El Plan de choque
Después de varios meses de caída libre de la economía, el gobierno se ha dignado a usar el superávit fiscal que le otorga el sistema de financiación medieval y anti-transparente vigente en el Reino de España.
En un alarde de imaginación sin precedentes, el gobierno progresista del Impostor se ha fotocopiado las medidas aprobadas por esa cosa que nos han enviado unos aliens muy cabrones y que responde al nombre de George W. Bush.
Como no podía ser de otra manera, la CT subsector socialista -en el entendido de que socialista aquí se refiere a simpatizante y/o parásito del PSOE, y no a la diversidad de corrientes ideológicas partidarias de la redistribución de la riqueza incluyendo la propiedad-, pone dos caras. En primer lugar, rictus de preocupación por la crisis, no en balde siempre queda bonito el numerito de la preocupación por los temas sociales. En segundo lugar, que las medidas del gobierno son la pera -en la medida, claro está, que la crisis ni es culpa del gobierno ni entra dentro de su esfera de competencias: los nuevos buenos españoles ya saben que el gobierno solo puede legislar sobre matrimonios de homosexuales y promocionar embarazadas, para lo demás ni está ni se le espera-.
Pues nada, tú: alegría. El cable rojo ese que ha cortado Solbes emulando a Bush nos va a salvar a todos, y en un par de añitos adelantamos a alemanes y franceses, como pronosticó el poco singular inquilino de la Moncloa.
El chiste de Gara es genial. Ellos mismos equiparan a la ETA con unos piratas somalíes y tú vas y lo pones en tu blog a modo de toma tomate. La capacidad de sorprender la mantienes intacta, aunque los estímulos intelectuales sean un eco remoto.
La gente como Popota y sus friends and fieles consideran que con Catalunya independiente, o Euskal Herria independiente, que tanto da, la cosa siempre, es que siempre, iría mucho mejor. Se buscan argumentos como el del mal negocio que supone estar junto con España, como si España sea todo lo que queda allendelebro o allende la franja, como si España fuera eso, una cosa de negocio. Esta simplificación, ya de entrada, no entienden que es ofensiva a más no poder frente a toda la gente (gentuza tal vez?) que vive en País Vasco o Cataluña y que entienden que viven en una parte más de España.
Decir que se quieren independizar de España es una forma sibilina (pero ya no se la dan a nadie, dicho sea de paso: les entendemos perfectamente), o dicho de otro modo: es un eufemismo con el que intentan malamente enmascarar otra cosa aún más ofensiva, claro: los que no estén de acuerdo con que Catalunya y Euskal Herria sean independientes que se vayan a España. Y ya está, ya lo hemos dicho.
En el fondo, de nuevo, tenemos lo de siempre: que quieren gestionar ellos solitos un territorio que compartimos todos los que vivimos ahí. Catalanes son todos los que viven y trabajan en Cataluña: pues muy bien: muchos de esos catalanes consideran que Cataluña es España: ¿qué hacer? Popota y I can see y los demás lo tienen claro: si sale mayoría, que se jodan, nos vamos a la independencia.
Y luego se quejan cuando los demás decimos que Cataluña y País Vasco están sobrerrepresentados en el Parlamento de Madrid. En buena lógica allí no deberían ellos mismos ir siquiera, si lo que se trata allí es cosa de España. Pero van, y van a buscar lo suyo, no van a mejorar lo de todos.
En el fondo, de nuevo, tenemos lo de siempre: todo empezó con la inmigración, no hay otra. Sin inmigración de gentes de otras partes de España los nacionalismos no habrían surgido. Y viceversa, si la inmigración se hubiera dado al revés: Andalucía y Extremadura, pongamos por caso, foco de atracción industrial y de servicios para mano de obra barata vasca y catalana, tendríamos lo mismo: Andalucía para los descendientes de los almorávides y Extremadura para los descendientes de los conquistadores. Y los demás a integrarse o a la porra.
Es el negocio, del que hablaba Lluís y que corroboraba luego Popota. No hay más. Parvulesco, créeme, a mí todo esto me “atorra”, me aburre soberanamente ya, pero también pasa otra cosa: hay que decirlo, porque si no los nacionalistas es que se creen, encima, que tienen toda, es que toda la razón, que no les comprenden, vaya, pobrecitos.
Si lo miramos en términos identitarios, ¿por qué me da la risa con lo de Carretero? Porque lo que Carretero tendría que hacer es reivindicar su “carreteridad”, esto es, su condición de inmigrante o hijo o nieto de inmigrante, con su idiosincrasia peculiar, con sus problemas, con sus propios intereses, distintos, por supuesto, a los del hijo o nieto de cualquier payés. Reivindicar su catalanidad es una superchería, es algo impostado, es falso, es absurdo, no tiene sentido. Da la risa floja o, dicho de otro modo, dan ganas de llorar a moco tendido. O dicho de otro modo: ¿qué haría Carretero sin payeses que le aplaudan?, sin referentes catalanes que le digan: oye, que muy bien noi, sigue así, haciéndonos el trabajo sucio, que luego vendremos nosotros a ponernos en la foto, porque al final los que saldremos en las portadas seremos nosotros, los catalanes de toda la vida. ¿Qué sentido tiene un catalanismo de carreteros y ridaos sin un puigcercós que ponga el referente identitario, a quién quieren engañar?
Saludos.
El sentimiento que me produces Pedro J. es el de vergüenza ajena. No puedes reprimir todos esos insultos que te brotan de la boca, sino del corazon. Vergüenza y a la vez lastima, obsesionado como estas, disgustado, amargado, desgraciado como eres, tu, un patriota sin patria.
Respecto al plan de choque debo reconocer que ni me habia enterado y supongo que ni me enterare. Bueno, solo al echarle gasolina al coche. Pero supongo que se presupone que cuando vienen las vacas flacas se debe apretar los dientes y no el culo, y no esperar que otros ( el gobierno) lo haga por ti.
Y a mí el sentimiento que me produces Feliz Sant Jordi es el de asombro y perplejidad. No sé dónde ves insultos. Y sobre lo de ser un desgraciado ¿por qué lo dices? ¿Porque no me siento nacionalista como tú? Pues oye no te preocupes por mí, lo sobrellevo lo mejor que puedo.
Saludos.
“Vergüenza y a la vez lastima, obsesionado como estas, disgustado, amargado, desgraciado como eres, tu, un patriota sin patria.”
¡Coño, qué definición más perfecta de los independentistas varios, que verán independiente su patria el día en que las ranas críen pelo!
Es que es estéril ya todo el debate sobre la base del estadonacionalismo. Ya no tiene sentido hablar de Estado-Nación.
Precisamente ahora vivimos las consecuencias del fracaso liberal de constituir España en un Estado-Nación, pero no hemos cambiado ni las palabras para superar el paradigma.
Básicamente, ahora mismo la Administración central es un lastre para la aplicación de políticas eficientes con su inercia centralista (más que españolista, conservador y autoconservador) y el perjudicado es el ciudadano.
Se pueden transferir competencias siguiendo las demandas nacionalistas o aplicando el principio de la subsidiaredad. Lo que pasa es que cuando uno las reclama por lo segundo le acusan de lo primero y, después, no hacen nada en su complacencia.
Lo que pasa es que mientras Ibarretxe propone, Maragall propone y tantos otros indígenas de la periferia proponen, el PPSOE sigue parasitando España con su inercia centralista y conservadora.
En el partido único no tienen puta idea de lo que es España. Y como no lo tiene claro, se quedan con este caos del que ellos son máximos responsables.
Perdona, Parvulesco, pero justamente Ibarretxe ¿qué propone? Ibarretxe propone que la independencia nos traerá el bienestar completo, tanto físico como moral, porque para los vascos es el único estado posible.
La cuestión es que yo no me siento pertenecer a lo que Ibarretxe entiende como vasco: un pueblo singular de 7.000 años de historia. ¿Qué culpa tengo yo de que mis padres vinieran aquí a ganarse las habitxuelas y luego me llevaran los veranos al pueblo durante toda mi infancia y allí hiciera amigos y de allí guardara recuerdos imborrables?
Los que me dicen que España puaj me están insultando, me están diciendo que todo lo que tenga que ver con España es una kaka. Y yo contra eso me rebelo, porque en eso que se llama España (que es una metáfora, Popota, te pongas como te pongas) guardo yo una parte sustancial de mi identidad.
Y pienso que todos los que tienen un ancestro procedente de eso que llamamos España se tienen que sentir como yo. Porque vamos a ver, la pregunta se puede formular de muchas maneras pero una de ellas es esta: ¿por qué los indígenas nacionalistas catalanes están tan orgullosos de sus ancestros y para ellos Catalunya es la raíz de su identidad y luego los que hemos venido de fuera tenemos que cortar nuestras raíces, renegar de ellas, hacer como que no son lo que son? Los padres de los carreteros y los ridaos de turno son andaluces o castellanos y esos orígenes, son de lo que llamamos España. ¿Por qué renunciar a ellos, si los tenemos a mano? ¿Por qué cortar amarras para quedarnos sólo con nuestro lado vasco o nuestro lado catalán, por qué convertir la identidad compleja de maketos y xarnegos en algo sólo vasco o sólo catalán?
Luego, Parvulesco, podemos hablar de eficacia administrativa y presupuestario-inversora, que es de lo que me estás hablando tú, creo. Y te diré que hay inversiones y planes de gestión que pueden ser más eficaces si se centralizan, del mismo modo que hay inversiones que pueden ser más eficaces si se sigue el criterio de subsidiariedad. Pero si de eficacia se habla, no siempre acercar la fuente de inversión al objeto donde se invierte se convierte en más eficaz, puede resultar lo contrario, que faltando perspectiva las cosas se hagan peor.
