Diario de un aspirante a tertuliano

La crisis del ladrillo y el fin de la ilusión

Publicado en Economía por David Iwasaki el 6 de May, 2008

La economía española se ha despertado de un sueño y ha resultado que, cuando despertó, el espectacular crecimiento del PIB de la última década ya no estaba allí. Algunos lo llaman desaceleración y otros crisis, pero el nombre no tiene verdadera importancia. Lo relevante es el hecho que desencadena este frenazo, el fin de la edad de oro del mercado inmobiliario español durante la cual las casas se vendían sobre plano, y también el conjunto de circunstancias agravantes. Entre éstas últimas, cabe destacar la crisis financiera internacional derivada del pánico a las hipotecas “subprime” en EEUU, pero también la ineficaz política económica de los tres últimos gobiernos de España en lo referente a reequilibrar nuestra economía.

Solo muy recientemente se ha impuesto el criterio de incentivar el crecimiento de la productividad por medio del desarrollo de sectores más competitivos, en vez de jugárnoslo todo a la carta de la construcción y el consumo interno. Ante el agotamiento de este modelo, las críticas que algunos ya formulábamos hace años adquieren otro significado. Y es que no hay más que echar un ojo a las luces de alarma que vienen encendiéndose en la economía española al menos desde 2002, cuando el incremento del precio de la vivienda se acercaba al 20% anual, para evitar la sorpresa ante la aparente rapidez con que se está poniendo fin a la burbuja inmobiliaria.

El sueño del que hemos despertado puede convertirse en la peor pesadilla, pero no es fácil prever el alcance que tendrá el llamado “ajuste” de la construcción. La reconversión del sector lo mismo puede concretarse en un periodo corto de sequía de nuevas construcciones, hasta el vaciado del stock de viviendas existente, o en el caso extremo en una crisis de precios tan prolongada como la de Japón. Hemos terminado un banquete que proporcionará una segura indigestión del ladrillo, pero también es cierto que el crecimiento puede mantenerse en niveles decentes con el impulso de otros sectores. La revalorización infinita de la vivienda ha quebrado, y con ella los ilusos pronósticos de quienes no vieron en la burbuja inmobiliaria la semilla de su destrucción.

El crecimiento sin límites de la construcción, con la inversión en ladrillo por bandera, no podía sostenerse sin considerar que tarde o temprano llegaría un final de ciclo. El papel del sistema bancario en el auge del sector inmobiliario ha sido tan relevante como el jugado en su caída. El sector financiero ha pasado en poco tiempo de promocionar cualquier proyecto urbanizador a mirar con lupa hasta la última hipoteca concedida. La indigestión pondrá contra las cuerdas el negocio de muchos, pero no hay nada más saludable que el sistema económico purgue sus excesos. En este caso, terminando con la ilusión que alimentó un precio de la vivienda sobrevalorado durante una década de burbuja inmobiliaria.

Precios

Publicado en Economía por David Iwasaki el 27 de April, 2008

No está mal que el periodismo sirva de vez en cuando para relativizar y colocar las situaciones en perspectiva. Por ejemplo, la inflación en los alimentos. No hay por qué quitar importancia al diferencial del IPC español o al problema en los precios de productos básicos. Pero no es menos cierto que la inflación actual, determinada en parte por la economía global para alivio del gobierno y de sus buscadores de excusas, es un problema insignificante al lado de la espiral que esta misma inflación produce en los países subdesarrollados. El aumento del precio de los alimentos en el mercado internacional ahoga a economías como la haitiana. El país más pobre de América une a su crisis política una sangrante dependencia alimentaria. En otros países del continente la situación agraria coloca en el centro del debate las políticas sobre los biocombustibles. El periodista de Público Thilo Schäfer escribe sobre Haití:

Haití sufre la fuerza destructiva de los huracanes y las bandas armadas se cobran decenas de vidas cada mes. Desde el final de la dictadura de los Duvalier -Papa Doc y su hijo Baby Doc- en los años ochenta, el país ha tenido más gobiernos que Italia. Todas las intervenciones internacionales -y han sido muchas- han fracasado.

