International Transparency publica su lista de ayuntamientos del Reino de España. Observo que en las primeras posiciones, con 100 puntos sobre 100 posibles -oé, oé-, figuran los consistorios de Sabadell, que tiene varias denuncias en los tribunales hechas presentadas por la fiscalía y un alcalde sobrino del presi del gremio de constructores de la localidad, y Sant Cugat, que además de estar en quiebra técnica por un quítame allá unas normas urbanístic asaparece también en el caso Millet por la construcción de un polideportivo. Más allá del recuerdo a los que en la lista se situan por debajo de los ayuntamientos reseñados, una cosa está clara: el año que viene, a por los 200 puntos. El juez del caso Palma Arena pide información sobre los convenios entre el Govern balear y la empresa de Don Iñaki Urdangarín, nuestro emigrante más campechano. Y hablando de información, el periódico monárquico y nacionalista El País tuvo el detalle, con su deontología profesional habitual, de no incluir la noticia ni tan siquiera en su página web, a pesar de que, al igual que el menos monárquico periódico La Vanguardia del que cito la noticia, también tiene contratados los servicios de EFE como se puede comprobar aquí. A ver los segundos que tarda el protogolpista Moisés Naim en alertar de la totalitaria censura chavista… El Impostor cumple su décimo aniversario desde que se hizo con las riendas del brazo político de los GAL. Parece que fue ayer cuando prometió aquello del Estado federal y plurinacional y es que el tiempo no pasa para él o, por lo menos, no pasa en balde. El PSOE se ha hecho la autocrítica encima regalándole al líder carismático un video en el que defiende -es textual- que el buen señor nos ha proporcionado “la España que nos merecemos”. Item más, también se han cumplido diez años desde que Joan Gaspart se hizo con la presidencia del Barça, lo que sin lugar a dudas situa dicha semana del año 2000 como la peor semana que hemos tenido desde lo del 18 de Julio -que también celebraba aniversario esta semana, mientras el gobierno de progreso sigue poniendo flores frescas cada semana en la tumba del Caudillo y se deja un porrón de millones en mantener el mayor mausoleo fascista del mundo occidental-. El Impostor, en fin, señaló que “estamos mucho mejor de lo que parece”, lo que delimita con precisión quién es -y quién no es, para él, “nosotros”. Pena que no podamos escuchar a los camaradas de la ceja si fuera el PP el que le hiciera un vídeo a Ansar con un 20% de paro y los ministros insultando la inteligencia del personal en la Noria.
Se publican los tests de estrés que, a iniciativa del Serpiente, servirán para poner de rodillas a los mercados y hacerles reconocer la indiscutible fortaleza del sistema financiero más sólido del mundo. De las siete entidades que han suspendido, hay dos que no son españolas, para que luego digan en la Pérfida Albión. Y eso que, echando un vistazo a la lista, no son pocos los que han tirado de cinquillo pelado -en este caso, un Tier-1 inferior al 6% en el peor escenario previsto era un cate-: Pollença tiene un 6,2%, Ontinyent un 6,6%, Banco Guipuzcoano un 6,1%, la fusión de Burgos, CAI y Badajoz otro 6,1%, Cajasol un 6%, Banco Pastor un 6%, Ibercaja un 6,7%, Bankinter un 6,8% y CajaMadrid un 6,3%. Tamaños datos han provocado la lógica euforia en el Gobierno -máxime cuando el peor escenario previsto era la suma de un agravamiento de la recesión sumado a una crisis de deuda soberana en que el Reino de España tenía el dudoso honor, junto con Grecia, Irlanda y Portugal, de que en elescenario previsto su deuda era peor que el promedio de la deuda de los países europeos que no están en la Eurozona-, y la Ministra de Economía ha señalado con su habitual aplomo que sino hubiéramos presentado a las cateadas, pues hubiéramos sacado todo el examen. Para los amantes de los datos, los de la BBK y la guipuzcoana Kutxa -14,1% y 10,6%, respectivamente- ponen blanco sobre negro las submorales justificaciones a la bancarización de las cajas perpetrada por el PPSOE, además de resaltar la diferencia entre usar el poder y las instituciones de forma moderadamente competente o incompetente, como han hecho los malvados anti-españoles en Euskal Herria, o usarlas como un paraíso de chorizos, como han hecho los nacionalistas españoles. Y ahora, a ver lo que nos cuesta la nueva ronda, y a esperar a la siguiente… En una demostración de firmeza, el President de la Generalitat se planta en Madrid para exigir al Impostor y compañero federalista no ya cosas concretas sino “gestos políticos” para hacer más digerible el tejerazo, perdón, tijeretazo, del TC al Estatut. Dicho y hecho, al día siguiente el Gobierno del Reino, por boca del analfabeto funcional que ocupa la cartera de Fomento, anunciaba un severísimo recorte de las inversiones con especial incidencia en Catalunya, aumentando así el grado de incumplimiento del Estatut. Además de hacerse obedientmente el hara-kiri y de pasar no solo de acabar de hundir al tripartito -que, eso sí, a falta de ambición nacional y social, habrá servido para que ERC e IC cambien de sede y los socialistas, de casa, ya que lo suyo es un estilo muy otro como se aprecia en el sumario Pretoria- sino directamente a ganar puntos por hacer el peor resultado de la historia del PSC, el President y líder del PSC en Catalunya -que no en Madrid, donde sus coleguillas se niegan a firmar lo que él no solo aprueba sino que redacta en Catalunya- pone manos a la obra en el tema de las listas electorales, que como buen trepa, perdón, gestor, es lo que se le da bien.
Las primeras informaciones apuntan que el sector catalanista del partido -sensiblemente inferior en número al sector catalanista que ha ido abandonando el partido en los últimos años, alguno de los cuales se prepara para dar el golpe de gracia a su expartido en la persona del simulacro de alcalde que disfrutamos los barceloneses- será convenientemente “constitucionalizado”, y el brazo político de los GAL cumplirá por fin su objetivo de tener una franquicia en Catalunya al estilo Fatxi cuya misión será ser un partido anti-independentista que tratará de evitar la evolución soberanista que todo el mundo descuenta de CiU.
Accésit número 1 para la Corte Internacional de Justicia, que ha reconocido la legalidad de la declaración de independencia de Kosovo contra el criterio sensato, moderado y no-nacionalista serbio que defendía la nación indisoluble y la patria común e indivisible, por expresarlo en los términos del patriotismo constitucional o el republicanismo cívico, que tanto monta monta tanto. Eso sí, a pesar de que el Gobierno del Reino de España ha sabido reaccionar poniéndose a la cabeza del nacionalismo español destacando que Kosovo no es Catalunya ni Euskal Herria -excusatio non petita, etcétera-, no sé a que esperan para ordenar al abogado del estado y a la Defensora del pueblo la interposición de un recurso ante los librepensadores del Tribunal Constitucional.
Accésit número 2 para el asesinato a hostias de un subespañol de origen ecuatoriano delante de su hija de ocho años por parte de tres jóvenes bilingües asiduos, como la policía nacional de la zona incluyendo a uno de los tres detenidos, del bar étnico La Española, regentado hasta hace dos días por los papás de los compañeros federalistas de Estopa.
Accésit número 3 para el juez que puso en libertad a los tres no-asesinos inmediatamente, cambiando el delito de homicidio por uno de lesiones que obligará a los acusados a presentarse cada quince días en el juzgado. Con estas”lesiones”, ya son 81 los muertos de forma violenta en el Reino de España contabilizados desde 1991 por ultras que operan con total impunidad gracias a sus vínculos con las FSE, como en los glory days. Asimismo,esta misma semana unos guardias urbanos apaleaban a un venededor de top-manta en Barcelona, y unos seguratas de RENFE apaleaban a dos menores inmigrantes en Flaçà. Eso sí, hay que darlo todo por prohibir el tabaco o a los que se quieren presentar a las elecciones.
Accésit número 4, y seguimos hablando de terrorismo, para Don José Barrionuevo quien, como el mismísimo Fatxi, es entrevistado por Vanity Fair, loa a Mister X y afirma que con quién más relación tiene del actual Gobierno del Reino es -¿alguien lo dudaba?- el bueno de RuGALcaba, y es que de bien nacidos es ser agradecidos.
Pocas semanas después de comprometerse a hacer una campaña limpia y en positivo, sacrificando a Pepe Zaragoza y nombrando a un nuevo director de campaña que afirmó que pondría el acento en el compromiso social de su partido, el PSC hace doblete con el fiasco de la diagonal y el más brutal recorte de gasto social de la democracia. La reacción no podía tardar, y a un incremento del nivel de insultos de la oposición se unen las filtraciones al TBO de la corrupción convergente en el caso Millet. Mientras tanto, las encuestas ya van 64 a 34, glups. Los miembros del TC siguen haciendo méritos para optar a puestos de trabajo para gente con problemas. La nueva ponencia cocinada en un palco de la Maestranza con uno de los integrantes de los Morancos fracasa. Sorprendentemente, en lugar de dimitir en masa y huir del país, los magistrados del tribunal han puesto en manos de la caducada presidenta del mismo la redacción de una nueva sentencia para recortar el texto y olé. mientras tanto, las encuestas de medios monárquicos y nacionalistas ya dan un 37-41 en favor de los partidarios de seguir perteneciendo al fracaso español. Mientras los hombres de progreso ejpañoles se lucen con el recorte más brutal de derechos sociales de la democracia, la fracasada Angela Merkel proclama una guerra entre los políticos y los mercados, empieza a tocar el sector sociópata, perdón, financiero, los tories anuncian intenciones al respecto y los portugueses suben impuestos a las rentas más altas. Nosotros, Reserva Espiritual del Occidente Socialista (R.E.O.S.) una vez más… En el día en que el Consejo de Ministros ordenaba el mayor recorte de gasto social de la democracia española, RuGALbaba se monta una redada anti-etarra siguiendo su manual de estilo. A diferencia de su último numerito, no se atrevió a aseverar que los detenidos estuvieran planificando un atentado contra él, bluff desmontado en 48 horas, y se coformó con afirmar, modesto él, que “seguro que no estarían rezando el rosario”, algo que la prensa nacionalista española -y TV3- interpretó como que estaban planificando atentados. Por el otro lado, los hechos: de ser los detenidos los que mandan, habrán sido ellos los que han tomado la decisión de no atentar, y los que habrán pactado con los líderes políticos de la izquierda abertzale la victoria de estos últimos en el debate interno para poner fin a la violencia que tantos réditos políticos da al nacionalismo español, según palabras del presidente del PSE. El Reino de España entra en un Nirvana de progreso con la aprobación en Consejo de Ministros del mayor recorte de derechos sociales de la democracia. Como persona comprometida con el tema que es, el Impostor decidió que dieran la cara por él dos de sus floreros. Como hombre con talante que es, la cosa se aprueba por decreto, como debe ser en un hombre de diálogo. Durante el día el brazo político de los GAL lanzó un globo sonda sobre una hipotética -sin tipos, ni bases imponibles, ni plazos, ni previsiones de recaudación, ni nada que no fuera humo- subida de impuestos a “los que más tienen”. Al fin, los hechos son los que siguen: recortillo de los sueldines de los trabajadoritos públicos, congelacioncita de las pensioncitas, eliminacioncita de la cooperación al desarrollito, tijeretazín a la ley de dependencia y, de propinilla, un poco más de valla en Ceuta para que no se cuelen subhumanos y unas muy enigmáticas modificaciones de los honores militares en la proclamación de un nuevo Rey que son difíciles de desvincular de las declaraciones del Serpiente afirmando que la salud del Borbón es la pera, como nuestra economía en la pasada campaña electoral.
Pero volvamos al Nirvana de progreso, que precede a la reformita laboral y la reformita de las pensioncillas que nos acercará un poquitín más al pleno empleo que nos prometió el Impostor. Al parecer, había que contentar a los mercados, ya que si no se enfadan y se niegan a darle dinero al gobierno para que este se lo devuleva. Como me decía un amigo ayer, parece que el gobierno ignora la existencia de un mecanismo que le permite tomar dinero de los mercados y, en fin, no devolverlo. Se llama, alehop, impuesto. Vaya, como se hace con funcionarios o pensionistas. Habida cuenta de que el gobierno tiene ideas distintas al respecto basadas en su dejación de responsabilidades para hacer frente a los mercados, bueno será que seamos nosotros los que tomemos medidas para hacer frente a los mercados y a sus (distintos) brazos políticos, ya que si no los refundamos nosotros nos refundan ellos.
Hace algún tiempo, por rescatar a alguien se entendía ayudarle en un momento de dificultad. Por poner un ejemplo, rescatar bancos a porrillo fue lo que hicimos los subciudadanos de las democracias occidentales desde hace un par de años. A cambio de nada que no fueran vaporosas cortinas de humo, refundaciones del capitalismo e inconcretas apelaciones a reformar el sistema financiero. Una vez solucionado el entuerto en la mayoría de países -con la notoria excepción del Reino de España, donde al estar ocupado el regulador, un cargo público del que no conocemos su sueldo, en bramar a favor de la moderación salarial y la reforma laboral, se ha conformado con manipular la normativa contable y a hacer la vista gorda ante la ocultación de pérdidas y morosidad que ayer cifraba la organización comunista Esade en un 16% del PIB, y así sacar pecho sobre el sistema financiero más mejor del mundo-, las instituciones rescatadas siguen, en su mayoría con los mismos responsables, ganando un dineral y sin estar sujetos a una sola condición.
Bien distinto es el caso griego, donde lo que se describe como un “rescate” no es sino una manera de refundar Grecia, a falta de la reforma del capitalismo. Así, los recortes de derechos sociales de los griegos -que van a recibir, y únicamente a título de préstamo, una cantidad sensiblemente inferior a la que se llevaron los “merkados”: en Europa, hoy, los bancos comerciales pueden pedir préstamos al 1 % pero ellos prestan a los Estados al 5 %, al 9 % e incluso ahora al 11 % a Grecia- van a ser radicales: rebajas de sueldo o aumento de tasas e impuestos indirectos, entre otros abusos aparejados a lo que técnicamente es un golpe de estado -esto es, el gobierno que tomó el poder hace unos meses gracias a sus críticas al anterior ejecutivo, que rebajó impuestos a mansalva, falsificó las cuentas y aumentó el gasto, es el encargado de cumplir las órdenes que le dan gentes que tienen la misma legitimidad democrática que Kim Jong Il para regir los destinos del pueblo griego, que democráticamente eligió a un gobierno con un programa bien distinto, y que hoy recibe palos de la policía por su oposición al estrangulamiento-.
