Diario de un aspirante a tertuliano

A El Corte Inglés, ni tocarlo

Publicado en Uncategorized por David Iwasaki el 11 de March, 2006

La prensa tiene por consigna no publicar informaciones que pudieran molestar a uno de los principales anunciantes del país. Los grandes almacenes de más éxito ejercen una discreta presión para acallar cualquier crítica. El resultado: es francamente difícil encontrar artículos en los periódicos que reflejen aspectos negativos de El Corte Inglés. Pero la reciente aparición del diario El Economista ha supuesto un cambio, quizás influido por la inconsciencia del novato, que se percibe en la portada del pasado miércoles. Titular de portada: “El Corte Inglés discrimina a las mujeres”. Como dice su director, Carlos Salas, en las páginas de opinión de hoy, en los kioskos uno puede encontrar toda clase de noticias sobre las principales empresas del país, pero no de los grandes almacenes que han popularizado la marca del triángulo verde. ¿Por qué había de mantenerse esa anomalía? Reproduzco a continuación el artículo publicado en el citado diario económico por su indudable interés.


Así discrimina El Corte Inglés a sus mujeres

El Economista (08/03/2006)

Javier Romera/Ruth Ugalde

Trabajo ha confirmado los casos de discriminación denunciados por CCOO. Los inspectores han advertido a la empresa de que está cometiendo una falta muy grave

Si no queda satisfecha… márchese. Es una de las bromas que corren de boca en boca entre los empleados de El Corte Inglés. La empresa española más admirada tiene, sin embargo, una política de recursos humanos del siglo XIX. Compruébelo usted mismo. Vaya a cualquiera de los 63 centros y 32 hipermercados repartidos por el país y pregunte quién es el jefe o la jefa de planta. Prácticamente, en todos los casos, le atenderá un hombre. Los sindicatos creen que es un problema de filosofía empresarial. Quizás, El Corte Inglés no apuesta por sus mujeres porque cree que, debido a sus compromisos personales, no se involucran al cien por cien en el trabajo.

Sin derecho a promoción

En la empresa hay seis categorías laborales: técnicos, iniciación, profesionales, coordinadores, jefes de departamento y gerentes. Por cada 200 hombres que ocupan una gerencia, sólo hay 14 mujeres, según denuncia el sindicato CCOO. ¿Y jefes de departamento? Aún peor. El sindicato ha elaborado un informe en varios centros de Madrid, Barcelona, Valencia y Valladolid. Y las conclusiones son más que preocupantes: 762 responsables masculinos, frente a 134 féminas, el 15%.

En cambio, las mujeres son la savia que nutre a las categorías inferiores, donde representan el 63% de la plantilla. Dicho de otro modo, de las 9.412 empleadas que trabajan en los centros analizados, 9.048 quedan fuera de los puestos de responsabilidad.

La empresa no quiere hacer ningún comentario sobre este tipo de discriminación. El único referente escrito sobre su política de ascensos son las palabras del presidente de la compañía, Isidoro Álvarez, en la memoria anual. “El año pasado se han creado 3.145 empleos. Han ascendido a puestos de mayor responsabilidad 1.230 empleados, de acuerdo con nuestro principio de promoción de los mejores”.

Con más de 87.000 trabajadores y una facturación que supera los 15.000 millones de euros, el gigante de la distribución se ha ganado el respeto del mundo de los negocios. Pero el trato que brinda a las mujeres puede poner en peligro su éxito comercial. Varios estudios confirman que el 80% de las decisiones de compra las toman las clientas.

Pero no afecta sólo a la promoción de la mujer, sino también a las nóminas. Las mujeres ganan entre un 15 y un 20 por ciento menos que los hombres y, debido a su sexo, no tienen las mismas posibilidades de ascender. Lo dicen los sindicatos, pero lo ha comprobado también el Ministerio de Trabajo en numerosos centros.

En los últimos años, CCOO ha presentado hasta seis denuncias, y en todas le han dado la razón. La última resolución se dictó el pasado noviembre. Los representantes sindicales denunciaron que, en el madrileño centro de Callao, las mujeres cobran menos que los hombres que ocupan el mismo puesto de trabajo.

Pruebas

Para demostrarlo, aportaron 75 nóminas, todas ellas de personas afiliadas al sindicato. Pertenecían a la categoría de profesionales, que agrupa, por ejemplo, a todos los dependientes. El Ministerio de Trabajo abrió una inspección y comprobó que, efectivamente, las trabajadoras estaban peor retribuidas, sin ninguna causa aparente, salvo la diferencia de sexo. Las mujeres cobran 92 euros de media menos de salario base y su complemento personal -que decide aleatoriamente la empresa- es inferior en 196,9 euros.

Entre los dependientes, donde se concentra la mayor parte de trabajadoras, los hombres ganan una media de 1.559,77 euros y la nómina de las mujeres se queda en sólo 1.064 euros. Esta resolución de Trabajo no es algo nuevo. En 2004, los inspectores del Ministerio ya requirieron a la compañía que no marginara a las mujeres en las promociones laborales de los centros de Callao y Princesa. Pero El Corte Inglés no hizo caso y continuó en la misma línea. Entonces, los inspectores abrieron un acta de advertencia contra la empresa, y le advirtieron de que, si no rectificaba, estaría cometiendo una infracción muy grave y podría ser sancionada.

