Diario de un aspirante a tertuliano

Vota, y no te compliques

Publicado en Política por David el 23 de junio, 2016

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La repetición de elecciones y la campaña permanente han llevado al hartazgo de los votantes, y este cansancio lógico ha obligado a los partidos a enfocar su estrategia casi de manera exclusiva en la movilización de los suyos. El dato de participación va a ser fundamental, y buena parte de las diferencias respecto del 20D se explicarán con el diferente éxito de cada partido a la hora de llevar a los suyos al colegio electoral. Pero que todo fuera ya conocido (candidatos, programas, partidos) no explica que hayamos vivido una campaña tan tremendamente vacía de contenido.

Los partidos han pensado que no merecía la pena convencer a los electores con propuestas, existiendo la posibilidad de hacerlo con un vídeo ilusionante, un perfil humano del candidato o una respuesta ingeniosa en El Hormiguero. Hay muchas formas de comunicar en campaña, y ninguna es mejor o peor excepto por una cuestión fundamental: qué estás tratando de comunicar. En el contacto con sus votantes, los partidos deben tener claro cuál es el proyecto diferente que les están ofreciendo.

Los programas electorales y la discusión de propuestas han estado tan ausentes en las últimas semanas, más allá de los debates, que instrumentos de marketing tan decisivos como los vídeos electorales han quedado, casi sin excepción, despojados de elementos programáticos. Se han usado mensajes intercambiables entre partidos. Y para movilizar, se han servido de una simplificación de toda su estrategia en una sola idea fuerza como “cambio”, “ilusión”, “voto útil”, “unidos” o sencillamente un mensaje positivo (“a favor”, “sí”, “sonrisa”).

Todo ello es algo muy lógico en un sistema multipartidista donde hay cuatro competidores fuertes. Pero ninguno debería escudarse en el marketing para explicar que la transmisión de sus ideas no merezca un mayor esfuerzo. El marketing también sirve para comunicar sus proyectos de país. Los votantes tienen muchos motivos diferentes por los que dirigir su voto: reducirlos todos a uno solo es simplificar demasiado el proceso de decisión en la mente del votante. Y reducirlos a uno solo, más emocional que racional, es también un error de comprensión de la diversidad del colectivo que tratan de representar.

Cuando los partidos no dan importancia a las propuestas que llevan en sus programas, están diciéndoles a muchos votantes que aquello que desean ver en la acción del próximo gobierno no es tan relevante como la “ilusión” o el “cambio” que supone ver a tu partido en el poder. El mensaje implícito es “da igual lo que hagamos” y danos el voto por los motivos que te decimos. En definitiva, vota “a favor”, vota “con una sonrisa”, vota “sí al cambio” o vota “con ilusión”. Y no te compliques.

El sorpasso virtual, el sorpasso real y la bola de demolición

Publicado en Política por David el 11 de junio, 2016

La encuesta preelectoral del CIS ha abierto la campaña con datos no muy sorprendentes, pues siguen una tendencia ya anticipada por la media de encuestas publicadas hasta ahora. Incluso diría que la foto de hace cuatro meses no ha variado mucho, excepto por el efecto que la coalición Unidos Podemos está teniendo sobre la idea de “voto útil” y que parece estar aprovechando en su favor. Sin embargo, la mayor fiabilidad que se suele otorgar al CIS hace que la predicción del “sorpasso” impacte como una bola de acero sobre la campaña del PSOE. Podemos e IU ya superaron a los socialistas en número de votos el 20D, y pudieron obtener un número similar de escaños si, unidos, hubieran evitado el efecto de la ley electoral. Pero el 26J pueden lograrlo de verdad, aunque la medida real, en votos y escaños, de este adelantamiento es muy difícil de anticipar.

El impacto en el PSOE de este “sorpasso” inevitable, que pasará de ser virtual a real, dependerá de si el edificio sobre el que golpeará la bola de acero, esa maquina electoral de sonrisas que le llega por la izquierda, es un edificio que puede convertirse rápidamente en cascotes o es un edificio con estructura para amortiguar los golpes. Los datos indican que la “pasokización” no ocurrirá en el corto plazo, pues la realidad de los socialistas aquí es muy diferente a la vivida por los griegos. Pero el golpe no va a ser indoloro: el PSOE no tiene un electorado de gomaespuma que amortigüe el efecto “sorpasso” conservando la capacidad para recuperar el volumen y la forma de inmediato. El PSOE es un partido hecho con materiales resistentes, pero no tanto.