Más allá de los problemas que suscita la paliza, perdón, el rescate en términos de legitimidad democrática -más o menos similar a la reforma laboral que patrocina este nuestro gobierno que se presentó prometiendo el plano empleo sin que nadie, empezando por los sindicatos, haga la menor observación al respecto-, más allá del carácter fracasado de las medidas en términos económicos -ver caso letón- y más allá de la éticamente indecente comparación entre lo que se ha exigido a los griegos y a los ludópatas de los bancos -con los primeros obligados a aceptar sacrificios mientras se obliga a los segundos a llenarse los bolsillos-, este es un buen momento para calibrar hasta qué punto está hecho con los pies el bodrio del Tratado de Lisboa, que presuntamente debía servir para regular de forma inteligente el engendro europeo.
No sé si España es como Grecia. Lo que sí sé es que yo sí soy griego.
Por “emergencia” queremos decir la continua e instrumental redefinición del “enemigo público” por los poderes fácticos. Gracias a las emergencias, la horrenda “opinión pública” acepta no sólo la violación sino incluso la invalidación de los derechos formalmente garantizados por las constituciones y las declaraciones de derechos humanos. ¿ De acuerdo? De hecho, más que eso: consideran tal invalidación deseable y necesaria para “defender la democracia”.
En Italia, desde los años 70, el método de gobierno ha consistido en una secuencia de emergencias. Este país siempre ha albergado una compleja dialéctica de inconstitucionalidad, en la cual la emergencia ha establecido una retórica, un fluido pero aún así totalitario sistema de metáforas y una peculiar forma de cristalizar las nuevas normas, tanto en la ley como en la moral nacional.
Las emergencias sirven para introducir nuevas formas de coerción en la división social del trabajo, o al menos para preservar las actuales. Sí, también son funcionales para asentamientos gangsteriles entre las distintas secciones del capital, como sucedió con Mani Pulite[1]… De todas formas, esto es parte de la consecuencia más que de la causa: la necesidad primaria es la antedicha coerción, control social y la prevención de las posibles “desviaciones” y antagonismos. Los clanes luchan unos contra otros precisamente para administrar esta prevención.
En Italia la emergencia por antonomasia, representada por la guerra contra el “terrorismo”, comenzó como una reacción a los disturbios del Autunno Caldo (Otoño Caliente]: el estado se puso en acción para destruir la vanguardia de los trabajadores rebeldes usando “subversivos” como chivos expiatorios y como distracción de la opinión pública, con lo cual forzó todo conflicto social a la esfera de la ley criminal y judicial. Después del final de esa guerra, la guerra de la emergencia estaba lejos de terminar, de hecho, se convirtió en permanente y, lo que es más importante, molecular.
Hemos estudiado las políticas y retóricas de la emergencia y aislado una tendencia: la molecularización de la emergencia, que se ha ido más allá desde la esfera pública a las microrrelaciones sociales, desde lo público a lo privado, hacia abajo a las profundidades de las diferencias individuales. En otras palabras, desde lo Político (un dominio que ya ha sido colonizado y reconstruido) a lo Cultural (por lo que entendemos Antropológico), y después hasta lo…. Espiritual.
El cambio fue impuesto mediante tres estrategias diferentes:
- Una revisión del sistema legal, conllevando una personalización de la ley criminal, con nuevos mecanismos remunerativos para la colaboración y la potenciación de lo que hemos llamado “modelo Católico”, es decir, un método de requerimiento inquisitorial.
- Un uso terrorista de los medios, con continuas y agresivas campañas alarmistas que provocan una demanda de “ley y orden” por el “pueblo”. Esto último no es más que un entramado indistinto de muestras estadísticas soportado por eslóganes y encuestas absurdas.
- En un nivel transnacional, un mercadeo constante de innovación tecnológica, por ejemplo la instalación de nuevos dispositivos de control (intercepción de comunicaciones telefónicas y de datos, circuitos cerrados de televisión en las oficinas, almacenes y tiendas, cámaras de vigilancia en las calles, satélites que acechan, pulseras electrónicas para personas bajo arresto domiciliario, etc.)
Italia ha sido un laboratorio, como sucedió en los años 20 con el fascismo y otra vez con la postguerra, cuando el país se convirtió en un campo de batalla teatral y viviente de la Guerra Fría. Los experimentos legales, mediáticos y generalmente biopolíticos de los últimos 25 años han demostrado ser muy útiles durante el proceso de la integración paneuropea de la represión y el control social. [2]
La molecularización de las emergencias es típica del estado postmoderno y sus métodos de gobierno. En la era del postfordismo una nueva forma de trabajo viviente ha surgido, que el capital debe tener bajo control. Esta es la razón de los malditos asaltos en Internet por la policía, el poder judicial y los gobiernos a lo largo y ancho del mundo. Internet es el más importante chivo expiatorio de esta era, la Madre de Todas las Emergencias que Vendrán, la Jihad que anticipa y justifica cualquier conflicto local.
En su monólogo, el estado postmoderno se describe a sí mismo como autosuficiente, nunca más necesitado de ninguna legitimación en una confrontación con la “sociedad civil”. El capital siempre ha cultivado una utopía, esa en que “se muestra a sí misma separada del trabajo, perfilando una sociedad capitalista cuya fundación dinámica ya no es el proletariado, y cuya dialéctica social ya no está definida por la lucha entre el capital y el proletariado”(Antonio Negri y Michael Hardt, The Labor of Dionysus).
Negri y Hardt han estudiado las principales teorías jurídicas contemporáneas y encontraron que están en perfecta sintonía con la utopía del capital. Están basadas en una deconstitucionalización del trabajo, que es una consecuencia de la poda del conflicto social y su fuerza creativo- constructiva.
El estado postmoderno es un nosferatu biónico armado con un tridente y un látigo eléctrico, un Terminator de piel gélida cuyo único objetivo es mantener el orden. No hay sitio para la fuerza dionisíaca que consiguió hacerse su camino en las constituciones de la era Fordista- Keynesista, cuya mera referencia en esos textos podría comenzar un cambio en el status quo.
Vamos a explicar este tema. El artículo 3º, subsección tercera de la Constitución italiana dice:
Es deber de la República Italiana eliminar los obstáculos económicos y sociales que, limitando de hecho la libertad y la igualdad de los ciudadanos, impiden el pleno desarrollo de la persona humana y la participación efectiva de los trabajadores en las organizaciones políticas, económicas y sociales del país.
La Asamblea Constituyente aceptó una propuesta hecha por el socialista Lelio Basso. Es más, la Constitución incluye elementos (si bien suavizados) de la crítica de Karl Marx de la igualdad, de hecho, uno de los conceptos formales e individuales del concepto de igualdad engarzados en el estado liberal. En uno de sus escritos más bellos y potentes (La Cuestión Judía, 1843), Marx explica que el protagonista de “los derechos del hombre” no es otro que el “ciudadano abstracto”, esto es “el hombre egoísta, el hombre separado del hombre y de la comunidad […] el individuo confinado, confinado a sí mismo”:
Ninguno de los llamados derechos del hombre, por tanto, va más allá del hombre egoísta, más allá de hombre como miembro de la sociedad civil- esto es, un individuo confinado en si mismo, en los confines de sus intereses privados y su capricho privado, y separado de la comunidad [Gemeinwesen]. En los derechos del hombre, está lejos de ser concebido como un ser individual [Gattungswesen]; al contrario, la vida en comunidad en sí misma, la sociedad, aparece como un marco externo a los individuos, como una restricción de su independencia original. El único límite que los mantiene juntos es la necesidad natural, la necesidad y el interés privados, la preservación de su propiedad y de sus ellos egoístas.
Durante un siglo de lucha, el movimiento proletario ha expresado una devastadora crítica práctica de su concepto de igualdad. Los trabajadores habían luchado contra una ideología reinante que demandaba una igualdad legal, formal, abstracta, defendiendo y extendiendo las desigualdades socioeconómicas, reales, concretas. Lelio Basso y otros miembros de la Asamble Constituyente que venían del movimiento proletario se las arreglaron para insertar su crítica en los “principios básicos” de la Constitución.[3]
Aunque era una iniciativa que merecía buena suerte, debemos poner la iniciativa personal de Basso en un contexto más general. Era el desarrollo del “estado del bienestar”- comenzando por las teorías económicas de John Maynard Keynes y pasando por la política del “New Deal” de Roosevelt- el que hacía necesaria una regulación de los conflictos provocados por el proletariado vivo. La consecuencia fue un nuevo sistema legal basado en el trabajo, del cual nuestra Constitución es un buen ejemplo.[4]
¿ En el compromiso entre qué fuerzas, en qué relaciones materiales se llegó a la constitucionalización del trabajo? ¿ Y por qué ese compromiso se desmoronó en los años 80? Y más aún, ¿ qué tiene que ver esto con las emergencias, el estado policial y la sociedad de control? Realmente esto último viene del fin del compromiso.
El asunto fue resumido varias veces: la vieja constitución Fordista- laborista del estado de bienestar ha entrado en una crisis porque las fuerzas que lo escribieron ya no existen:
Por un lado estaba la burguesía nacional, por el otro estaba la clase trabajadora industrial, que había organizado los sindicatos y los partidos socialistas/comunistas. Entonces el sistema democrático- liberal se adaptó a los requisitos del desarrollo industrial y a la repartición de los ingresos globales entre estas dos clases. Aunque las constituciones formales pudieran ser distintas unas de otras, la ‘constitución material’ - el acuerdo básico sobre como distribuir los poderes y contrapoderes, el trabajo y el beneficio, los derechos y las libertades - eran substancialmente las mismas. Las burguesías nacionales abandonaron los fascismos y se garantizaron a sí mismas (en un contexto de crecimiento continuo) un poder de explotación con un sistema que diera bienestar para las clases nacionales trabajadoras, estas últimas abandonaron la revolución. Una vez que la crisis de los 60 llegó a su fin con un evento tan emblemático como el Mayo del 69, las constituciones de los estados fordistas se pusieron firmes. Los signatarios […] habían cambiado. Por un lado, los burgueses se habían vuelto internacionales y basaban su poder en la metamorfosis financiera del capital, hasta que se convirtieron en representaciones abstractas del poder; por el otro lado la clase trabajadora industrial pasó por cambios radicales en los procesos del trabajo (automatización en la fábrica e informática en la sociedad), que encumbró su transformación cultural, social y política. Una burguesía multinacional y financiera que ya no quiere cargar con el fardo del bienestar nacional contra un difuso proletariado intelectual cuyas necesidades no pueden ser colmadas en el contexto del compromiso fordista.” (Toni Negri, L’inverno è finito. Scritti sulla transformazione negata, 1989- 1995, Castelvecchi, Romme 1996, p.215)
Corrieron ríos de tinta para describir la impactante ofensiva neoliberal que produjo el conocido como Pensée Unique (el Pensamiento Único, es decir, el neoliberalismo económico), la “Reaganomía” y el Thatcherismo de los 80, la desregulación y el desmantelamiento del estado del bienestar, las políticas apocalípticas del FMI etc. No hay necesidad de resumir estos sucesos otra vez, baste con decir que se acabó la dialéctica social: la negociación institucional de los conflictos ha sido reemplazada por el aislamiento y exclusión brutal de todas las categorías que conlleven conflicto, es decir, grandes sectores de la sociedad.
¿ En qué se ha convertido el estado? Mientras se mira al espejo e intenta “parecer delgado”, pero tiene un gran tamaño, interviene como un guardián, un poli, un hombre de ley. El color político de los gobiernos no significa nada, rosa difuminado o verde brillante, ¿ cuál es la diferencia? El estado postmoderno policial es un producto y un elemento de la nueva constitución transnacional material. En otras palabras, el estado es el perro guardián de una capital financiero que es aún más vampírico y dedicado a la más salvaje destrucción. A veces el pitbull se vuelve un sanbernardo con el barrilete de licor al cuello, listo para salvar esta o aquella corporación en crisis. ¿Hay alguna otra forma de describir el obsceno Acuerdo Multilateral de Inversiones?
El estado postmoderno ya no incorpora la emergencia como una excepción, un punto reducido en la Constitución; mas bien, la emergencia en sí misma se ha convertido en la regla. Una vez cancelado cualquier reconocimiento del conflicto entre el estado y la sociedad, tanto como entre el trabajo y el capital, las funciones del estado se reducen a una mera “ciencia policial”. Cualquier conflicto es interpretado como una emergencia, y el estado prevendrá (extendiendo y potenciando el control social, gracias a tecnologías que la gente no podía imaginar hace tan sólo unas horas) y reprimirá (elevando el poder de los guardianes del orden).
Para gobernar el antedicho cambio en la situación particular italiana, la clase capitalista tenía que confiar en los magistrados y construir un “estado judicial autoritario”, basado en el “modelo católico”, cuya fuente de “jurisprudencia autocontradictoria” es el chocante contraste entre la Constitución republicana y el sistema legal fascista. Como veremos, el poder judicial garantizaba la supervivencia del sistema durante los años 70 y 80, y luego se apuntó a una “misión especial” y aceleró el cambio necesario del liderazgo político, hasta que se volvió una amenaza para la estabilidad y los otros poderes del estado decidieron poner límites a la autonomía inquisitorial de los magistrados, para conseguir (y es lo que está sucediendo ahora mismo) un polizeiwissenschaft más integrado y de más largo alcance.
Esto es lo que ocurre del lado del capital. ¿ Qué pasa con su perplejo antagonista, el trabajo vivo? Durante el desarrollo de la crisis ha sido deconstitucionalizado, evitado, excluido, dispersado, convertido en el sujeto de la emergencia…. Y cada uno de los mitos que aparece en el autoensalzante monólogo del poder encuentra un complementario en otro que no se menciona pero se esconde en las sombras y a veces emerge como alusión, fragmento, coincidencia. Ningún autor se atreve a contar toda la historia. Es el mito de Dionisio, el de la fuerza creativa que está en todas partes y en todo el mundo. Todo es creado por la irreductible presión del trabajo vivo, el trabajo vivo es un cazavampiros cuyo conflicto nunca termina y que continuamente cambia de forma. Las nuevas emergencias moleculares sirven para controlar y censurar las comunicaciones electrónicas, de hecho, también los comportamientos de los nuevos trabajadores inmateriales que se están reapropiando de su know-how y tendencia a la innovación, volviéndose más autónomos del capital como mando directo de la fuerza de trabajo. En cualquier momento su uso de las redes electrónicas se puede volver no funcional, transformarse en sabotaje y organización de la lucha, “desobediencia civil electrónica”. Es el operaio sociale [el trabajador de la fábrica social, n.t.] la emergencia real.
