Se acabó
Se termina el año, se acaban los balances del año y finaliza el año del Quijote. ¿Que harán a partir de ahora aquellos conferenciantes expertos en los mil y un aspectos de la obra cervantina? Sobre la lectura del Quijote en el año de su cuarto centenario, tengo que reconocer que he fallado en el propósito que me hice en enero. Pero todo puede ser corregido: es cuestión de tiempo. Espero, por lo demás, que los buenos propósitos que se hace todo el mundo en estos días se cumplan con la misma exactitud que tiene el reloj atómico culpable del retraso de un segundo de las campanadas de esta nochevieja. Un segundo más para fumar, dirán los fumadores acosados por la ley antitabaco. O un segundo más para cumplir con el propósito de dejarlo, como se proponen algunos todos los años. Con buenos deseos y promesas de todo tipo para el 2006, uno hasta es capaz de digerir las inquietante sensación de que el nuevo año, a pesar del cambio de dígito, no tiene por qué ser muy diferente al anterior.
Los australianos, siempre tan adelantados
