Todo el mundo se queja mucho de Canal 9: que si está manipulado, que si no tiene audiencia, que si es ruinoso, … Sí, vale, todo eso es verdad, pero… ¿No deberíamos meter también en esta ecuación las maravillosas satisfacciones que nos reporta? Canal 9 tiene un programa semanal, que antes se llamaba DBT Canal 9 y ahora Nou Debat, cuyo enfoque podría resumirse en que Bildu es malo y Madrid, bueno. No en vano el programa está compuesto por contertulios provenientes de Madrid (a 800 € por cabeza cada programa) que vienen a Valencia para hablar del País Vasco. Bueno, a hablar del País Vasco y a poner a parir al PSOE (el PSPV ni saben que existe, aunque hay que reconocer que en eso coinciden con muchos valencianos).
Pero, aunque resulta difícil llegar a los niveles de excelencia de Isabel Durán, que parecen justificar la necesidad de importar a contertulios ultras-freaks como Mamen Gurruchaga (que en su día le dijo a Rajoy: “Mariano, méteme en Canal 9, que voy algo floja de pasta”. Y dicho y hecho), no se crean que en Valencia no tenemos material del bueno. Lo que pasa es que nos lo guardamos para las grandes ocasiones.
Pensemos, por ejemplo, en Rocío Casanova. La verdad es que no tenía ni idea de su existencia hasta ayer, pero desde entonces ando conmocionado. Rocío Casanova, que comenzó su fulgurante carrera en la delegación del diario ABC en Valencia, es la jefa de prensa de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y también ejerció ese puesto, en su día, durante la visita del Papa. ¡Gracias a gente como Rocío se potenció al máximo el maná de oro y pedrerías que nos trajo el Papa a todos los valencianos!
Como pueden imaginarse, con tal pedigree Rocío estaba llamada a ocupar altas esferas en los foros de la intelectualidad valenciana; y, en efecto, desde hace tiempo viene siendo contertulia habitual en la moderna Ágora de pensamiento y fluido intercambio de ideas y pareceres que son las tertulias de Canal 9. Y allí no para de reportarnos satisfacciones. La primera, que ya le permitió entrar por la puerta grande en los medios nacionales, fue esta:
Berlusconi es una víctima. Nadie le puso un puñal a la menor para tirarse a Berlusconi. Y aquí habría que lanzar una pregunta: ¿y si le pusieron un puñal a Berlusconi para obligarle a tirarse a una menor? Qué coño a una menor: ¡A una puta!
La verdad es que ahí puso el listón tan alto que ni siquiera nuestro segundo ejemplo, que motiva este artículo, puede superarlo. Y eso que la cosa tiene miga: la opinión que le merece la enseñanza del valenciano a Rocío Casanova. O, como dice ella, la “cosa” del valenciano:
No creo que haya que añadir mucho más. ¡Ya está bien de dar por culo con el valenciano-catalán, joder! ¡Que en el resto de Europa no hablan en valenciano!

La peor pesadilla de Rocío Casanova: ¡Una niña valencianohablante que no quiere acostarse con Berlusconi!
Pero sí que querría comentar, fundamentalmente, dos cuestiones:
1. El valenciano es malo para los niños. Y los niños son el futuro. ¿Es que nadie piensa en los niños?
2. Si yo fuera Rocío Casanova me habría rendido ante la cara de póker de Marga Sanz, que demuestra que el modelo Marxinator T-101 de Cyberdine, que ya demostró su poder omnímodo en el maravilloso debate de la última campaña electoral, le quedó a Skynet mejor que ningún otro.