Internet, este supuesto Salvador, ya está liberando al crimen. El monstruo de Duesseldorf y el orgulloso Landru buscarían a sus víctimas fuera, a veces tendrían que trabajar duro. El asesino cibernético se queda en casa, sentado ante el monitor, esperando por el nombre y foto de la víctima. ¿ Quién sabe si defiende el asesinato o guarda su asiento en la invisible corriente de sangre? Uno de los supremos autores trágicos de los tiempos modernos, Georg Buchner, escribió en el primer acto de Muerte de Danton: ‘El Nihil es el Dios del Mundo que nacerá.’ Este es el Mesías que viene del monitor de Internet: el Nihil, un Nihil sangriento, un Weltgott que no está satisfecho con el vacío. La red mundial de pedófilos es una de sus letales creaciones.” (Guido Ceronetti, La Stampa, 8/9/1998)[5]
En tales aserciones notamos el miedo de la gran “desintermediación” traída con Internet. Por supuesto este proceso asusta a los supervivientes del Ancien Régime predigital, esas clases y grupos que tenían una función intermediaria: entre el trabajo y la jefatura, entre los receptores y las fuentes de información (periodistas, “expertos”, creadores de opinión), entre los ciudadanos y el poder (burócratas) o incluso el Ser y la Nada (Ceronetti), entre las ideas y las cosas etc.
Por supuesto no todos los perseguidores públicos que investigan el “crimen digital” se dan cuenta de este proceso, pero hay un mecanismo en marcha sembrando la ignorancia y el pánico moral, por tanto la policía asalta las casas de objetivos predecibles como categorías “extrañas” e “inclasificables”: intelectuales de masas, netizens[6], “la segunda generación de trabajadores autónomos” (”¡No entiendo en qué se ganan la vida!”) y una galaxia de “subculturas” cuyos principios culturales son percibidos como extremos y a menudo coinciden con autoproducción “alternativa”.
Estas operaciones represivas tienen lugar a escala planetaria, ya que por primera vez el pánico moral cae sobre los instrumentos de trabajo y de comunicación (medios de producción que el operaio sociale ha conseguido controlar directamente). La gente habla de censura, “autorregulación”, clasificación de contenidos, software especial que hace a la Red más “amigable para la familia”.
Las luchas previas del trabajo vivo conllevaron una “democratización” de la informática. El capital se ha recuperado: como el estado policial postmoderno no puede permitir a la gente que haga lo que quiera con los ordenadores, toma medidas.
En este panorama, las confiscaciones continuas de ordenadores son formas de prevención y control mediante el ejemplo intimidatorio de un desprecio de la fábrica difusa. Los que escriben los libros de bolsillo intangibles de control social postfordista “citan” episodios de los libros de texto anteriores: los trabajadores que menos se atienen a las reglas son despedidos para que no extiendan la insubordinación
El estado policial postmoderno debe cancelar las conquistas sociales de las luchas anteriores (incluso volviendo a 1789 y complaciendo a los brujos del Vaticano si es necesario…¡ y es necesario!) y evitar que el nuevo trabajo vivo escriba su propia “constitución”.
Para impartir disciplina a las comunicaciones, es decir al trabajo inmaterial, las emergencias se transforman de lo molar (la lucha de clases, el caballo de batalla, la confrontación en el escenario de la vida pública) a lo molecular (el microconflicto de cada día, el control de las diferencias individuales por tecnologías de la información).
De todo esto va la segunda parte de este libro: las emergencias moleculares necesitan una Guerra Mundial semiótica librada por misiles retóricos de largo alcance. En la Italia gobernada por el “centro izquierda” y loca por el Santo Jubileo esta guerra es librada sobre todo por la Iglesia. El Vaticano se ve reforzado por la restauración de Wojtila, el llamado Nuevo Ecumenismo y las victorias geopolíticas ensalzadas.
Es evidente que a la corriente “Autonomista”/post- Operaista del marxismo italiano le falta un análisis del vaticano como una superpotencia sin tierra, un estado sin policía, un enorme parásito de trabajo inmaterial y- como consecuencia directa - una máquina creadora de emergencias. Quizá hemos tenido miedo de caer en el estéril anticlericalismo, el anarquismo de vieja guardia o una ideología del siglo XIX tipo Garibaldi. De todas formas, ¿ hay algún otro poder establecido con tanta experiencia como la Iglesia en la organización y gestión molecular de un sistema de control sin y más allá de la forma liberal- democrática de estado?
No es anacrónico decir que la Iglesia es uno de los más sutiles y peligrosos enemigos, también porque no hay anacronismos en una sociedad en la que el fenómeno más heterogéneo coexiste mano a mano (Internet y la lógica del Blut und Boden, la stigmata del Padre Pio y la soja transgénica)
Más aún, como apuntó Toni Negri, si a la burguesía internacional no le queda ningún rol creativo, y sólo es un parásito financiero, “una especie de Iglesia Romana del capital, cuya Biblia, santos y milagros está representados por el dinero”, ¿ sería tan extraño si la Iglesia Romana de verdad le pidiera a la burguesía una resumisión más allá de la metáfora? Y si, como dijo Italo Mereo (ver capítulo 4) el “modelo católico” le ha dado a las clases gobernantes europeas una casi perfecta represión de la disidencia, sólo cabe esperar que la Iglesia reclame el “copyright”.
Dos
En el año 1969, un año después del comienzo del movimiento estudiantil, la clase trabajadora industrial tomó la acción y comenzó una lucha por equidad de salarios y derechos de los trabajadores, el llamado Otoño Caliente. Las luchas pusieron a los jefes en jaque, extendiéndose a cada categoría del proletariado y forzó al gobierno a un periodo de reformas que durarían casi cinco años. Es correcto mencionar el Statuto dei Lavoratori [Carta de los Trabajadores] (Acta nº 300, 20 de Mayo de 1970), Divorcio (Acta nº 898, 1 de Diciembre de 1970), Objeción de Conciencia (Acta nº 772, 15 de Diciembre de 1972) y la proposición de reforma del Código Procesal (Acta nº 108, 3 de Abril de 1974).
De todas formas, esta no fue la única reacción al estado. Hubo al menos dos más.
La primera fue la violencia policial. He aquí unos pocos ejemplos:
2 de Diciembre de 1968, Avola, provincia de Siracusa (Italia meridional). Huelga general de temporeros reivindicando la renovación de sus contratos. La policía disparó a la multitud, mató a dos personas e hirió a docenas.
9 de Abril de 1969, Barripaglia, provincia de Salerno (Italia meridional). Manifestación para impedir el cierre de una fábrica local de tabaco. La policía disparó y mató a un manifestante y a una mujer que miraba por una ventana. Más de cien personas con heridas de bala.
2 de Agosto de 1970, Porto Marghera, Venecia. Trabajadores del metal y de las petroquímicas en huelga. Barricadas en las calles. Durante la negociación entre la policía y los trabajadores, un oficial disparó y alcanzó el hígado de un trabajador dos veces.
La segunda reacción fue la “Estrategia de Tensión”, esto es, la provocación a los delincuentes organizada por algunos sectores del estado como los servicios de inteligencia. La bomba en Piazza Fontana (12 de Diciembre de 1969) inaguró un periodo de destrucción del estado y cercos policiales. […] Era el estado el primero en adoptar métodos terroristas. Las Brigadas Rojas y otros grupos similares aparecieron después y deben ser considerados como una consecuencia de las bombas y la represión, una lamentable respuesta a la provocación.
Aún con muchos problemas y desencuentros mutuos, el diálogo entre los nuevos movimientos y la izquierda parlamentaria (a los que evidentemente habían tomado por sorpresa) continuó hasta 1973. En 1969, después de la masacre de Avola, el PCI (Partido Comunista Italiano) había propuesto desarmar a la policía. En 1972, cuando la policía mató a joven anarquista Franco Serantini en Pisa, uno de los líderes más viejos del PCI, Umberto Terracini, había escrito palabras tendenciosas en la revista semanal de su partido Rinascita:
Creo que el inquietante suceso de la víspera de las elecciones en Pisa debería forzar al país a imponer una reforma radical de los cuerpos del estado como el poder judicial, la policía y el sistema de prisiones. La sexta legislatura debe manejar el asunto sin ambigüedad o miedo, pasando un bisturí candente por los vientres gangrenados de estas instituciones, que se alimentaban de la savia tóxica de la dictadura y corrompen la democracia desde dentro. El horrible asesinato de Pisa es una advertencia sintomática de la metástasis. (citado en: Corrado Stajano, Il sovversivo, l’Unità/Einaudi, Rome 1994, p.123)
En 1973 (mientras imputaban a Terracini por “Difamación del Poder Judicial y de las Fuerzas Armadas del Estado”) el PCI oponía una propuesta al gobierno que introduciría la detención policial en la ley criminal. Pero una nueva fase iba a comenzar:
Plano general: justo en 1973, por iniciativa de David Rockefeller, el magnate y hombre de negocios más importante de América, Europa y Japón formó la Comisión Trilateral, una superentidad de presión que también incluía a políticos, periodistas y economistas. De acuerdo con la Trilateral, la “potencialmente infinita extensión de la democracia política” debía ser limitada para proteger la “estabilidad” del sistema. La participación de más grupos aún (”los negros” en particular) estaba provocando “un debilitamiento de los medios tradicionales de control social” y “una deslegitimización de las autoridades políticas”. El sistema estaba “sobrecargado con demandas que extendían sus funciones y erosionaban su autoridad”, y podía seguir funcionando sólo con “una cierta cantidad de apatía” y “una marginalización de ciertos grupos”. La Trilateral asumió que los gobiernos tenían que encarar una “amenaza interna” representada por los intelectuales radicales que extenderían el “disgusto” y “descontento”; este peligro era, “al menos potencialmente, tan serio como los movimientos fascista y comunista lo han sido en el pasado” (M. Crozier- S Huntington - Y Watanuki, La Crisis de la Democracia: Informe sobre la Gobernabilidad de las Democracias a la Comisión Trilateral, New York University Press, 1975) Entonces fue cuando la “estabilidad” y la “gobernabilidad” del sistema comenzaron a ser consideradas de indiscutible valor per se. La crisis de estado de bienestar fordista fluiría en un largo proceso de involución autoritaria.
Primer plano: con la proposición de un “Compromiso Histórico” el PCI comenzó a cambiar su estrategia hasta que dio apoyo total a la represión y a la legislación especial, exhortando a sus activistas a ser chivatos y mandando a los magistrados simpatizantes a la guerra contra la subversión. Fue una mutación irreversible que convertiría al PCI-PDS en un partido fetichista de la policía que podría haber tenido incluso al Juez Dredd y a Mario Cobretti entre sus miembros. Continuemos paso a paso.
El “Compromiso Histórico” fue anunciado al final de 1973. Era el proyecto de una alianza entre los dos partidos más grande de Italia, el PCI y el DC (Democracia Cristiana). Después del golpe de Chile, Enrico Berlinguer (secretario general del PCI) asumió que la izquierda no podría gobernar sola, ni siquiera con el 51% de los votos, por tanto Italia tendría que abandonar la conventio at excludendum impuesta por los Estados Unidos y aceptar al PCI en la coalición del gobierno; las masa católicas y comunistas debían unirse y formar una nueva mayoría social para evitar el peligro de un golpe de estado (los democristianos chilenos habían respaldado el golpe de Pinochet). La DC respondió con hostilidad, aún así Berlinguer insistió y explicó su situación en el 14º Congreso del partido (Marzo de 1975). Después de esto, el PCI necesitaba probar que se había convertido en un partido leal, democrático y pro-OTAN, por tanto colaboró en imponer la llamada “Austeridad”, también conocida como “la Política del Sacrificio”, es decir, deflación y recortar el gasto según se hacía necesario por la crisis del petróleo, el principio del fin del fordismo.
En las elecciones regionales y municipales el PCI consiguió el 33,4% de los votos (+5,5% comparado con las generales de 1972) Un año después (elecciones generales), llegó al 34,4%. Esto no quería decir que las masas dieran su consentimiento a la estratega de Berlinguer, bien al contrario, era la consecuencia de la victoria de la izquierda sobre el divorcio (1974) y el periodo de reformas que comenzó con el Statuto dei Lavoratori. El PCI no comprendió su propio éxito y permitió a la DC formar una gobierno de un solo partido liderado por Giulio Andreotti. Esta paradójica estrategia dio en llamarse “non- sfiducia” [no- desconfianza], un paso más hacia el Compromiso Histórico.
Fue en aquellos años cuando el llamado consociativismo7 tomo su forma definitiva a nivel local y nacional. Esto no era para “controlar el sistema”, de hecho, desde el momento en que el PCI quería ser aceptado en el gobierno quería abandonar cualquier control y nunca informó de casos de represión policial y corrupción política. No debería tomar a nadie por sorpresa que la gran fase reformista que empezó en el Autunno Caldo terminó al principio de la estrategia del Compromiso Histórico.
El conflicto social se hizo más intenso, más duro, y toda vez que el país no tenía una oposición real, el movimiento no podía ayudar sino a suprimir todas las formas tradicionales de representación política y del trabajo. Este fue el periodo de las “asambleas autónomas” en fábricas ocupadas, entroncando con el nacimiento del área conocida como “Autonomia Operaia organizzata” [Autonomía Organizada de los Trabajadores]. Guardar el “orden público” era tan difícil que el sistema necesitaba legislación especial. El primer capítulo de este libro comienza en este punto, con la “noche de los cuchillos largos” durante la cual el PCI persiguió y aniquiló a cualquiera de la extrema izquierda, o los entregó por encargo de los ejecutores.
