De ministras, ministros y ministriles
Resulta impresionante la cantidad y la variedad de críticas que se han podido leer desde que se filtrara la composición del nuevo gobierno de Zapatero en periódicos, columnas y blogs. De los tradicionales cien días de tregua que se les daba a los ministros novatos, se ha pasado a realizar mil interpretaciones apresuradas sobre cada nombramiento. Es como si cada ministra o ministro encerrara innumerables mensajes que ha querido lanzar el presidente con el gesto de su designación, muchos de ellos contradictorios. En definitiva, la resaca del anuncio del gobierno está siendo la apoteosis de los zapaterólogos.
Entre los críticos, además, se han esgrimido interpretaciones que bien se podrían desmentir con contraejemplos, que no faltan. Y es que con diecisiete ministras y ministros siempre hay un caso que echa por tierra las más aventuradas afirmaciones. Por ejemplo: el nombramiento de ministras jóvenes para cargos de responsabilidad ha sido titulado por algún periódico con la palabra “inexperiencia”; la realidad es bien diferente: la mayoría de los ministros es mayor que Zapatero y bastantes de ellos llevan media vida política en puestos de la Administración. Sobre las cuotas regionales, descontado el equilibrio que al parecer ha buscado entre catalanes y andaluces, queda desmentida la presión de las federaciones del partido habida cuenta del número de independientes, sin carné del PSOE, que formarán parte del consejo de ministros.

En los nombramientos más jugosos para el comentario hay hechos que avalan tesis contrarias y no permiten interpretaciones a la ligera. Por ejemplo: el peso político del PSC en el gobierno crece considerablemente con Chacón y Corbacho en Defensa y Trabajo respectivamente, pero resulta que ninguno de los dos ministerios interviene mucho en las políticas territoriales que interesaban a los socialistas catalanes. La continuidad de Álvarez en Fomento es seguramente un “pago” al peso de los andaluces en el PSOE, pero quizás el aval de Solbes para mantener a la ministra en el principal “ministerio del gasto” haya tirado más. Sobre todo, tras la “entrega al adversario” de la mitad de los ministerios económicos que supone para Solbes la entrada de Sebastián en Industria y dos nuevas incorporaciones del entorno de éste en Innovación y en Vivienda.
La mayoría de ministras y ministros merecen un margen de confianza, pues únicamente con argumentos sobre su gestión se puede realizar una crítica o un balance constructivo. Los titulares de Justicia, Sanidad y Cultura, por ejemplo, solo llevan en el cargo desde julio pasado. Tiempo suficiente para que se hayan ganado algunas críticas, pero no tan largo como para valorar de manera independiente su política. Tanto de los que siguen como de los nuevos se ha establecido otro juicio que, este sí, puede ser interesante analizar: el gobierno en general tiene poco “peso político”. Zapatero tiene cierta preferencia por nombrar ministros con reconocida trayectoria fuera de la política, lo que les convierte en “zapateristas” de última hornada, pues a la postre se convierten en los mejores defensores de la política de la presidencia del gobierno.
Este proliferación de independientes, como son Bernat Soria, César A. Molina, Cristina Garmendia, Mercedes Cabrera o Miguel Sebastián, permite la interpretación de que Zapatero busca un consejo de ministros formado por una mayoría de gestores de sus áreas y un núcleo duro político más bien reducido. El argumento del escaso peso político se convierte, por tanto, en una definición del carácter presidencialista de los gobiernos de Zapatero. Esto no es intrínsecamente malo, pero permite a la oposición jugar con otra categoría distinta de adversarios, que no serían ministros sino ministriles. Considérese a éstos, como en su origen los ministriles medievales eran los juglares que ponían música a los versos de los trovadores, en tanto personajes con más imagen que liderazgo político. Más continente y menos contenido. Hay tiempo para ver, en cualquier caso, cómo gestiona este gobierno y sus gestores, ya sean ministras, ministros o ministriles, la complicada situación del país de los próximos años.

Y es que con diecisiete ministras y ministros siempre hay un caso que “HECHA” por tierra las más aventuradas afirmaciones.
Empecé a leer tu artículo, pero cuando leí eso, llegué a la conclusión de que alguien que no sabe escribir, no puede aportar una opinión mínimamente interesante.
Luego me dije que no debería juzgar tan apresuradamente, y leí el resto del artículo, y confirmé lo que pensaba. No entiendo por qué te parece mal que se achaque inexperiencia a una persona de 31 años, que exista inquietud por dar un ministerio a Miguel Sebastián (célebre por sus polémicas en la Oficina Económica de la Moncloa, por sus sucias maneras durante el debate contra Gallardón y por sus insultos a un lector de su columna en un periódico) o que se critique la continuidad de ministros del talante de Magdalena Álvarez o Bermejo.
Deberías leer menos editoriales de Público y pensar más por ti mismo. Ah, y también deberías repasar algo de ortografía.