Saludos.
A mí lo que más me mola es que otra vez los hechos son contumaces. Aplicando políticas de izquierda se va a conseguir eliminar todo el superávit que podría permitir gastar dinero en política social. O toda esa riqueza que supuestamente ha de ser redistribuida.
Y es que no hay mejor política social y redistributiva que una política económica liberal que no sea de izquierdas.
Normalmente aplicar políticas de izquierdas te lleva a no poder cumplir los objetivos propuestos porque te arruinas antes.
Y si no es así, quiero ejemplos concretos. Y no me vale Suecia, que han visto los errores de su planteamiento y están cambiando de modelo económico.
salu2.
Pedro José:
Me parece muy bien que sueltes aquí todo el corpus doctrinal del nacionalismo étnico. Es tu forma de pensar y mereces respeto. Sí te pediría que no te inventes cosas que no digo, por aquello de posibilitar al menos algún intercambio de argumentos. No he hablado de ninguna gentuza, no quiero echar a nadie, etc. Es como si sale uno y dice “Pedro José dice que se siento maketo o del Betis, pero lo que en realidad quiere el muy malvado aunque se cuide de decirlo es que vuelvan los reyes católicos y justificar el GAL”, lo cual sería un insulto a la inteligencia equiparable a las retorcidas manipulaciones que haces de lo que yo u otros escribimos aquí.
Por lo demás, que defiendas que Ibarretxe está apostando hoy por la independencia es o bien una mentira o bien una muestra de ignorancia.
Por cierto: llamarle metáfora a algo que se lleva un tercio de todo lo que generamos cada año es descacharrante.
Saludos
“Y si no es así, quiero ejemplos concretos. Y no me vale Suecia, que han visto los errores de su planteamiento y están cambiando de modelo económico.”
Ahí es nada. Yo te agradecería, más allá de etiquetar de izquierdistas las propuestas que Solbes se ha copiado de Bush, tres medidas concretas referidas al modelo sueco que hayan cambiado los dos últimos años.
Saludos
álvarez:
yo más.
“España es una unidad nacional ficticia, arbitraria, mantenida a traves de desigualdades y caracterizada por una opresion nacional enmascarada de un cierto autonomismo.”
Catalunya y EuskalHerria son las que han pagado el pato, pagando impuestos para sostener a parasitos españoles y la inutilidad de sus dirigentes.
En mi opinión el tener ancestros en Sant Carles de la Ràpita, en Errenteria, en Almuñécar o en Viveiro no significa nada, pero nada de nada. Aquí no hablamos de derecho de sangre ni de partidas de nacimiento, hablamos de una opción política (el independentismo) que es tan buena o mala como cualquier otra. Pedro José, usted es maketo. Yo soy charnego, de padres gallegos concretamente, de un pueblo al que aún hoy vuelvo cada año y en el que tengo, además de recuerdos de infancia, a la mitad de mi familia directa. Item más, me unen a Andalucía unos vínculos sentimentales muy fuertes, y me siento en Málaga más en casa que en Tarragona, por poner un ejemplo. Dicho todo esto, soy independentista. Mi cariño por España no me impide ver, siendo pragmatico, que el estado actual de las cosas no es el ideal para el lugar en el que vivo (Cataluña). Creo que sobran administraciones. La UE está acaparando cada vez más poder por arriba, y por abajo los ayuntamientos cada vez tendrán más competencias. El estado o la comunidad autónoma van a perder la batalla. y entre esas dos opciones yo prefiero que pierda el estado, que me es más lejano (no sentimentalmente, insisto, sino como poder). El estado tenía sentido cuando era el máximo poder. Una vez ha aparecido otro poder mayor que él se vuelve vacío de contenido para unas cosas y demasiado grande para otras.
De manera que, por favor, descarte el discurso etnicista por que (aún habiendo excepciones) no es el discurso central del independentismo en Cataluña. Discutamos si quiere sobre si este está equivocado o no en sus planteamientos y quizás hasta me convenza, pero no intente convencerme de que soy un racista con un profundo odio a España, porque no lo soy.
Popota: está bien, me has cazado. No las llamemos izquierdistas, llamémoslas keynesianas. No todos los keynesianos son de izquierdas, pero sí todos los de izquierdas -que sepan lo que és ser keynesiano, lo que reduce el nº en un alto porcentaje- suelen ser keynesianos.
Muy bueno lo de “en los últimos 2 años”. Casi cuela. Te resumo unas cuantas medidas, pero anteriores.
Por lo que sé los cambios en el modelo sueco comienzan con los ‘90 (en la primera mitad de los 90 Suecia entró en recesión -merced a su modelo económico, que, permíteme, llamaremos de izquierda-: con el PIB estancado, el paró alcanzó el 13% en 1993, con una crisis fiscal de enorme magnitud hubo una caída de los ingresos tributarios + récord de gasto social, entorno al 70% del PIB), y no hace 2 años; los cambios a los que me refería se basan fundamentalmente en un desmentelamiento del monopolio estatal en múltiples sectores, sustituyendo el monopolio estatal de los servicios públicos por un mercado + libre y mediante una creciente privatización de la gestión de los citados servicios. Como decía un profesor mío de economía (ex-ministro de economía, para más señas): un servicio público es más eficaz y eficiente -y económico- si la sociedad es capaz de darlo, que cuando lo provee el Estado. Además de esto, hay que recordar que en Suecia emprendieron en los ‘50 la senda de la “redistribución social de la riqueza” con unas tasas impositivas tan elevadas que estaban cercanas a lo absurdo, tanto para el indivíduo como para las empresas, con el consiguiente estancamiento económico del país, (porque, gracias a Dios, el ser humano es así: si no me premias por trabajar más/mejor/más productivamente/generar beneficios para otros, pues no lo hago y: o reduzco mi trabajo a la mínima expresión, y paso de generar beneficios a terceros o me voy a otro país donde me valoren más…., con lo cual el castillo de naipes se viene abajo).
Otras medidas: el Gobierno sueco apostó por la capitalización parcial del sistema público de pensiones, lo cual posibilitó, en gran parte, la reducción del abultado déficit del Estado. Aquí se ha aprobado lo mismo en la pasada legislatura -PSOE-, pero mucho me temo que sólo bajo la vigilante mirada de la CNMV, en manos de “los que manden en cada momento”, (y sin otros “entes” vigilantes desvinculados de la política) casi como el Tribunal Constitucional y la Fiscalía General del Estado; me temo que será finalmente utilizado para alterar el precio de las cosas con movimientos especulativos (la inercia que genera el movimiento de capitales tan vastos es capaz de alterar precios) y seguro que alguna gestora amiga de “los que estén en el poder en cada momento” acaba lucrándose y algún partido político financiándose de forma ilegal, como en tiempos no tan lejanos. Si fuese en tu tierra, miel sobre hojuelas, que así acabamos financiando al PSE y a CiU (o a quién mande en cada momento) con cosas tan archiconocidas como el 3% (según lo que yo sé en algunos casos falta un 0 entre el 3 y el %) y luego las obras salen cojonudas. Lo malo es que yo tiendo a deformarlo todo y a esto le llamo básicamente robar al “trabajador por cuenta ajena”.
Además, en los últimos años se ha aplicado una sustancial rebaja de impuestos relacionados con el trabajo.
Con el modelo previo a los 90, la libertad de elección y decisión de los suecos estaba severamente restringida por la coacción estatal, no sólo en lo económico. El estado intervenía en materias privadas, como la familia (Suecia aplicó durante décadas un amplio programa de esterilización selectiva) o la elección de vivienda (con políticas que combinaban las ayudas sociales con unas cargas tributarias elevadísimas) o de escuela para los niños. Sé que algunos nostálgicos del estalinismo, hoy clasificados con carácter general como “de izquierda” o “progres”, suspiran cuando piensan en este tipo de acciones coercitivas del estado, e incluso se provocan cuando piensan en las posibilidades de alterar el raciocinio de los infantes mediante el equivalente docente del condicionamiento de Pavlov que supone la asignatura de educación para la ciudadanía (analizada en el plano abstracto y contemplando posibilidades como que gane un Le Pen las elecciones y le de por enseñar a los niños a reeducar sexualmente a los gays a hostia limpia, for ejemplo, a mí me aterra, pero es que yo, en tanto que racional, no puedo ser clasificado como de izquierdas), para así lograr una cantera de votos que de permitir pensar libremente a los nenes, jamás tendrían. No es mi caso; leí a tiempo “camino de servidumbre”, de von Hayek (premio nobel de economía gracias a las tesis de su libro, que se resumen en una frase: “las políticas de izquierda suelen llevar aparejada la pérdida de libertades individuales”; por cierto, hasta Keynes le felicitó y reconoció la imposibilidad de llevarle la contraria).
Bueno, siento el ladrillazo, pero como ves la economía es un tema recurrente en mis sueños más húmedos (que jamás generan trasvases, pero sí aportaciones puntuales; bastante abundantes, claro está, sin querer pecar de inflacionista en materia de dotación ni entrar en temas de comparación de la “balanza sexual” por comunidades autónomas, que lo mismo mi salchichón de almendralejo es más que tu butifarra. Eso sí, mis albóndigas casi seguro que tienen menor diámetro que tus bulls).