Por cualquier medio el PCI consagraba su propia estructura a destruir los movimientos de las fábricas, institutos, universidades y cuarteles. Las oficinas del partido se convirtieron en sucursales de las comisarías, los disidentes eran amenazados y cualquier vieja arma de arsenal stalinista era usada en la guerra contra el “terrorismo” y la subversión. La confusión entre los miembros de la clase trabajadora del partido eran explotados en una larga campaña de odio contra los “extremistas”, “grupúsculos”, “autonomistas” y “terroristas”. El PCI extendió la psicosis en sus oficinas porque el politburó no podía aguantar que algunos guerrilleros de las Brigadas Rojas arrestados por la policía fuesen exmiembros del partido. El fiscal general Ferdinando Imposimato dijo una vez:
Durante mis investigaciones vi que el PCI era el enemigo más fiero de aquellos “desertores”. El partido nos ofrecía colaboración, nos daba nombres… Más de una vez recibí a un fiscal hablando de parte de Berlinguer, que me iba a dar más noticias y detalles sobre imputados… En algunos casos el PCI llevaba las cosas demasiado lejos, por ejemplo expulsó a un sindicalista al que un “arrepentido” había acusado falsamente. (citado en: Centro di Iniziativa Luca Rossi, Gladio, Stragi, riformi istituzionali, autoeditado en Milán, 1991, p.33)
El movimiento de 1977 puso en marcha la definitiva enemistad mutua entre el movimiento y el Partido/Sindicato. “Sembradores de la plaga” y “fascistas” eran algunos de los insultos que Berlinguer dirigía a los estudiantes que ocupaban las universidades- En Roma, los estudiantes largaron a Luciano Lama8 y a su cuerpo de seguridad del campus. En Bolonia, una ciudad que era un escaparate de la habilidad de gobernar del partido, tuvo lugar el golpe más duro( y más simbólico):
La organización doble del PCI resurge en Bolonia, donde el personal de las compañías gestionadas por la ciudad se transforman en un aparato paramilitar. Una institución pública le da a un partido político escuadrones violentos. Esto está lejos de cogernos por sorpresa en un país donde los democristianos tienen al estado por su propiedad privada, pero es obsceno igualmente. De hecho, [en Bolonia] hay oficinas del ayuntamiento espiando a enemigos del partido, cuyo personal está a entera disposición de la policía. (Giorgio Bocca, Noi terroristi, Garzanti, Milan 1985, p.178)
Desde Febrero hasta Marzo de 1978 el presidente de la DC Aldo Moro dejó el poder a un gobierno de “solidaridad nacional”, con que el PCI colaboraría en el Parlamento incluso aunque no hubiera ministros comunistas. El 16 de Marzo, justo el día en que el gobierno iba a tomar posesión, Moro fue secuestrado por las Brigadas Rojas. Durante los 55 días de la detención de Moro en la “prisión del pueblo”, el PCI estuvo a la cabeza del “frente de firmeza”, en que los cabezas de cerdo se negaron a negociar con los secuestradores y les dejaron continuar con su sentencia de muerte.
Los activistas de carné del partido estaban tan alucinados que en las siguientes municipales (Mayo de 1978) hubo una seria derrota del PCI (-7,1% comparado con las generales de 1976). Ese fue el fin de una tendencia comenzada por el Otoño Caliente.
La “solidaridad nacional” llegó a su fin también, por la gran pérdida de votos traída por una crisis en el partido, que salió del gobierno en 1979 y volvió a hablar de una “alternativa”, como si nada hubiera pasado.
De hecho, no había alternativa posible ya que la heroína estaba por todas partes, toda la vanguardia joven y revolucionaria había sido destruida, cientos de activistas eran multitudes penitenciarias y muchos otros huyeron al extranjero evitando la prisión por los pelos.
Es más, una pax romana había sido impuesta en las fábricas, donde los jefes eran libres de acelerar los ajustes de plantilla y los despidos masivos. El capital adelantó al fordismo mediante la fuerza bruta. En 1980 el desafío de los trabajadores del metal de la FIAT en Turín y la masacre de la bomba de la estación de Bolonia fueron el epílogo más apropiado para una década trágica.
El PCI nunca admitiría su responsabilidad, de hecho, la nomenklatura se colgó la medalla de la “victoria sobre el terrorismo” en su pechera.
Tres
Cuando pensamos en los años 80 nada viene a nuestra mente, como escribió Karl Kraus de Hitler. Casi nada… Ningún revival ensalzado por los medios nos puede dorar la píldora que envenenó a nuestros jóvenes. Necesitamos más películas como Boogie Nights de Paul Thomas Anderson para terminar toda esta nostalgia absurda. Tuvimos que tomar un fuerte antiemético para escribir los capítulos que tienen que ver con ese periodo. No podemos evitarlos, ya que los 80 fueron una década crucial para las emergencias.
Como hemos dicho antes, el PCI volvió a la oposición. Como recordatorio quisiéramos usar las palabras de Cesare Bermani:
Así como el PCI está totalmente comprometido con la guerra con el “extremismo de izquierdas”, el P2 10 despliega sus poderes. De hecho la represión del movimiento de 1977 - al que el partido dedicó toda su estructura - es una razón más para la extensión de la lucha armada. [Este despliegue] evitará que el partido vigile acuerdos políticos secretos. [Centro d’niziativa Lucca Rossi, editado por, 625. Libro bianco sulla legge Reale, autoeditado en Milán, 1990, p.92) 11
De todas formas, el partido comenzó a hablar de la “cuestión moral” [es decir, corrupción política], que recondujo la diligencia y reputación de los llamados “magistrados democráticos” (que eran pro-PCI), los perseguidores públicos que habían destruido el movimiento. En los primeros años de la nueva década las investigaciones sobre el P2, el asunto Teardo, el escándalo nacional del petróleo y la bancarrota del Banco Ambrosiano, 12 fueron llevados por los mismos fiscales del distrito que reprimían la lucha armada en nombre de las fuerzas de “solidaridad nacional”.
Era el comienzo de un conflicto entre el poder judicial y algunos sectores del poder político, un conflicto que se siguió calentando durante una década entera y explotó después de la caída del muro de Berlín. Durante ese periodo los magistrados comenzaron a seguir con una “venganza sustituta” (Sergio Bologna). Era una forma de desactivar los últimos resquicios de conflicto social: todos los ciudadanos que eran víctimas de la corrupción se sentirían gratificados temporalmente cada vez que se cazaba a un político.
Obviamente, esos magistrados se estaban tomando su venganza con los democristianos (que le pararon los pies al PCI cuando ya no lo necesitaban) y con el nuevo Partido Socialista liderado por Bettino Craxi. Este último era el único partido que no había aceptado “firmeza” en el asunto de Moro e intentó negociar con los secuestradores. Más aún, el PSI de Craxi iba a presentarse como la aguja de la brújula política, entrando en el gobierno y excluyendo a los comunistas para siempre. Realmente el PSI se olía el peligro e intentaba poner límites al poder de los jueces, por ejemplo proponiendo responsabilidad civil para los jueces que cometieran errores. Conocemos el final de la historia: el partido se disolvió y su secretario general tuvo que escapar de Europa.
De todas formas, pasaron años antes de que la “Coalición de Cinco Partidos” (también conocida como CAF, Craxi. Andreotti- Forlani) fuera dañada efectivamente por las investigaciones. Después de todo la “gobernabilidad” ( no olvidemos a la Trilateral) era la necesidad prioritaria y los procuratori d’assalto [”fiscales relámpago del distrito”] no podían manejar la “cuestión moral” como querían. Cada vez que iban demasiado lejos el Alto Consejo de Magistrados intervenía para pararles los pies.
Sea como fuere la “cuestión moral” es una excelente fuente de inspiración para la nueva emergencia.
En 1982, una vez que la última vanguardia de trabajadores de fábricas fue expulsada y los grupos armados desarticulados, el “terrorismo” dejó de ser un asunto explotable. La gobernabilidad del sistema todavía necesitaba rupturas más profundas, al igual que una síntesis y mejora de la legislación especial y las estrategias represivas adoptadas recientemente por el estado y los medios de comunicación. Estas armas serían usadas pronto en un conflicto sobredimensionado, aunque menos molar que el anterior, una guerra contra otro tipo de “subversión” representada como proteiforme y de figura cambiante, capaz de infiltrarse en el ejercito de los Buenos e infectándolo desde dentro, la Hidra del crimen organizado, la Chusma, P2 y sus variantes. […] La continuidad simbólica entre ambas emergencias fue asegurada por el general Dalla Chiesa. El Héroe Público nº 1 de la guerra contra el “terrorismo” concluyó su carrera en Palermo como un prestigioso mártir antiMafia (1982).
Algunos sectores de la “sociedad civil” - en realidad grupos de presión de los “magistrados democráticos” - comenzaron un reproche al estado y a los “intelectuales” por no apoyar la guerra contra el crimen organizado mientras apoyaban la represión del “terrorismo”. Esta polémica tenía una base antigubernamental explícita. La movilización moral empezó en nombre de los “héroes” antiMafia. Se basaba en un vago y tosco humanitarismo y en un fetichismo con los procedimientos policiales que ignoraban los derechos de los acusados. La llamada era para un frente unido de “gente honesta” (a los que se suponía que aceptaban la superioridad moral del PCI). La lógica y estrategia de esta nueva emergencia se explica en libros tan notables como Delitto Imperfetto [Asesinato Imperfecto] del hijo del general Dalla Chiesa:
No llegaremos a ninguna parte si no rehabilitamos el papel del hombre en la historia; no hablo del jefe, del rey, del gran hombre. Quiero decir el hombre en general. Debemos reconocer el valor de la individualidad […] Mataron a mi padre. Antes y después de este asesinato la mafia mató a La Torre, Mattarella, Terranova, Costa, Basile, Giuliano, Ciaccio Montalto, D’Aleo, Chionici y a otros héroes de la Italia contemporánea. Esto me hizo pensar en una cosa radical, aunque obvia: el poder criminal de la mafia tenía miedo de estos hombres únicos, individuales, de posiciones políticas distintas […] No deberíamos olvidar que los actos de estos hombres siempre fueron apoyados por el PCI, aunque el reclutamiento y organización de las fuerzas antiMafia no deben obedecer a las leyes de la competición política […] En este estado la ley y el orden no son conceptos gemelos, son antagónicos hasta el extremo de que el fiscal Ambrosoli, el prefecto general Dalla Chiesa o cualquier juez haciendo su trabajo minan el régimen democristiano más de lo que lo haya hecho nunca la oposición o los sindicatos […] ¿Qué tienen de bueno los derechos liberales individuales, si la ley y el orden son cosas distintas? ¿Realmente podemos seguir así, disponiendo la relación entre la ley y la sociedad fragmento a fragmento? (Nando Dalla Chiesa, Delitto imperfetto. Il generale, la mafia, la società italiana, Mondadori, Milán 1984, pp. 215-216 y 238-239)
Las quejas de otra estrella de la nueva emergencia, el alcalde de Palermo Leoluca Orlando, nos dan una versión aún más obscena y reaccionaaria de esta propaganda:
Hasta entonces, nunca hubo un regicidio en nuestra historia […] El primer rey asesinado fue Piersanti Matarella […] Todos nos resistimos a la mafia y a los malos políticos que asesinaron a nuestros buenos reyes […] Una extraña resistencia está comenzando en Palermo, no somos los buenos ciudadanos luchando contra un mal rey; más bien, somos los huérfanos de buenos reyes muertos, luchando contra los criminales y los malos nuevos reyes. (Leoluca Orlando, Palermo, Mondadori, Milán 1990, pp. 32-33)
En este contexto no deberíamos subestimar el uso ideológico de la ficción televisiva: en 1984 comenzó la muy larga serie La Piovra. Gran parte de la audiencia se asustó y se movilizó con las aventuras del bravo inspector Cattani, interpretado por Michele Placido.
Los “fiscales relámpago” eran la fuerza más dinámica que empujaba a Italia hacia la Seconda Repubblica: aquellos que les apoyaban les daban la mejor representación del interés general [hemostático] del sistema. Tan pronto como la situación internacional y el maquillaje institucional les dejaron, fueron los mejores candidatos para un nuevo gobierno.
Por supuesto que esto es el esquema general abstracto, el punto de vista del capitalismo colectivo. Abajo en el infierno de las guerras del crimen las cosas eran de lejos más complejas, habían contradicciones, resistencias y fuego cruzado… Después de todo, si el cambio hubiera sido indoloro no habrían necesitado ninguna Mani Pulite. De hecho, el “club de Palermo”13 hizo muchos de sus enemigos en el Alto Consejo de Magistrados. A pesar del éxito de la operación mediática conocida como el “maxiproceso”14 el club se reorganizó (”desmanteló”, según la propaganda). Tuvo que venir el “golpe letal” de 1992 antes de que la línea de Falcone se convirtiera en indisputablemente hegemónica.
Los 80 fueron también la década de Muccioli15 y el boom de las comunidades desintoxicadas. El control social se convirtió en invasivo con la difusión de instituciones totales básicas supuestamente llevadas por “voluntarios”, caballos de Troya para la próxima ofensiva católica.
Cuatro
Al fin nos ocupamos de “Mani Pulite”. Una vez que el “socialismo” se desmoronó en la Europa Oriental y el “bipolarismo” global terminó, el sistema no podría dar cuenta del antiguo conjunto institucional. El capital atravesaba su “europeización” y necesitaba un conjunto estado más “ligero” (impuestos más bajos, menos burócratas y recomendaciones). El precio de la corrupción (el “keynesismo criminal” del estado democristiano) era demasiado alto, Italia no podía “entrar en Europa” con un gasto público tan grande. El aumento de votos para fuerzas como la “Leghe”[7] era una clara petición de “subversión desde arriba” de los empresarios del norte pidiendo una fuerza laboral flexible y exportaciones internacionales. No tenían la intención de pagar más impuestos para el bienestar nacional.
La banda capitalista estaba más interesada en desencadenar una lucha entre los fiscales relámpago, magistrados y políticos, para que tuviera lugar un cambio de liderazgo con las investigaciones y detenciones. La “subversión desde arriba” mostró el contraste en el “estado judicial autoritario” construido por las emergencias. Mientras, un sistema de elecciones mayoritario era impuesto por plebiscitos que eran descritos como “democracia directa” (el “Segni Referendum”) y el servidor del fascismo fue desbordado: el “Imputado”, es decir, el político corrupto, se convirtió en el nuevo enemigo público.
La “judicialización” de la política encontró los requisitos de un poder que necesitaba ser democrático, invisible e irresponsable. Por una parte, si la política dependía de los magistrados, dependería de gente que no podía ser reemplazada y así se podía asegurar la estabilidad del sistema en una era tan problemática como la de la economía global; por otro lado, la integración económica de las economías nacionales necesita la eliminación de las corruptelas locales más avariciosas. Como era una necesidad común en varios países, fuimos testigos de una grotesca internacionalización del “manolimpismo”, Borrelli, Di Pietro y compañía daban conferencias por toda Europa. Como consecuencia investigaciones gemelas comenzaron en Francia y España. Una vez más Italia había sido un laboratorio.
