La Sexta se sube al carro del ‘furbol’
Este año, como cada cuatro, toca Mundial. Tradicionalmente, la máxima competición de selecciones de fútbol supone un acicate para el mercado de televisores y, meses antes de la cita deportiva, se venden más que en cualquier otro periodo. El furbol es asín: medio país se paraliza durante los partidos y mucha gente se gasta sus ahorros en una pantalla de plasma solamente para ver cómo cae la selección española en cuartos. Este año, sin embargo, el Mundial va a dinamizar otro mercado más: el de suministros para antenas colectivas. La razón es que, con bastante probabilidad, la retransmisión de tan magno acontecimiento correrá en exclusiva por parte de la nueva cadena analógica, La Sexta. Quien no disponga de antena individual o no se haya comprando un receptor de TDT para verla en digital, tendrá que adaptar su antena para ver la cuarta emisora privada de alcance nacional, que empezará a emitir en pocas semanas.

La operación de compra de los derechos del Mundial es todo un ejemplo de marketing a lo bestia. Para ahorrarse otro tipo de campañas de publicidad con resultados más lentos, La Sexta pretende darse a conocer de golpe con la emisión del fútbol en junio. Conseguirá sin duda audiencias espectaculares nada más nacer, y habrá pocos que no se enteren de que existe una nueva cadena. El mandamás de la tele que preside Emilio Aragón dice que pagarán más que cualquier otra empresa por los derechos de emisión porque lo suyo no es rentabilizar las retransmisiones sino lanzarse al mercado de la TV con una plataforma privilegiada. Y con eso, pocos pueden competir. En Telefónica estarán encantados con La Sexta, porque después de haber adquirido en su momento el Mundial a precio de oro, puede ahora revender los derechos a un precio decente. Los últimos en llegar son los que más han animado la puja, conscientes de que si no obtienen notoridad rápidamente, el mercado acabaría con sus ambiciones de hacerse un hueco.