Respecto al resto, creo que el gobierno sí tiene algo de parte de culpa, sobre todo por haberse hecho el sueco, por eso mi referencia anterior, y por su inacción e inanidad.
pedrojose´a lo suyo, ajeno al tema del post como a la realidad
porque no abre usted un blog y deja de spamear en este?
ni que tuviera acciones en una empresa de rueditas de scroll-down de ratones
quin avorriment redéu
“En mi opinión el tener ancestros en Sant Carles de la Ràpita, en Errenteria, en Almuñécar o en Viveiro no significa nada, pero nada de nada. Aquí no hablamos de derecho de sangre ni de partidas de nacimiento, hablamos de una opción política (el independentismo) que es tan buena o mala como cualquier otra.”
A ver Controlcé si decimos algo con fundamento. Porque yo quisiera pensar que las personas humanas (permítaseme el pleonasmo) actuamos no sólo con el corazón, que también, sino que también con alguna razón o fundamento. ¿Tú tienes alguna noción de por qué existen los nacionalismos tanto vasco como catalán? ¿Porque no pensarás que han surgido porque sí de la noche a la mañana, o no? Es como si de repente me dices que te asocias a la mafia calabresa porque, mira tú, te gustan las películas de Scorsese.
Yo tengo que reconocer que estoy menos versado en nacionalismo catalán que en nacionalismo vasco. Soy maketo, como bien dices, y el maketismo es algo que sólo existe porque existe nacionalismo vasco. Y en cuanto a tu charneguidad, que también reconoces, es algo que sólo existe porque hubo quienes consideraron que los charnegos eran menos catalanes que los que ya vivían en Catalunya cuando llegaron los susodichos.
El independentismo de los nacionalismos periféricos sólo tiene sentido porque con ello se permiten el hallazgo sin igual de excluir sibilinamente a los que no piensan como ellos, justamente a la gente como tú y como yo, que tenemos familiares repartidos por toda España y que a partir del momento de la independencia pasaremos a ser extranjeros unos respecto de otros.
Yo estaría de acuerdo contigo si me dijeras que Catalunya y Euskal Herria, como eran estados independientes cuando los inmigrantes llegamos aquí, como si por ejemplo hubiéramos llegado a Estados Unidos o a Alemania, pues ahora seríamos estadounidenses o alemanes y tendríamos familia en España. Todo correcto. Pero no fue así. El independentismo sólo surge a partir de la llegada de los inmigrantes aquí y es la fórmula genial que han encontrado los autóctonos para reivindicar su poder respecto de los que llegaban. Como muchas veces hemos dicho ya, todo esto es un producto o una consecuencia de la invasión, tanto en País Vasco como en Cataluña. No se trata del rescate de un derecho inmemorial, porque ni en País Vasco ni en Cataluña, antes de la llegada de los inmigrantes españoles, había una efusión evidente de independentismo (podía haber habido algún episodio, pero no un movimiento de masas que clamara por ello).
De modo que Controlcé te digo que estoy muy de acuerdo con tu reivindicación familiar y con tu orgullo por ser charnego, el mismo que tengo yo por ser maketo, pero entiendo que tu querencia por el independentismo tiene una pata coja: les estás haciendo el caldo gordo a los que originaron todo este lío: los que te querían excluir desde el principio a ti y a los tuyos del poder en Cataluña para siempre jamás. Sólo te quieren si te sometes a sus principios, y en cambio te tratarán como un invasor si intentas reivindicar tu propia identidad, tu charneguidad.
Porque aquí de lo que se trata, contrariamente a lo que dice Popota, no es reivindicar a los Reyes Católicos o al Gal. Eso que lo reivindiquen los nacionalistas españoles. Aquí de lo que se trata es de reivindicar la identidad de cada uno. La identidad maketa es la mía propia, la de los que vinimos al País Vasco al inicio de la contemporaneidad, procedentes de las más diversas regiones de lo que entonces se llamaba España, y que tuvimos la “suerte” de encontrarnos con unos señores que se llamaban vascos y que tenían muy a gala ser de sangre limpia de moros y judíos. Eso nos tocó en suerte. Desde entonces ya pasamos a ser otra cosa distinta de lo que quedó en nuestros pueblos de procedencia. La identidad maketa es desarraigo y es exclusión. A partir de ahí la mayoría optó por seguir anclada a sus raíces españolas. Una minoría pensó que era mejor convertirse en vascos como sea. Y luego algunos pensamos que lo mejor era ser uno mismo, ni una cosa ni otra. Pero esto último estaba por hacer, esto último era lo difícil, y en esas estamos.
Y al que le moleste, amigo Albert, pues nada, a darle al scroll: créeme que hay cosas peores que esa de tener que darle al scroll.
Saludos para todos.
Específicamente esta para Popota:
mira, no te lo tomes en plan personal el que yo hable de cosas que tú no has dicho, como dices. En la entrada primera yo me refería a Popota y a sus friends y fieles, no a ti en exclusiva. Te ofendes, parece ser, y te tomas como cosa propia el que yo diga que haya gente aquí que me trata como a gentuza, y tú sabes perfectamente que aquí salen comentarios ofensivos hacia mí y no dices absolutamente nada, querido.
Lo único que te he leído decir, a expresa petición mía, ante un tipo embozado que me empezó un día a decir de todo fue algo así como: oye, por favor… en catalán por supuesto.
O sea que luego te pones muy digno y ofendido asumiendo como que son para tí cosas que expresamente no te dirijo. Y luego te haces el orejas cuando el Albert de turno me dice groserías, ¿esas tenemos, no?
Bueno oye, pues tranquilo. Intentaré afinar lo más posible y en ningún caso dejar traslucir que haya algo que te pueda ofender y ante lo que te des por aludido, pero voy a actuar igual de fino cuando haya entradas aquí groseras, maleducadas o absolutamente impresentables y ante las que no dices esta boca es mía (¿quizás porque proceden de amiguitos tuyos?). Este blog no se merece eso, pienso.
Y en cuanto a lo de que Ibarretxe no propugna la independencia, bueno, pues entonces es que Bono no es nacionalista español. Vamos, digo yo.
Pedro José:
Sigo sin entenderte. Por un lado, yo no he hablado de “pureza de sangre” ni nada por el estilo. Por el otro, se supone que, si vivimos en una sociedad democrática, si la mayoría de los catalanes optase por la independencia (vía referéndum, evidentemente) ésta podría proclamarse. Y acepto que, a día de hoy, el independentismo es una opción minoritaria en Catalunya.
Mientras, creo que estamos en nuestro derecho a seguir el juego. No creo que Catalunya ni Euskadi estén sobrerrepresentadas en el parlamento español, simplemente ocupan unos escaños que les otorga la ley electoral actual. La presencia de entre 20 y 30 diputados (de un total de 350) que puedan considerarse nacionalistas periféricos no la veo excesiva. Representan a la gente que les ha votado. La teoría del “chantaje nacionalista” va a decaer en breve, lo digo porque últimamente, los que vendían esa idea, ya están hablando de “acercamientos” a CiU y el PNV, fuerzas de pelaje similar al suyo.
“Porque aquí de lo que se trata, contrariamente a lo que dice Popota, no es reivindicar a los Reyes Católicos o al Gal.”
Pedro José:
Por segunda vez te pido que, si quieres favorecer diálogo alguno, te abstengas de andar manipulando con total desvergüenza lo que dice el resto del personal. Como ya te he dicho, creo que mereces respeto a la hora de desgranar tu defensa del nacionalismo étnico. No se trata de ofender más y menos ni de temas personales, sino de favorecer la comunicación.
Por lo demás, 1) y 2). 1) No estaría de más que te leyeras qué es lo que está proponiendo Ibarretxe, y 2) obviamente eres libre para quejarte todo lo que quieras de la manera como eres tratado aquí.
saludos,
pep
pepito:
Voy pillado y lo dejo para más adelante, pero gracias por el mensaje,
pep
Popota se está poniendo nervioso. El, queridos amigos, no manipula, ni retuerce las frases, es diáfano como el agua, recto como una línea recta. Qué suerte tiene y qué suerte tenemos de haberle conocido.
Dice que Ibarretxe no es independentista, por ejemplo. Que lo que el lehendakari agonizante que tenemos propugna no es la independencia, quizás sea, más bien, la libre expresión del pueblo vasco, ese ente siete veces milenario que navega en la historia como la nave Enterprise, sorteando todas las calamidades (léase España) que le salen al paso. Bueno, pues nada. Que no es independentista el Lehendakari, que no. Lo suyo es la libre asociación con España, si acaso. Vale Popota. Tienes razón. Hala.
Ahora parece que se ha tenido que ir a algún sitio, que va pillado. Aunque le ha dado tiempo a dejarme un aviso: “por segunda vez te pido…”
En fin. Ya volverá. Lluis:
Tú consideras que la distinción entre charnegos y autóctonos es algo interesado, algo que a mí especialmente me gustaría ver reflejado como fuera para así tener de qué hablar, como dice Parvulesco, o algo sin importancia, como dice Controlcé. Es algo que está ahí pero no tiene influencia política hoy en día. O no debería tenerla.
A ver. A mí me parece fenomenal que el señor José Montilla sea el President de Catalunya. Pero te voy a decir que hay muchos catalanes de supuesto pedigrí inmaculado, léase Marta Ferrussola y sus friends, que también los tiene y sospecho que muchos, a los que les escuece mucho que esté ese señor en la Generalitat.