Borrelli y sus colegas llevaron todo demasiado lejos, hasta el extremo de convertirse en disfuncionales ellos mismos. Los fiscales de distrito declararon que querían “volver el país del revés como un calcetín” y publicaron una renuncia de la política [una declaración poujadística] Terminaron creyéndose lo que decían y estaban minando el sistema. El cambio de liderazgo había ocurrido, y ahora ellos tenían que ser quitados de en medio.
Pietro Folena, uno de los altos dirigentes del antiguo PCI, escribió:
“Cuando uno lee que durante un juicio un perseguidor público dijo que los juicios actuales son ‘Nurembergs italianos’ y luego compara a los políticos imputados con los ‘generales Keitel, Jodl, Goering y Ribbentropp’, a uno le dan ganas de gritar. De hecho estas declaraciones sensacionalistas sin sentido se basan en la misma antipolítica que ahora hace furor en nuestra sociedad. Es la hora de luchar contra la antipolítica abiertamente.”
Así que un nuevo conflicto comenzaba, que todavía no ha llegado a su punto álgido [Enero de 1999].
Cinco
Hasta aquí, la descripción del contexto general. Ahora unos cuantas guías sobre nuestro método. Esto no es una enumeración histórica completa, no podríamos hablar de cada investigación clave, ni podríamos describir todos los actos asesinos de la libertad que han pasado por el Parlamento en los últimos 25 años. Escribimos este libro con la intención de dar alguna luz en las conexiones legales y medíaticas entre la Emergencia de los años 70 y las emergencias moleculares de hoy, en el contexto de la globalización, la total restauración del “modelo católico” y la extensión de un poder constituyente que pronto se atreverá a decir su propio nombre. Para ello tuvimos que hablar de unos cuantos casos, no porque fueran los más crueles o los más divertidos, sino porque eran los más claros y útiles.
Nos ceñimos a la crítica de la jurisprudencia de Marx, su naturaleza basada en las clases, sus sujetos abstractos. Esta crítica no puede evitar mencionar la ideología de las “libertades civiles” y los “derechos humanos”. Somos conscientes de la (objetiva) inconsistencia de los liberales y los “humanitarios”. Sus propósitos puede que sean nobles, y es posible que libremos las mismas batallas, pero aún así cualquier petición de “derechos” - incluso los “naturales”, “humanos”, “universales” - encierra los mismos límites y contradicciones expuestos por Marx. El estado capitalista reconoce “derechos” sólo a la vez que sus pilares, su “base natural”, y nunca los separa de horribles “deberes” (por ejemplo, regalar parte de los ingresos de uno para mantener a la policía y el ejército). Por lo que respecta a los “derechos humanos”, dependen de la misma legislación transnacional que declaró embargos a países “hostiles” (¿no-humanos?), y permitieron a los imperialistas arrasar ciudades y enterrar a soldados vivos en sus trincheras del desierto.
Si tomamos equivocadamente libertad por “los derechos totalitarios del hombre”, nos rendiremos a los abusos de los polis del mundo. Toda vez que ya no se adopta el concepto de imperialismo para comprender las causas de la guerra, y fue reemplazado por los lamentos “humanitarios”, ninguna guerra se ha encontrado con una oposición efectiva ni ha habido modo alguno de hacer que los criminales de guerra se sientan incómodos.
De todas formas, debemos luchar contra el enemigo en su casa, usar los conceptos del enemigo y mostrar como funcionan realmente, volvernos contra el enemigo con estilo (estilo es el arte marcial de verdad, la base de toda lucha; las técnicas de lucha son la consecuencia). Desde este punto de vista, queremos mostrar qué es la jurisprudencia y qué efectos tiene en el estado autoritario de hoy y en el imperio del que forman parte los estados. Lo haremos mediante los espectáculos de los defensores de las “libertades civiles”, llegando a las conclusiones menos obvias, poniendo énfasis en los aspectos más oscuros y contradictorios, como el ius resistentatie [derecho a la resistencia] y en la necesidad de forzar la ley, todos los aspectos que puedan darle la vuelta a la ley. Al fin, queremos explorar la siguiente fértil paradoja:
En los buenos tiempos del capital, el individualismo propietario y el sentido capitalista de apropiación trajeron las tablas de los derechos del hombre. Fue un gran progreso, con el que hemos pagado con siglos de sumisión al más escurridizo sistema de explotación que ha existido. Estos derechos, hasta donde se ve afectada la vida proletaria, se han convertido en la carne y la sangre de la lucha revolucionaria. Por el contrario, en lo que le toca al capital, han perdido todo significado. Esta es la razón, hoy en día, por la que luchar por los derechos civiles suena bien y revolucionario. (Antonio Negri, “Per un garantismo operaio”, en Critica del diritto [revista] nº 15, Milán, Septiembre- Diciembre de 1979, p.20)
Índice de Nemici dello Stato
Introducción [El texto que acabas de leer]
Primera parte
1. De la Legge Reale al Decreto Moro [Desde el acta de 1975 que permitía a la policía disparar a bulto al grado de emergencia pasado unos días tras el secuestro de Aldo Moro, 1978]
2. Legge Cossiga y Otras Depravaciones [El Acta “Antiterrorismo” Cossiga (1979) justificada por cualquier forma de violación de los derechos individuales]
3. Contrarreforma en la Cárcel [El nacimiento de las prisiones de máxima seguridad (1977) y la infernal situación de los encarcelados]
4. !Nadie se Espera a la Inquisición Española! [Inquietantes similitudes entre los edictos papales del siglo XVI (que impusieron la contrarreforma y el “modelo católico”) y la legislación de emergencia de los años 70]
5. Prueba y Puesta en Marcha de la Máquina del 7 Aprile[Algunas investigaciones y juicios políticos de mediados de los 70 que definieron la estrategia judicial para la gran escalada del “7 Aprile” (1979)]
6. De la “Teoría Calogero” a la “Defensa como un Crimen” [La historia del “7 Aprile”, las conspiraciones virtuales subrayadas por el persecutor público Calogero, los característicos asesinatos (y persecuciones) de todos los consejeros para la defensa]
7. Mafia 1982-98 [El auge y caída de la emergencia de la Chusma. Una estrategia prestada de la emergencia anterior: chivatos y “arrepentidos” como las bases de toda investigación]
8. El Nuevo Código Procesal [Cómo una victoria provisional de los movimientos de principios de los 70 se transformaron en un desafío definitivo para la justicia (1989)]
9. El Asalto Judicial a los Cielos de la Política [la historia de la crisis “Mani Pulite”]
10. De vuelta al Orden Público [La justicia criminal en los años 90: oficiales de policía y hooligans; cabezas rapadas nazis y libertad de expresión; inmigrantes y el Tratado de Schengen]
11. Okupas [Turín 1998: la caída sobre los okupas anarquistas, y cómo estos últimos se comportaron como perros de Pavlov]
12. Dejad que los Niños 2: La Confirmación [Privacidad, comunicaciones electrónicas y la legislación de emergencia sobre pedofilia]
Segunda parte
1. Los Tiempos Modernos como un Paréntesis [Cómo la Iglesia se Está tomando su Venganza después de la Ilustración, Liberalismo y Socialismo]
2. Sucedió en Roma en 1978 [Las Razones de por qué Karol Woytila fue nombrado Papa]
3. El Papa que No Desafió al Comunismo [Uno de los Bulos Más Grandes del S. XX: La Construcción de Juan Pablo II]
4. Historia Desinhibida de Latinoamérica [El Subcontinente como el Campo de Batalla más Importante para las Variadas Corrientes de la Cristiandad]
5. Los Hermanos que se Equivocaban [Cómo el Vaticano Destruyó la “Teología de la Liberación” en Sudamérica y luego mitigó y se apropió de algunas de sus características]
6. Sobre las Ruinas del Muro [El Gran Fingidor: Juan Pablo II como el Falo Enemigo del Capitalismo]
7. La Quinta Internacional [Quizá Todos Esos Sólo Sean Uno: el sueño de una alianza planetaria entre las religiones monoteístas]
8. Cosacos y Guardias Suizos [La sumisión de los gobiernos italianos, fueran de izquierdas o de derechas, a la aplastante hegemonía del Vaticano]
9. La Sociedad de Acuario [El asalto cultural a cultistas y sectarios de la Nueva Era]
10. Invasores de la Mente: Estrategias de los Medios para el Pánico Moral [Abusos Satánicos Rituales como la conexión que faltaba entre dos emergencias (pedofilia y los cultos locos)]
11. Los Malos [Cómo los grupos de presión cristianos se inventaron una emergencia: la persecución de los Satanistas]
12. Rompe el Brazo Secular [Más detalles sobre el Satanismo y los “cultos locos” como la próxima emergencia]
13. El Último Hombre que Queda en Pie [¡Nadie Cuestiona el Poder del Puto Papa!]
[1]“Manos Limpias”, un mega- juicio sobre delincuencia y corrupción política (1992-96) n.t.
[2] Dicho claramente, este ensayo trata del cambio- informado por primera vez por Gilles Deleuze - desde la “sociedad disciplinaria” a la “sociedad de control”, aunque ponemos énfasis en los mecanismos históricos, diacrónicos, y en las responsabilidades de aquellos que gobernaron el cambio. Al contrario, los profesores suelen ofrecer una imagen sesgada de un conjunto de automatismos cibernéticos cuyo perfectamente síncrono totalitarismo termina absolviendo a todo el mundo. No somos postmodernos, esto es: de acuerdo, chavales, todo el mundo entendía el paradigma, parad de enunciarlo una y otra vez, es más, dejad de miraros el ombligo mientras lo enunciáis, porque esto es lo peor de los incondicionales de la teoría francesa, sean “Focaultalistas”, “Deleuzistas”, o incluso “Braudillardistas”. Pongamos el puto paradigma en práctica ahora y comencemos desde el trabajo y la humanística.
[3] No hay grandes dudas aquí sobre el propósito de Basso, cuya evidencia es un discurso en el senado en 1975, en los días de la famosa Legge Reale (ver el capítulo 1 de este libro), fue discutida. Basso defendió “su” art. 3 y expresó la amplia (subversiva al extremo de ser paradójica) interpretación que había tenido en mente durante treinta años:
“El artículo 3, tercer párrafo, de nuestra Constitución dice que la República tiene el deber de eliminar todas las desigualdades sociales. No sé si la policía italiana a aprehendido el significado de ese artículo, de cualquier forma, se establece que el sistema legal de este país está dirigido a cambiar el orden social. La policía no debe actuar como una protectora del orden social, ya que la policía debe proteger el sistema legal, y sucede que la Constitución dice que nuestro sistema legal quiere un profundo y radical cambio en el orden social, una difuminación de las desigualdades sociales. La policía no tiene el deber ni de defender la propiedad y el poder incondicionalmente, bien al contrario, deben defender al pueblo soberano que lucha contra esa desigualdad para poner el artículo 3 en práctica. Este es el significado de la Constitución”
[4] Era la acción de la clase trabajadora la que destruyó la ideología del “Laissez Faire” y el discurso de la economía liberal clásica (la “mano invisible” del mercado que resolvería todos los problemas etc.). Para salvar el capitalismo de la revolución o - aún peor - de su propia anarquía (véase la crisis de 1929), se hizo necesario encontrar nuevas soluciones económicas como el Keynesianismo. El fascismo y el “New Deal” fueron dos experimentos diferentes que el capital puso en marcha en distintas longitudes. El fascismo resultó problemático: inmovilizaba y constreñía la dimensión antagonista de proletariado vivo (dando ventaja al meramente productivo) más de lo que era tolerable. Mientras, incluso comenzó una contrarrevolución antiliberal que terminó en un totalitarismo de sangre y tierra opuesto al “totalitarismo de los derechos del hombre” (K. Marx). Por tanto explotó una sangrienta guerra interimperialista (1939-54) y el fascismo fue “descartado”, aunque los ganadores se apropiaron de algunas las innovaciones más “aceptables” de los perdedores. ¿ Cuál era la premisa lógica de todo este embrollo, si no la iniciativa de la “ruda raza pagana” [descripción de Mario Tronti del proletariado, n.t.], la Clase, que querían hacer “lo mismo que hicieron en Rusia”?
[5] Ceronetti es un escritor reaccionario y arribista, n.t.
7 El sistema de acuerdos extraoficiales entre todos los partidos políticos, incluyendo la oposición de ala izquierda, acerca de la gente que encuadrar en las agencias estatales y los cuadros de mando de las compañías públicas, n.t.
8 El secretario del CGIL, el mayor sindicato de comercio, que en aquel momento era controlado por el PCI, n.t.
10 P2 = “Potere Due” [Poder Dos], una enorme red subterránea conectando a logias masónicas, magnates de derechas y políticos corruptos. Su fundador y líder era Licio Gelli. Entre sus miembros estaba Silvio Berlusconi. Se encontraron las oficinas del P2 y fueron asaltadas por la policía en 1982., n. del t.
11 Por supuesto el PCI y sus seguidores tenían una interpretación bien distinta: el partido confió estos asuntos a un número de teóricos de la conspiración que “expusieron” supuestas conexiones entre la subversión de extrema izquierda y los servicios de inteligencia (italianos y extranjeros. Incluso una comisión parlamentaria desarrolló informes llenos de acrónimos como CIA, KGB, OLP, nombres fascinantes (Hyperon) y silogismos defectuosos. El teórico de la conspiración más prestigioso del antiguo partido comunista es un tal Sergio Flamigni, anteriormente un miembro del palamento. La tribuna oficial de esta área es la revista Avvenimenti. […] Un buen ejemplo de conexión virtual [encontrada en más de un libro]: cuando la Mafia supuestamente atentó contra la vida del presentador de televisión Maurizio Constanzo, la bomba explotó a unos cientos de metros de una productora de películas que se rumorea que es una tapadera para SISDE [la inteligencia civil italiana, n. del .t]; otra compañía que tenía un nombre similar tenía su sede en via Nicotera, donde 15 años antes estaba Hyperion, un centro cultural que se sospechaba que era parte de la red terrorista europea; según otro rumor el mismo Andreotti estaba involucrado en preparar Hyperion a través de un monje dominicano que supuestamente trabajaba para la CIA. ¿ Y qué cojones más da? ¡Esto sólo es una sarta de gilipolleces grande como un mundo! Este tipo de teorías de la conspiración son esencialmente conservadoras, hacen que la gente se sienta desprotegida y elevan la reputación de otro “honesto perseguidor público”. Aquellos que las exponen sólo están intentando excusarse diciendo, más o menos: “Apoyamos la caza de brujas del 7 de Abril, pero lo hicimos para destapar los poderes secretos que había detrás”. Una vergüenza. [Por cierto, vale la pena resaltar que Guy Debord- un salvajemente sobreestimado pensador- escribió la misma mierda en Comments to the Society of the Spectacle (1988),:” … cuando Aldo Moro era un prisionero de Potere Due …”,n. del .t]
12 Casos famosos de corrupción política sistemática involucrando al P2, el sistema bancario y varios altos dirigentes del partido socialista, n. del t.
