Movilizados
No comparto las críticas hacia los debates “cara a cara” celebrados por Zapatero y Rajoy porque aburrieron, por la escasa utilidad para los indecisos o por las limitaciones del formato. Lo cierto es que el nivel de los dirigentes políticos que tenemos es el que es, y el hecho de aceptar enfrentarse dialécticamente ante las cámaras de TV no los convierte en genios de la retórica. Los debates no dejan de ser una herramienta más eficaz que otras para hacer llegar el mensaje de los candidatos a una mayoría de electores y así los ven los partidos: tampoco hay que esperar mucho más. A pesar de todo, sirven para medir la credibilidad de los políticos y comprobar cómo de preparados se encuentran para una victoria en las urnas.
Parece no haber muchas dudas en que el resultado global de los dos debates es favorable a Zapatero. Nada indica que Rajoy haya decepcionado a los suyos o se haya desfondado antes de llegar al sprint final. Pero tampoco ha hecho pupa al candidato socialista con su mensaje de descalificación total de los cuatro años de gobierno, lo cual es grave para quien ha estado esos mismos cuatro años difundiendo el mismo mensaje desde la oposición. Zapatero, en cambio, ha logrado colocar sus ideas centrales de la campaña sin muchos aspavientos, principalmente gracias a tomar la iniciativa en el segundo debate con su bateria de propuestas para la próxima legislatura. En ese aspecto de mirar hacia el futuro parece haberse ganado el respaldo de aquel sector de los votantes que se desespera con las disputas partidistas y solo busca en la política soluciones a los problemas.
Los debates han creado una expectativa que va en el mismo sentido de lo apuntado por las encuestas. Pero el efecto de movilización y desmovilización del electorado de cada partido que tienen los debates aún no está claro en qué medida se producirá el domingo. Ambos candidatos creen tener ya suficientemente movilizados a sus votantes, pero no se fían y continúan pidiendo el voto con el temor de que haya quienes ya den por seguro el resultado y se queden en casa.

“En ese aspecto de mirar hacia el futuro parece haberse ganado el respaldo de aquel sector de los votantes que se desespera con las disputas partidistas y solo busca en la política soluciones a los problemas.”
Es lo que yo llamo el electorado fascista. Ese que le compró a Mussolini el “lo único que importa es que los trenes lleguen a la hora”.
“Es lo que yo llamo el electorado fascista. Ese que le compró a Mussolini el “lo único que importa es que los trenes lleguen a la hora”.”
Los sociólogos los llaman votantes de centro.
Hum! Interesante David, porque la mayor parte de los votantes del NSDAP procedían de los partidos de centro. O Al menos estos desaparecieron a medida que subia el partido de Hitler, mientras que el zentrum católico y la derechona mantenía unos resultados aceptables.
“Los sociólogos los llaman votantes de centro.”
Yo aún diría más: la gente normal.