos de la gasolina, que obligan a reponer autobuses o contenedores de basura, reparar cajeros o cabinas de teléfonos o reconstruir pisos.
Finalmente, lamentaría mucho que algún miembro de la judicatura o los abogados a sueldo de la AVT hubiesen tenido que tragarse todo este rollo y no tengan pruebas concluyentes para presentar una querella por enaltecimiento del terrorismo. Me siento buena persona y les voy a echar una manita. Ahí va: VIVA OTEGUI!!!! VIVA!!!!!
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