El pollo de la gripe del pollo
Pocas cosas necesitan las autoridades para difundir una señal de alarma, pues los medios de comunicación están siempre dispuestos a encender las luces rojas al primer aviso y hacer llegar el mensaje a la población. Con la advertencia sanitaria de la OMS por la gripe aviar, los gobiernos están aprovechando la atención mediática por el riesgo incierto para poner en guardia a todo el mundo y que nadie les acuse a posteriori de minimizar el daño, como ocurrió en el caso de las vacas locas. Pero queda la duda de si hay razones para tanto escándalo. El pollo que tenemos montado con la gripe de marras es, hasta este momento, una grave crisis veterinaria que empieza a llegar a Europa. Si el virus pasa a los humanos y muta, el riesgo de pandemia será cierto y el alarmismo actual estará justificado. También ocurre que, ante una crisis sanitaria que puede adquirir una gran dimensión, hay quienes se alarman precisamente cuando ven a los políticos responsables de la salud decir que todo está controlado. El ministro de turno sabe que poco se puede garantizar, excepto que habrá antivirales preparados, pero necesita poner la venda antes que la herida y la vacuna antes de que estornude el pollo.
Sin embargo, el mayor detonante de la alarma es el criterio de los expertos. Las autoridades se preparan siempre para lo peor, pero los científicos tratan de ajustar la alarma a la realidad del riesgo. Y hay una cosa cierta, en palabras de David Nabarro, que es el que más sabe en la OMS de la lucha contra la gripe aviar: habrá una pandemia de gripe tarde o temprano, y el virus que ahora ataca a los pollos tiene todas las papeletas para protagonizarla. En la prensa podemos leer estos días las previsiones de los responsables de la salud mundial, que hablan de contagios en Asia que en poco tiempo se extenderían por todo el planeta. La psicosis por la gripe del pollo puede llevar a cuarentenas y a restricciones en los viajes. No será como la “gripe española” de 1918, que se cobró la vida de millones de personas, pero tampoco es como para tomárselo a broma. Dentro de poco, el estornudo puede ser un arma de destrucción masiva.

Esperemos que no nos la pique un pollo.
Yo por si acaso no me acercaré a uno ni muerto de hambre.