Bono y la política transparente
No puedo estar más en desacuerdo con las críticas que ha recibido Zapatero por proponer a Bono como candidato a presidente del Congreso. Me refiero a quienes casi unánimemente han tachado el gesto de prepotente, por designar ya a un candidato a diputado como próximo presidente en caso de ganar las elecciones. No creo que haya interferencia alguna en la división de poderes ni que el PSOE esté repartiendo cargos sin tener en cuenta a los grupos parlamentarios que votarán la presidencia del Congreso. Tales interpretaciones son absurdas porque la misma situación jurídica tiene el puesto de candidato a presidente del Gobierno y nadie pone en duda que lo normal es que conozcamos a los cabezas de cartel de cada partido meses antes de las elecciones. Se da por sentado que, en función de los resultados, serán los diputados recién elegidos los que voten el cargo al que aspira Bono. Pero designarlo candidato antes de las elecciones es más bien un gesto de transparencia que, en principio, ninguna ley impide. Tampoco estaría mal saber qué candidatos tienen los demás partidos, o quienes serán algunos de los ministros si el PSOE o el PP forman el próximo gobierno.
Siguiendo esa idea de hacer más transparente la política, Zapatero bien podía contarnos no sólo que tendrá a Solbes en la vicepresidencia económica o que continuarán Bermejo y Bernat Soria, sino quién ocupará el ministerio de Fomento o qué destino dará al de Vivienda si gana las elecciones. Más transparencia, por favor. Colocar a José Bono en la presidencia del Congreso es interpretable como una apuesta por tranquilizar los ánimos de los votantes de centro: el gesto de recuperar al manchego vale más que todo un programa electoral. Sin embargo, si de mostrar sin ambages las intenciones se trata, al mismo tiempo que se hace la foto con Bono, el candidato a la reelección debería explicar qué reformas constitucionales y del Estado autonómico piensa realizar y en qué se han quedado las que expuso al principio de la legislatura. No estaría mal, por aquello de hacer una política más transparente.
En términos de imagen, que no siempre concuerda con el fondo de las políticas aplicadas, Zapatero ha pasado de presidir un gobierno que impulsaba una segunda era descentralizadora con la reforma de los estatutos a presidir “el Gobierno de España”, según reza la publicidad institucional. El puesto de Bono bien podría ser decisivo para la formación de un gobierno que no alcanzara la mayoría absoluta. Pero el gesto de apostar por él desde el principio implica unos puntos de partida muy determinados en cualquier negociación con los demás grupos parlamentarios. En este sentido, un político tan enigmático como Bono, del que se dice que oculta continuamente su ambición de ser presidente del gobierno, sirve para hacer una política transparente en aquello que tantos rumores y misterios alimenta tras las elecciones: el reparto de cargos.

Hombre, tanto como tranquilizarlos… es decirles “Quiero vuestros votos, pero no es que vayan a servir para poner a nadie de vuestra cuerda en el gobierno, sino de señorita Rottenmeyer del congreso”
En todo caso, es otro intento de meter temas sin mucho calado en la agenda informativa y tertuliana. Y de usar la fama, que es lo único que les queda, para atraer votos.
Es que en eso se han quedado los acercamientos a un extremo u otro del electorado: fuegos de artificio, gestos cara a la galería. Imagen, en definitiva, y poco contenido para no espantar a ningún votante potencial.