El capital no tiene nacionalidad
El lugar que ocupan las grandes empresas de los diferentes sectores se equipara con frecuencia al poder de cada nación en el panorama mundial. Sabíamos que la política era la continuación de la guerra por otros medios, más que lo contrario. Sin embargo, ahora se nos hace más evidente que nunca que la OPA es la continuación de la política por otros medios. Hay multinacionales que son símbolos de un país. ¿Por qué entonces las llamamos multinacionales? De todas maneras, lo más llamativo de las habituales oleadas de fusiones y adquisiciones de grandes empresas es el resurgimiento del nacionalismo. Pero ¿no habíamos quedado en que el capital no tiene bandera, ni idioma ni nacionalidad? Cada vez que se anuncia una operación de compra entre corporaciones que actúan en mercados mundiales, se resalta curiosamente el origen de las mismas.
Así ocurre con la absorción anunciada hoy de la estadounidense Reebook por parte de la alemana Adidas. El objetivo es que ésta última, líder europeo en su sector, adquiera tamaño para competir con la también americana Nike. Pero ¿les importa la nacionalidad a los clientes de estas empresas? Si la globalización funciona, es porque los consumidores no miran el origen antes de comprar una camiseta o un bote de café. Sin embargo, ante ciertas operaciones se ha desatado una ola de protección de los intereses nacionales sin igual. Presiones de todo tipo han hecho desistir a la yanqui Pepsico de cualquier intención que pudiera tener de lanzar una OPA por la francesa Danone. Los yogures seguirán siendo franceses, como italiano seguirá siendo el banco BNL después de que el sistema financiero de ese país pusiera tantas dificultades a la compra que pretendía completar el BBVA. ¡Qué mundo tendríamos si se defendieran otras cosas con tanto ardor como estos supuestos intereses nacionales! Parece que España sería unos de los pocos países que asume la circulación del capital sin fronteras, puesto que no se ha visto con tanto escándalo que Amena fuera comprada por France Telecom.
¿No será que algo importante se ve afectado con cada movimiento financiero que cambia la nacionalidad de las empresas? Si las multinacionales actúan del mismo modo con independencia del país de origen, no habría razones para que así fuera. Aunque da la impresión de que últimamente se reproducen señales de nacionalismo económico en todos los países, incluso en EEUU y con un actor tan especial en el papel de extranjero como China. Los chinos llevan tiempo tomando posiciones en los mercados globales, y la frustrada compra de la petrolera estadounidense Unocal no parece que vaya a detener sus proyectos de adquisición de empresas allá donde convenga a sus intereses. Pero que se anden con ojo, porque cada operación está siendo mirada con lupa por los que se preocupan de la nacionalidad de las empresas. Cuando se trata de sectores con cierto simbolismo nacional, los extranjeros no son bienvenidos en las empresas, y menos aún con opas bajo el brazo.

Tal vez es que, en el fondo, el nacionalismo llega más allá de lo que sospechan muchos “ciudadanos del mundo”.
Tal vez el capital no tiene fronteras, pero sólo en la parte que le interesa a las empresas y los estados.
Tal vez la política y la economía son las dos caras de la misma moneda, así como los estados y las grandes empresas (es curioso ver cómo las grandes empresas -por ejemplo en cuestiones simbólicas, banderas, etc- adoptan una bandera y prescinden de otra, o, por ir a un ejemplo concreto, me figuro que toda la rotulación de Mercedes en la fábrica de Barcelona será en castellano y no habrá ni una palabra en catalán…).
Tal vez las ideologías aún no hayan muerto. (y aquí llega el capítulo de preguntas:
¿Es el nacionalismo la última ideología, aún después del socialismo, e incluso del liberalismo?
¿Se puede hablar del islamismo radical como nueva ideología revolucionaria en el sentido de que quiere cambiar el mundo?
¿Qué relación hay entre islamismo radical y un posible nacionalismo árabe?
No sigo, que voy a parecer “el oyente agazapado”, ese personaje que todos los días, a cierta hora formula una serie de interrogaciones retóricas en el programa de Gabilondo).
