La política del jersey
Cuentan en Diariocrítico que la Fundación Jaime Vera, del PSOE, ha editado un DVD con consejos para ser eficaz ante las cámaras de televisión. Es decir, un manual de comunicación política adaptado a la realidad mediática en la que están sumergidos los políticos. Enseñan cómo colocar el mensaje en las declaraciones realizadas para la tele, pero quizás también aborden otros aspectos como la imagen del político, y en concreto su aspecto físico. Para ello, nada mejor que incluyan, si no lo han hecho ya, el ejemplo de Evo Morales. El presidente boliviano que más ha dado que hablar en su primera gira internacional. Ha llevado su programa político a la vista de todos, gracias al famoso jersey a rayas. Qué mejor forma de comunicar su estilo como gobernante que con una prenda que todos interpretarán como símbolo de sus ideas. Quizás debería haber cambiado el diseño de la chompa en su visita a países tan distintos, pero lo cierto es que el jersey de Evo ha logrado su objetivo.

Hernando y las sevillanas
¡Dios santo! Justo cuando creíamos que la negociación del Estatut entraba en la fase más soporífera, parece que se ha abierto la convocatoria para la elección de la mayor chorrada pronunciada sobre el susodicho. Ahí tienen al presidente del Supremo, cual teniente general, intentando sacar del aburrimiento a los sufridos ciudadanos que siguen la actualidad del Estatut por los medios de comunicación: «El presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Francisco José Hernando, en una crítica a la posibilidad de que se imponga el conocimiento del catalán a los jueces que ejerzan en Catalunya, ha comparado el aprendizaje de dicha lengua con aprender a bailar sevillanas. Hernando, que se ha convertido en uno de los representantes institucionales más abiertamente contrarios al proyecto de reforma estatutaria catalán, ha señalado que “si estuviera ejerciendo en Catalunya aprendería catalán, pero como un enriquecimiento personal, como me gustaría cuando voy a Andalucía saber bailar sevillanas”.»
Riesgo de pandemia
El Gobierno está preocupado por el peligro que encierran los dos personajes de la imagen. Ambos suponen un grave riesgo de pandemia en este año 2006 que empieza con malos augurios. Sabíamos que los responsables sanitarios estaban preocupados por la gripe aviar y por el riesgo de que se extienda a países cercanos al nuestro. Pero resulta que también está preocupado el Consejo de Ministros por la propagación de otro virus: el de los nostálgicos de un ejército que ya no existe. Las autoridades del Ministerio de Defensa andan buscando rápidamente una vacuna ante la proliferación de asuntos que incrementarán las situaciones de riesgo.

Ilusión
El regalo de Reyes que nos hace Martínez Soler hoy en su blog consiste, como es habitual, en un agudo comentario sobre la forma de tratar las noticias los principales diarios. En este caso, compara no el contenido de la información sino la composición de los asuntos que se tratan: «La tendencia de El País por dar preferencia a las noticias internacionales sobre las nacionales se confirma hoy de nuevo. De sus cinco titulares, cuatro se refieren a asuntos del exterior (Bolivia, Israel, Irak y Francia) y solo uno (el Estatuto catalán) es de carácter interior. En El Mundo de hoy ocurre casi todo lo contrario. De sus cinco titulares, tres son nacionales (11-M, Estatuto catalán y OPA de Gas Natural sobre Endesa) y dos (Bolivia e Irak) tratan de asuntos del exterior. ¿Ocurría lo mismo en El País y en El Mundo, con respecto a sus preferencias nacionales o internacionales, cuando gobernaba José María Aznar?» Se pregunta finalmente Martínez Soler, en un eficaz intento por animar la discusión: «¿Cuando y por qué los diarios miran más al exterior que al interior de su país?» La respuesta es evidente, en parte gracias al sano escepticismo que ha hecho más generalizada la creencia y la ilusión en los Reyes Magos que en la objetividad periodística de los grandes medios de comunicación.
Los descansos para fumar
El escritor Eduardo Jordá ensaya en esta columna una actualización de Larra, seguramente inspirado por la ley antitabaco: «Imaginemos que alguien llama por teléfono a una dependencia oficial, y lo mismo da que esa dependencia sea autonómica o municipal o estatal. Después de perder una hora –o dos– intentando localizar al funcionario que tiene que resolverle un problema, esa persona logrará que alguien conteste el teléfono. Una voz desganada, o quizá agotada por el esfuerzo de haber descolgado un auricular que pesa 300 gramos (pero que en una dependencia oficial, como todos sabemos, se convierten en 300 kilos), le preguntará qué quiere. “Quiero hablar con Fulanito”, dirá la persona que ha invertido dos horas de su vida en localizar al funcionario que busca. “Pues ahora mismo Fulanito está fumando un cigarro”, le contestará la voz extenuada. “Pero si Fulanito no fuma. Es vecino mío”. “Pues a mí me ha dicho que se iba a fumar un cigarrito”. Y llegado a este punto, el compañero de Fulanito colgará reglamentariamente el teléfono y volverá con diligencia al chat de internet o al crucigrama.» “La hora del cigarrito”.