Son cosas que no se dicen expresamente, pero que de vez en cuando salen y provocan mucho revuelo. En resumidas cuentas, son cosas que están ahí. A los catalanes nacionalistas no hay quien les quite de la cabeza que Catalunya es suya. ¿Es que si no qué sentido tiene ser nacionalista? Un nacionalista, si en el fondo no piensa así ¿qué es? Es un absurdo, no existiría. Es como cuando Controlcé no ve nada de malo en ser independentista, y no lo relaciona ni con la historia, ni con la esencia de los partidos nacionalistas. Es como tener que empezar a hablar desde Adán y Eva, a ver si nos ponemos de acuerdo en algo.
Tú crees que el problema de Catalunya es sólo que España es un mal negocio para Catalunya. Y cuando dices esto lo dices con toda la naturalidad del mundo. Bueno, pues yo creo que diciendo esto ofendes a mucha gente que vive en Cataluña y que se considera tan catalán como español, o quizás esto más que aquello. Y que viven en Cataluña y trabajan en Cataluña, que se consideran catalanes como el que más y a la vez también españoles. ¿Es esto posible, según tú?
Saludos. Y ahora que Popota no nos oye: ¿creo que estoy dando muestras continuas de querer dialogar, no? Otra cosa es que mis capacidades no me den para dialogar de manera limpia, diáfana y sin ningún tipo de mal interpretación por mi parte, condiciones reservadas sólo a algunos pocos elegidos. Es lo que tiene no pertenecer a la gente normal. Pero no por eso vamos a quedarnos en los márgenes de la sociedad, mientras otros se mantienen en la élite de la convivencia ciudadana y de los modales exquisitos.
Como soy un elegido, te dire, PJ, que tus palabras son provocadoras, incendiarias, encierran afan de hacer daño, etc.
Me extraña que no estes preocupado en otros asuntos privados tuyos, si los tuvieras, y si no en meditar y reflexionar el porqué de no tenerlos.
Tu, entre perla y perla, lo que haces es soltar chorradas sobre la mafia calabresa y cosas por el estilo, lo que denota que el asunto que tratas te importa un comino, y lo que te va es joder por joder.
Pues bien. No aportas absolutamente nada a debate alguno, y no digamos ya a busqueda de solucion alguna.
Me recuerdas a esos tipos que no saben y no pueden llegar al poder si no es a base de repetir mentiras ( Ibarretxe es muy malo, los catalanes son muy malos, los gays son muy malos). Si, los mismos tipos que se negaron a intentar acabar con ETA.
Por cierto, los vascos no tienen a gala su limpieza de sangre como dices, lo que tienen siempre en la punta de los dedos y de la lengua es la hospitalidad, nobleza y la lealtad. Cosas que, evidentemente, tu al ser un simple y llano maketo, tu no tienes.
Por qué no me especificas un poco más, pompompom, qué es lo que quieres decir, a lo mejor llegamos a un acuerdo:
1.- A quién quiero yo hacer daño, según tú, y por qué. Y en el mismo sentido, por qué, según tú, voy a joder por joder.
2.- Si tengo un tema que me interesa y que hablo sobre él, el nacionalismo étnico, como dice Popota, pues bien, qué problema hay: ¿cuál es tu tema, si es que tienes alguno, o tus temas? ¿Qué problema tienes en que tenga este tema y no tenga otros, cada uno puede tener los temas o el tema que quiera, o me vas a decir tú a mí los temas o el tema que me tienen que preocupar?
3. Creo que no he utilizado contra nadie la palabra “malo”. Y creo, además, que he utilizado argumentos para referirme a actuaciones de determinados individuos, sean Ibarretxe o el que sea.
4. Por una vez estoy de acuerdo contigo: los vascos sois así, estáis investidos de una gracia especial, nobleza, hospitalidad y lealtad. Yo soy el maketo y evidentemente soy tu contraimagen. Menos mal. Gracias por la definición, lo has dicho perfecto.
Saludos pompompom, y no te lo tomes tan a pecho, que luego esos cabreos revierten en la salud.
Pepito71:
- La crisis sueca comienza por causas macroeconómicas externas, no por causas microeconómicas internas, no por los altos impuestos. Te recomiendo un número de Economic Journal de 1996 donde hay una discusión sobre el tema.
- A principios de los 90 la coalición liberal-conservadora gana las elecciones. Los tipos marginales sobre el trabajo, que eran altísimos, se reducen drásticamente. Se suben los impuestos indirectos, pero no compensa la caída de ingresos. El resultado es un enorme déficit público, resultado del recorte drástico del impuesto sobre la renta, que además, acontece en medio de una recesión.
- La reforma fiscal no tiene los efectos sobre la oferta de trabajo que se preveían. La oferta de trabajo resulta ser mucho más rígida. También es cierto que contrariamente a lo que se dice, la reforma fiscal tampoco afecto significativamente a la distribución del ingreso.
- Cierto es que se introdujo libertad de elección en algunos ámbitos, especialmente en educación. También es cierto que, como en otros países nórdicos, la provisión de servicios sigue siendo mayoritariamente pública. En relación con el efecto de los vouchers o bonos educativos, los efectos de la reforma fueron pequeños, en uno u otro sentido. Ni fomentó extraordinariamente la eficiencia o la competencia entre escuelas ni creo guetos o problemas de discriminaciones.
- De lo del sistema de pensiones sé un poco más. La reforma consiste en mantener como base del sistema un sistema público de reparto, donde la pensión depende de tus cotizaciones acumuladas y actualizadas al crecimiento de los salarios. “Simula” que es un sistema de capitalización, pero es gestionado por el Estado y las cotizaciones no se acumulan, se utilizan para pagar las pensiones. Este sistema se suele llamar de cuentas nocionales o ficticias. Una pequeña parte, 2.5%, del salario se acumula en cuentas de capitalización privadas. La parte correspondiente al sistema público son 16% del salario. Una cuestión importante es que una reforma de este tipo no reduce el déficit público ni refuerza las finanzas estatales de modo alguno. Esto es debido a que el estado recauda menos cotizaciones (parte va a fondos de capitalización) y tiene que seguir pagando las mismas pensiones por el sistema antiguo a aquellos jubilados que ya las cobraban (y normalmente los trabajadores de más de x años no se ven afectados por las reformas). De modo que, a corto y medio plazo, supone un problema presupuestario. Por eso en la mayor parte de los países desarrollados, entre otros motivos, no se han llevado a cabo grandes reformas privatizadoras de las pensiones (véase Estados Unidos y su sistema público). Suecia pudo hacer frente a esta mini-reforma sin problema porque tenía y tiene un fondo de reserva estatal equivalente al 35% del PIB por aquel entonces (resultado de los años de Palme donde había un fondo de salarios que manejaban los sindicatos).
- Un elemento completamente relevante en el sistema sueco de pensiones (común en el resto de países nórdicos) es que existe una pensión mínima garantizada y no contributiva de 700 euros, se haya cotizado o no (eso abarca, amas de casa, etc, sólo está sujeta a requisitos de residencia).
Una visión absolutamente pro-reformas y que interpreta los pequeños cambios en el estado de bienestar sueco como un giro de 180 grados en clave liberal la puedes encontrar en Mauricio Rojas, un economista chileno exiliado nacionalizado sueco que pertenecía al MIR (la oposición por la izquierda del gobierno de Allende) y que ahora pertenece al partido conservador y escribe libros para un Think tank sueco de la derecha (Timbro creo que se llama). Puedes encontrar los libros de Rojas en Internet en PDF y descargarlos gratis. Es habitual invitado de FAES.
Un saludo,
Nacho
Por su interés:
http://nomada.blogs.com/jfreire/2005/10/ms_sobre_el_mod.html
16/10/05
Más sobre el modelo liberal sueco
Lorenzo Abadía ha escrito sobre el liberalismo sueco a raíz del artículo que Mario Vargas Llosa publicó en El País el 7 de Agosto (Hacerse el sueco; enlaces de acceso libre al artículo completo aquí y aquí). Su lectura me ha recordado el comentario que yo hice sobre el mismo tema (El lado deesconocido del modelo sueco) y el pequeño debate que se suscitó alrededor de la figura de Mauricio Rojas, el exiliado chileno, miembro del think tank liberal sueco Timbro y actualmente parlamentario liberal que ha publicado recientemente el libro Suecia después del modelo sueco (versión pdf completa en castellano). La figura de Rojas y este libro fueron el origen del artículo de Vargas Llosa.
Además del buen comentario de Lorenzo Abadía, yo recomendaría algunas otras fuentes de información para hacernos idea completa del debate y las posturas y razones de cada cual. Así por ejemplo, El Diario Exterior ha publicado un buen y largo artículo sobre el trabajo de Mauricio Rojas y el modelo sueco.
El artículo de Vargas Llosa tuvo su consecuencia en forma de intercambio de cartas al director en las propias páginas de El País. El 10 de Agosto Vicenç Navarro, especialista en políticas públicas de la Universidad Pompeu Fabra, publicó una carta Sobre Suecia (acceso para suscriptores) donde rebatía los planteamientos de Mauricio Rojas y lo desautorizaba como conocedor de la realidad sociopolítica y económica sueca. Para Navarro Suecia está muy lejos de un modelo liberal y, en todo caso, su desarrollo socioeconómico es previo a las políticas de apertura económica más recientes.