En lo que no hay muchas dudas es en que el nacionalismo es una ideología con más capacidad de supervivencia que incluso el liberalismo o el socialismo. Que el capital no tenga fronteras es en parte un logro y en otra parte una ilusión, pues la nacionalidad que no tienen las empresas sí la tienen los que deciden hacia donde se dirige el capital. Con todo, lo que resulta más penoso es que se defiendan absurdos vetos nacionalistas, como si lo bueno o lo malo de una multinacional como Danone dependiera de que los accionistas fueran refinados franceses o malvados yanquis.
Interesante. Interesante también el comentario de l.g..
¿Es el nacionalismo la última ideología, aún después del socialismo, e incluso del liberalismo?
Me temo que sí. Es la última hasta el momento. Puede que después llegue el partido concupiscente. De momento existen ideologías nacionalistas muy fuertes: judío, árabe, vasco, español, europeo.
La nación del Islam es una reivindicación de imanes radicales en E.E.U.U. [claro que esto les pasa por basar su nación en el Dios cristiano] y la asociación ultraderechista entre el color de la piel y la nacionalidad no es casual.
También hay una web que se llama naciongay.com pero supongo que no va muy en serio. O sí.
La verdad es que la reflexión que realiza David es muy interesante.
Como él apunta, se trata básicamente de un problema de nacionalismo. Las autoridades suelen mostrarse bastante reticentes a las compras de empresas nacionales por parte de compañías extranjeras. Las causas de su resistencia pueden ser varias, se habla de temor a salidas de capitales en forma de dividendos o beneficios al extranjero, de posibles perjuicios para los empleados de la empresa absorvida, de una pérdida de imagen de la empresa comprada que pueda repercutir en un descenso de las ventas o similares argumentos. Sin embargo, en la realidad lo que más pesa son razones más ligadas al nacionalismo económico sin mayor fundamento. Efectivamente los gobiernos tienden a considerar a las empresas nacionales como tentáculos del poder político y eficaces medios de representación en el plano internacional. Sin embargo, pensado fríamente no hay motivos para pensar que una absorción por parte de una empresa foránea haya de ser perjudicial para el sistema económico de un país, del mismo modo que una expansión internacional a toda costa puede llegar a ser bastante perniciosa. De hecho, está demostrado que en los procesos de fusiones suele ser la empresa absorvida la que mejor sale parada, ya que en el precio de compra se incluyen tanto los beneficios futuros potenciales, los resultantes de las sinergias, así como la prima por el control, por lo que el temor a una salida de capitales es infundado. En todos estos procesos lo que ha de prevalecer siempre es que el que salga beneficiado sea el consumidor nacional, y si una OPA sobre una empresa nacional va a suponer una mejora en la transparencia y libre concurrencia del mercado nacional no ha de ser vista con malos ojos.
Del mismo modo, hay que quitarse de la cabeza la idea de que una expansión internacional de una empresa nacional haya de ser beneficiosa a la fuerza. Todos estamos orgullosos de ver como empresas como Repsol, Telefónica, Santander, BBVA o Metrovacesa se comen rivales extranjeros para mayor gloria del reino de España sin pararnos a pensar que sus principales accionistas son fondos de inversión norteamericanos y que al igual que en ciertos sectores hay empresas españolas muy potentes, en otros apenas hay potencial nacional y somos “invadidos” por empresas de otros países sin que nadie sufra ninguna clase de vergüenza. La mayor ventaja, seguramente, de una empresa nacional con fuerte presencia internacional es que, al tener tanto una cultura como una base de empleados mayoritariamente españolas, son los empleados españoles de estas empresas uno de los principales beneficiarios de la expansión, si bien también empleados de la empresa absorvida pasan a la compradora produciéndose así un tráfico e intercambio de trabajadores que aporta un incremento de las relaciones tanto laborales como económicas y transaccionales entre ambos países. Por contra, una empresa española muy potente que se expanda (normalmente porque el mercado nacional se le ha quedado pequeño) puede suponer una situación de monopolio o de descuido del mercado local que terminará perjudicando a los consumidores españoles y por consiguiente, al conjunto de la economía española.