La actual misión de la ONU -la séptima, que cuenta con unos 9.000 efectivos, entre soldados y policías- pasa por un momento crítico. Cuando parecía que, por fin, estaban logrando avances en todos los frentes, estallaron graves disturbios a principios de este mes, que se saldaron con la muerte de cinco haitianos y un casco azul nigeriano. (…)

El motivo de los disturbios fue el incremento del precio de los alimentos. “La vida aquí es muy cara. Todo se ha encarecido mucho”, dice Jean-Claude, que se gana la vida como taxista. En lo que va de año, los precios de los alimentos han aumentado un 40%. Haití gasta casi una tercera parte de su renta nacional en importar comida.

La subida de los precios de productos agrícolas en los mercados globales es una ruina para esta pobre nación caribeña. La comunidad internacional ha entendido que lo más urgente es paliar el hambre de los haitianos para evitar nuevas protestas violentas.

Mientras tanto, hay medios de comunicación que nos meten el miedo a la crisis en el cuerpo con falsos racionamientos de comida en los EEUU. Véase para ello el comentario de Egócrata sobre las restricciones al arroz en algunos clubes de compra de aquel país.

Pocerolandia de capa caída

Publicado en Economía por David Iwasaki el 9 de April, 2008

Desde que hace un par de años se empezó a hablar de la macrourbanización de Seseña, lo tuve claro: en un escenario de pinchazo de la burbuja, Pocerolandia sería la primera candidata para convertirse en una ciudad fantasma. Ahora, la venta de pisos se le ha complicado a Francisco Hernando con la competencia de sus propios clientes, que venden a toda prisa sus “inversiones” en ladrillo. El proyecto de más de 13.000 viviendas queda reducido, a día de hoy, a algo menos de un millar de empadronados en la urbanización erigida en un páramo de la provincia de Toledo. El artículo en portada de “El País” este lunes sirve de necrológica para los sueños inmobiliarios de “Paco el Pocero”:

Una maraña de grúas mustias, en reposo, planea sobre la macrourbanización de Francisco Hernando, Paco El Pocero, en Seseña (Toledo). Tras la pomposa entrada, con un retorcido monumento y el nombre del constructor en letras doradas, aparece una ciudad fantasma. Las persianas de las miles de viviendas están selladas a cal y canto. Apenas hay coches ni personas, y las que hay provocan un inquietante eco sólo con el ruido de sus pasos. La conversación de móvil que una mujer mantiene desde el balcón del cuarto piso de un bloque de casas se convierte, en mitad de nada y de nadie, en un tranquilizador escándalo. Las calles, bautizadas con nombres de pintores, están sembradas de bancos relucientes en los que nadie se sienta y de señales de tráfico que obligan a ceder el paso. ¿A quién? El único signo de vida omnipresente son los carteles de Se vende. Cuelgan de cada fachada y no los ha puesto el constructor, sino sus compradores. Un ejército de especuladores de carne y hueso, la feroz competencia.

“Seseña, capital del fiasco inmobiliario”. Por Natalia Junquera (El País, 07/04/08)

Euribor

Publicado en Economía por David Iwasaki el 20 de July, 2007

Aun a riesgo de convertir el blog en temático con Forges como inspirador, cuelgo el chiste de hoy del maestro, de nuevo sobre el euribor y el verano. Las hipotecas amenazan con arrasar el poder adquisitivo cual incendio forestal durante la canícula. Los consejos en estos casos son los habituales: no abran la puerta a desconocidos y no enciendan fuegos en el campo.

La curva de la felicidad

Publicado en Economía por David Iwasaki el 5 de February, 2007

En bastantes medios de comunicación se ha mostrado y se ha festejado la significativa curva del consumo eléctrico del jueves del mini-apagón contra el cambio climático. Esos cinco minutos de protesta solidaria se reflejaron en una bajada del 2,5% que un minuto después de las 8 de la tarde se recupera a los niveles habituales de despilfarro energético en el que tenemos basada buena parte de nuestra felicidad. La famosa curva ha servido, sin duda, para dar notoriedad a un problema que tenemos cada vez más presente en nuestras preocupaciones. Pero la medida en sí quedará para la posteridad como uno de los mayores ridículos colectivos, si se enseña acompañada del gráfico de la demanda eléctrica del día siguiente, y del otro, y el del jueves de la próxima semana, que se parecerán mucho entre sí y no tendrán nada que ver con el del día de la protesta. ¿Habrá algún incauto que después de apagar las luces cinco minutos se haya puesto a reflexionar sobre cuántas luces tiene encendidas inútilmente en su casa, no cinco minutos sino cinco, seis u ocho horas al día? Para salir en la foto, muy buena medida la del apagón, pero la foto en que salimos retratados todos los días es esta: