Movilizados
No comparto las críticas hacia los debates “cara a cara” celebrados por Zapatero y Rajoy porque aburrieron, por la escasa utilidad para los indecisos o por las limitaciones del formato. Lo cierto es que el nivel de los dirigentes políticos que tenemos es el que es, y el hecho de aceptar enfrentarse dialécticamente ante las cámaras de TV no los convierte en genios de la retórica. Los debates no dejan de ser una herramienta más eficaz que otras para hacer llegar el mensaje de los candidatos a una mayoría de electores y así los ven los partidos: tampoco hay que esperar mucho más. A pesar de todo, sirven para medir la credibilidad de los políticos y comprobar cómo de preparados se encuentran para una victoria en las urnas.
Parece no haber muchas dudas en que el resultado global de los dos debates es favorable a Zapatero. Nada indica que Rajoy haya decepcionado a los suyos o se haya desfondado antes de llegar al sprint final. Pero tampoco ha hecho pupa al candidato socialista con su mensaje de descalificación total de los cuatro años de gobierno, lo cual es grave para quien ha estado esos mismos cuatro años difundiendo el mismo mensaje desde la oposición. Zapatero, en cambio, ha logrado colocar sus ideas centrales de la campaña sin muchos aspavientos, principalmente gracias a tomar la iniciativa en el segundo debate con su bateria de propuestas para la próxima legislatura. En ese aspecto de mirar hacia el futuro parece haberse ganado el respaldo de aquel sector de los votantes que se desespera con las disputas partidistas y solo busca en la política soluciones a los problemas.
Los debates han creado una expectativa que va en el mismo sentido de lo apuntado por las encuestas. Pero el efecto de movilización y desmovilización del electorado de cada partido que tienen los debates aún no está claro en qué medida se producirá el domingo. Ambos candidatos creen tener ya suficientemente movilizados a sus votantes, pero no se fían y continúan pidiendo el voto con el temor de que haya quienes ya den por seguro el resultado y se queden en casa.
Abstencionistas
Otro ataque de sinceridad de un político en campaña. A Zapatero se le escapó aquella frase sobre la “tensión” electoral y al estratega de la comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, toda una confesión acerca de sus cálculos para el 9-M. De nada sirve que el PP desmienta las declaraciones al Financial Times, pues encajan con su propósito de sobra conocido de ganar con la ayuda de la abstención: «Toda nuestra estrategia está centrada en desalentar a los votantes socialistas (…) Sabemos que los electores socialistas nunca nos votarán. Pero si podemos sembrar suficientes dudas sobre la economía, la inmigración y las cuestiones nacionalistas, entonces quizá se queden en casa».

Desvelando de paso que la única esperanza del PP se circunscribe a los “abstencionistas de Zapatero”, que no harán lo mismo que en 2004 al igual que la protagonista del último spot electoral del PP, Elorriaga sitúa el porcentaje de participación como un dato clave del resultado del próximo domingo. Como también hizo el responsable de campaña de los socialistas catalanes al presentar el innovador cartel basado en la imagen de los Reservoir Dogs. El eslogan lo dice todo: “Si tú no vas, ellos vuelven”.