13 El Club de Palermo era un equipo de magistrados investigando a la mafia. Los miembros más prestigiosos del club eran Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Ambos fueron asesinados por la bombas mafiosas en 1992 [n. del .t]
14 Un megajuicio (¡475 acusados!) que duró dos años (1985-87). Los documentos de la investigación estaban en cientos de gruesas carpetas, unos 700.000 folios. El presidente del tribunal les pidió a los consejeros para la defensa que “colaboraran” y se saltaran la lectura de todo ese montón de papel. Los consejeros protestaron y pidieron que los documentos se leyeran en la sala. Tal petición era tanto correcta como provocativa, ya que hubiera llevado 2.300 audiencias (¡y seis años!) leerlo todo, ¿y quién demonios hubiera recordado todas las fechas, declaraciones y cargos? Había un montón de atención de los medios con el “maxijuicio”, que terminó con 19 cadenas perpetuas y 2.655 años de prisión. El código procesal italiano requiere que los jueces escriban los motivos de la sentencia. Los jueces escribieron 6.901 páginas, encuadernadas en 35 carpetas [n. del t.]
15 A principios de los ochenta Vincenzo Muccioli, anteriormente gurú de una secta, fundó un centro comunitario para adictos a la heroína en S. Patrignano (Romagna). El centro se transformó gradualmente en un pueblo, una institución total, una especie de campo de trabajo basado en la disciplina dura y la intolerancia. Muccioli fue acusado varias veces por encadenar a sus pacientes (¿compañeros?). El centro tenía - y probablemente sigue teniendo - un cuerpo de gorilas tipo capo que golpearían a la gente en la carnicería de la parte de atrás del campo. Una vez golpearon a un chaval hasta la muerte, y los magistrados investigaron los intentos de ocultación de pruebas de Muccioli. Muccioli siempre se salió con la suya ya que estaba respaldado por la Iglesia y el gobierno. Se convirtió en un modelo a seguir por un número de curas y trabajadores sociales idiosincrásicos que abrieron centros similares por todo el país [n. del t.]
[7] Las “Ligas” comenzaron un movimiento básico en las regiones septentrionales de Italia, respaldadas por pequeños emprendedores locales. Su ideología era una contradictoria mezcla de racismo anti-Sur, neoliberalismo económico, protestas contra los impuestos y el fetichismo de las (reinventado) tradiciones locales. Durante los 90 las Ligas se federaron en un gran partido de derechas llamado la Lega Nord, que pronto se convirtió en un espectáculo unipersonal del secretario general Umberto Bossi, un desarreglado y desequilibrado que casi no sabe hablar italiano pero tiene un fuerte atractivo como humorista racista.[n. del t.]
Como bien explica Lakoff, la política es sobre todo narración y metáfora. Por eso saqueamos a menudo los grandes depósitos del Mito en busca de arquetipos que nos permitan interpretar los hechos y personajes del universo político. Hay Ícaros que intentaron hazañas que estaban fuera de sus posibilidades y acabaron por morder el polvo, Aves Fénix que resurgieron de sus cenizas políticas, Sísifos que arrastran rocas por la ladera de la montaña con resultados electorales más bien modestos, Júpiteres que sobrevivieron a la comilona paterna y acabaron con él en un congreso de partido. Narraciones y arquetipos que dan mucho juego al escritor y al tertuliano, porque su profunda simplicidad posee una enorme capacidad de explicar el mundo. La izquierda italiana no tiene que recurrir a la mitología griega para encontrar una metáfora propia. Le basta la televisión. A mediados de los años 90 un trío de cómicos muy conocidos, Aldo, Giovani y Giacomo, inventaron para sus sketches un personaje fascinante por su simplicidad. Se llama Tafazzi y la única cosa que hace, simple y llanamente, es pegarse botellazos en los cojones. En cualquier situación. Irrumpe inesperadamente en medio de una escena y atraviesa la pantalla pegando brincos y flagelándose rítmicamente los huevos, acompañando cada golpe con un grito de placer. Un subnormal que disfruta con una autoflagelación particularmente ridícula, he aquí una buena imagen de lo que es, hoy en día, la izquierda italiana. Y no me refiero solamente a los partidos políticos, sino a todo el pueblo de la izquierda.
Hay que reconocer, sin embargo, que no lo han tenido fácil. Nunca una izquierda, en ningún país occidental, ha tenido que comer, a lo largo de su historia, semejante cantidad de mierda. Ya Mazzini, que dedicó su vida a teorizar la unidad italiana y a luchar por ella desde posiciones republicanas y proto-socialistas, vio como los republicanos moderados en primera instancia, y después los monárquicos del Conde de Cavour, Primer Ministro del Rey Vittorio Emanuele I (padre de nuestro querido Amadeo de Savoia, uno de los personajes más enternecedores de la historia patria), le robaban todos los balones peligrosos y remataban a puerta vacía, adjudicándose la gloria de la hazaña unificadora y echando raíces en el poder durante décadas.
De nuevo, después de la Primera Guerra Mundial, cuando el descontento social parecía a punto de explotar y el movimiento obrero organizado amenazaba seriamente las bases de la Italia burguesa y gatopardesca surgida de la unificación, uno de los suyos, un dirigente del Partido Socialista y director del periódico de partido Avanti, un tal Benito, les adelanta por la derecha y monta algo llamado fascismo, que relega a 20 años de banquillo a todo lo que huela a izquierdoso. Giacomo Matteotti es asesinado y Gramsci, una de las mentes más brillantes de la historia de la izquierda italiana, se muere de tisis en una prisión fascista. Durante la Segunda Guerra Mundial, sobre todo después de la caída de Mussolini en el 43 y la consiguiente invasión alemana, los partisanos comunistas juegan un papel fundamental en la organización de la Resistencia, convirtiéndose en la principal fuerza de oposición antifascista. Pero, huelga decirlo, una vez terminada la guerra no consiguen traducir el enorme consenso popular acumulado en poder político: la Guerra Fría les había estallado en la cara.
No se sabe bien por qué, cuando se habla de la política italiana, hay alguien que se pone a hablar de inestabilidad política. A lo mejor hasta cita el dato de los 50 gobiernos en 45 años. Los cojones. Desde el 45 hasta la fin de la Primera República a principios de los 90, Italia no ha conocido prácticamente alternancia alguna. La Democracia Cristiana (DC) ha gobernado, con coaliciones más o menos móviles, eso sí, de forma ininterrumpida hasta que en 1993 el tsunami de Manos Limpias la borra del mapa político. El PCI, el que fue durante casi 40 años el mayor partido comunista de Europa, no logró catar el poder ni un solo día. A finales de los 70, en un momento de crisis particularmente aguda de la DC,la posibilidad que los comunistas lograran tocar finalmente teta parecía perfectamente real. Aldo Moro, primer ministro democristiano con cierta tendencia progresista, habla sin tapujos de abatir el muro que desde el 48 mantiene al PCI en la condición de apestado político y parece dispuesto a formar un gran gobierno de coalición. Es la época del llamado Compromiso Histórico. Época que, faltaría más, se muere antes de nacer. O mejor, la matan. Aldo Moro es secuestrado por las Brigadas Rojas que, después de unas semanas de dramático cautiverio, lo somete a la justicia proletaria (consistente en un juicio en un sótano ante un tribunal formado por brigadistas tarados) y lo sentencia, ni que decir tiene, a muerte. En un refinado ejercicio de estética política (en eso la izquierda italiana no tiene rival), las BR abandonan el cadáver de Moro en el maletero de un Renault rojo, a medio camino entre la sede romana de la Democracia Cristiana y la del Partido Comunista. De esta forma tan burra desvanece una de las pocas oportunidades que la Historia ha brindado a la izquierda italiana de salir del agujero donde la ha relegado su condición de minoría estructural, en un país mayoritariamente conservador, o mejor, anti-izquierdista.
Pero todo tiene arreglo. Hay quien atribuye a Tony Blair la invención de la llamada Tercera Vía, consistente básicamente en coger un partido de izquierdas, darle una pátina de modernidad post-ideológica y dedicarse al neoliberalismo en lo económico y a meterse farlopa en los ratos de ocio. En realidad, esto, como los más agudos lectores habrán intuido, ya lo habían inventado en Italia, y más concretamente en Milán, la Milano da bere de principios de los años 80. El genio fue Bettino Craxi, un joven rampante al que al final de los 70 le había salido bien una OPA sobre el viejo y vetusto Partido Socialista Italiano (PSI), sempiterno segundón de la izquierda italiana. Craxi, muy mahometano él (por lo de Mahoma y la montaña, básicamente) intuyó que si los italianos no compraban izquierda, había que sacar al mercado un nuevo producto. Y dio al partido socialista una nueva identidad en la que el socialismo, a grandes líneas, se acababa en el nombre. Un partido sin rastro de retórica obrerista, muy abierto (de piernas) al mercado, que es el nombre que se suele dar al impúdico compadreo entre élites políticas y oligarquías económicas que se practica por estos lares. El experimento salió bien y, aunque el PSI nunca superó al PCI en el campo de la izquierda (en realidad nunca alcanzó siquiera el 20%), Craxi logró convertirse en primer ministro, liderando una coalición de cinco partidos, junto a la DC y otros tres pequeños partidos. Aun a precio de haber dejado de serlo, una parte de la izquierda italiana lograba finalmente tocar teta en el gobierno del país.
Y tanta, pero tanta, teta tocó, que cuando los jueces de Milán empezaron a investigar a principios de los 90 el sistema de financiación de los partidos, el tapón saltó con un sonoro ¡plop! y el PSI (junto a la Democracia Cristiana) se fue entero por el desagüe en un abrir y cerrar de ojos. Había explotado Manos Limpias. En un primer momento Craxi intentó defenderse entonando el così fan tutti, pero acabó saliendo del país literalmente por patas. Murió algunos años más tarde en la soleada localidad de Hammamet, en Túnez.
Manos Limpias hizo añicos el viejo sistema de partidos. De los tres grandes partidos DC, PSI y PCI, sólo éste último, que mientras tanto había abandonado el comunismo y abrazado la socialdemocracia, había sobrevivido a la hecatombe. El escándalo le había afectado sólo de forma marginal y afrontaba las elecciones de 1994 sin rivales, en lo que iba a ser una solitaria incursión en el área rival, con el portero maniatado junto al banderín de córner. Pero la jodieron de nuevo. O les jodieron, no está claro. Un Jesús Gil milanés, presidente no del Pateti, sino del Milan (y estamos hablando del Milan de Gullit y Van Basten, pocas hostias), con una fortuna exorbitada de origen turbio, crecida desmesuradamente durante el craxismo, propietario de las tres únicas cadenas de televisión privadas, montó un partido y lo llamó, ole sus huevos, Forza Italia. Aplicó a la política la misma fórmula que le había funcionado en la tele (mucho culo, mucha teta, mucho futbol, mucho chiste, mucha acción y pocas comidas de tarro) y le añadió el ingrediente mágico que la vieja Democracia Cristiana había usado con resultados excelentes durante más de 40 años: el anticomunismo.
La receta, 16 años más tarde sigue siendo la misma. Pero si echándole Lacasitos y espolvoreando azúcar en polvo por encima, hasta la primera cucharada de mierda puede sorprendernos gracias a su novedoso sabor, original e inclasificable, al cabo de 16 años a uno ya no le cabe duda: la mierda apesta. Berlusconi sigue repitiendo sus viejos trucos, pero ha perdido velocidad y a menudo se le caen las cartas. Como un macarthista irreductible y gagá, abandonado en una isla en medio del Pacífico después del fin de la guerra, sigue agitando el espantajo del comunismo, pero los que se asustan lo hacen casi por nostalgia. Sigue contando chistes como antaño, pero ya son pocos los que se ríen. Los payasos envejecen mal, porque llega un día en que hasta el niño más tonto se da cuenta que es sólo un viejo maquillado. El berlusconismo aguanta por inercia, por miedo, por falta de alternativas, pero le está entrando agua por todas partes. En dos años ha perdido 2 millones de votos y casi 7 puntos porcentuales. En las últimas elecciones regionales, sus socios de gobierno, la Lega Nord, les han comido terreno, convirtiéndose en el primer partido en muchas zonas del norte industrial. Berlusconi ha tenido que ceder a la Lega algunos cargos de altísimo nivel político, lo que ha erosionado una de las columnas que sostienen el edificio berlusconiano: la capacidad de distribuir cuotas poder y prebendas entre sus fieles. Esto ha creado malestar dentro del mismísimo partido de Berlusconi, el Pueblo de la Libertad (tiene tela con los nombres, sí), hasta hoy simple apéndice de plástico al carisma del líder. Han surgido voces que por primera vez ponen en duda, de forma más o menos abierta, el liderazgo de Berlusconi. Entre ellas destaca la del Presidente de la Cámara de Diputados, Gianfranco Fini (un hombre cuya parábola política requiere, más que un post, un libro entero, otro día les cuento). Se trata de voces todavía minoritarias y que no parecen capaces de derrocarlo a corto plazo, pero son un síntoma que en la derecha italiana ya ha empezado la guerra de sucesión.
¿Y la izquierda, se preguntarán ustedes, qué hace mientras el berlusconismo se pudre y se deshace ante los ojos de todo el mundo? ¿Qué hace para acelerar el proceso y estar preparada para cuando el edificio se desmorone? Pues nada: se divide y se pelea, perpetúa una clase dirigente de fracasados, se interroga sobre el sexo de los ángeles, deshoja margaritas, engola la voz y no dice nada. Se limita, simplemente, a hacer lo que mejor le sale: pegarse botellazos en los cojones.