wreckingball

La única esperanza de los socialistas es que esta generalizada expectativa de derrumbe, relegado a la tercera plaza por UP incluso aunque mantuviera el mismo porcentaje de votos, reactive un cierto “efecto underdog”. Este efecto puede hacer que parte de su electorado habitualmente fiel que se ha abstenido en las últimas convocatorias a las urnas, y que se siente desorientado por el rumbo del partido, acuda el 26J al colegio electoral en auxilio de las siglas del PSOE. Por lástima, porque ver a su partido golpeado por la bola de demolición les produce el mismo efecto que las fotos de perritos abandonados que inundan las redes sociales en estas fechas. Y ese efecto puede ser suficiente para que salve los muebles, ante un Podemos que probablemente tampoco asaltará los cielos.

Y tras los resultados del 26J, si no difieren mucho de lo que predice el CIS, llegará el momento en el que Pablo Iglesias se acercará a Pedro Sánchez para pedirle que no vuelva a decir que simplemente se alejó de él, porque la realidad es que nunca antes le golpeó tan fuerte el amor. Y le dirá que el pacto no se puede negar, que nunca tuvo la intención de iniciar una guerra. Todo lo que quería era romper sus muros, romper la barrera que los separaba, y que siempre querrá que estén juntos para pactar. Pero, como Miley Cyrus, deberá reconocer que entró… como una bola de demolición.

El pacto más probable no lo quiere nadie

Publicado en Política por David el 23 de enero, 2016

Desde las elecciones estoy dándole vueltas a la idea de que, si alguien ajeno a las disputas partidistas tuviera que diseñar el próximo gobierno combinando estabilidad y coherencia, la única coalición que se le ocurriría es una de PSOE con Podemos y C’s. Y que ésta sólo se puede materializar con un gobierno monocolor de Pedro Sánchez, en minoría, que esté muy controlado por el Congreso, con Podemos y Ciudadanos ejerciendo de apoyo al gobierno o de oposición según el caso, y dependa de la capacidad del presidente para articular mayorías a derecha y/o izquierda. Sería éste un escenario bastante satisfactorio para las tres formaciones y también para el “votante mediano”. Últimamente, la estrategia del PSOE parece ir en esa dirección, respondiendo con ello a las preferencias de su electorado, si bien es cierto que nadie se lo está poniendo fácil: ni el PP con el mantra del “partido más votado”, ni Podemos con la resistencia a pactar, ni su propio barullo interno. Con todo, sigue siendo factible para Sánchez obtener el voto favorable de Podemos y la abstención de C’s, y por tanto aún podría ser vendido el acuerdo como “pacto de la izquierda”. El nombre de “pacto de la centralidad del tablero” no lo usarán por pomposo, pero estarán tentados de hacerlo.

Este escenario sigue siendo posible, y yo particularmente lo veo probable. Posible es también que la negociación con partidos nacionalistas dé un resultado que hiciera innecesaria la abstención de C’s, a pesar de que los de Rivera son proclives a la abstención con tal de evitar unas nuevas elecciones. Pero los últimos movimientos, tras las consultas del rey con los grupos políticos, parecen apuntar a que todo vuelve a estar patas arriba para el PSOE, el partido por el que pasa cualquier pacto imaginable y que vive un conflicto permanente con sus barones territoriales que parece ideado por su peor enemigo. En menos de 12 horas hemos visto: un órdago de Pablo Iglesias colocando la composición del gobierno como línea roja y una reacción de Rajoy con la retirada de la investidura en primera votación, reservándose así para una hipotética investidura de “gran coalición” que implicaría desguazar al PSOE como partido de centroizquierda. Mucha declaración de intenciones y mucho postureo es lo que ha seguido a todo esto desde las trincheras de los tres partidos. Pero la cuestión de fondo sigue invariable: el pacto que esperarían los votantes es uno que ponga negro sobre blanco el programa que aplicará el próximo gobierno. Y para eso, ni se han sentado a hablar.

