Ha finalizado, con la victoria del candidato que ha sacado el peor resultado del PSOE desde 1933, el titánico duelo entre los dos actuales referentes del socialismo español. Más allá de las lecturas políticas de lo sucedido -El Pais llamaba recuento de guante blanco a las dos horas y media empleadas en contar menos de mil papeletas-, el candidato que en su discurso -sin papeles, según dicen sus fans- confundió constantemente las voces “cobrar” y “quebrar” y que era apoyado por la sinpar Elena Víboras se llevó, y nunca mejor dicho, el gato al agua.
Sin embargo, lo más mejor del congreso fueron, con mucha diferencia, dos momentos. El primer momento fue previo, y lo proporcionó un artículo meramente informativo sobre Chacón publicado por El País. Dicho artículo, desautorizado por la pedorra de la defensora del lector, ha sido lo único con un mínimo interés informativo sobre el proceso. Machacado por la crítica por su evidente toma de partido por el maletero de los responsables de los GAL, cualquier persona que haya seguido procesos democráticos en partidos de sitios con cultura democrática -los USA, Francia, e incluso Rusia con el pitote Putin/Medvedev- lo encontraría lo más normal del mundo. Sin embargo, la CT se llevó las manos a la cabeza y, gravemente escandalizada, siguió a lo suyo, informando de los recuentos falsos de las candidaturas, de las diferencias de edad y sexo de los candidatos y, en fin, poniendo mucho cuidado en no informar lo más mínimo sobre las cloacas de nuestra democracia, esto es, sobre nuestros queridísimos partidos políticos. A mí, por ejemplo, me hubiera interesado mucho más saber cuántos fondos públicos han ingresado, ellos y sus familiares, los 956 delegados del PSOE en los últimos ocho años, que saber los decibelios del sermón de Chacón o si Rubalcaba está tranquilo, nervioso o con un ictus cerebral.
Rescato, al respecto, la frase del congreso, que pronunció el propio Rubalcaba en su patético discurso, en el que se comprometió a apoyar las medidas sociópatas de Rajoy apelando a la responsabilidad si bien apuntó dos imbecilidades sobre el Concordato de esas que durante los estúpidos años del zapaterismo han dado a una organización que se caía a trozos un vigor bestial situándola en el centro del debate político. La frase:
“Yo odio el sectarismo. No soy sectario ni con quienes lo son. Si alguien os dice ‘vótame e irás en tal lista’, o ‘si no me votas no irás en cual lista’, estad seguros de que no lo hace en mi nombre. ¡No en mi nombre! Si yo soy secretario general, no habrá rubalcabismo en el partido, no reconoceré otro carné que no sea el del PSOE, no emitiré salvoconductos ni cobraré facturas.”
No puedo adivinar lo que debía estar pasando allí dentro para que el buen señor, mientras Mister X y el hermano de Juan Guerra se dedicaban a recabar apoyos para su causa en el felipismo y el guerrismo, se viera obligado a aclarar en público que él no amenaza a nadie, ni que movió a los delegados presentes a llegar a creer que una persona de la altura ética, política e intelectual de Rubalcaba era capaz de tal cosa hasta el punto de obligarle a aclarar que no cobraría facturas ni se dedicaría a vetar en plan siciliano.
A ver si hay periodistas que lo aclaren, o seguimos leyendo submoralidades sobre “recuentos de guante blanco”.
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