Con todos ustedes, el blog Maketo presenta Equality Trust, una superproducción originada en ese nido de estalinistas que es el Reino unido de la Gran Bretaña. Además de un PowerPoint breve y fácilmente comprensible sobre los efectos de la desigualdad en los más variados temas. Estos temas, ampliados aquí, van desde el fracaso escolar a la salud (física y mental), pasando por los índices de criminalidad y encarcelamientos, sin olvidar los embarazos de adolescentes, la mobilidad social, la drogodependencia y, en fin, más cosas. Con sus comparativas entre países, y su posibilidad de descargar datos para quien le interese.
En fin, una maravilla. Mientras los laboratorios ideológicos de por aquí abajo se dedican a contratar a disminuidos psíquicos que le piden trabajo al Presidente del Gobierno en la televisión-basura (España, 2010) y se jactan de ello en los medios, en el mundo civilizado se dedican a estudiar y a sacar datos.
Salinger, como ya sabréis todos, ha muerto a los 91 años. Que en gloria esté. La cobertura mediática del evento en la madre patria ha navegado por sus cauces habituales y sin perturbaciones en la fuerza: se han traducido y copiado, con más o menos disimulo, cachitos del obituario del New York Times aquí y allá, se nos ha recordado machaconamente que Salinger era un ermitaño, que renunció a seguir publicando, que renegó de su fama y ésta no hizo sino crecer, que bebía su propio pipí (según su hija) y desayunaba guisantes congelados (según una ex-amante).En EEUU hay mucha gente que ha leído “El guardián entre el centeno”. Seguramente sea el libro leído por muchas de las personas que sólo han leído un libro en su vida. También hay mucha gente que no lo ha leído pero sabe de qué va. Ha vendido más de 60 millones de copias y, aunque todavía es censurado en algunas escuelas conservadoras, es habitual que forme parte del programa de Inglés en noveno grado (a los 13-14 años). Es una institución.
En el 2001, con motivo del 50 aniversario de su publicación, salieron bastantes artículos sobre Salinger en general y sobre “El guardián entre el centeno” en particular. Como el buen hombre aún no se había muerto, andaba todo el mundo menos agitado con la exclusiva. Recuerdo que este artículo, publicado en el New Yorker, me gustó y me enseñó algunas cosas, aunque no es inmune al autobombo ya que, al fin y al cabo, el New Yorker fue la revista fetiche de Salinger. Voy a citar (usando comillas, como la gente de bien) y comentar algunos fragmentos que matizan o directamente contradicen varios mitos y leyendas de los que se ha hecho eco el periodismo “cultural” patrio en estos días.
Se dice a menudo que Salinger quiso, a través de Holden Caulfield, el protagonista de “El guardián entre el centeno”, hacer una crítica de la vida moderna, denunciar “la pobreza espiritual de una cultura conformista”. Pero “El guardián entre el centeno” cuenta la historia de “un chico cuyo hermano pequeño ha muerto. Holden, después de todo, no es infeliz porque comprende que la gente es falsa… Lo que hace que su opinión de los demás sea tan tajante y su decepción tan implacable… es su dolor.” En la misma línea, Seymour, el protagonista de “Un día perfecto para el pez plátano” (uno de los “Nueve cuentos”) no se suicida por culpa del tedio de la vida burguesa, de la estupidez y la superficialidad del mundo o, ya puestos, de su esposa. Se suicida porque “la guerra lo ha vuelto loco”. Yo no me apostaría los dos ojos a que sea cosa de la guerra (que de hecho se menciona, así como un hospital militar en el que estuvo Seymour), aquí cada cual que interprete lo que quiera, pero el cuento deja bastante claro que el hombre está como unas maracas, no me lo invento yo. Es cierto que ni su esposa ni su suegra parecen personas muy simpáticas, pero correlación y causalidad son dos cosas distintas. Cuando leí el cuento yo llegué a pensar que el perturbado de Seymour iba a meterle mano a la niña de la playa, o a cargársela o ambas cosas. Ni se me ocurrió que fuese ante todo una metáfora de las secuelas que produce el Guantánamo mental de la clase media.
También suele suponerse que los jóvenes se identifican con Holden porque éste dice lo que “todo adolescente piensa” pero “está demasiado inhibido como para expresar, es decir que el éxito es una farsa y la mayoría de la gente que tiene éxito son unos farsantes”. Holden habla como un adolescente y a menudo se comporta como un adolescente, pero no piensa como un adolescente. Holden, como muchos otros jóvenes personajes de Salinger, es extraordinario, cala al resto como nadie y es “un demonio de la incisión verbal”. Aun así, muy a menudo se dice que es un libro representativo del los adolescentes y la adolescencia. También podría decirse que “A dos metros bajo tierra” refleja fielmente la realidad del sector funerario; al fin y al cabo, la familia protagonista tiene una funeraria y en cada capítulo, sin falta, entierran a alguien. Además, “la mayor parte de los adolescentes no piensan que el éxito sea una farsa” y si a veces se sienten infelices o enfadados no es precisamente porque piensen que los demás “son unos farsantes. La carga emocional de la adolescencia es que no sabes por qué te sientes infeliz… El atractivo de “El guardián entre el centeno” es que te da una razón. Le da contenido a la química.”
En cuanto a la moraleja del libro, “podría ser que Holden dejará atrás su actitud, y esta es probablemente la lección que la mayoría de los profesores de noveno grado que dan “El guardián entre el centeno” esperan transmitir a sus estudiantes: que la alienación es sólo una fase. Pero la gente no deja atrás la actitud de Holden, al menos no del todo, y tampoco quieren hacerlo porque es una actitud bastante útil”. El autor del artículo opina que “uno de los objetivos de la educación es enseñar a la gente a desear las recompensas que la vida tiene que ofrecer”. A mí este concepto me resulta tan marciano, me hace sentir tan exóticamente europea, que en su día tuve que leer la frase tres veces; pero eso es lo que dice, no lo he soñado. “Y otro de sus objetivos”, añade, es enseñar a la gente a sentir un “moderado grado de desprecio por esas mismas recompensas. En América, donde -sobre todo si eres un miembro sensible e inteligente de la clase media-, se te recuerda constantemente que las recompensas están ahí para que las cojas, el sentimiento de decepción es mucho más común que el de éxito, y si no aprendiésemos a que no nos importasen, nuestros fracasos nos destruirían. Dar “El guardián entre el centeno” a tus hijos es como darles una capa de aislante psíquico.”
Yo no tengo muy claro que el libro tenga una moraleja pero desde luego la anterior supone un buen instrumento de supervivencia. El haitiano de “Héroes” tiene la habilidad de formatearle selectivamente la memoria al personal. “El guardián entre el centeno”, como ya habréis deducido si habéis llegado hasta aquí, hayáis o no leído el libro, no tiene nada que ver con “Héroes”. Pero si me encontrase al haitiano, le pediría que me lo borrase del disco duro -junto con el primer disco de estudio de Jane’s Addiction, y, ya puestos, si no fuese mucha molestia, el Planeta Imaginario y las pelis del Planeta de los Simios- para poder leerlo de nuevo por primera vez, en lugar de andar siempre sacando la nostalgia en procesión. Es ese tipo de libro.
“Franny y Zooey” es otra cosa. Es la joya de la corona y no se hable más. Aunque pudiera, no querría olvidar “Franny y Zooey” y volver a partir de cero. A la familia Glass, lo mejor que ha dado Salinger, la llevas en el equipaje de por vida y a nadie le gusta quedarse sin maleta ni por un par de días. Una de las muchas críticas a este libro, a la que se alude a menudo, es la de John Updike, quien opinó que “Salinger ama a los Glass más que Dios. Los ama demasiado exclusivamente… Los ama en detrimento de la moderación artística”. Eso dijo, nada menos. ¿¿Moderación en el arte?? No lo entiendo. Irónicamente, en un momento dado Zooey increpa a su hermana pequeña, Franny: “¿Qué hay de tu amado Epicteto? ¿O de tu amada Emily Dickinson? ¿Acaso quieres que Emily, cada vez que experimenta el impulso de escribir un poema, se siente y diga una oración hasta que se desvanezca su impulso repugnante y egoísta?”. Supongo que John Updike hubiera preferido precisamente eso, que Salinger se hubiese dejado el ego en casa y se hubiese marcado alguna historia costumbrista que multiplicase la realidad por mil o por mil millones, hasta hacernos sentir incluso fuera de serie.
El artículo del New Yorker que he estado comentando tampoco es muy generoso con “Franny y Zooey”. Según su autor, Salinger, después de haber sido “criticado por haber creado a una familia con cuatro niños precoces -Holden, su hermano pequeño muerto, su hermana pequeña viva Phoebe y su hermano mayor, el que está en Hollywood- y por escribir con un estilo que llamaba la atención, procedió a crear una familia con siete niños precoces y a producir… trabajos de un exhibicionismo literario supremo”, dice su autor. Efectivamente, eso es, entre otras cosas, lo que hizo Salinger. Y yo no veo el problema por ninguna parte. Franny osa caer en una especie de deprecrisis espiritual, a pesar de que ni arrastra un trauma de guerra ni ha enterrado a su hermano pequeño. Qué te parece. Hay un suicida en la familia y tal, pero joder, no basta, angustiarse así como así es de snobs. Además, todos los hermanos son inteligentísimos y tanto Franny como Zooey son jóvenes y guapos. Una cosa obscena, no odiarlos es propio de antiespañoles. Encima, mientras que la primera parte del libro, “Franny”, está narrada más o menos convencionalmente (a lo cuento-escena y con diálogos naturales, pero naturales de verdad, no como los de las pelis españolas), “Zooey”, la segunda parte, es mucho más libre, se detiene en descripciones y digresiones inesperadas, incluye diálogos cómicos e incluso fragmentos de viejas cartas de los hermanos mayores de Franny y Zooey. Ya le vale a Salinger, menudo farolero exhibicionista. Para acabarla de rematar, Franny y Zooey recibieron de sus hermanos mayores, el futuro suicida -Seymour, el de “Un día perfecto para el pez plátano” y también personaje central de “Seymour: una introducción” o “Hapworth 26, 1924″- y Buddy, una educación excepcional, al menos para quienes crecen y viven en Nueva York… o casi para cualquiera. Una educación basada en el Advaita Vedanta, la escuela (no sectaria y no dualista) más ecléctica de la filosofía hindú, que adopta sea a Cristo o a Buda como encarnaciones de dios. Una educación-putada que, en pocas palabras, no les trae más que mal. A lo largo del libro, que sigue el hilo del Bhagavad Gita, Zooey, a pesar de estar también él bastante pasado de vueltas, intenta que Franny se aleje de rituales y prácticas esotéricas, comprenda cómo llegar a una tregua y, eventualmente, a una paz que él tampoco ha encontrado todavía, cómo no odiar ni, lo que es casi peor, andar perdonándoles la vida condescendientemente a quienes viven centrados en las cosas materiales. Conforme avanza la lectura, te colocas discretamente en una esquina de la casa familiar de Franny y Zooey, los ves y los escuchas en lugar de imaginarlos y leer sus diálogos. También te entretienes y hasta te ríes, lo juro.
He aquí un artículo sobre “Franny y Zooey” mucho más positivo que el del New Yorker u otros y donde la autora no le da vuelta alguna al asunto metafísico, lo digo para quien le tenga alergia a esas cosas: no creo que sea imprescindible para disfrutar del libro, conozco a varios comecuras de pata negra que lo han hecho. También el Lector Malherido parece opinar (en un post de esos clásicos suyos salidos de madre) que es un gran libro. En cualquier caso, hacedme caso a mí y leedlo antes de morir.
En otro orden de cosas, existe una anécdota que bien podría haberse inventado Vila-Matas, cuyos personajes lo mismo se encuentran con el espectro de Baudelaire que con Salinger en los autobuses, pero que al parecer es real: miles de personas que acaban de leer “El guardián entre el centeno” llaman cada año al Central Park Conservancy para saber adónde van a parar los patos del lago cuando llega el invierno y éste se congela. La misma pregunta que le hace Holden a un taxista. Al parecer los patos nunca se van a ninguna parte.
Finalmente, si alguien quiere compartir sus impresiones sobre la obra de Salinger, puede depositar aquí sus comentarios y también puede enviarlos a Hermano Cerdo, la revista de los campeones.
En un nuevo giro a la izquierda -desde dónde debía venir el buen hombre- Zapatero pretende suprimir los títulos nobiliarios que concedió el Caudillo. Como no podía ser de otro modo, se ha decidido a pedírselo a nuestro actual Jefe de Estado, puesto a dedo por el Caudillo con la instauración monárquica que se sacó de la manga. España, 2010.
Showtime en el juicio al preso político vasco Arnaldo Otegi Mondragón acusado, entre otras cosas, de buscar treguas -¿será cabrón?-. Cómo será la cosa que la juez ha tenido que suspender el juicio porque, según sus propias palabras, no entendía “ni papa”, ya que la acusación no se ha molestado, en cinco años, en traducir el video por el que le han acusado de enaltecimiento del terrorismo. Sin embargo, el GAL político-judicial contra la izquierda abertzale no acaba ahí, ya que en el juicio contra Egunkaria los maderos no tuvieron reparos en reconocer que no sabían si el periódico estaba a favor o en contra de la eta porque, oiga, como los editoriales estaban en euskera era muy farragoso traducirlos. Oskar Lafontaine, líder de Die Linke, abandona la política después de una operación de cáncer de próstata, según leo en la crónica de Rafael Poch. En el negro, negrísimo panorama en que está instalada la izquierda europea, firmemente asentada en la oposición en el mejor de los casos y llenando a sus votantes de vergüenza y oprobio en los peores -caso de UK y el Reino de España, donde ocupa el gobierno-, tal vez Die Linke sea lo que más merece la pena salvar. Su apuesta al salirse del Ministerio y el SPD, insólita en las democracias occidentales, le ha valido una lluvia de palos como no se recuerda. Esperemos que su retirada no se cargue el proyecto, cuyo objetivo es, a la manera de lo que vienen haciendo los Verdes desde hace décadas, influir en la política sin tener que estar necesariamente en las instituciones. Arcadi Espada se larga de Factual dos meses después de su lanzamiento por los motivos que explica aquí. Como sabrán los que suelen pasarse por aquí, mis coincidencias ideológicas con la estrellita del periodismo madrileñista tienden a cero, lo que no es óbice para señalar que, puestos a hacer ultranacionalismo español, es mucho más interesante leer su trabajo queel de los muchachos del Libelo Digital. A ver si a la próxima lo consigue, porque tirarse tantos años dependiendo económicamente de FAES y Esperanza dan para hundir al mejor de los profesionales.
