Verdades de encargo

Fernando Garea, fichaje estrella del periódico Público, ha abandonado el grupo Mediapro para enrolarse en el periódico monárquico, familiar y nacionalista El País. Presuntamente, su salida de Público se debe a sus malas relaciones con Ernesto Ekaizer, a su vez fichado por Público desde El País. Yo no me compro el Público desde la entrevista del pseudoperiodista Jaunma Romero a Gaspar Llamazares durante la campaña electoral, así que no tengo muy claro si mi percepción del primer mes de Ekaizer allí sigue siendo válida. A mí me parecía que Ekaizer había hecho, hacía y, con toda probabilidad, iba a seguir haciendo, un daño indecible al nuevo periódico, convertido en una suerte de País 2.0 con el mismo sectarismo, la misma falta de rigor y la misma organización vertical que ha convertido a la prensa española en lo que Gregorio Morán describía hace unos días con precisión quirúrgica.

Pero vamos, que suscrito vía RSS a los artículos de Rafael Reig, Ortiz y López Tena, y añadiendo el hecho de que Isaac Rosa acaba de estrenar blog con el glorioso título “Trabajar cansa” para colgar los suyos -habida cuenta de que hacían falta dos docenas de carreras y un poker de doctorados para encontrarlos en la web del Público-, las aportaciones de los Saco y los López Alba a la cultura universal invitan poco a investigar el resto del periódico, y tampoco lo sigo demasiado. Para que nos vendan el crecepelo de ZP, la SER es 50 céntimos más barata que el Público.

Pero a lo que iba. El supercrack Garea fichó por Público nada menos que desde ese experimento sociológico al que algunos llaman periódico y que responde al nombre de “El Mundo“, en donde también ocupó las más altas responsabilidades. Hoy, cuando ojeando un País en el tren me he encontrado de bruces con un artículo suyo, se me han caído los huevos al suelo. Esto es, en menos de un año el tipo ha pasado por tres medios tan aparentemente dispares como los reseñados, consiguiendo en todos ellos mantener su prestigo profesional -si es que no lo ha aumentado- sin distanciarse un milímetro de los magros límites que a la información impone cada uno de ellos, en lo que supone una excelente radiografía de la profesión.

1 Comentario en “Verdades de encargo”

  1. Hombre, dejando de lado insignificancias como “los magros límites que a la información impone cada uno de ellos [los medios por los que ha pasado Garea]”, el tipo sabe escribir, de ahí su prestigio.