Una semana después, 17 de Agosto, responde Mauricio Rojas en las mismas páginas de El País (el texto completo y de acceso abierto puede consultarse aquí). Rojas duda de la Suecia que dice conocer Navarro y se reafirma en las conclusiones de su libro y del artículo de Vargas Llosa. Fernando Peregrín publicó ese mismo día un comentario (incluyendo el texto de la carta de Mauricio Rojas) en el blog de Arcadi Espada, y esta valoración irónica de Navarro no tiene desperdicio:
El profesor Vicenç Navarro tiene una portentosa y extraña cualidad– la cual comparte con alguno que otro impostor intelectual que se asoma regularmente por las páginas de los diarios españoles, como Manuel Catells — que consiste en su incapacidad para escribir algo que no esté equivocado.
Navarro niega que Suecia se haya orientado hacia un modelo liberal y lo hace desde la estadística y las ciencias sociales. En Rebelión apareció una visión diferente (desde la ideología antiglobalización y anticapitalista) pero también crítica con Mauricio Rojas y el artículo de Vargas Llosa. Al contrario que Navarro, en Rebelión si acusan a Suecia de haber abrazado el neoliberalismo y a este factor achacan la pérdida de su bienestar social. Por supuesto también atacan a Mauirico Rojas por cometer un pecado “capital”: defender el capitalismo.
Dos curiosidades que deberían llevar a la reflexión. Primero, tanto Mario Vargas Llosa como Mauricio Rojas fueron exiliados de las dictadura peruana y chilena, pero su defensa de la libertad y la democracia no parecen ser suficientes para “perdonarles” su pecado liberal. Segundo, los textos de ambos están disponibles en acceso abierto y gratuito gracias a diferentes organizaciones y blogs “liberales”; la carta de Navarro sólo la he podido localizar en el sitio del periódico y se puede leer sólo tras un “desembolso de capital”.
ACTUALIZACIÓN: un comentario a este post nos informa que la carta de Vicenç Navarro se puede leer completa (y en acceso abierto :) en el blog Por un nuevo socialismo. Gracias, hora se puede seguir la historia completa de primera mano.
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TRIBUNA: MARIO VARGAS LLOSA
Hacerse el sueco
MARIO VARGAS LLOSA 07/08/2005
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Como muchos de sus compatriotas chilenos, al establecerse la dictadura de Pinochet en su país Mauricio Rojas partió al exilio y obtuvo refugio en Suecia. Pero, a diferencia de otros exiliados, que permanecen en esta condición -física y mental- hasta que pueden reintegrarse a sus países, él decidió integrarse a la sociedad que le había abierto las puertas. Lo consiguió, me figuro que al cabo de enormes esfuerzos. Aprendió sueco, se doctoró en Historia Económica en la Universidad de Lund, donde ha enseñado en la Facultad de Ciencias Sociales. Ha sido presidente del think tank Timbro, creado para defender la economía de mercado y propiciar la reforma del Estado de bienestar y, desde septiembre de 2002, es diputado en el Parlamento sueco por el Partido Liberal. Allí se ha especializado en políticas de inmigración y desarrollo y es autor de un ambicioso proyecto para la abolición de la política agrícola de la Unión Europea, que propone la apertura irrestricta de los mercados europeos y la abolición de todos los subsidios a los productos agrícolas y agroindustriales, medida que de adoptarse favorecería al África y al Tercer Mundo en general más que todas las condonaciones de deuda prometidas.
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Su compromiso con su país de adopción no ha apartado a Mauricio Rojas de América Latina, por lo menos en el campo intelectual. Varios de sus ensayos -escribe en sueco y en español- se proponen informar a los suecos sobre la verdadera realidad de los países del nuevo continente y uno de ellos, que yo he leído en traducción, Historia de la crisis argentina (2003), es una excelente brújula para orientarse en la laberíntica historia del peronismo. Y, a la vez, se ha dado tiempo para abrir los ojos a los lectores de todo el mundo hispánico sobre la situación actual de Suecia, un país en el que, según Rojas, se vive desde hace algunos años una auténtica revolución, tan trascendente como discreta, es decir, muy a lo sueco.
“Hacerse el sueco” es una expresión equivalente a hacerse el desentendido, fingir no ver o enterarse de algo para evitarse una incomodidad, un esfuerzo para pasar desapercibido por razones de timidez, discreción, modestia o mera frescura. El reciente libro de Rojas, Suecia después del modelo sueco (2005), describe con claridad y precisión cómo sus nuevos compatriotas han ido, aproximadamente desde 1991, cuando Suecia vivía una crisis económica sin precedentes, desmontando “la última utopía” de la izquierda intervencionista y estatizante que, con el desplome de la URSS, “se quedó con las manos vacías”.
La profunda reforma del Estado benefactor la inició el Gobierno conservador de Carl Bildt (1991-1994), pero la socialdemocracia, al recuperar el poder, no abolió ninguna de las reformas y más bien las profundizó. Un aspecto particularmente interesante de este proceso es que la juventud de los socialistas democráticos fue una verdadera punta de lanza de esta transformación, propiciando una campaña en torno a la idea del “poder propio”, es decir, la democratización del Estado benefactor transfiriendo a los ciudadanos un derecho de elección sobre una serie de actividades y funciones que el Estado les había confiscado.
¿Cuántos de los lectores de este artículo sabían que en Suecia funciona desde hace años y con absoluto éxito el sistema de vouchers o cheque escolar promocionado desde hace tantos años por Milton Friedman para estimular la competencia entre colegios y escuelas y permitir a los padres de familia una mayor libertad de elección de los planteles donde quieren educar a sus hijos? Yo, por lo menos, lo ignoraba. Antes, en Suecia, uno “pertenecía” obligatoriamente a la escuela o el hospital de su barrio. Ahora, decide libremente dónde quiere educarse o curarse, si en instituciones públicas o privadas -con o sin fines de lucro- y el Estado se limita a proporcionarle el voucher con que pagará por aquellos servicios. La multiplicación de colegios y hospitales privados no ha empobrecido a las instituciones públicas; por el contrario, la competencia a que ahora se ven sometidas las ha dinamizado, ha sido un incentivo para su modernización. El sistema de vouchers se ha extendido y, ahora, muchas municipalidades se valen de él en los servicios que prestan a ancianos y jubilados quienes de este modo pueden ejercer la “soberanía del consumidor” acudiendo en busca de aquellas prestaciones a las diferentes empresas que compiten por prestárselas.
¿Cuántos de mis lectores sabían que los trabajadores suecos ya han conquistado el derecho de disponer libremente de parte de sus ahorros para la jubilación colocando estas sumas en una gran variedad de fondos alternativos? Es decir, aquella reforma de los fondos de pensiones que se inició en Chile, que ahora trata desesperadamente -y con muy poco éxito por lo demás- de imponer la Administración Bush en los Estados Unidos, es ya una realidad en Suecia desde fines de los años noventa. Con razón dice Mauricio Rojas que “esto ha convertido a los suecos en uno de los pueblos más capitalistas de la tierra, creando un interés inusitado por los vaivenes de la bolsa de valores” ¿Por qué “inusitado”? Por el contrario: es lo más lógico que los ciudadanos empiecen a preocuparse día a día con el destino de sus ahorros para la jubilación ahora que ellos mismos pueden decidir, parcialmente al menos, dónde y en qué condiciones se invierten. Cuando es Big Brother el que decide al respecto, claro, al impotente ciudadano no le queda más remedio que cerrar los ojos y encomendarse a la Virgen de Lourdes (o a cualquier otra).
Las reformas han desmantelado una serie de monopolios estatales, privatizando total o parcialmente numerosas empresas en el área de telecomunicaciones, transportes urbanos, infraestructura y producción de energía y mediante la desregulación de otros campos donde, en la actualidad, las empresas públicas se ven forzadas a competir con las privadas en condiciones más o menos equitativas. Todo lo cual, dice Mauricio Rojas, ha ido convirtiendo “a Suecia en una sociedad de bienestar mucho más humana y libre, donde una multiplicidad de actores tanto públicos como privados participan como productores y donde el consumidor ha logrado una libertad de elección cada vez más amplia”.
El Estado benefactor sueco se inicia con la hegemonía socialdemócrata en la vida política del país en 1932 y durante casi sesenta años funciona de manera admirable, con muy esporádicos altibajos, garantizando a la sociedad sueca unos altísimos niveles de vida, una gran cohesión social, unas diferencias de ingreso entre la cúspide y la base absolutamente razonables, libertades públicas garantizadas y un envidiable desarrollo económico? ¿A qué se debió este “milagro”? ¿Por qué en Suecia funcionó de manera tan eficaz un sistema que en todos los otros países donde se implantó -sobre todo en los países en vías en desarrollo- funcionó sólo a medias, o mal, y entró rápidamente en crisis?
Mauricio Rojas lo explica muy bien. El sistema funcionó en Suecia porque allí la bonanza económica precedió a la asunción por el Estado de todas las responsabilidades de protección social, y porque el intervencionismo estatal, ecuménico en lo relativo a la prestación de servicios sociales-educación, salud, jubilación, protección a la vejez- tuvo un límite que nunca traspasó: el de la creación de la riqueza, donde la empresa privada gozó de un amplísimo margen de libertad para ejercer todas las iniciativas y desarrollar toda su creatividad, regulada sólo por las reglas del mercado. Lo cual da una tardía justificación a una tesis de Marx que sus discípulos luego olvidaron: el socialismo será la última etapa del capitalismo, no la primera. En países pobres y preindustriales el socialismo fracasa irremisiblemente porque no hay riqueza que repartir, sólo más pobreza. Y el estatismo y el colectivismo jamás han sido capaces de desarrollar y modernizar un país.