Un saludo
“(…) proliferación de independientes, como son Bernat Soria, César A. Molina, Cristina Garmendia, Mercedes Cabrera o Miguel Sebastián”
Pero hombre, ¿qué idea tiene usted de lo que significa la palabra “independiente”?
Hey:
Además de descalificaciones, podrías haber añadido algún argumento. Quiero decir que el hecho de que no sepas que público no tiene editoriales no debería servir para descalificar tu mensaje
Ola, señor Ey. Gracias por su corrección hortográfica. No sé qué sería de este blog sin Husted y sus interesantes comentarios. Hadiós.
Álvaro, utilizo el término independiente, como indico más arriba, como equivalente de “sin carné del PSOE”. Aunque no dejan de ser incluso más partidistas que muchos militantes, lo cierto es que los ministros “independientes” no dependen de la estructura organizativa del partido, puesto que el presidente no los ha elegido, como ocurre en otros casos, por pertenecer a los cuadros dirigentes del PSOE, sino todo lo contrario.
Popota, una puntualizacion: Claro que en Publico hay editoriales. Todo el periodico lo es.
Hay gente que no pone ni una sola falta de ortografía y es incapaz de componer un texto con más de ocho o diez frases exponiendo alguna idea o concepto, por el contrario, he leido textos magníficos de todo tipo, políticos e incluso poéticos y literarios, plagados de errores ortográficos. La forma tiene su importancia, pero sin extremismos.
YomismoeIrene:
¿Seguro? ¿Y cuál es la línea editorial? ¿La de Saco, diciendo que el gobierno es la pera? ¿La de Reig, diciendo todo lo contrario?
En completo desacuerdo con que exista quien no sea capaz de hilar 10 o 15 palabras y no tenga errores ortograficos. A ver, que me he liado. El que no tiene faltas ortograficas es capaz de escribir con sentido casi seguro.
Y Publico, digo Público, un periódico que agudiza el sentido crítico de cada uno, el que tenga sentido crítico. Eduquemos en aprender a agudizar el sentido crítico de nuestros pequeños. Veran que bien.
No confundamos artículo de opinión con editorial, amigo “YomismoeIrene”.
Un artículo de opinión está firmado por una persona y, por lo tanto, refleja la opinión de esa persona.
Un editorial no está firmado por nadie y, presuntamente, refleja la “línea editorial” del periódico que lo publica.
Que yo sepa todos los artículos, sean de opinión o no, de Público están firmados por alguien.
“La mayoría de ministras y ministros merecen un margen de confianza, pues únicamente con argumentos sobre su gestión se puede realizar una crítica o un balance constructivo”. Esto es una ironía como un puñetera casa, ¿no?
Por que a Bermejo, “Maleni” y Solbes ya hemos tenido oportunidad de verlos en acción sobradamente, sobre todo a los dos últimos que han hecho una labor en sus 4 años que sólo puede calificarse de formidable. De formidable chapuza, claro, vista la economía y las infraestructuras. Y que conste que quien escribe votó al PZOE en las pasadas generales, sujetando el voto con una mano y tapándose la nariz con la otra. O usándola para retener el vómito, no lo recuerdo bien.
De “Karma” -foneticamente hablando- Chacón no sé ni qué decir, porque alguien que lanza un paquete de medidas contra el precio de los pisos cuando la desaceleración de los mismos era una noticia a gritos sólo ignorada por el gobierno, pues que quieren que les diga. Pues eso, que muy mediática la chica. Fiel exponente de la clase política actual y de lo que nos viene. Menos mal que al lado tenemos a Italia para demostrarnos que siempre podríamos estar peor, ¿o no?
Popota:
No sé si has leído bien, pero expuse mis argumentos de por qué ciertos ministros sobran en este gobierno. Consulto Público por internet, ignoro si la versión escrita tiene editoriales o no. En cualquier caso todo el periódico es un editorial, como apuntaban más arriba. Es el perfecto ejemplo de prensa sectaria y tendenciosa, digna del mejor gobierno soviético. Si a ti te gusta leerlo, allá tú.
David:
Este blog no es ni mejor ni peor con mis “interesantes” comentarios. Tu falta de ortografía es garrafal, se mire como se mire, y muy sintomática del estado comatoso de nuestro sistema educativo. Por otra parte, parece que no se puede osar criticar a los ministros…
@ Hey
Sería usted capaz de citarme un solo ejemplo, UNO solo, de prensa no sectaria-no tendenciosa-no adscrita a ninguna ideología, ya no sólo en este país si no en cualquier lugar de lo que venimos llamando mundo? Porque todos, todos los medios de comunicación imprimen una huella ideológica en las noticias que difunden, ya sea a título editorial ya sea a nivel de opinión personal del periodista o articulista. Y en tanto que, le guste a usted o no, es así, Público no me parece precisamente el más tendencioso de los ejemplos que podríamos citar hablando de la prensa española.