20D: Empate en primera vuelta

Publicado en Política por David el 21 de diciembre, 2015

La noche electoral terminó sin que supiéramos quién va a ser el próximo presidente. Es la primera vez que ocurre, como es la primera vez que el primer partido en votos se queda en 122 escaños y el segundo no llega ni al 25% de sufragios. Pero ocurre que el cambio ha sido, finalmente, bastante parecido al esperado: un movimiento tectónico hacia un tetrapartidismo imperfecto en el que una de las patas, Ciudadanos, ha sido el partido más damnificado por las expectativas, tras vivir una burbuja de las encuestas difícilmente explicable. El resultado tanto de PSOE como de Podemos ha encajado en lo que consideraríamos un éxito en función de las expectativas previas. Y la primera posición del PP es una “amarga victoria” de manual. Ganar pero terminar perdiendo porque el gobierno se hace dificilísimo. Las combinaciones para pactos traen de cabeza a los politólogos del país y de parte del extranjero.

España no es “ingobernable”, como nos ha recordado Jorge Galindo. Debemos reconocer que una democracia parlamentaria con un sistema multipartidista funciona así. La tarea de los partidos es encontrar acuerdos para poder formar un gobierno con los mimbres que han dispuesto los ciudadanos. Devolver la pelota a los votantes mediante nuevas elecciones en primavera no sería muy presentable, aunque parece un escenario bastante probable. Sin embargo, debemos partir de la base de que el recuento nos ha deparado un empate muy difícil de gestionar. Los pactos naturales conforman dos bloques casi idénticos: PP-C’s y PSOE-Podemos.

El empate demuestra que, a pesar de la irrupción de la nueva política, las alianzas más probables se mueven básicamente en el eje derecha-izquierda. Y es ahí donde el 20D parece el resultado de una primera vuelta. Hace falta una segunda vuelta de las elecciones para consolidar las posiciones de cada bloque o arriesgar el envite a una distribución del voto diferente entre partidos nuevos y viejos. Lo que no sabemos es si tendremos que volver a las urnas en pocos meses, porque la investidura sea imposible, o algún tipo de acuerdo permita echar a andar la legislatura y quizás en 2017 ó 2018 tengamos la oportunidad de desempatar este resultado y corroborar, si se diera el caso, la proclamada muerte del bipartidismo.

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20D: Fijando expectativas

Publicado en Política por David el 14 de diciembre, 2015
podemos remontada

Los debates y las encuestas han perfilado un clima preelectoral que, a falta de muy pocos días de campaña, no debería cambiar mucho. Que el PP puede ser el más votado es algo en el que coinciden todos los pronósticos casi sin expepción. Y los porcentajes de votos de los tres partidos que le siguen pueden deparar un resultado muy similar a PSOE, Podemos y Ciudadanos. Esta es la expectativa que reflejan, sobre todo, las encuestas publicadas en el fin de semana. Con la cautela que se deben tomar las encuestas, pues el margen de error deja prácticamente en el aire cualquier predicción, resulta interesante calibrar cuál sería la medida del éxito y el fracaso de cada partido en la cita del 20D.

PP

Éxito: Para Rajoy y su partido pasa por ser el más votado. Y para que este puesto tenga un mérito especial la diferencia con el siguiente al menos deberá ser de 3 ó 4 puntos, los mínimos necesarios para argumentar que la victoria ha sido clara.

Fracaso: Lo será si no saca una diferencia considerable al segundo, como pronostican la mayoría de encuestas, especialmente si se queda a sólo 1 punto de diferencia y un puñado de diputados. Esa sería la medida del fracaso para un partido que gobierna con mayoría absoluta.

PSOE

Éxito: Sánchez puede considerar un éxito, dadas las expectativas que marcan los sondeos, ser el segundo más votado y, sobre todo, sacarle una diferencia al tercero mayor que la que le separaría del primero.
Fracaso: Todo lo demás sería un fracaso, obviamente. Esto incluye ser tercero, dejar de ser la segunda pata del bipartidismo, como han indicado algunas encuestas.

PODEMOS

Éxito: El partido de Iglesias mide su éxito en superar al PSOE en número de votos o, al menos, ser tercero por detrás de éste con una diferencia menor a 2 puntos. Este resultado indicaría que, si bien no lo consiguió, ha estado a punto de dar el “sorpasso”.
Fracaso: Con las expectativas que marcan los sondeos y la campaña basada en el concepto de “remontada”, el fracaso es ser cuarto.

CIUDADANOS

Éxito: Es un partido que ha subido vertiginosamente en las encuestas y ha emulado la “burbuja” que vivió también Podemos. El éxito es superar al PSOE y quedar por detrás únicamente del PP.
Fracaso: Quedar cuarto y no vencer en la batalla particular entre los dos partidos emergentes sería la medida del fracaso para Rivera.

Seguiremos informando.

(Imagen: Captura del vídeo de Podemos “Remontada en la recta final del 20D”)