El reparto de funciones -Estado benefactor de servicios y empresa privada creadora de riqueza- fue posible en Suecia gracias a vastos consensos que, desde los años treinta, pusieron de acuerdo a trabajadores y empresarios en respetarlo e impulsarlo, lo que dio a la vida industrial sueca una estabilidad infrecuente en el contexto europeo y un empuje poderoso. Pero, acaso, más importante todavía fue la confianza en las instituciones públicas, en los gobernantes y en el propio sistema así erigido, por parte de la ciudadanía. Ese convencimiento íntimo de que aquella organización de la sociedad era la que convenía y de que quienes la administraban lo hacían con eficiencia y honradez es lo que permitió que el sistema se afianzara y que, por ejemplo, los suecos aceptaran dócilmente pagar los más elevados impuestos del mundo. ¿Acaso ese sacrificio no tenía extraordinarias compensaciones?
El sistema comenzó a resquebrajarse con la globalización, cuando Suecia se vio inmersa, como todos los países, en un tejido incontrolable de relaciones y dependencias que podían afectar a cada paso su sistema económico, y que, por ejemplo en los años noventa, le contagiaron una crisis que fue un verdadero terremoto económico para el país. En estas condiciones, sin la riqueza necesaria para financiarlo, el Estado benefactor pasó a ser poco menos que un elefante blanco. Y, en vez de la garantía de la justicia social, la fuente de innumerables problemas. ¿Elevar todavía más los impuestos? Imposible. ¿Reducir las prestaciones sociales? Intolerable para una sociedad acostumbrada por seis generaciones a recibirlas. Ése es el contexto que explica lo audaz de las reformas emprendidas para “democratizar” al Estado benefactor sueco y agilizarlo y dinamizarlo recurriendo a mecanismos de desestatización y de mercado. Tiene mucho mérito, sin duda, que ello haya sido posible sin aquellos traumas y cataclismos sociales que inmediatamente estallan en los países desarrollados, como Francia y Alemania, que, agobiados por sistemas de protección social generosos pero infinanciables, tratan de modernizarlos para hacerlos viables. Nunca lo consiguen. Porque en esas sociedades no existe aquella confianza en las instituciones y en los gobernantes que permite aquellos amplios consensos sin los cuales es quimérico una transformación tan radical como debe serlo aquella que se proponga hacer viable, en este momento de la historia, un sistema de prestaciones sociales al que la mera inercia demográfica vuelve cada día más oneroso e incompatible con el desarrollo económico.
Mauricio Rojas, en los capítulos finales de su libro, se interroga sobre los grandes dilemas del futuro para Suecia. Son los mismos para todas las sociedades europeas de alto desarrollo. En éstas, al igual que en aquélla, cada día habrá una población “pasiva” más numerosa a la que una población “activa” cada día más pequeña deberá mantener. ¿Cómo conseguirlo, a la vez que se preservan las libertades de la cultura democrática, se mantiene el crecimiento económico, se ganan nuevos territorios del conocimiento científico y tecnológico y se responde con eficacia a las amenazas del terror? Hay muchas respuestas a estos interrogantes y algunas contradictorias. Pero hay una que no tiene alternativa: es fundamental una política que promueva la inmigración, sin la cual ni Suecia ni país europeo desarrollado alguno está en condiciones de mantener sus actuales índices de producción. Desde luego, la inmigración, si no es fomentada con inteligencia y de acuerdo a un plan funcional puede ser, no la ayuda indispensable que significa en este último caso, sino el origen de fracturas sociales, de violencia y de inestabilidad.
Éste es un tema que ningún país europeo ha sido capaz todavía de resolver. Tampoco Suecia. En una charla privada a un grupo de amigos, Mauricio Rojas nos explicó la sorpresa y el choque emocional que había sido para muchos suecos descubrir hace algunos años que en esa sociedad modélica había unos bolsones de pobreza y marginación de inmigrantes que hasta entonces habían permanecido poco menos que invisibles para el grueso de la opinión pública. Y, también, el desconcierto de muchos de sus colegas en el Parlamento sueco, cuando dos diputados “inmigrantes”, él y una sueca de origen africano, defendieron la tesis de que se estableciera la obligatoriedad de aprender sueco para aquellos inmigrantes que pedían la nacionalidad. ¿La razón? Que mientras no se integre cultural y cívicamente al país de adopción, el inmigrante será inevitablemente un excluido, propenso a ser explotado y abusado, y a adoptar actitudes hostiles y beligerantes contra una sociedad que siente ajena. Según él el multiculturalismo no funciona, es incompatible con una política de inmigración eficaz, y ejemplo de ello son los casos de los portadores de bombas que produjeron las matanzas de Madrid y de Londres.
Durante varias décadas el Estado benefactor sueco fue un modelo para una muy variada colección de políticos de todo el mundo. Fue un ejemplo que nadie pudo seguir, porque ningún país fue capaz de construirlo sobre el tipo de consensos sociales que consiguieron los suecos. Pero, a raíz de lo que ha venido ocurriendo con él, todo indica que aquel modelo no era todo lo eficiente e invulnerable que parecía. Por el contrario, es lo que están haciendo ahora en Suecia con su Estado benefactor lo que debería servir de ejemplo a los países prósperos o pobres que no quieren quedarse demasiado rezagados en esa carrera desalada y confusa en que anda metido el mundo en que vivimos.
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El lado desconocido del modelo sueco
Mario Vargas Llosa, en su artículo Hacerse el sueco publicado en El País, utiliza el trabajo e ideas del exiliado chileno, historiador y parlamentario liberal sueco Mauricio Rojas para revisar el modelo sueco de crecimiento económico y bienestar social. El artículo merece ser leído con detenimiento para descubrir tanto la historia vital e intelectual de Rojas como un análisis “diferente” del caso sueco.
Sobre Mauricio Rojas:
Como muchos de sus compatriotas chilenos, al establecerse la dictadura de Pinochet en su país Mauricio Rojas partió al exilio y obtuvo refugio en Suecia. Pero, a diferencia de otros exiliados, que permanecen en esta condición -física y mental- hasta que pueden reintegrarse a sus países, él decidió integrarse a la sociedad que le había abierto las puertas. Lo consiguió, me figuro que al cabo de enormes esfuerzos. Aprendió sueco, se doctoró en Historia Económica en la Universidad de Lund, donde ha enseñado en la Facultad de Ciencias Sociales. Ha sido presidente del think tank Timbro, creado para defender la economía de mercado y propiciar la reforma del Estado de bienestar y, desde septiembre de 2002, es diputado en el Parlamento sueco por el Partido Liberal. Allí se ha especializado en políticas de inmigración y desarrollo y es autor de un ambicioso proyecto para la abolición de la política agrícola de la Unión Europea, que propone la apertura irrestricta de los mercados europeos y la abolición de todos los subsidios a los productos agrícolas y agroindustriales, medida que de adoptarse favorecería al África y al Tercer Mundo en general más que todas las condonaciones de deuda prometidas.
Con respecto al modelo sueco, Vargas Llosa hace referencia al último libro de Rojas (Suecia después del modelo sueco), donde se ponen de manisfiesto una serie de características poco conocidas del sistema de bienestar social que fueron claves para superar la crisis de los 90:
¿Cuántos de los lectores de este artículo sabían que en Suecia funciona desde hace años y con absoluto éxito el sistema de vouchers o cheque escolar promocionado desde hace tantos años por Milton Friedman para estimular la competencia entre colegios y escuelas y permitir a los padres de familia una mayor libertad de elección de los planteles donde quieren educar a sus hijos?
¿Cuántos de mis lectores sabían que los trabajadores suecos ya han conquistado el derecho de disponer libremente de parte de sus ahorros para la jubilación colocando estas sumas en una gran variedad de fondos alternativos?
Las reformas han desmantelado una serie de monopolios estatales, privatizando total o parcialmente numerosas empresas en el área de telecomunicaciones, transportes urbanos, infraestructura y producción de energía y mediante la desregulación de otros campos donde, en la actualidad, las empresas públicas se ven forzadas a competir con las privadas en condiciones más o menos equitativas. Todo lo cual, dice Mauricio Rojas, ha ido convirtiendo “a Suecia en una sociedad de bienestar mucho más humana y libre, donde una multiplicidad de actores tanto públicos como privados participan como productores y donde el consumidor ha logrado una libertad de elección cada vez más amplia”.
Seguro que además de Vargas Llosa, la inmensa mayoría de la población (incluyendo muchos de los defensores del sistema nórdico) desconocían estos aspectos del esatdo de bienestar sueco.
Aún así, se argumenta muchas veces que, en cualquier caso, el estado de bienestar socialdemócrata clásico funcionó en Suecia durante décadas y permitió un gran crecimiento económico. Esto es cierto, pero parece más discutible la relación causa-efecto (el estado de bienestar fue posible por el crecimiento, pero no promovió el crecimiento):
El sistema funcionó en Suecia porque allí la bonanza económica precedió a la asunción por el Estado de todas las responsabilidades de protección social, y porque el intervencionismo estatal, ecuménico en lo relativo a la prestación de servicios sociales-educación, salud, jubilación, protección a la vejez- tuvo un límite que nunca traspasó: el de la creación de la riqueza, donde la empresa privada gozó de un amplísimo margen de libertad para ejercer todas las iniciativas y desarrollar toda su creatividad, regulada sólo por las reglas del mercado. Lo cual da una tardía justificación a una tesis de Marx que sus discípulos luego olvidaron: el socialismo será la última etapa del capitalismo, no la primera. En países pobres y preindustriales el socialismo fracasa irremisiblemente porque no hay riqueza que repartir, sólo más pobreza. Y el estatismo y el colectivismo jamás han sido capaces de desarrollar y modernizar un país.
En resumen, hagámonos los suecos, pero de verdad, y en dos sentidos: 1) no hagamos oídos sordos a la realidad del sistema escandinavo, y 2) apliquemos la receta completa si realmente creemos en su sistema.
El sitio del think-tank Timbro y el blog de Johan Norberg son buenos lugares para conocer esta perspectiva del modelo sueco y más detalles del trabajo de Mauricio Rojas.
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Perfil del político chileno radicado en Suecia que revisa los mitos sobre aquel país
Mauricio Rojas y el fin del modelo sueco
El llamado “modelo escandinavo” de Estado de bienestar era idealizado por países de América latina castigados por recurrentes crisis económicas y profundas desigualdades. Pero como lo atestigua la obra de Mauricio Rojas, Suecia mira al futuro pensando como una auténtica sociedad abierta y apostando por la descentralización de la administración pública, la privatización de las empresas estatales y la libre competencia en el sector privado.
Diarioexterior.com 21 de agosto de 2005 00:00
El primer ministro sueco, el socialdemócrata Göran Persson, anunció esta semana que estudia su retirada política después de una década al frente del Gobierno. Aunque el propio interesado aplazó su decisión a la celebración del congreso del Partido Socialdemócrata a fines del próximo octubre en Malmoe, el mero hecho de hacer pública su reflexión ha puesto de manifiesto no sólo el fuerte desgaste político sufrido por su Gobierno en los últimos meses, sino también, según algunos analistas, el agotamiento del modelo de bienestar sueco en un mundo cada vez más globalizado.
El fin del modelo sueco de bienestar que durante décadas fuera el paradigma a seguir por las izquierda no comunista parece finiquitado desde largo tiempo atrás. Fue para muchos el modelo de sociedad para seguir, con sus promesas de igualdad, pleno empleo y grandes beneficios sociales. El llamado “modelo escandinavo” de Estado de bienestar era idealizado por países de América latina castigados por recurrentes crisis económicas y profundas desigualdades. Pero como lo atestigua la obra de Mauricio Rojas, Suecia después del modelo sueco (Cadal, 2005), Suecia mira al futuro pensando como una auténtica sociedad abierta y apostando, incluso como veremos de manera radical como en el caso de la educación, por la descentralización de la administración pública, la privatización de las empresas estatales y la libre competencia en el sector privado.
La agonía del modelo sueco
Como señaló en un trabajo pionero el fallecido analista sueco Eric Brodin, en Suecia el 60% del salario de un obrero industrial se le era retenido compulsivamente. El impuesto al valor agregado era el más alto del mundo (23%) y la progresividad en el impuesto bloqueaba la movilidad social, al tiempo que, al afectar las tasas de capitalización, hacia que los salarios e ingresos en términos reales disminuyeran. Como también apuntó Brodin en un meduloso trabajo publicado en The Freeman, la economía subterránea se hizo cada vez más vigorosa y necesaria debido a los embates fiscales a la producción.
El economista sueco Sven Rydentfelt, como muchos otros economistas, calcularon que la tasa de paro real en Suecia llegó al alcanzar en tiempos socialistas entre cuatro y cinco veces superior a la cifra oficial (en torno al 5% hoy en día) si se tiene en cuenta el paro encubierto mediante empleos fantasma y artificiales contabilizados por el Estado. La cuarta parte de las pequeñas y medianas empresas desparecieron en una década. En el sistema médico estatizado, impersonal e inhumano, para una cirugía no urgente de vesícula biliar había que esperar 3 años por término medio. Por ese motivo, el Premio Nobel Gunnar Myrdal, ideólogo del modelo sueco y patrocinador de la socialización de la medicina, haya decidido pasar a mejor vida en un hospital privado de Estocolmo…
En el gran mural grisáceo del paraíso social, la criminalidad subía en flecha: en Estocolmo: en 1980, uno de cada diez profesores fue agredido o gravemente amenazado en la escuela. Una tercera parte de las muertes de jóvenes entre 20 y 25 años era debida al suicidio.
Rojas deconstruye al modelo sueco
Mauricio Rojas propone en este pequeño libro “una contribución a la resistencia necesaria contra el oscurantismo y los sentimientos destructivos que siembran los profetas de la desventura, que, de llegar a ser creídos (…), pueden llevarnos a un mundo cada vez más dividido, cerrado, plagado de conflictos y de miseria, tanto material como intelectual”.
Nacido en Chile en 1950, miembro del Parlamento sueco por el Partido Liberal (FP), autor de una docena de libros - entre otros Auge y caída del modelo sueco (1998), Allende el Estado de bienestar, Suecia y la búsqueda de un modelo de bienestar post-industrial (2001), Historia de la crisis argentina (2003)- y miembro del parlamento de Suecia y Profesor Adjunto de Historia Económica de la Universidad de Lund nos ha contado cómo Suecia ha dejado atrás su pasado socialista.
Hace ya más de una decena de años que Suecia está abocada a una búsqueda profunda y prometedora de una alternativa a su viejo Estado benefactor, en la cual el Estado todavía cumple un rol importante pero sin excluir a una diversidad de actores sociales y económicos que, en su conjunto, puedan crear una sociedad del bienestar que le otorgue a los ciudadanos una sólida base de igualdad y seguridad social combinada con una real libertad de elección.
Joakim Palme, director del Instituto de Estudios Prospectivos de Estocolmo coincide con Rojas en el diagnóstico: “El principio relativo a la pérdida de ingresos -tanto en la seguridad social tradicional como en los seguros de desempleo- se fue minando debido a que un número creciente de personas percibía ingresos que excedían del límite de ingresos generadores de prestaciones. El seguro ordinario de desempleo no siguió el modelo universal, sino el basado en subvenciones estatales optativas. Los servicios de atención a la infancia habían crecido en la década de los 80, pero su cobertura era desigual en los diferentes municipios del país y en los diferentes estratos de la sociedad. Al mismo tiempo se habían adoptado medidas de austeridad en la atención a los ancianos. Los servicios de salud se enfrentaban a las colas de espera por intervenciones quirúrgicas, y a la dificultad de consecución de personal en una época en que el desempleo general se disparó hasta alcanzar índices sin precedente, a fines del decenio. Es, como vemos, un mito eso de que el modelo sueco de política social ha sido perfecto en alguna época”.
Para Rojas el año clave es la toma de poder por parte de Carl Bildt: “El proceso de desmantelamiento del Estado benefactor maximalista y la transformación de Suecia en una sociedad del bienestar fue iniciada por el gobierno Carl Bildt (1991-94) en medio de un desplome económico casi sin precedentes. Su corto gobierno fue señero en muchos aspectos, pero los cambios así iniciados no hubiesen sido sino un pequeño paréntesis histórico de no responder a problemas profundos de la sociedad sueca. Esto fue lo que claramente se pudo constatar cuando la socialdemocracia volvió al poder en septiembre de 1994. Prácticamente ninguna de las reformas importantes introducidas durante los años anteriores fue revertida, y algunas de ellas fueron incluso profundizadas por una socialdemocracia que había madurado durante los años en la oposición dejando tras de sí el dogmatismo socializante de la época de Olof Palme”.
La revolución sueca ha llegado incluso a aplicar la solución liberal de Milton Friedman en el campo de la educación: los vouchers o cheques educativos: “Hoy en día las cosas son muy diferentes. Mi hijo va a una escuela independiente -propiedad de una sociedad anónima, Kunskapsskolan AB, que gestiona una veintena de escuelas- que yo he elegido con plena libertad y por la cual no debo pagar ni un centavo extra más allá del cheque escolar con que el Estado hace posible una libertad de elección real e igualitaria (la misma libertad de elección existe entre las escuelas directamente gestionadas por el sector público). Lo interesante es que mi hijo no es una excepción. En este país donde en 1990 las escuelas que no eran parte del monopolio estatal eran muy escasas existen hoy más de 700 escuelas básicas y secundarias independientes, que le dan educación a unos 80.000 niños y jóvenes dentro de un sistema pluralista de colaboración público-privada que crece año tras año”.
El mercado laboral, en la encrucijada
Cuando la socialdemocracia retornó al poder en 1994, habiendo madurado políticamente luego de tres años en la oposición, no revirtió las reformas emprendidas por los liberales sino que, además, desarrolló nuevos elementos de cambio. “Desde entonces el gobierno socialdemócrata sueco impulsó una larga serie de privatizaciones en el correo, ferrocarriles, viviendas, energía, etc., aplicó un estricto programa de saneamiento de las cuentas fiscales a través de la reducción del gasto público que bajó progresivamente del 70% en 1993 al 54% en 2001, lo que ha permitido bajar la deuda pública del 80% al 53% del ingreso nacional y la carga tributaria que era del 56.2% en 1989 a 51% en 2002″, agrega Rojas.
Pero son las actuales tendencias las que ponen realmente en peligro el Estado de bienestar. El desempleo -que cifras oficiales ubican en el 5%, pero que llegaría al 15% según la oposición-, sumado a una verdadera epidemia de deserción laboral -cada vez más gente elige no trabajar, pide licencia por enfermedad o se retira anticipadamente-, está generando un enorme agujero en las cuentas nacionales. El presupuesto para 2005 asume un déficit del 5,1%. El elemento desestabilizador más importante detrás de ese déficit es el aumento explosivo del costo de los subsidios por enfermedad, que en 2004 consumió nada menos que el 16% del presupuesto, en un país donde la gente goza de los mejores niveles de salud del mundo.
