No le den más vueltas: gana CiU
A pocas horas de que termine el referéndum en Cataluña sobre el Estatut, se puede intuir que el resultado supondrá un punto y seguido en la política catalana y que el culebrón de la legislatura no quedará del todo finiquitado. El trámite del Estatut se dará por concluido, la vida seguirá igual y a muchos tertulianos se les habrá agotado un filón, pero la inminencia de una nueva convocatoria de elecciones catalanas hace prever que el tono seguirá elevado entre los partidos del ’sí’ y del ‘no’. Probablemente el resultado dé lugar a interpretaciones de todo tipo: todos habrán ganado si nos fijamos en la cifra de votos positivos o negativos, o en la cifra de participación, según el caso. Siempre hay algún dato, algún porcentaje, dispuesto para socorrer la interpretación más descabellada.
Lo que está claro es que, si la aprobación popular se produce de forma contundente, el triunfador será CiU. Colateralmente, se sentirán aliviados los socialistas catalanes, el PSOE, los maragallistas, y en general todos los que han defendido el Estatut con muy poco entusiasmo, más bien como una medida para castigar al PP. Los de Esquerra ya tienen bastante con lidiar con sus incoherencias y con las brechas abiertas entre las bases y el partido. No se espera, por otra parte, que el PP pueda salir muy fortalecido de un referéndum que los coloca en un espacio marginal, aunque habrá que analizar con detenimiento el porcentaje del ‘no’. El triunfador será el catalanismo pactista de CiU, apoyado en esta ocasión por ZP en su acuerdo moclovita con Mas.
Andrés Montes, un incomprendido
Dicen que es el mayor espectáculo del mundo: su trofeo es más preciado que un sillón en el Consejo de Seguridad de la ONU y disponer de armas nucleares. El Mundial de fútbol retiene la atención del planeta sobre las selecciones de todos las países que participan en un juego en el que, como asegura el dicho, siempre gana Alemania. Últimamente las papeletas para ganar la copa de la FIFA las tiene todas Brasil, pero la emoción televisada de este espectáculo global de explosión nacionalista no disminuye por la previsibilidad de los resultados. Para amenizar las interminables horas de retransmisiones, La Sexta ha parido al mundo catódico de masas un fenómeno llamado Andrés Montes. Un incomprendido al que atacan sin piedad los críticos de TV, pero que hace digeribles los partidos para miles de espectadores que siguen el Mundial sin que les guste el fútbol. Montes ha descubierto la piedra filosofal del comentarista deportivo, y traslada a las retransmisiones el cachondeo y la verborrea de una conversación cervecera con partido en la tele, para disgusto de los puristas que prefieren a un comentarista tipo hilo musical. El antagonista de José Ángel de la Casa ha tomado el micrófono. Escúchenlo y después opinen.

Enchufes Borbón S.A.
Nada hay como mezclar los negocios de un yerno del rey con la facilidad para el agasajo de los cortesanos del reino para que el resultado sea una ácida columna de Jesús Cacho intitulada “Iñaki Urdangarín o el caso del balonmanista incapaz de ganarse la vida por su cuenta, como todo hijo de vecino”: «Porque, ¿quién es este Urdangarín? ¿qué méritos ha contraído para merecer tal nombramiento? ¿qué sabe de telecomunicaciones? Nada de nada. El chico es simplemente el marido de la Infanta Cristina de Borbón y el yerno de Su Majestad el Rey de España, muy aficionado de suyo a pedir favores a propios y extraños, generalmente a beneficio de propios. Urdangarín es un famoso balonmanista, un atleta de imponente arboladura incapaz, a lo que parece, de ganarse la vida por su cuenta como todo hijo de vecino, por lo que necesita se la resuelva su poderoso suegro llamando a las puertas de Telefónica que, como todo el mundo sabe, sigue siendo una especie de gran Ministerio presto a solventar lo mismo un roto que un descosido, aunque, eso sí, generalmente a favor de los mismos de siempre.»
El problema de la energía: susto o muerte
Se trata de uno de esos artículos que, mientras lees, puedes identificar como signos de un punto de inflexión en el debate. El perfil ideológico de John Gray es complejo, pero no por ello resultan menos influyentes sus ideas. Merece la pena por ello destacar este alegato desesperado que traduce y comenta la siempre interesante web Crisis Energética: “En vez de enfrentarse al cambio climático y hacer lo que se pueda, la humanidad podría optar por dejar que suceda”. Gray se decanta por la energía nuclear para hacer frente al cambio climático, en la que podría ser una “tercera vía ecologista” que ponga como prioridad la sustitución urgente de los combustibles fósiles, incluso optando por la arriesgada solución nuclear. Algo así como “susto o muerte”, partiendo de la idea de que la humanidad no está dispuesta, ni en las peores circunstancias, a elegir “muerte”, es decir, cambio en el modelo de vida que surgió tras la revolución industrial: «Durante el siglo actual, es probable que los seres humanos experimenten un cambio en el medio ambiente planetario único en la historia. El cambio climático es irreversible, y está acelerándose rápidamente. (…) El mensaje de la ciencia es claro: los humanos se encontrarán pronto en un mundo diferente del que nunca hayan vivido antes. Alterar nuestra manera de vivir para enfrentarnos con esas condiciones será fenomenalmente difícil, si es que es posible hacerlo. Aún así todos los sectores de opinión niegan la escala del cambio y la magnitud del desafío que significa.»
Autobiografía
Qué gozada resulta leer en la red, a un clic de distancia de aquí, la bitácora de Jaime Rubio. Una de las pocas que contradice felizmente su nombre, La decadencia del ingenio, con la publicación de una sorprendente autobiografía. A historias brillantes que fluyen con una periodicidad pasmosa, como Negrodóvar, Este trabajo acabará conmigo o Mi incansable labor en defensa de la naturaleza, el autor ha sido capaz de sumar la escritura de su propio Obituario: «Jaime Rubio falleció ayer a los 98 años, a consecuencia de una cirrosis crónica que arrastraba desde la década de los cincuenta, cuando se le practicó el primero de sus tres trasplantes de hígado. Según su familia, murió en la villa de Taormina, rodeado de sus seres queridos. Sus últimas palabras fueron: “He sido tan feliz”. Testigos más o menos objetivos (los médicos y los abogados) aseguran que sus familiares estaban todos en el piso de abajo, peleándose a navajazos por la herencia, mientras Rubio intentaba huir por la ventana, armado con una grapadora. La vida de Jaime Rubio es difícil de resumir. Aunque básicamente consistió en hacerse rico gracias a diversas estafas.»