La frase “Empecé a leer tu artículo, pero cuando leí eso, llegué a la conclusión de que alguien que no sabe escribir, no puede aportar una opinión mínimamente interesante. Luego me dije que no debería juzgar tan apresuradamente, y leí el resto del artículo, y confirmé lo que pensaba” me parece de una soberbia bastante, bastante fuera de lugar.
Por otro lado: “Tu falta de ortografía es garrafal, se mire como se mire, y muy sintomática del estado comatoso de nuestro sistema educativo.” Cuantos años tiene usted? Porque si está rondando la treintena como creo que está la inmensa mayoría de los lectores de esta página lo siento, pero ha sido educado en ese mismo sistema educativo de mierda. Y si usted ha salido tan airoso de él como para permitirse juzgar a alguien por la cantidad de faltas de ortografía que comete, será que no es tan malo, verdad? Si sobrepasa en mucho esa edad, piense qué hizo y qué votó usted en su día para permitir que hayamos llegado al pozo de inmundicia actual. Yo a mis 32 años, criado bajo LODE, LOE y LOGSE y probablemente alguna más que no recuerde (con el agravante, -oh!-, de tener el catalán como lengua vehicular) estoy muy orgulloso de mi ortografía.
Siento mantener el OT pero no podía evitarlo. Sobre el artículo en sí no tengo demasiado que decir. Estoy de acuerdo en que a las personas hay que juzgarlos por sus acciones, no por sus antecedentes.
Obviamente cualquier medio de comunicación tiene sus filias y sus fobias, pero hay algunos que entran en la categoría de sectarios-panfletos-tendenciosos. Y un ejemplo magnífico es Público, en el que realmente no hay información, sino opinión. Ojo, opino lo mismo de La Razón, o de la COPE. No me vale el argumento cínico de “y quién no lo hace”. Que en la mayoría de medios de comunicación la objetividad sea difícil de encontrar no quita que sea algo reprochable. Y he puesto ese periódico como perfecto ejemplo.
Tengo 32 años, como usted, y por supuesto que me permito juzgar a alguien por sus faltas de ortografía, faltaría más. Igual que juzgo a la gente por lo que dice, o por lo que hace. Si pienso en lo que ha hecho o ha votado la gente de más edad para llegar a la situación actual, la respuesta me viene rápidamente a la mente: PSOE. Tenemos este fantástico sistema educativo gracias a ese partido y, sobra decirlo, a la gente que le votó ¿Tampoco puedo criticar el sistema educativo? ¿Hay algo más que no pueda juzgar?
Sí, soy muy soberbio, qué le vamos a hacer.
Por cierto, a las personas hay que juzgarlas por sus acciones y también por sus antecedentes (que no son otra cosa que acciones pasadas). ¿O pondría usted a Roldán de nuevo en un cargo público?
La ortografía, siendo importante, no es el fin, si no el medio. De la misma manera que usted se permite juzgar a alguien por su ortografía se le podría juzgar a usted por llevar rastas, o por tener una pierna un palmo más larga que la otra. No podemos andar cogiéndonosla con papel de fumar viendo si nos hemos dejado una tilde o nos sobra una hache como único argumento mientras dejamos lo más importante (el fondo del texto) de lado. Y no me estoy refiriendo especificamente a usted, si no a una tendencia cada vez más general de “como no tengo argumentos, critico el tiempo verbal”. Repito, no ha sido su caso de usted, que aunque quejándose, le ha hecho a Iwasaki el favor de perdonarle la vida y leer el texto completo para exponer sus “argumentos”. Loable.
En efecto, que algo sea moneda común no quita que sea reprochable, lo reprochable es que usted, que opina lo mismo de la Razón y la COPE, le diga a Iwasaki que lea menos editoriales de Público y que piense más por si mismo, dando por hecho que esa es su (de él) única fuente de información y que no sabe hacer otra cosa que repetir consignas. ¿Sabe?, quizás no sea usted el único que lee Público y escucha la COPE, y luego se forma una opinión propia al respecto. Es posible, incluso, que una vez informado desde ambas trincheras la opinión que alguien se forme no coincida con la suya. Incluso, fíjese, cabe la remota posibilidad de que el equivocado sea usted. ¿Se lo ha llegado a plantear alguna vez?
Y por supuesto puede criticar tanto como quiera el sistema educativo que tenemos (hay mucho ahí que criticar). Nunca le he negado ese derecho. Lo que he hecho, y vuelvo a hacer, es señalarle que ese mismo sistema educativo comatoso le ha permitido a usted tener un nivel cultural y ortográfico que se le presupone más que aceptable, de manera que probablemente no sea tan inmundo como usted cree.
Sobre los antecedentes de los ministros, que yo sepa de momento no hay ninguno que haya sido condenado cual Roldán de la vida. Las “sucias maneras” de Sebastián serán criticables (o no), pero no tienen nada que ver con su capacidad al frente del ministerio de industria, que está aún por demostrar. Estamos de acuerdo sobre Magdalena Alvarez. No lo estamos sobre Mariano Fernandez Bermejo.
Y sí, es usted muy soberbio, qué le vamos a hacer.