Reformar lo irreformable
Sí, hasta aquí ha servido para sacarnos de la Dictadura, pero su carácter manifiestamente irreformable está empezando a resultar algo más que contraproducente. Lo que debería haber sido una disposición transitoria de la dictadura a la democracia para después permitir una auténtica constitución democrática -esto es, sin tutelas militares y sin hipotecas con el pasado fascista- va camino de convertirse en un lastre.
El penoso funcionamiento de la justicia, la no mención de la integración europea, su absoluta ignorancia de lo que suponen fenómenos como la inmigración o el boom de las telecomunicaciones, la inutilidad del Senado. Cada vez son más, y van a ser más, las materias en que la Constitución supone un freno en el bienestar y los derechos de los españoles.
La Constitución Española ya ha superado en tiempo de vigencia a los Principios Fundamentales de Franco que juró el actual Rey de España y que, según su propio artículo 1, eran, “por su propia naturaleza, permanentes e inalterables”.
¿Hay algo bueno en tener un ordenamiento jurídico más “permanente” y más “inalterable” que algo “permanente” e “inalterable” “por su propia naturaleza”? ¿Hay algo bueno en que un candidato a la presidencia del gobierno tire de lepenismo y reclame los mismos deberes y derechos para los inmigrantes sin decir una sola palabra sobre su derecho al voto?
¿Hasta cuando?