Sobre vivienda y sostenibilidad
Buena parte del crecimiento más reciente de la economía española es debido al auge de la construcción, un sector de baja productividad que no encaja en el modelo de tecnología, innovación y competitividad que se marcaron los gobiernos de la UE en la Agenda de Lisboa. El hecho de que la productividad de la economía española haya crecido menos que la media europea es paralelo a las elevadas tasas de crecimiento de la construcción, cuyo dinamismo en los últimos años no tiene parangón en la mayoría de países del entorno. El ahorro dirigido a este sector -motivado principalmente por la inestabilidad de los mercados financieros tras el estallido de la burbuja tecnológica- ha ido en detrimento de otras inversiones. Como consecuencia principalmente de la presión de los demandantes de vivienda, los precios inmobiliarios han emprendido una escalada que dura ya más de nueve años. El crecimiento interanual del precio de la vivienda nueva es de dos dígitos en la mayoría de las zonas. El aumento acumulado entre 1997 y 2005 de los precios de las viviendas en España arroja el espectacular porcentaje del 177%, equivalente a siete veces el crecimiento de los salarios. Los factores determinantes de esta inflación inmobiliaria por el lado de la demanda son sobradamente conocidos: la persistencia de bajos tipos de interés, largos plazos en las hipotecas, una intensa participación de las entidades de crédito, aumento rápido de los hogares (inmigración, reducción del tamaño de la unidad familiar), compras de viviendas por extranjeros y, sobre todo, la creciente presión en el mercado de la figura del inversor en vivienda.
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Matrimonio
La noticia de hoy está en el BOE. La publicación de la Ley 13/2005, de 1 de julio, que modifica el Código Civil. Un texto legal muy esperado por muchos homosexuales: la igualdad en el reconocimiento de sus derechos civiles. La histórica reforma legislativa no necesita más explicación que la que sigue al habitual “A todos los que la presente vieren y entendieren”. Tomen nota quienes se han querido apropiar de la institución del matrimonio. Desde hoy, por fin, la ley será igual para todos.
La relación y convivencia de pareja, basada en el afecto, es expresión genuina de la naturaleza humana y constituye cauce destacado para el desarrollo de la personalidad, que nuestra Constitución establece como uno de los fundamentos del orden político y la paz social. En consonancia con ello, una manifestación señalada de esta relación, como es el matrimonio, viene a ser recogida por la Constitución, en su artículo 32, y considerada, en términos de nuestra jurisprudencia constitucional, como una institución jurídica de relevancia social que permite realizar la vida en común de la pareja.