Advertencia

Los inspectores exigieron al grupo que “inmediatamente, inicie los trabajos con los representantes de los trabajadores para corregir las situaciones descritas (de discriminación), tanto las salariales, como las relativas a la promoción”. El proceso continúa abierto.

El principal escollo en la batalla sindical es el miedo de la plantilla a enfrentarse abiertamente a la dirección. Cuando este periódico ha intentado contactar con empleadas y ex trabajadoras del grupo, todas han pedido ocultarse bajo el anonimato de las iniciales por temor a represalias.

“Llevo cuatro años de dependienta en el centro de Castellana y me siento discriminada. Sólo tengo jefes. La empresa sólo quiere chicas jóvenes y guapas para atender al público, no directivas”, cuenta A. P. “A veces, el jefe de planta nos dice que pasemos el plumero. Pero, ¿por qué nosotras y no los chicos? ¿Por qué nosotras debemos llevar uniforme y a ellos se les da dinero para una traje? Es injusto”, añade.

Más grave es el caso que relata M. C., hasta hace dos años empleada del Hipercor de San José de Valderas, en Madrid. “He visto liarse a un jefe con una empleada, él casado y ella no. Al final, a él le nombraron director de centro y a ella la despidieron”. Tras pasar 16 años en la compañía, M. C. culpa de la situación a los actuales gestores. “Todo cambió cuando murió Ramón Areces (1989). Antes era una suerte poder trabajar en El Corte Inglés” .

Batalla sindical

Desde hace dos años, CCOO está inmersa en una guerra contra este tipo de dicriminación. Una de las victorias más importantes la consiguió el 25 de agosto de 2004. Un inspector de Trabajo, M. Estévez, visitó el centro de Callao y confirmó sus sospechas.

“A la luz del más elemental análisis de la política de ascensos llevada a cabo, debe concluirse que las decisiones dirigidas a promover a sus trabajadores desemboca en una notoria y reprochable situación discriminatoria en perjuicio de la mujer trabajadora, que se manifiesta en términos extremadamente procupantes en la ocupacion de los puestos integrados en los grupos de coordinadores, jefes de departamento, jefes de grupo y gerentes”. El inspector recordó al grupo que, según la ley, estas infracciones “son muy graves”. Por tanto, “se entenderán nulos y sin efecto los convenios y las decisiones unilaterales del empresario que contengan discriminaciones directas o indirectas”.

En los mismos términos se pronunció la inspectora Carmen Mampel tras una investigación realizada en abril de 2005 en los centros de El Corte Inglés de Valladolid (en el Paseo Zorrilla y en la Calle Constitución). Un año antes, la compañía había firmado 26 ascensos, de los que 20 correspondieron a hombres y 6 a mujeres. El porcentaje de trabajadoras ascendidas fue el 23%, frente al 77% de los hombres. Y más del 60% de la plantilla son mujeres.

La inspectora Mampel concluyó que “los resultados ofrecen datos incoherentes con la igualdad de géneros, con lo que el sistema produce consecuencias discriminatorias que deben ser corregidas”.

Casos como éste son sólo una gota en el océano y no son un ejemplo para el 8 de marzo, día de la Mujer Trabajadora. José Luis Romero, secretario de la sección sindical de CCOO en El Corte Inglés, afirma que la empresa necesita cambiar toda su filosofía. “Exigen dedicación exclusiva. Si quieres ser jefe, debes trabajar 15 horas más a la semana y con horario partidos, imposibilitando la conciliación con la vida personal”.

Romero añade que “no suben el sueldo a las mujeres porque creen que si se casan o tienen hijos no se implicarán en el trabajo al cien por cien”.

La opción de negociar

A diferencia de CCOO, UGT ha preferido no denunciar e intentar llegar a un acuerdo. “Llevamos tiempo negociando con la empresa para que se comprometa a terminar de una vez con la discriminación”, dice Rafael Murú, secretario de la sección sindical de UGT en el comité intercentros de El Corte Inglés.

Murú recuerda que, en 1995, los sindicatos consiguieron una victoria histórica. La empresa aceptó imponer la jornada continua. Pero se guardó un as en la manga. “No entendían que una mujer fuera jefa y saliera a las dos de la tarde”, asegura. Una crítica que tampoco le impide romper una lanza en favor del grupo: “Pero, ¿dónde no hay discriminación? ¿cuántas mujeres hay en el Tribunal Supremo?” B.N., una joven que ha trabajado en varios centros de Madrid se muestra resignada. “Lo hemos asumido. Si eres mujer, no puedes ascender. Tu trabajo da igual, sólo importa tu sexo”, dice.

CCOO y UGT son minoritarios en el comité intercentros (órgano que representa a la plantilla de todos los establecimientos). Los mayoritarios son Fasga y Fetico. Julio Sánchez, representante de Fasga, reconoce que “los datos demuestran que hay discriminación”, pero dice en que “la vía no es denunciar, sino sentarse a hablar y llegar a acuerdos”. El Corte Inglés ha firmado un convenio con los sindicatos para acabar, por ejemplo, con las situaciones de acoso dentro de la empresa. Las empleadas, en cambio, se muestran escépticas ante un cambio de actitud. Y luego preguntan al periodista: “Pero, ¿os atreveréis a publicar todo esto?”

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