En resumen, hay que dejar que el mercado sea el propio regulador de estos procesos, dejando a las autoridades la potestad de impedirlas exclusivamente en caso de que atenten contra la libre concurrencia. Sin embargo, estas no parecen dispuestas en muchos casos, especialmente en países con una tradición de empresas multinacionales que consideran la compra de una empresa autóctona como un acto de invasión y de pérdida de poder internacional. Tal es el caso de países como Francia (chouvinista donde los haya) o Estados Unidos. Este último es el supuesto paradigma de la libertad de mercado aunque dista mucho de serlo realmente, puesto que sólo le interesa la libertad cuando puede salir victorioso dado su potencial, pero que se cierra puertas adentro o impide OPAs alegando falta de libre competencia cuando está en inferioridad. En el caso del BNL las autoridades italianas han conseguido poner tantas trabas al ser el financiero un sector extremadamente intervenido, como ha de ser, pero siempre para garantizar la solvencia del sistema financiero y de sus entidades, que evidentemente estaban más que garantizadas, siendo el caso del BNL un bocohrnoso abuso de autoridad.
Otras reticencias a las incursiones internacionales se dan en el tercer mundo y países en desarrollo, que ven como las empresas extranjeras son las grandes beneficiadas de una supuesta explotación que hacen de los recursos y empleados del país. En este caso es cierto que las compañías multinacionales obtienen grandes beneficios mientras el país sigue en la pobreza, aunque por otro lado también hay quien ve beneficioso para estos países que una empresa se instale allí y cree puestos de trabajo aunque sea a bajo coste. En el caso de sudamérica su población está tomando conciencia de que son las empresas multinacionales las que están minando el potencial de crecimiento de sus países, obligando a sus gobiernos (tradicionalmente afines al inversor yanqui y español como parte de la oligarquía empresarial de la que forman parte y que les sostiene) a poner trabas al supuesto “neocolonialismo” ya sea mediante revueltas (como en Bolivia) o mediante vías electorales en países con democracias más asentadas (Argentina). En cualquier caso parece que el desarrollo del mercado global (y así lo creo yo) puede traer grandes ventajas a toda la humanidad, y éste crecimiento sólo es posible mediante los auténticas canalizadores de recursos entre países y verdaderas hacedores de la globalización que son las empresas multinacionales, independientemente de la procedencia de su capital.
Un saludo a todos.
Yo lo que no acabo de entender-tragar es lo de “el islamismo radical como nueva ideología revolucionaria”…¿No es, más bien, una antigua ideología involucionaria? Y más cabezona y cabezona que el catolicismo, que ya es decir…
Es antigua, pero creo que esa visión ¿yihadista? del islam en lucha contra occidente y que emplea métodos terroristas a gran escala me parece un fenómeno nuevo, aún cuando hubiera precedentes. Tal vez sea una mutación de la vieja ideología que promovió la expansión del Islam en la Edad Media, como el espíritu cruzado de W Bush puede ser una moderna mutación de la lucha contra los infieles.
No sé si me explico. En definitiva creo que en esto como en todo el ser humano lleva muchos años en la tierra como para que a estas alturas se saque nuevos conejos de la vieja chistera. Yo me inclino por aplicar el concepto de intertextualidad que se usa en literatura al terreno de los comportamientos, de la política, de la guerra, de… A fin de cuentas es probable que lo nuevo no sea más que una forma distinta de presentar lo viejo.
Todo esto para decirte que ni sí ni no; que el Islam es viejo, pero que puede ser nuevo; que estoy de acuerdo contigo, pero al mismo tiempo no. Si parezco gallego.
Ah, lo de involucionaria. Sí. Pero no. La revolución islámica de Iran fue un paso atrás en muchas cosas, pero creo que lo de revolución viene de dar la vuelta a una situación (como en los motores). Lo de menos es si se da hacia un lado o hacia otro (a la hora de establecer si es revolución o no). De hecho no es infrecuente en procesos revolucionarios que haya pasos hacia adelante seguidos de saltos hacia atrás (rev. francesa p. ej.). Tal vez esa idea de la revolución sea un prejuicio progre que tenemos por ahí guardado. Opino que la revolución es un salto al vacío; puedes caer en blando o pegarte la gran hostia.
ahora que habéis descubierto que los reyes son los padres, estáis en la senda correcta para descubrir una verdad aún mayor, que la ideología última es aquella que asegura el control de los recursos naturales. Y el nacionalismo no pasa el corte, ¿de qué, entonces nacionalismo de territorios que no tienen ná?
