El debate sobre el debate
Hace cuatro años, desde estas mismas páginas demandábamos un debate entre los candidatos a la presidencia del gobierno. Aquélla fue otra convocatoria de elecciones generales que se quedó sin un “cara a cara” como los celebrados en 1993. En esta ocasión, los partidos han llegado al esperado acuerdo de citar a sus candidatos en dos ocasiones durante la campaña electoral para confrontar dialécticamente sus programas frente a las cámaras de TV. Tanto el PSOE como el PP han valorado positivamente el efecto que un debate del que salgan vencedores puede tener sobre la opinión pública días antes de las elecciones. En marzo del 2008, por fin, habrá debates entre Zapatero y Rajoy como ocurre en la mayoría de países de los que imitamos los demás elementos del marketing que rodea una campaña electoral. Pero acceder al menú completo no es suficiente. Los internautas desean tener un postre especial para esta campaña para la que los partidos se han puesto el traje de la web 2.0. Se demanda un debate en la red con los candidatos.

La iniciativa del periódico “20 Minutos” tiene el apoyo de muchos medios digitales. Como se ha dicho, algo que en otros países suplicarían los propios candidatos, aquí debe ser solicitado por toda la internet española para que sea “concedido” por los estrategas electorales. Pero si finalmente deciden participar en esta iniciativa, aún queda por debatir cuál será el formato y cómo se distribuirá el debate. Sobre los dos encuentros televisivos sigue aún en el aire qué cadenas los transmitirán. Una vez conseguido el objetivo de involucrar a los dos principales candidatos a ocupar la Moncloa tras las próximas elecciones, cualquier propuesta de debate responsable debe plantearse qué puede salir de estas citas. ¿Servirán para que los ciudadanos accedan fácilmente a una confrontación de ideas y propuestas útiles para resolver sus problemas? ¿O los candidatos únicamente harán de ellos una extención del discurso mitinero basado en latiguillos demagógicos y consignas partidistas? Veremos.

Servidor opina que si la valoración de cualquiera de los dos principales candidatos fuera medianamente positiva entre sus correligionarios y/, directores de campaña, les prohibirían taxativamente ir al debate por miedo a cometer algún marrón que les restara votos. Dejemonos de bobadas de transparencia , democracia y tal que ya sabemos cómo funcionan aquí las cosas.
Y deduzco que como sus propios directores de publicidad han visto que es imposible que ninguna de estas dos luminarias la cague más o diga más estupideces de lo que lo ha hecho hasta ahora, pues ala, que haya debate. Empeorar la imagen de ambos es ya imposible y, tal vez, en algún regate habilidoso al contrario, se arañe algún puntillo.
Las explicaciones de Rafael Escolar para circunscribir el debate a Femenino y Castrado y dejar de lado como mínimo a Llamazares, impagables, oiga. El desastre que podría ser la pareja de Abbot y Costello rodeados de algún político mínimamente serio como Duran LLeida que les dejara en evidencia debó encender la alerta naranja en Defcom-2 de las fontanerías de PP y PSOE. Sentía un mínimo respeto por el dire de 20 min. este pero, por fortuna, no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo, como dijo el yanqui.
Bueno, al final es parte de la estrategia de los partidos “con posibilidades de ganar las elecciones”, coletilla en todos los medios que nos sirve aquella otra de PP y PSOE del “voto útil” y así se comen la merienda entre los dos. Es como aquello de los turnos de partidos del siglo XIX, sólo que el pueblo decide cuál de los dos va cada vez (como en realidad a los banqueros y empresarios les da lo mismo, porque lo mismo son…).
Personalmente no veo el debate productivo. Creo que un grupo de guionistas que lea un periódico a la semana podría escribir un texto aproximadísimo al que se produciría.
Con respecto a que este tipo de debate asienta un bipartidismo dañino: estoy enteramente de acuerdo.
Un saludo.