El brazo político de los GAL sigue a lo suyo. Mientras el señor que predijo la crisis financiera va diciendo que el problema gordo de la zona euro no se llama Grecia, sino España, el Ministro de Trabajo filtra que los datos del paro serán como todos los datos en esta la legislatura del pleno empleo. Y de postre, los chicos dan una vuelta de tuerca a su apuesta por las políticas sociales, y proponen retrasar la edad de jubilación y, en la línea de la ortodoxia aznarista, ampliar los años que afectan al cálculo de las pensiones a recibir.
El puerto del Mediterráneo con mayor tránsito de mercancías no es el de Marsella, ni el de Génova, Barcelona, Tel-Aviv o Atenas. Es el puerto de Gioia Tauro. Primer puerto del Mediterráneo y tercero de Europa, después de Rotterdam y Hamburgo. Yo tampoco había oído nunca este nombre. Tanto menos saberlo situar en un mapa. Ahora ya sí. Está en Calabria, en el extremo sur de la Península Itálica. La punta de la bota para los más catetos. Este pueblo grandote, que no llega a 20.000 habitantes, posee, decíamos, un puerto descomunal. Originariamente tenia que servir como base logística para mandar al mundo el acero producido en la mayor siderúrgica del sur de Europa, sita en la llanura que rodea Gioia Tauro. Sólo que dicha siderúrgica no ha existido jamás. Se quedó sobre el papel en esos planes de industrialización del sur del país, que Italia lleva al menos un siglo pariendo -o abortando, como en este caso- uno detrás de otro sin obtener resultados demasiado vistosos. No al menos en el sentido positivo de la expresión. Así que Gioia Tauro se quedó con un puerto absurdamente grande en medio de la nada industrial, comunicada con el resto de Italia a través de la legendaria Salerno-Reggio Calabria, una autopista (aunque en algunos tramos asemeja más a un camino de cabras) cuya construcción empezó en 1966, pero que 44 años y algunos billones de liras después (a día de hoy el despilfarro se mide ya en euros, ¡oh Europa!), todavía está por terminar.Calabria es lo que vendría siendo una zona pobre, una de las más pobres de Europa. Y sin embargo ahí es donde tiene la “sede central” la que probablemente sea la mayor multinacional italiana: la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa. A pesar de no gozar de la fama de la Cosa Nostra siciliana o la Camorra napolitana -o tal vez por eso- la ‘Ndrangheta resulta ser la más poderosa y globalizada de las mafias italianas. Además tiene un nombre molón que, sólo al pronunciarlo, ya se le dilata a uno el esfínter. Con una estructura hermética y de matriz familiar, ha logrado expandirse por todo el mundo a través de la emigración calabresa. Factura anualmente 44.000 millones de euros. Más que el PIB de Eslovenia, para que se hagan una idea. Tal vez esto tenga algo que ver con el anormal florecimiento de esa catedral en el desierto que es el puerto de Gioia Tauro. Quién sabe, tal vez, a lo mejor. El caso es que, de todo este enorme volumen de negocios, poco o nada revierte en la población local: Calabria sigue siendo un secarral económico, un agujero negro en el que desde hace décadas se produce el milagro laico de la volatilización del dinero público (italiano pero también europeo), sin que se produzca mejoría social alguna. La ‘Ndrangheta es lo que los biólogos llamarían un parásito muy hijoputa.
Ha sido un poco largo como introducción, pero era necesario encuadrar la primera de las claves de lectura del marrón del que hemos venido a hablarles. La ausencia, o si lo prefieren el fracaso, del Estado por estos lares y su substitución en muchos casos por parte de un para-estado mafioso. Sirva para apuntillar el concepto el hecho que el Ayuntamiento de Gioia Tauro está actualmente disuelto por el Estado central a causa de las llamadas “infiltraciones mafiosas” y su alcalde está acusado de colaboración externa en asociación mafiosa. Situación análoga a la que encontramos en Rosarno, un pueblo a pocos kilómetros de Gioia Tauro, donde ocurrió lo que, si logramos terminar este bendito ejercicio de contextualización, queremos explicarles: una revuelta de jornaleros negros que trabajaban en los campos de cítricos de la zona.
Porque en la llanura de Gioia Tauro no hay industria, pero hay campos de naranjas y mandarinas. Que, huelga decirlo, en muchos casos pertenecen, directa o indirectamente, a la misma ‘Ndrangheta.
Tal vez algunos hayáis leído un lacrimógeno artículo de Miguel Mora en el País sobre la revuelta. El pasado 7 de enero alguien dispara, en una pierna, sin motivo aparente a uno de los 1.500 inmigrantes que malviven en Rosarno con una escopeta de aire comprimido. Los inmigrantes, hartos al parecer de hostigaciones por parte de los indígenas de la zona, se desbocan y la lían. Se extienden voces incontroladas -y falsas- que hablan de inmigrantes muertos. Aunque probablemente tampoco había necesidad de inventar noticias falsas para que se calentaran los ánimos: viven como animales, acampados en una fábrica abandonada sin ningún tipo de servicio higiénico, trabajan doce horas diarias por un sueldo de 25 euros al día (de los que el capataz se queda 5), esto cuando la cosa va bien y el jefe no decide llamar a los carabinieri al final de la jornada, ahorrándose así la paga de los negritos. En fin, que se hartan. Queman contáiners, rompen escaparates y el cristal de algún coche. Por lo que parece rodean la casa del capo de la “cosca” (la familia mafiosa) que parte la pana en los campos. A la luz de lo ocurrido, Roberto Maroni, Ministro de Interior, sentencia lacónico: “Demasiada tolerancia”. Hacia los negros, huelga decirlo, no hacia la mafia. Está convencido de poder aprovechar los disturbios para ratificar la línea política del gobierno en general y de su partido en particular, la Liga Norte, en lo que a inmigración se refiere. Que podría sintetizarse en el evergreen “Negro bueno, negro muerto”. Sorprendentemente, después de las mesuradas palabras del Ministro, los ánimos no se aplacan, y los disturbios se convierten en un pogromo en toda regla. Más disparos, cabezas abiertas, se monta una caza al negro. Que no se acaba hasta que suben a los inmigrantes en autobuses y se los llevan de ahí.
Habrán intuido ya que la segunda clave de lectura para comprender este retorno a los felices años 30 es el hecho que Italia ha vivido, en los últimos años, una fuerte expansión de posiciones políticas abiertamente xenófobas. El racismo sociológico llegó más tarde, alimentado e instrumentalizado por una eficaz campaña política y mediática, que a la postre ha contribuido a explosiones de violencia como las de Rosarno. Y es que uno de los frames que la derecha italiana más machaconamente usó para atacar el anterior gobierno Prodi fue el de la (supuesta) inseguridad ciudadana, ligándola a una (supuesta) invasión inmigratoria, obviamente provocada por una (supuesta) política inmigratoria permisiva de la izquierda.
La realidad es, huelga decirlo, muy diferente. En gran parte de Italia, los datos sobre inseguridad ciudadana son similares o inferiores a los de las zonas más desarrolladas de Europa. En las regiones del sur, en cambio, donde sí existen graves problemas de criminalidad, ésta tiene poco que ver con la inmigración y tiene nombres como Camorra, ‘Ndrangheta o Cosa Nostra, fenómenos tan oriundos como la pizza y los centrales leñeros. En segundo lugar, Italia tiene un porcentaje de extranjeros ligeramente inferior al de otros países del entorno, como Francia, UK, Alemania o España. Por lo que, por usar una expresión del Blog Maketo, la invasión africana son los padres. Y por lo que respecta a la permisividad del gobierno de izquierdas de Romano Prodi, baste decir que no se atrevió a tocar la ley de extranjería aprobada por el anterior gobierno Berlusconi. Una ley particularmente restrictiva, valga el eufemismo, cuyo efecto práctico es el de convertir a los inmigrantes en carne de cañón sin tutela legal alguna, expuestos y vulnerables a situaciones de explotación extrema como las que se dan en Rosarno.
Pero todo esto son datos, y como todo el mundo sabe, lo que políticamente cuenta son las percepciones. Y las percepciones de la gente (y aquí introducimos el factor B, porque ¿qué seria un artículo sobre Italia sin hablar de Berlusconi?) son sorprendentemente maleables cuando posees 3 canales de televisión y controlas otros 2.
Mientras la microcriminalidad ligada a la inmigración ha ocupado en los últimos años un espacio cada vez mayor en telediarios y talk shows políticos (muy frecuentes y seguidos en Italia), las noticias ligadas al crimen organizado reciben poquísima atención por parte de los principales medios de comunicación. Se trata de un problema de espacio mediático. Por esto a todo el mundo le pareció lógica la quirúrgica solución que adoptó el gobierno para resolver tan espinosa cuestión. Un cuestión que sacaba a la luz dos problemas silenciados: la impunidad con la que actúa en ciertas zonas el poder mafioso y la situación de total desamparo en la que a menudo vive el “inmigrante bueno”, el que, por usar una terminología gubernamental, “no roba, ni trafica” y quiere trabajar. Trajeron unas cuantas excavadoras y arrasaron la fábrica abandonado en la que vivían los jornaleros. Zas. Llenándose de periodistas de todo el mundo, esa telegénica y descomunal pocilga se había convertido en un lugar emblemático, símbolo del radical fracaso del Estado. Decidieron tirar de “ojos que no ven” y correr un tupido velo. La jerga mafiosa tiene un nombre para ese silencio necesario para que los negocios funcionen, lo llaman omertà. Y, si me permiten un final efectista, es lo que esa banda de negros desarrapados lograron romper durante un par de días.
A petición unipopular, hoy voy a contaros alguna cosita sobre Rudolph Giuliani, que viene a ser (en tamaño XXXL) a la figura del alcalde en EEUU lo que Gallardón o Rita, monolítica ella, en España. Con la diferencia de que Rudolph ya no es alcalde, pero es que lo mismo da.
Voy a pasar a llamarlo Rudy y nos ponemos cómodos, nos sacamos los zapatos y/o nos recolocamos las joyas de la corona.
El 11 de Septiembre del 2001 Rudy era el alcalde de Nueva York. Llevaba siéndolo desde 1994, había reducido el crimen cual héroe de Marcel, y, en definitiva, era un tipo popular e influyente. Así que se lanzó a la carrera por el Senado, pero un cáncer de próstata y unos cuernillos a su señora hicieron que se quedara con las ganas. Luchó contra la enfermedad y salió victorioso gracias a su actitud y fuerza de voluntad, pues, como todo el mundo sabe, el cáncer es una enfermedad que se cura con la mente y raro sería que Rudy hubiese echado mano de esos mundanos tratamientos médicos que están al alcance de todos sus conciudadanos. En esas andábamos cuando llegó el 11 de Septiembre y se produjo su ascensión a los altares.
En el 2002 dejó la alcaldía, pero se mantuvo activo políticamente, chupó cámara como nadie y se dedicó con ahínco a suslabores, haciéndose muy rico construyendo un imperio sobre sus contactos y su fama post-11S. Parece mentira, pero le quedó tiempo para participar en la carrera presidencial en el 2008. Incluso Pat Robertson se puso de su lado, pese a sus divorcios y sus opiniones no extremadamente retrocarcas sobre varios temas. Aun así, la cosa no prosperó y Rudy terminó dando su apoyo a John McCain.
En estas circunstancias, suele decirse que hombres como Rudy siempre caen de pie, pero la verdad es que él se lo venía montando de puta madre desde que a finales del 2001, poco antes de abandonar la alcaldía de Nueva York, logró el permiso para crear una especie de empresa de consultoría que terminaría dedicándose a actividades relacionadas con una de sus obsesiones: la seguridad y derivados. El “Conflict of Interests Board” de Nueva York dio su visto bueno (¿?) y la criatura se llamó Giuliani Partners LLC. Rudy escogió como socios, entre otros, a un ex-alto cargo del FBI que más tarde reconoció haber afanado “souvenirs” de la Zona Cero en las semanas que siguieron al 11 de Septiembre, un ex-policía conectado con el crimen organizado y posteriormente condenado por corrupción y un cura católico acusado de encubrir abusos sexuales.
No está muy claro qué es lo que Giuliani Partners LLC hace exactamente, ni quiénes son sus clientes, ni lo que pagan, ya que se les pide que firmen acuerdos de confidencialidad que les comprometen a no revelar dicha información. Incluso durante su participación en las presidenciales del 2008 Giuliani rechazó hablar sobre el tema e impidió que se le preguntase sobre su empresa en las entrevistas. Entre este secretismo y que yo no soy Colombo, no os voy a poder dar muchos detalles.
Uno de los clientes de Giuliani Partners LLC fue Purdue Pharma, una compañía farmacéutica que estaba siendo investigada por la DEA y la Food and Drug Administration debido a varios fallos de seguridad en sus fábricas de New Jersey y North Carolina que se habían relacionado con el reciente aumento en el uso recreativo y las muertes por sobredosis del potente analgésico (poco adictivo según la empresa productora) OxyContin. Lo que Giuliani hizo fue tirar de sus contactos en la DEA y contribuir a recaudar fondos para la misma, con lo que al final a Purdue Pharma le salió la broma relativamente barata.
También parece ser que Giuliani Partners LLC fue contratada para aconsejar a las autoridades mexicanas sobre cómo reducir el crimen en Ciudad de Mexico. Las recomendaciones de Giuliani Partners LLC fueron más bien poco útiles por parecerse Ciudad de Mexico y Nueva York lo mismo que un huevo a una castaña.
La otra criaturita de Rudy es Bracewell & Giuliani, un bufete de abogados cuyos clientes incluyen, entre otros, a: Chevron/Texaco, Pacific Gas & Electric, Dynegy, Southern Company, Valero Energy, Shell Oil, la compañía petrolífera Citgo, en manos del super-villano Hugo Chávez (a quien Pat Robertson a menudorecomienda asesinar y se queda tan ancho), agentes del FBI, ¡el Santander!, super-grupos mediáticos… Bracewell & Giuliani ha llegado incluso hasta el petróleo de Arabia Saudí, a pesar de que Giuliani había rechazado previamente un cheque de 10 millones de dólares de un príncipe Saudí para ayudar a las víctimas del terrorismo un mes después del 11S. Ningún periodista sacó esto a colación durante los debates de las presidenciales retransmitidos por Fox “News” en los que intervino Giuliani, a quien posteriormente la cadena proclamó ganador de manera sistemática. Lo mismo fue porque News Corporation, empresa padre de Fox “News”, también está en la lista de clientes de Bracewell & Giuliani. Todo queda en casa.