Habría que rescribir la historia, que hablen los minerales, que son los que cuentan.
Hombre, l.q, yo entiendo por revolución la ruptura con un status quo que el común de los plebeyos entendemos como malo, negativo y/o caduco y el comienzo de un camino nuevo.
Lo de hacer una revolución para volver a algo conocido y archisabido - la interpretación rigorista del Islam, versión Arabia Saudi (no versión Al Andalus taifal ó las 1001 noches), pues no se entiende.Como lo de la “Revolución Neo Conservadora” y su vuelta a Oliver Twist, otra filfa. Esto son procesos de involución como la copa de un pino.
Efectivamente, si yo estoy de acuerdo en que una revolución para volver a sistemas feudales no tiene lógica (al menos para nosotros que vivimos en democracias occidentales). Sin embargo parece que es lo que quiere mucha gente de los países árabes: Romper con algo que ellos consideran caduco, o malo (sistemas políticos liberales) para hacer algo mejor (lo que para ellos significa estado teocrático y ley islámica, al menos para esos que atentan contra occidente). en ese sentido es perfectamente válido el término revolución (aplicable al caso de Irán). En cualquier caso, creo que nuestra discusiópn se reduce a una cuestión terminológica. Al menos eso es lo que opina alguien por ahí arriba (aunque a mí, sean los padre o no, los reyes no me convencen para nada).
Se comienza hablando de capital y se termina hablando de sistemas políticos y religiosos. Es que no tenemos cura.
Pienso que el nacionalismo empresarial ha estado vigente siempre, lo único que antes interesaba para recibir inversiones, crear empleo y salir de la miseria y, una vez subsanadas las deficiencias, ya no te gusta tanto que vengan de fuera y prefieres salir tú a hacer lo mismo.
El principal problema es que antes venían con un plan de inversiones, creaban riqueza y empleo y se integraban en la sociedad donde se instalaban y ahora es un mero intercambio de papelitos. Me parece que fue en El Confidencial donde leía una pequeña reflexión muy acertada de un forero acerca del intento de Pepsico por controlar Danone. Apuntaba que lo bueno para los consumidores sería que Pepsico abriera una fabrica y compitiera con Danone en la fabricación de yogures, bajando los precios si fuera preciso. Competencia, la esencia del libre mercado. En lugar de ello, escoge la forma más cómoda: pagar y quedarse con lo rentable.
Se comienza hablando de capital y se termina hablando de sistemas políticos y religiosos. Es que no tenemos cura.
Pienso que el nacionalismo empresarial ha estado vigente siempre, lo único que antes interesaba para recibir inversiones, crear empleo y salir de la miseria y, una vez subsanadas las deficiencias, ya no te gusta tanto que vengan de fuera y prefieres salir tú a hacer lo mismo.
El principal problema es que antes venían con un plan de inversiones, creaban riqueza y empleo y se integraban en la sociedad donde se instalaban y ahora es un mero intercambio de papelitos. Me parece que fue en El Confidencial donde leía una pequeña reflexión muy acertada de un forero acerca del intento de Pepsico por controlar Danone. Apuntaba que lo bueno para los consumidores sería que Pepsico abriera una fabrica y compitiera con Danone en la fabricación de yogures, bajando los precios si fuera preciso. Competencia, la esencia del libre mercado. En lugar de ello, escoge la forma más cómoda: pagar y quedarse con lo rentable.
“Se comienza hablando de capital y se termina hablando de sistemas políticos y religiosos. Es que no tenemos cura”.
Es que los negocios dependen de los sistemas politicos y religiosos, que le vamos a hacer. Los sarracenos no tienen un sistema bancario decente por que se lo prohibe el Coran y los herejes se espabilaron-entre otras cosas- porque les hicimos el favor de enviarles a los judios y porque pensabamos que Dios nos salvaria solo con ser buenos.Y que como todos hidalgos, trabajar y comerciar no era cosa fisna. Si esto no es influencia de los sistemas politicos y la religión en el capital, que baje Zeus y me fulmine