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Corrupción

València, el Cap i Casal, és makinero

Ha llegado, al fin, el momento de analizar la situación electoral en Valencia, lo que en realidad tiene poco sentido porque casi todo el mundo la conoce y, además, se parece taaaanto a la de tantas otras localidades, que da casi hasta pereza enunciar de qué va el tema. En resumen, y como todos nuestros lectores saben, en Valencia no gana el PP, arrasa. Y lo hace sin dificultades por una serie de circunstancias:
– Porque el mito de que nuestra sociedad de izquierdas sólo se sostiene tras un tunning al concepto que ni los de los coches que gustan a los jóvenes de la periferia de la ciudad.
– Porque el populismo fácil del PP y su modelo económico gustan, y mucho a nuestras clases medias.
– También, por supuesto, porque la izquierda nacional lleva un quinquenio ominoso que, además, se combina con un tradicional desprecio a todo lo que es periferia que el PP local ha sabido convertir con una enorme habilidad en un discurso foral-victimista muy logrado. ZP nos quiere robar la paella porque odia a Valencia.
– Sumemos a eso una oposición municipal inoperante y un PSPV perdido en querellas intestinas y el cuadro es completo.

No sólo es que la derecha no gane sino que arrase, es que la cosa tiene pinta de seguir así por mucho tiempo. ¿Que no lo entiende? Pues ahora le damos la explicación no tolerada para menores.

Hay un factor tradicionalmente muy sobrevalorado en la hegemonía social del PP que no hemos mencionado: Rita Barberá. Suelen decirse cosas como que “Rita es imbatible” y lindezas por el estilo. Es una majadería. El éxito del PP es estructural por los motivos señalados. Si pusieran a una escoba de candidato y el PSPV contara con el mejor alcaldable posible (es un suponer, pero imaginemos que fuera la propia Rita Barberá, que perfectamente podría adaptarse al programa que presentan los socialistas si fuera necesario) también ganarían, como nos contaba con gracia un dirigente del PSPV. No es Rita, pues, la razón. Es el dominio estructural del PP. Aunque hay que reconocer que Rita Barberá sí tiene un elemento que ayuda a que los valencianos conecten con ella: es profundamente inculta y exhibicionistamente anti-intelectual. Unos rasgos  en los que el valenciano medio se ve identificado y que le confortan. Porque Valencia es makinera, lo lleva en el ADN, grabado a fuego en el corazón, y eso imprime carácter (además de imprimir bellos motivos decorativos, como lenguas de fuego y demás, en los laterales de los coches).

Coche oficial del Ayto. de Valencia que el catalanista de Pérez Casado se negó a asumir

Y aquí es inevitable hacer un poco de historia. Porque Valencia tuvo su alcalde progresista y culto en los años 80, con Ricard Pérez-Casado, y la ciudad acabó harta. Antes que la ciudad, eso sí, acabó harto el partido. Porque el PSOE de la ciudad, será un ente absurdo, dividido e impresentable, pero es ante todo valenciano. De eso no hay duda. Le pones música de Ximo Bayo o un pasodoble y conectan contigo. Le pones música clásica y se aburren, empiezan a hurgarse la nariz y a sacarse mocos y al cabo de un rato, aburridos incluso de eso, empiezan a hostias entre sí. La derecha valenciana,  en cambio, aprecia algo más la música clásica y por eso se han montado (pagado por todos) un palacio de la ópera  de impresión. Como el espectáculo es largo y aburrido, y  no se entiende, pero las instalaciones son cómodas, se va ahí a hacer negocio, entablar contactos y a que los DSK de la comarca luzcan conquistas. Pero pagando, eh, pagando, que aquí no somos como los franceses. Serà per diners! Total, volvamos al tema, que Pérez-Casado fue visto alguna vez con un libro, tenía familia política en la Universidad y el propio partido acabó hartito de él. Quería cosas como bibliotecas, instalaciones en barrios, jardines en lugar de cemento y normalizar el uso de la lengua en el consistorio. ¿Hace falta que les cuente cómo acabó la historia? El lermismo puso a una chica que venía de la Universidad, pero conocida por su exhibición de anti-intelectualismo en los momentos en que no mordía o gruñía, Clementina Ródenas, y acabaron perdiendo la alcaldía en 1991 tras un pacto PP-UV.

Fueron los 80 años divertidos en Valencia. La oposición, crecida, se dividió en dos corrientes makineras. Por un lado el regionalismo de falla y que alardeaba de las faltas de ortografía, de cultura y de educación como seña de identidad valenciana, con Bisente González Lizondo a la cabeza. Por el otro, el españolismo de misal y de miedo al socialismo que alardeaba de falta de compromiso democrático y veía un potencial gulag en cada escuela pública. Como los valencianos le dan más a la techno-makina que a la sacristía, que  no se suelen tomar muy en serio, poco a poco la primera facción se impone. En el año 87 consigue ya más votos que AP y se presenta a las elecciones de 1991 prometiendo y prometiendo grandes eventos, de esos que la  gente escuchaba los mítines y salivaba pensando en que sería bonito un mundo que nos trajera todo lo que Lizondo nos prometía, pero que de los políticos no te puedes fiar, que era imposible cumplir todo  lo que decía que iba a hacer (el tiempo desmintió estos presagios, y Lizondo nos trajo la paella más grande que el mundo ha visto).

Aquí empezaron los grandes proyectos. Toda una sociedad en pos de un objetivo común: recuperar la autoestima

Llegaron las elecciones y saltó la sorpresa. No tanto porque la derecha sumara mayoría absoluta gracias a la desaparición del CDS (que había venido apoyando a los socialistas) sino porque el ya entonces refundado PP logró unos miles de votos más que Unión Valenciana, un concejal más, y pudo exigir la Alcaldía. Esa jornada de 1991 definió el futuro de la política valenciana hasta nuestros días. Ahí se selló la muerte de UV(y con ella, la de cualquier proyecto sólido electoralmente en el nicho de mercado “valencianismo”, seamos realistas), incapaz de lograr afianzar el sorpasso y mandar en Valencia, condenada a comparsa del PP, que se demostraría capaz de integrar uno a uno todos los rasgos de identidad de la UV original a medida que iba renunciando a todos los de la AP fundacional. El éxito del PP en Valencia se explica, en gran parte, porque Rita Barberá y su gente, salida de no se sabe dónde, se encontraron de repente con Lizondo y sus amigos y acabaron convertidos en más lizondistas que ellos. Es decir, en gente pragmática, cortoplazista, amante de las empresas fáciles y de pactar con la gente que tiene negocietes cómo tirar las cosas, especialistas en tunear el coche y lograr con eso el éxito y el aplauso. Y, sobre todo, líderes en amagar con la utilización de la hidra catalana para lograr más y más votos a poco que se pusieran las cosas feas.

La primera etapa fue dura. 4 años compartiendo alcaldía con Lizondo, con una Rita de cabeza visible pero Lizondo y los suyos liderando el cotarro. ¡Si hasta del urbanismo se encargaban los valencianistas! Así que además de hacer paellas gigantes se dedicaron a preguntar a las empresas de la construcción de la ciudad y alrededores que cómo había que gestionar eso de la alcaldía. Y ahí empezó una nueva era de gobierno. Aceras nuevas, farolas, rondas, obras… todo muy tangible, a diferencia de lo  que había hecho el PSOE con su política de equipamientos públicos. Que luciera. Y, de paso, que cautivara a quienes habían encargado a los mandados del Ayuntamiento esas políticas de regeneración urbana y se han forrado con ellas. Rita Barberá se llevó el crédito y en 1995 ganó destrozando a UV, pero generosamente integró a los restos, mientras los empresarios e intermediarios del partido se integraban a la carrera en el PP y en el recién ganado gobierno autonómico (también con un pacto con UV que acabó de liquidarla).

Emblema de la gestión municipal del PP en Valencia

A partir de ese momento Rita Barberá ya gobierna en solitario la ciudad, pero lo hace como le enseñaron los de Lizondo. Por teléfono las grandes fortunas de la ciudad, los propietarios de las bolsas de suelo y los empresarios más potentes le van diciendo cómo ir distribuyendo hacia sus intereses el dinero público. Pasada la fiebre de la renovación de insfraestructuras llegó la planificación de nuevos barrios. Se  hizo con el criterio propio de la zona: unas densidades de miedo y nulas cesiones para equipamientos. La rapiña. Con el tiempo,  los propietarios de las grandes bolsas de suelo de la ciudad han acabado por venerar a Pérez-Casado y su equipo, que fueron los que de verdad apostaron por convertir el antiguo cauce del Turia como jardín para toda la ciudad. ¡Gracias a eso hay un parque enorme en suelo público que recorre todos los barrios, cerquita de cualquier zona y que justifica que los nuevos desarrollos se hayan programado, todos ellos, sin zonas verdes de dimensiones europeas sino con unas manchitas de nada, que no molestan, propias de cómo se planifica un ensanche en el norte de África!

 

Con los años Rita fue virando. Esta gestión municipal es exitosa porque la gente la ve, le gusta y se renueva. Es adaptativa, requiere de música fuerte y de ir cambiando la decoración exterior del Renault Fuego para que se adapte a los gustos del momento. Tras la renovación urbana y la creación de nuevos barrios llegaron los grandes proyectos y la decisión de compatibilizar una entrega total e incondicional al puerto de la ciudad y los intereses económicos que mueve para que hicieran lo que les saliera de la polla con la fachada marítima (aunque eso ha supuesto su definitiva defunción por los siglos de los siglos) con la pretensión de acabar de liquidar la ciudad convirtiéndola en meca del turismo barato. Una especie de Benidorm en versión urbana. Una serie de obras icónicas (para hacer caja) que sirvan para atraer a la gente y para que los lugareños se den golpes en el pecho, combinada con una retórica que dice algo así como que la ciudad “por fin está en el mapa” y que, guiñándote el ojo, te insinúa que ahí hay mucho dinero que ganar.

La gente compra porque alcohol, fiestas, tunning y droga es lo que más le pone a un valenciano. Si además te prometen que serás camello de poca monta y participarás de los beneficios que les vamos a sacar a los guiris, la peña empieza a descorchar champán y baila en pelotas mientras esnifapolvo de chufas molido. Eso ha sido la última década en la ciudad. Así son las cosas. Las grandes fortunas, que saben que la época de la gran transformación urbana ha acabado, han dado la orden a Rita de diversificar el negocio y por un lado quieren poder meter actividades de apoyo logístico pesadas en primera línea de playa (mañana mismo se inaugura un obrón que en plena época de crisis amplía de 4 a 10 los carriles de entrada desde el norte a la ciudad, con puentes nuevos incluidos, para dejar los camiones camino del puerto a las puertas de las playas de la ciudad, con dos cojones, y ahorrarles un rodeo de 20 km por la circunvalación, sustituido por un viajecito por avenidas urbanas y la zona marítima, sí, sí, por el barrio ese que hay que tirar abajo, aunque para disimular digan que en túnel) y, por otro, que la ciudad y los barrios sean zona franca para cualquier actividad de ocio. La cuestión es rentabilizar como sea el botellón. La ruta del bakalao ha muerto.

¿Mónaco? ¿Dubai? ¿Shangai? Sitios de perdedores. Amigo turista, que sepas que aquí pagamos la fiesta y te dejemos vomitarnos en la cara

La ciudad ha absorbido todo ese turismo. Las pastillas y el copazo mola mucho más metértelos en medio de un casco histórico con monumentos guays o a pie de obras de Calatrava. Y, sobre todo, se pueden cobrar más caras. Echar la pota en un parking de discoteca de extrarradio no mola tanto como ir de portal en portal de una ciudad europea meando y cagando. Valencia, wo man darf Alles! (Valencia, ¡donde todo está permitido!) como publicitan ya las agencias alemanas los desplazamientos de fin de semana en vuelo low-cost a la ciudad. Además, si por la mañana visitas un par de monumentos o comes una paella grasienta ya puedes volver a tu país y sentirte un poco más culto, un poco más cosmopolita. ¡Viaje, vea mundo y abra perspectivas a base de alcohool del malo y cogorzas de miedo! No se puede negar que  es un modelo de negocio adaptado a los gustos de esta sociedad milenarista y post-nuclear, donde el paro y la precariedad invitan a drogarse más y más y meterse experiencias cada vez más duras. Valencia ahí está para ofrecer drogaína turísita en vena de la buena, sólo apta para los más duros. Y cobrar por ello.

 

Lizondo, desde su tumba, asiste satisfecho a la culminación de su legado. El Ayuntamiento es crónicamente acusado de incumplir las leyes en materia de contaminación y los jueces le obligan a hacer algo. Pero ellos les escupen en la cara, como enseñó Bisente. Los vecinos con estudios viven desesperados en cualquier barrio de la ciudad pero no se atreven a decirlo en público, porque por la calle, si te quejas, te insultan o apalean y llaman a la Policía para que ayude a cagarse en tu ropa, alegando que vas contra el progreso de la ciudad y contra actividades que dantrabajo, ahora que tanta falta hace. Todo funciona muy bien, muy engrasado. Hay sobres que van y vienen. Grabaciones públicas de asesores de concejales pidiendo pasta por dejar tranquilos a locales sin licencia que a nadie conmueven. La policía no hace nada. Ni cierra locales, ni controla horarios, ni nada. Todas las semanas hay varios macro-botellones en varias zonas de la ciudad. Y hemos convertido todo en un gigantesco parque temático del vómito barato, de donde la gente formada y con estudios está huyendo a decenas. Mejor, porque así no molestan y la fiesta puede seguir con un poco más de volumen. Makina total. Con la gente encantada, porque creen, de verdad, pobrecitos, que eso genera riqueza, empleo y desarrollo. Y, mientras tanto, más paro que en Melilla, por poner un ejemplo. Y una serie de señores (que no vive en la ciudad pero la tienen secuestrada para sacar dinero), encantados.  Cuando tienen algún problema, o alguna ocurrencia, llaman a Rita y ya está.

Posdata: De la oposición no se habla en el artículo porque no existe ni tiene proyecto de ciudad. Los socialistas cambian de candidato cada dos por tres pero el resumen de su actuación es el siguiente: apoyan los nuevos barrios, apoyan los grandes proyectos, apoyan la marca turística de la ciudad, apoyan la Fórmula 1 por las calles del puerto para que vengan más borrachos y apoyan, por supuesto, la expansión del puerto y salvajadas como el acceso norte. La única vez que han salido del letargo y han alzado la voz para quejarse en estos años ha sido para criticar a los jueces que osaron denunciar la dejación del Ayuntamiento al consentir que afloren zonas de marcha sin control, sin horarios, sin límite de decibelios, en más y más barrios de la ciudad. La portavoz socialista en estos temas salió a decir que esos jueces iban contra Valencia y que no había derecho a que el buen legado de Rita Barberá se pusiera en cuestión por tonterías legales. EU desapareció en las pasadas elecciones y a saber si vuelve. Presentan al mismo candidato que logró tal éxito y que ha pasado 4 años cobrando un sueldo chollo en dietas (magras, no crean) como miembro del Consejo de Administración de Canal 9 en recompensa por su logro electoral. Joan Ribó, un ex de EU muy válido, se presenta por Compromís. Es casi imposible que salga, pero además de ser amigo de esta página es la única esperanza real de que algún día algo nuevo y decente pueda incoarse en la ciudad. Aunque no hay muchas esperanzas. Basta con subir el volumen de la makina para ahogar cualquier queja y posibilidad de regeneración.

 

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10 thoughts on “València, el Cap i Casal, és makinero

  1. susana

    Sin compasión alguna! Olé. Te habrás quedado a gusto. Me encantan las dramatizaciones de los socialistas escuchando música clásica y lo de la esnifar polvo de chufa. jaja

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  2. zulik

    me has hecho reir macho. Quizá al inicio está bien avisar de cómo acabas, pues no voto izquierda y me reconforta que repartas a todos. Ribó un tio honesto, lo conozco. Te has quedado a gusto y eso que no has comentado factores como el hecho de las cenas con muy abundante alcohol que pagamos todos los valencianos a la querida Rita. Lo he visto de cerca.

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    • Senyor Garrofó Post author

      Bah, zulik… si apoyar a Ribó no deja de ser un brindis al sol… Un tío sensato, formado, educado, listo, con propuestas… ¡Es imposible que salga elegido! El texto no es partidista porque, es obvio, no se decanta a favor de ninguna de las opciones reales existentes.

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  3. Galaico67

    Senyor Garrofó, ya ha aparecido un asesor en LPD acusandole de funcionario traidor, vendido al exterior ¿Catalonia? ¿ Murcia? …..

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  4. Arrop i Tallaetes

    Pues yo no me he reido (bueno con lo de esnifar polvo de chufa, si), pero en general no me he reido…es un análisis tan brutal de lo que ha sido Valencia estos últimos 25 años…que si hubiera tenido un Mac le derramaría integro mi Cacique-Cola sobre su teclado para no volver a leer LPR de por vida…

    Aun así, el simple hecho de contemplar uno de los coches más bellos que el ser humano ha sido capaz de crear (la pantera del Renault Fuego, encima en un tono amarillito chillón) me ha hecho reconciliarme con la especie humana en general, y con la valenciana en particular.

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  5. Pingback: Mónica Oltra y el 5% | La Paella Rusa

  6. Lleda DLoren

    Muy bueno el artículo.

    Comparto que Joan Ribó es un genio político desaprovechado pero queda un poco feo que digáis que “además es amigo de esta página”. Coño yo soy socialista y si nos hacemos amiguetes ¿nos pondréis alguna entrada positiva? Aunque sea con el sarcasmo habitual…

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