No es de extrañar que, como apunta Rojas, “el sistema de formación de los salarios y transferencias tendió a cambiar el principio distributivo social de ´igual pago por igual trabajo´ a ´igual pago o ingreso independientemente del trabajo´”. Para muestra, un botón: en 2003 el sector privado empleaba a 300.000 personas menos que en 1965. El sector público, en cambio, había incrementado el número de funcionarios en más de 900.000. En lo que a impuestos se refiere, la presión fiscal era 20 puntos superior a la media de los países de la OCDE. Entre tanto, el desempleo se disparó de un 2,6% en 1989 a un 12,6% en 1994.
Según explicó Rojas, que pertenece al Partido Liberal, el sistema sueco no incentiva el trabajo, porque la diferencia económica entre trabajar y no hacerlo es para muchos muy pequeña o inexistente. A modo de ejemplo, señaló que algunos trabajadores han llegado a pagar el 100% de sus ingresos en impuestos. Esta situación empuja a mucha gente a dejar sus trabajos y vivir del Estado. “El problema es que, al mismo tiempo, la gente quiere más salud y educación, pero ya es imposible subir más los impuestos”, explicó Rojas. Los altos costos laborales incluso empujan a la emigración de pequeñas empresas fuera de Suecia. A esto se suma el envejecimiento de la población. En los próximos años, serán más los que dejen el mercado de trabajo que los que ingresen en él.
Una lección para América Latina
Para el analista chileno en América Latina no han fallado los planes reformistas sino la estructura social debido a la debilidad institucional latinoamericana y su falta de respeto a la cultura más elemental del capitalismo, o sea el respeto a la propiedad, la inversión y los contratos. “El acuerdo básico de la sociedad capitalista consiste en que es correcto enriquecerse si se es creativo y no porque se es un pillo. América Latina tiene un entorno precapitalista tanto en política como en economía que hace que las reformas no tengan los resultados que teóricamente deberían alcanzar. La gran reforma que debe hacer la región es restituir la confianza básica de valores muy prosaicos como que el progreso se basa en el trabajo, el esfuerzo, el ahorro y la perseverancia”, comentaba en una entrevista.
Por otra parte, recomienda seguir apostando por las fuerzas del mercado y flexibilizar el mercado laboral con el propósito de estimular la incorporación de la gente al trabajo y la ocupación se vuelve cada vez más productiva, con lo cual se produce una nivelación hacia arriba de los ingresos. “El gran handicap de América Latina es que la participación en la libertad económica ha sido muy limitada por la enorme concentración de la riqueza en las élites desde la Colonia y por un pueblo marginado de la cultura y de la economía. Ha sido un capitalismo raquítico y proteccionista. Tenemos que entender que hay que ampliar la economía de mercado, lo cual a su vez habilita a la gente a participar creativamente. Si eso se logra, el problema ya no son las desigualdades dado que surge un interés generalizado por progresar”.
Mauricio Rojas, Sweeden after the Swedish model: From Tutorial State to Enabling State, Fundación Timbro, 2005, 92 páginas. La segunda parte del libro está disponible en español en la web de Cadal.
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Mauricio Rojas
17 de agosto de 2005
Por Mauricio Rojas (Diputado del Parlamento de Suecia)
EL PAÍS - Opinión - 17-08-2005
En su crítica del 10 de agosto al artículo de Mario Vargas Llosa Hacerse el sueco, el señor Vicenç Navarro se permite hacer una serie de afirmaciones muy sorprendentes sobre la realidad de Suecia. Ya que la crónica de Vargas Llosa se basa en mi libro Suecia después del modelo sueco (Cadal, 2005), me permito comentar algunas de las afirmaciones de Vicenç Navarro.
Primero, respecto de las reformas del antiguo Estado benefactor que posibilitaron una creciente libertad de elección ciudadana. Según Navarro, esto “antecede por muchos años al Gobierno de Bildt (1991-1994) y fue introducido por los gobiernos socialdemócratas”. Ésta es una afirmación tan peregrina que me lleva a pensar que el señor Navarro está confundiendo a Suecia con otro país. Tomemos como ejemplo, ya que Navarro lo menciona, el sistema de vouchers escolares, que da irrestricta libertad de elección escolar y permite la creación de escuelas por gestores privados dentro de ese sistema. Esta reforma señera fue introducida en 1992 bajo el Gobierno liberal-conservador de Carl Bildt y dio inicio a una verdadera revolución educacional que hoy permite a más de 110.000 jóvenes educarse en una de las 800 escuelas no municipales que existen en Suecia (de las cuales, el 52% son gestionadas por sociedades anónimas con fines de lucro). Se trata de un pujante capitalismo del bienestar que también existe en otras áreas antes altamente monopolizadas por el Estado benefactor, como pueden ser la salud o el cuidado de niños y ancianos. Nada parecido existía antes en un país en que la socialdemocracia había dado una lucha sin cuartel, especialmente bajo el liderato de Olof Palme, contra la iniciativa privada en el sector de los servicios del bienestar.
Navarro afirma también que “el sistema voucher no está generalizado en Suecia”. Esto es erróneo. Lo está por la Ley de Escuelas (Skollagen) y sólo faltan escuelas no municipales donde no ha habido interés por establecer alternativas. Navarro afirma, además, que no es cierto que las pensiones se hayan privatizado completamente, sino que se trata de un sistema que “complementa a las pensiones públicas”. Así es, y eso es justamente lo que afirma Mario Vargas Llosa cuando dice que “los trabajadores suecos ya han conquistado el derecho a disponer libremente de parte de sus ahorros para la jubilación”. Esa parte se privatizó gracias a una reforma llevada a cabo por aquella socialdemocracia que retornó al poder en 1994 y que había entendido que tanto su dogmatismo anterior como aquel Estado benefactor de aires despóticos que existía hasta 1990 debían ser enterrados para poder gobernar un país moderno que quiere seguir siéndolo. Se trata de la búsqueda de un Estado posibilitador, que le otorga posibilidades de elección al ciudadano y busca colaborar con la empresa privada sin que el dinamismo de la libertad pierda de vista a la equidad. Y es justamente por esto por lo que Suecia es interesante hoy, esta Suecia después de aquel “modelo sueco” que hoy sólo vive en la nostalgia de una cierta izquierda que ni olvida ni aprende nada.
Francamente,no sé a dónde quieres llegar copiando y pegando recortes de EL PAIS. Ya había leido la mayoría de lo que copias y pegas, por eso sugería que Rojas podría ser de tu interés. Te comentaba por ello lo de los vouchers, etc. Sala i Martín tiene alguna astracanada más en esa línea (que si Suecia está podrida porque la gente se queda en casa viendo los juegos olímpicos de invierno, etc). Ahora bien, ya que eres economista es bueno leer algo serio también (Walter Korpi, Jonas Agell, Jonas Bjorklund o incluso, que te gustará mucho por su extremo liberalismo económico, Assar Lindbeck).
Dos apuntes:
Mario Vargas Llosa es una autoridad en el campo de las letras y las humanidades. No lo es en el terreno de las ciencias sociales, incluida la economía.
Mauricio Rojas es un economista mediocre. Usa el scholar google y verás que no es muy relevante. MIs opiniones sobre la absoluta falta de coherencia en la trayectoria vital del personaje, aparte de no ser relevantes en discutir la validez de lo que escribe, me la reservo, pero como te he dicho pasó de la izquierda partidaria de la lucha armada a al partido conservador sueco, lanzando campañas antiinmigrantes (no estoy seguro pero creo que cambió de partido varias veces también en Suecia).
Nacho:
No pretendía llegar a nada, exponía alguna información para el que le pueda interesar.
No soy economista, pero me gusta mucho la economía y como segunda carrera curso ADE.
Muchas gracias por las referencias.
Yo me permito sugerirte a Von Hayek, aunque seguro que lo conoces, a Cipolla, porque muchos de sus arquetipos están representados en el actual Gobierno, y a J.K. Toole, cuyas líneas maestras parece que orientan el pensamiento político de la izquierda española de los últimos tiempos.
Disculpa por mi tono, creo que no era nada apropiado. De Cipolla recuerdo un profesor que tenía en la licenciatura que siempre contaba las categorías de inteligentes, etc. Échale un vistazo a sus columnas si quieres (es un postkeynesiano). Creo que la columna de hace dos semanas escribía sobre eso:
http://web.usal.es/~anisi/
Un saludo y disculpa por el tono.
Disculpas aceptadas.
No hay porqué; todo usuario de internés y de el emilio debería saber que no es posible adornar el lenguaje (escrito) en este medio con el refuerzo que supone el lenguaje gestual o no verbal (desde gestos involuntarios como lamerse sensualmente los labios respirando tan fuerte que se mueven las aletas de la nariz hasta la peineta o la higa puestas de moda por el sabio de Hortaleza), así que tiendo a pensar bien por defecto, dado que odio los emoticonos; además, yo también tendría dudas sobre:
a) el CI de
b) el grado de perversidad intelectual de
… una persona que tiene como fuente de inspiración:
c) artículos periodísticos
d) ídem, pero del PAIS (antes diario independiente de la mañana -debe ser que redactaban las noticias y los editoriales (aunque a veces es difícil distinguir unos de los otros) por la tarde o noche- ahora diario de información global).
Pero, al grano: muchas gracias por el link. He echado un vistazo y tiene cosas muy interesantes. Gracias again.